miércoles, 29 de febrero de 2012

En esta ciudad podrida


Hace más de un año, quizás dos, fui a un domingo con mi esposo e hijos a almorzar en el restaurante Chez Wong en La Castellana. Nos sentaron al lado de un señor de barba blanca que comía solitario, cuando lo vi bien no pude evitar preguntarle: "¿Usted no es Alfredo Chacón? Creo que fui su alumna en la universidad".
Cuando conozco a una personalidad como uno de los papaupa de la Sociología en Venezuela, por respeto comienzo tratándolo de usted, pero tal era la simpatía de mi vecino de mesa que al rato ya estábamos tuteándonos como amigos de siempre. Me identifiqué como Adriana Villanueva, sabía quien era yo por mis artículos en El Nacional, pero no recordaba haberme dado clases en la Escuela de Comunicación Social en la Universidad Central por la sencilla razón que él daba clases era en la Facultad de Sociología. Entonces llegué a la conclusión que nunca fui alumna de Chacón, pero sus libros fueron de tanta referencia en mi carrera que sentía que de alguna forma me había dado clases.
Mi no profesor me contó que estaba almorzando solo porque tenía a toda la familia afuera, su esposa, que es de origen colombiano, estaba en Colombia tanteando la posibilidad de que la pareja emigrara a su país. Él la verdad ya estaba cansado de vivir en este agobio de ciudad donde en cualquier momento podíamos ser víctimas de la delincuencia.
Recuerdo que pensé que si así se sentía este poeta, maestro de sociólogos y antropólogos, qué nos quedaba al resto de los caraqueños. También recuerdo que habló de sus hijos con un orgullo inusual, poco le faltó para que sacara las fotos de la cartera. A su hija, la periodista Carla Tofano, la conocía de referencia y me la presentaron alguna vez en la Radio del Ateneo, a sus otros hijos no los conocía porque son bastante menores que yo, pero recuerdo que me contó que el varón era músico y se la pasaba de gira. Ninguno de su tres (¿?) hijos estaba en ese momento en Caracas.
Ayer me entero que OneChot, el joven artista de 33 años que el martes en la noche en la urbanización Bello Monte recibió un disparo en la frente víctima del hampa y que hoy está estable pero con pronóstico reservado en la clínica Santa Sofía, se llama Juan David Chacón, hijo de Alfredo Chacón y Luna Benítez. No puedo sino recordar ese almuerzo, el amor militante del poeta-sociólogo por sus hijos, pensar en lo vulnerable que estamos los venezolanos a la violencia, el desamparo de vivir en un país donde el gobierno desestima la delincuencia como "exageraciones mediáticas".
Después de todo hijo de gato sí caza ratón y Alfredo tiene sobradas razones de estar orgulloso de su hijo porque OneChot es para la actual movida musical en Venezuela lo que su padre es para la Sociología, un papaupa, con su video Rotten Town sobre los devastadores efectos de la violencia en nuestro país, OneChot levantó tal roncha que fue señalado como amarillista por el canal del Estado y su video fue prohibido en los medios locales.
Ni tan amarillista, la madrugada del 27 de febrero de 2012 OneChot resultó víctima de lo que denunció, la violencia que no discrimina, hoy rogamos al dios rasta por su pronta y total recuperación porque los buenos no pueden sucumbir en esta ciudad podrida.

lunes, 27 de febrero de 2012

Noche de botox y cenizas


El botox las primeras décadas de 2000 es el equivalente al macartismo entre los años 40 y 50: ha acabado con decenas de carreras en Hollywood, eso pensaba mientras veía al fabuloso Billy Cristal presentando la 84va entrega de los premios Oscar con su gracia característica pero el rostro desfigurado de tan jalado que está.
Minutos antes Sandra Bullock, luciendo un modelo de Marchesa de espalda escotada, también parecía que le habían planchado la cara perdiendo su gracia natural.
La lista de víctimas de botox es enorme: va de Meg Ryan a Nicole Kidman, no perdona ni siquiera al gran Al Pacino. El exceso de botox ha desfigurado a buena parte de las estrellas de Hollywood que pasan los 40 años, porque el botox es como el dinero y los kilos de más, no se pueden ocultar. Quizás por eso la carrera de Meryl Streep es longeva: tiene los mejores ángulos faciales desde Katherine Hepburn y pasados los 60 años no ha perdido la cualidad de ser una actriz versátil, y aunque su rol en Mamma Mía fue capaz de demostrarnos que hasta Meryl Streep puede ser víctima de una mala decisión de casting, interpretando a Margaret Thatcher en La dama de hierro resultó tan convincente para los miembros de la Academia como para arrebatarle el Oscar a Viola Davis, la favorita sentimental por su rol de la sufrida nana Aibileen en The Help.
¿Merecía Meryl Streep la estatuilla sobre la conmovedora actuación de Davis o sobre lo que parece la perfecta personificación de un hombre de Glenn Close en Albert Nobbs? No sé porque de las tres películas mencionadas a Venezuela solo ha llegado The Help.
Alguien lo decía ayer por twitter: "El 98.98 % de los venezolanos vimos las películas nominadas al Oscar en quemaítos", de las nueve nominadas como mejor película antes de la ceremonia del Oscar, en Venezuela solo habían estrenado: Moneyball, The help, Midnight in París, y pare usted de contar. De algunas de las otras seis películas los distribuidores anuncian su próximo estreno, imagino que la rapidez dependía hacia dónde se iba la balanza del Oscar este año, así que dentro de poco estarán en cartelera Hugo y El Artista; las grandes ganadoras de la noche.
Por otro lado, dudo que El árbol de la vida de Terence Malick se estrene en nuestro país, con suerte en una sala de Arte y Ensayo. En cambio Jack & Jill, la película que ayudó a Adam Sandler a alcanzar la cifra récord de 11 nominaciones de los premios Razzies de lo peor del cine, incluyendo peor actriz y peor actor, no tardó en llegar a la cartelera nacional.
Aunque parezca una apología al quemaíto, muchos cinéfilos, sobre todo los que no tuvieron la oportunidad de viajar el año pasado, están al giorno a la hora de la entrega del Oscar gracias a los cidiceros que venden "solo calidad". Yo me anoté en ese porcentaje hasta un punto, por ejemplo, The Artist no quise verla en quemaíto, algo me dice que la ganadora del Oscar este año es una película que para disfrutarla bien hay que hacerlo en pantalla grande, al igual que El árbol de la vida y la ignorada por  la Academia Melancolía de Lars Von Trier. En cambio Los Descendientes de Alexander Payne, a pesar de sus vistas de Hawai, era una película capaz de ser disfrutada en televisión, así que la vi horas antes de la entrega del Oscar y a mi novio George Clooney le iba como mejor actor. Pero el protagonista de The Artist, Jean Dujardin, le arrebató la estatuilla al guapo George en lo que fue otro momento Roberto Begnini de la historia del Oscar.


Lo mejor de la noche fue el desfile de estrellas en la alfombra roja, sobre todo seguirlo por twitter, si algún voto fue unánime entre las twiteras fue la admiración compartida por George. Los gustos en cuestión de trapos variaron, y no pudimos ponernos de acuerdo si esa sacada de pierna de Angelina Jolie vestida de Atelier Versace fue espectacular, o esta demasiado flaca, parece un garfio.
Pero el mejor momento no fue ni el Elie Saab de Milla Jonovich, ni el Givenchy de Rooney Mara, ni lo linda que se veía Octavia Spencer; lo mejor de la noche fue la llegada de El Dictador (Sasha Baron Cohen) cargando las cenizas de su colega Kim Jonh Il antes de desparramarlas sobre el smoking de Ryan Seacrest: "Ahora cuando te pregunten a quién tienes puesto, puedes contestar: Kim Jonh Il". El locutor trató de salir bien del paso al ver su traje impregnado de lo que resultó ser harina de panqueca: "Sabía que algo parecido estaba por venir".
Chamo, Ryan, es que en los Dictadores no se puede confiar.

jueves, 16 de febrero de 2012

En la emergencia (2)


Esta crónica se titula En la Emergencia (2) porque hay una primera En la emergencia, publicada el 2009 sobre una visita al Centro Médico de San Bernardino con mi chamo con una inflamación. Esa noche era el triple desempate para llegar a la final de la Liga Nacional de Beisbol entre Tigres-Leones-Tiburones, primera vez que los Tiburones de La Guaira llegaban tan lejos en más de veinte años. Nuestra familia soñaba con verlos coronarse en el Universitario, pero tuvimos que verlos caer ante los Tigres de Aragua en una televisioncita en la sala de emergencia pediatrica, mientras esperábamos los resultados de los exámenes.
Dos años después, me encuentro en una situación similar en la sala de emergencia del Centro Médico el domingo 12 de febrero, cuando por primera vez en mi historia electoral intuía que estaba votando a ganador, en esta oportunidad en las primarias para elegir al candidato de la oposición. Aspiraba ver el resultado comiendo pizza en la sala de mi casa, pero no pudo ser.
Esa mañana había ejercido mi derecho al voto, tras una hora de cola, metiendo el dedo en el tintero casi que hasta el codo. Posteriormente, almorzamos en familia en casa de mis padres. Mamá nos recibió con la noticia que no pudo ir a votar porque se sentía muy mal. Cuando en el transcurso del almuerzo el dolor se fue agudizando, llamamos a un doctor amigo quien nos recomendó que la lleváramos a la emergencia del Centro Médico.
Eran las cinco de la tarde, mi mamá fue atendida de inmediato, la doctora de turno dijo que había que hidratarla y hacerle exámenes de sangre y rayos X. A pesar del dolor, mamá no se veía grave, si los éxamenes salían bien y daban con el diagnóstico rápido, se podría ir a casa.
Ojalá sea antes de las ocho de la noche, pensó esta hija desnaturalizada, porque a diferencia de la sala de espera en la Emergencia Pediatrica, en la Emergencia de Adultos no había televisión, y no me quería perder el momento en el que Teresa Albanes diría el nombre del candidato a enfrentarse al Comandante en Jefe de esta Revolución.
Mientras a mi mamá la hidrataban y le hacían los primeros exámenes, me fijaba en el meñique derecho de todo el mundo para darme una idea de cómo estuvieron estas elecciones primarias. Nadie, absolutamente nadie, tenía el dedo manchado de tinta. ¿Será que no habrán votado? Después pensé que en un trabajo en el que se atiende a tanta gente, es delicado hacer una predica política, y en esta Venezuela llevar el dedo manchado el domingo de las Primarias era el equivalente a gritar: "No me la calo más".
Mi mamá en su cubículo se iba sintiendo mejor y dormitaba, mi papá arreglaba los papeles del seguro, yo me distraía oyendo una conversa entre dos vigilantes, uno le decía al otro:
"Soy el propio Ni-Ni, ni voto por él, ni voto contra él, no creo en nadie".
 Su interlocutor lo regañaba:
"Mano, si no votas contra él, le estás dando el espaldarazo, yo fui de quienes lo puso ahí, ahora haré lo que sea para que se vaya".
Sin embargo el centro de votación del vigilante antichavista quedaba muy lejos y no participó en las elecciones primarias:
"Porque tenía que trabajar, pero el 7 de octubre voto así sea en Marte".
Seguía la discusión pero no los pude oir más porque llegó el médico amigo a ver a mamá. Tampoco tenía el dedo manchado. Ninguno de los doctores que vimos esa tarde en el Centro Médico tenía el dedo manchado, pero en el puesto de las enfermeras se les oía discutir los pronósticos electorales, el que decía estar mejor dateado aseguraba que: "Capriles arrasó".
El amigo doctor nos dijo que aunque en el examen de sangre los valores daban normales, era necesario hacer otras pruebas para determinar la raiz del dolor. Viendo que la noche iba para largo, dejé a mi mamá con mi papá para localizar la televisión más cercana donde esperar los resultados de las primarias.
En el pasillo que llevaba a la caja de cobro había un televisor prendido en un canal por cable, un adolescente de pantalones caídos y gorra roja de Angry Birds veía Mamma Mía. Se estaba haciendo tarde, ya eran las 7 y media, y Meryl Streep de braga de bluen jeans brincando en la cama cantando Dancing Queen, nada que ayudaba.
Sabía quién era el paciente que estaba con el adolescente, por entre la cortinas azules de un cubículo de emergencia lo vi, debía ser su hermano: un joven vestido de uniforme militar a quien estaban hidratando. El soldado enfermo estaba acompañado por varios familiares y otro soldado que lucía uniforme de camuflaje con grandes letras rojas bordadas: "Guardia del Pueblo".  Ni me molesté en fijarme si tenía el meñique manchado.
Cuando se llevaron a mamá a hacerle los examenes indicados por el doctor, me acerqué de nuevo a la televisión y el chamo seguía ahí, de lo más concentrado viendo Mamma Mía. Di una vuelta por la clínica ya que los éxamenes tardarían más de una hora, y esa era la única televisión de los alrededores. Cuando por fin se terminó la aborrecible película, comenzó otra con Kate Winslet, y el chamo pegado. De ser cualquier otro adolescente le habría dicho: "Sorry, kid, terminó la hora Hollywood, toca la hora de ver Historia Contemporánea" y le habría cambiado el canal, pero esa gracia no la podía hacer con un chamo con la gorra roja de Angry Birds apoyado por la Guardia del Pueblo, no le fuera a llegar quejándose: "Una escuálida me quitó a Kate Winslet para ver Globovisión" y terminara siendo la primera detenida de estas elecciones primarias.
Ya pasaban las ocho y media, fui a ver si mi mamá la habían vuelto al cubículo de emergencia, todavía no, cuando regresé frente al televisor, oh milagro, seguía Kate Winslet en la pantalla, pero el chamo de Angry Birds había desparecido. La televisión estaba sola, solita, para mi.
Sintonicé Globovisión, Luis Vicente León era entrevistado para CNN por Patricia Janiot, y aunque todavía no habían dado los resultados, ya el director de Datanálisis hablaba de Henrique Capriles Radonski como el candidato de la oposición.
Al ver que estaba sintonizado Globovisión, se fueron acercando a esperar los resultados: familiares de pacientes, enfermeras, camilleros, médicos; si bien todos a la expectativa, y comentando sus experiencias al votar, nadie tenía el dedo manchado, la única pendeja con el dedo entintado era yo. Al rato regresó el muchacho de la gorra de Angry Birds, quien tan inexpresivo como cuando veía a Amanda Seyfried preguntarse cuál de los tres galanes otoñales sería su padre, se sentó a ver la televisión.
Pasadas las nueve, en un cuadrito a un lado de la pantalla había cierto movimiento que anunciaba que los miembros de la Mesa de la Unidad pronto darían los resultados. Ahora el entrevistado de CNN era un politólogo con look "Lennin" de calva incipiente y barbita candado, quien aseguraba que el número de estas elecciones, que no llegaría a los dos millones de votos, sería el techo de la oposición en las presidenciales. Cuando la periodista le preguntó al Lennin wanabe si acaso muchos empleados públicos, o personas con trabajos relacionados con el Gobierno, no se abstendrían a votar en estas elecciones por miedo a ser señalados como ya lo fueron con la "Lista de Tascón" -lo que no sucedería en las elecciones presidenciales- este le respondió que cuántos dueños de empresas no obligarían a votar a sus empleados  en las primarias de la oposición.
Un pase en vivo lo interrumpió, eran las nueve y media de la noche y Teresa Albanes estaba lista para dar los resultados, hasta el adolescente de la gorra de Angry Birds se enderezó para oírla decir : "Con el 95 % de las actas escrutadas, 2 millones novecientos cuatro mil setecientas diez votos, 2 millones ochocientos veinte mil cuarenta votos válidos, el candidato Henrique Capriles Radonski obtuvo un millón ochocientos seis mil ochocientos sesenta votos...".
Más nada que decir, la oposición tenía su candidato con más del 60 % de la votación de las primarias. En la tv se escuchaban los gritos "¡3 millones, 3 millones!". En el pasillo de emergencia del Centro Médico fuimos más discretos, pero todos parecíamos felices con el resultado, hasta el adolescente de la gorra de Angry Birds, aunque en su caso quizás no por el triunfo esa noche de la Democracia, sino porque tendría de nuevo la televisión para él.
(Para quienes se pregunten: "¿Y la mamá qué?", ya esta en casa aliviada de su dolor que con tratamiento no debería volver).

miércoles, 15 de febrero de 2012

Factor X (Reloaded)


La banda californiana Grateful Dead, liderada por el desaparecido Jerry García, era famosa por sus fieles seguidores conocidos como los Deadheads, a quienes sin importarles en qué ciudad de los Estados Unidos estuviera tocando la ecléctica banda de rock, se las arreglaban para ir a cuantos conciertos les fuera posible. Los Deadheads tenían un término para diferenciar un toque sublime de otro cualquiera, lo llamaban “Factor X”, cuando esto sucedía la banda había sonado como nunca.
No se puede decir que llego a tales extremos con Yordano, no lo sigo en sus giras, pero me acerco bastante al fenómeno de ser una Yordanohead y podría jurar que nadie, por lo menos en Caracas, ha ido a tantos conciertos de Yordano como yo.
Soy seguidora de Yordano desde que pegó en radio la canción “No queda nada” en 1984. Entonces lo iba a ver en el Estudio Mata de Coco como una fan más. Era su admiradora número uno, por eso no podía creer mi suerte cuando para su primera presentación solo en el Teresa Carreño en el año 1987 –antes lo había hecho con Ilan Chester-, el famoso artista contactara a mi maestro Enrique Porte para que fuera responsable de la puesta en escena.
 Enrique, director del Taller del Actor, aceptó incluyendo en el proyecto a su equipo de trabajo, además del Chino Salas como jefe de escenario,  y Laurita Rey como encargada del vestuario, me incluyó a mi como una especie de Yordanóloga, porque nadie se sabía mejor las canciones de Yordano en la familia del Taller del Actor que yo.
De la unión de los talentos de Enrique y Yordano nació el espectáculo La Noche, donde en la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño, en unos andamios como edificio de vecindad, en torno a las canciones de los dos primeros discos de Yordano se contaron historias urbanas bajo el hechizo de la luna llena.
También nació una entrañable amistad entre el músico y el director quienes hasta entonces no se conocían a pesar de que eran contemporáneos, vivieron en Londres en la misma época, tenían un gusto musical casi idéntico, y muchos afectos en común, incluyendo a Cheo Porte, hermano de Enrique. 
Originalmente Yordano quería que su primer concierto en el Teresa Carreño lo dirigiera José Ignacio Cabrujas, pero el muy operático dramaturgo y director, sabiendo que poco tenía que ver con la imaginería de Yordano, le recomendó que para este proyecto mejor sería un  melómano rockero al estilo de Enrique Porte, director teatral que tenía en su haber el montaje “Lennon”, basado en canciones y textos del desaparecido Beatle.
Siguiendo el consejo de Cabrujas, Yordano se presentó una noche a ver “Suicidio en Si Bemol” de Sam Shepard dirigida por Enrique en la sala Juana Sujo en Los Caobos, y aunque la obra no lo entusiasmó, terminada la función lo invitó a conversar, y después de tomarse la segunda cerveza con el encantador teatrero de afro canoso y camisa de blue jean, que era casi de su estatura, supo que compartían la visión de cómo debía ser un espectáculo de rock, y que solo Enrique Porte podía ser su director escénico.
 Para crear la imaginería ideal del concierto, Enrique le pidió a Yordano que le permitiera estar presente junto a su equipo del Taller del Actor en los ensayos que hacía el cantante con su banda Ladrones de sombras en el Teatro 8 en Las Mercedes, y como yo era parte del equipo teatrero así fuera en calidad de arrocera, durante varias semanas me senté en primera fila disfrutando del brainstorming de montar un espectáculo musical con mi artista favorito. Desde entonces Yordano fue parte de esa familia elegida que éramos los integrantes del Taller del Actor, y por ende, nosotros de la hermandad de los ladrones de sombras.
De ese año 1987 o 88 es la canción Locos de amor, tema que compuso Yordano en torno a otra obra de Sam Shepard que en el Taller del Actor habíamos traducido, pero no llegamos a montar.
Los conciertos de Yordano en la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño dirigidos por Enrique, y en los conciertos posteriores en los que trabajaron juntos en el Poliedro y en el Estadio Universitario, tuvieron ese Factor X del que hablaban los Deadheads. Lamentablemente, Enrique murió de un infarto en agosto de 1990, apenas tenía 42 años, y el Taller del Actor desapareció poco después.
Pero no he dejado de seguir fiel a la música de quien desde el año 1987 es mi amigo,  y cada vez que Yordano da un concierto en Caracas, soy el primer chicharrón, sabiendo que de alguna forma, en espíritu, nuestro querido Enrique también estará ahí.  


Esta crónica la había escrito hace como un par de años para Evitando Intensidades, fue editada para el programa del concierto realizado ayer, Día de los Enamorados, en los Espacios Abiertos de Corpbanca para celebrar los 30 años de carrera musical de Yordano.

martes, 7 de febrero de 2012

Apología a la lectura digital


Días atrás el escritor norteamericano Jonathan Franzen despotricaba en el Hay Festival de Cartagena contra el libro electrónico, decía que era una perversidad del capitalismo, que si le caía un vaso de agua, se arruinaba. Franzen, cuyas novelas están a la venta digitalmente, siente una justificada antipatía por la lectura electrónica: "Da angustia que dentro de 50 años los libros impresos estén obsoletos". 
Amo mi biblioteca recopilada desde hace más de treinta años, y estoy encantada con la lectura electrónica, no abandonaría una por la otra, ambas formas tienen sus ventajas y desventajas, y aunque tienda a repetirme con lo escrito en crónicas anteriores, aquí van algunos ejemplos de cómo la lectura digital puede beneficiar a lectores (escritores) como yo, viviendo en un país que hoy se encuentra a la retaguardia en muchos sentidos, y en qué aspectos jamás logrará sobrepasar a un libro impreso.

ESPACIO: no me caben los libros en el apartamento: tengo debajo de las mesas, torres sobre ellas, en el baño, en el cuarto de los niños, en la cocina, empiezan a tomar las esquinas. He tratado de donar algunos pero ya ni en el Banco del Libro los quieren, y si encuentro quien los acepte, cuando voy a hacer la selección, soy incapaz de decidirme de cuáles libros prescindir. Apenas he logrado regalar libros de cuentos de cuando mis hijos estaban pequeños, y no todos, ¿cómo desprenderme de la colección de Anthony Browne?
 Formamos un estrecho vínculo con nuestra biblioteca, deshacernos de alguno de nuestros libros, hasta de la novela más latosa, es como deshacernos de un pedacito de nosotros...  y me perdonan la intensidad. 
En cambio los libros electrónicos están en nuestro cloud (archivo virtual) sin ocupar espacio físico, aún si cae encima de la tableta digital el temible vaso de agua del que amenaza Franzen, el contenido de nuestra biblioteca electrónica queda grabado en el inframundo de la Web esperando para ser bajado en una nueva máquina. Sería como cambiar un libro de una biblioteca a otra.
Quizás estos libros digitales no son tangibles, se hacen tangibles en el aparato, pero allí están.

PESO-VOLUMEN- Tomemos por ejemplo dos novelas de Franzen: Las correcciones y Libertad, ambas se acercan a las seiscientas páginas. A quienes nos gusta llevar un libro en la cartera para mitigar las horas muertas, el tamaño sí importa, y los libros, mientras más pequeños, mejor. Las correcciones y Libertad son novelas que de leer impresas, de lo grandes que son, solo leeríamos en casa o en unas vacaciones.  Digitalmente la prosa de Franzen nos acompaña a donde sea.

BIBLIOTECA PORTATIL: Siguiendo con los problemas de espacio, cuántas parejas, cuando los hijos se van, sienten que les llega la hora de mudarse a apartamentos pequeños, y no saben dónde meter la catajarra de libros que tienen. Se ven obligados a hacer una reducción de sus bibliotecas con una encrucijada tipo la decisión de Sofía: "¿Cuáles libros se mudan con nosotros y cuáles vender o regalar?".  Un vecino jubilado se mudó a un apartamento más pequeño, viviría de la renta de alquilar su apartamento de 360 metros cuadrados que tenía una hermosa biblioteca con la más espectacular colección de libros de Política, Historia y Literatura venezolana.  En ella no había novelas de Barbara Taylor Bradford ni de Sidney Sheldon, era una biblioteca de coleccionista con énfasis en lo nacional. El vecino trató de subirle el precio al inquilino por dejarle el contenido de la biblioteca, recibiendo como respuesta: "Llévese sus libros". Ahí los tuvo que dejar, donde se mudó no cabían, rogándole a los inquilinos que se los cuidaran para cuando les encontrara mejor destino.
 Qué decir de la ola migratoria estos últimos años de Venezuela, ¿cuántos libros han sido abandonados en cajas? ¿Cuántas bibliotecas desmembradas? Un amigo radicado en los Estados Unidos me cuenta que no está dispuesto dejar atrás un libro más, desde que se fue de Venezuela casi todas sus lecturas son digitales, su biblioteca está en su Kindle y se puede mudar con ella a donde sea.

EL TAMAÑO DE LA LETRA, PANTALLA ILUMINADA Y DICCIONARIO INCORPORADO: De mis ventajas favoritas de la lectura digital está que los lectores adaptamos la letra a nuestra vista, y para quienes la presbicia comienza atacar, poner la letra a la medida de la ceguera es de los inventos más prácticos desde el lavaplatos automático. El diccionario incorporado también es de gran utilidad sobre todo si estamos leyendo en un idioma que no es nuestra lengua materna: al toparnos con una palabra desconocida la presionamos levemente con el dedo, y ahí está la definición. Y ni se diga la pantalla iluminada, se acabó el "¿Cuándo vas a apagar la luz?" de un cónyuge encandilado, además, la pantalla iluminada que dura horas en las tabletas digitales, y hasta días en los kindles más sencillos, resulta propicia en países como Venezuela donde debido a la crisis eléctrica no sabemos cuándo nos puede sorprender un apagón.

 DESCARGAS GRATIS DE CLÁSICOS:  Los libros de dominio público (los derechos de autor expiran entre 50 y 70 años después de su muerte) se descargan gratis en su forma más elemental: portada simple y texto. Si se desea una edición ilustrada, con prólogo, notas al margen, con portada más bonita, hay que pagar, pero no mucho. Esto no solo es positivo por el dinero ahorrado, sin regresar al tema "espacio", sino porque podemos hacernos de una biblioteca que ni la de Alejandría: los Antiguos Griegos, Las mil y una noches, todo Shakespeare, todo Dickens, todo Tolstoi, todo Dostoievski, todo Chéjov, todo Balzac, todo Víctor Hugo, todo Dumas.  Leer cada una de las obras de los grandes escritores sería tan ambicioso como quienes quisieron construir la torre de Babel, pero qué bueno saber que tenemos a los clásicos a un descargar de distancia.

IR A BARNES & NOBLE SIN SALIR DE EL CAFETAL: ¿Cuántas veces nos enteramos por Internet de un libro que acaba de salir en los Estados Unidos, digamos "11 22 63" de Stephen King, novela que quisiéramos leer pero de tan voluminosa que es habría que ser bien cara e'tabla para encargársela a un amigo que se va de viaje? Gracias a la lectura digital, raspando la tarjeta Cadivi de dólares de Internet, en menos de lo que tomaría hacer la cola para pagarla en cualquier Barnes & Noble, podemos empezar a leer la última novela de King o de cualquier otro autor anglosajón que tardaría meses y hasta años, si acaso, en llegar a las librerías de Caracas.

VENTAJAS QUE TODAVÍA NO SON, POR LO MENOS PARA LOS HISPANO-LECTORES.

TÍTULOS EN ESPAÑOL: A pesar de que Kindle Fire ya está a la venta en España, Amazon no ha llegado a América Latina aunque muchos lectores de este continente nos las arreglamos para bajar libros de distintas maneras. Por Internet se encuentran decenas de portales de descargas de libros PDF (Portable Document Format). Hay autores que comparten sus libros gratis por este medio, al igual que se consiguen clásicos como Don Quijote sin costo alguno, pero viendo por Amazon es. la oferta de libros en español es fácil darse cuenta de que todavía nuestros editores le tienen tanta aprensión a la lectura digital como Jonathan Franzen.
El catálogo electrónico de escritores hispanoamericanos es pobre, inclusive de autores contemporáneos de prestigio internacional como Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes y Enrique Vila Matas, sus obras aún no se consiguen por esta vía. Otros escritores, como Rosa Montero, encontraron en la lectura digital la manera ideal para rescatar sus primeras novelas. Sin embargo el catálogo de libros en español está en pañales, ya vendrá, es cosa de meses, y será perfecto para tener acceso no solo a las novedades que tardan en llegar en muchas ciudades latinoamericanas sino a aquellos títulos que han ido saliendo de circulación por falta de espacio en las librerías.

VOLVER A CARACAS SIN SALIR DE MONTREAL: ¿Cuántos emigrantes venezolanos, al saber que un pariente o un amigo los irá a visitar, en lugar de pedirle que le traigan Nestea o Torontos, le piden la más reciente obra venezolana?  Miles de latinoamericanos se han ido a probar fortuna a otras tierras, llevándose la nostalgia de sus países, qué mejor manera de mitigarla, a quienes aman los libros, que con la literatura local, esa que mientras vivían en sus ciudades de origen quizás no se dignaban a destapar. ¿Cuántos libros de autores venezolanos llegarán en los próximos meses a las librerías en Canadá, España, Australia o los Estados Unidos?  Qué bueno sería que quienes hayan emigrado, o vivan temporalmente lejos, y quieran estar al tanto de la Literatura Contemporánea de sus países de origen, tengan acceso a ella de manera digital. Por los momentos, ya El regalo de Pandora del amigo Héctor Torres está disponible en Amazon.

INTERNACIONALIZACIÓN: Primero pasa un escritor latinoamericano por el ojo de una aguja antes que por los estantes de las librerías de un país que no sea el suyo. Gracias a los libros electrónicos, cada escritor tendrá la oportunidad de entrar en esta gran biblioteca universal donde el único freno será el idioma. Se acabó eso de que los editores no se arriesgan a vender libros fuera de las fronteras del autor (a menos que  haya pasado por el filtro de una importante editorial española) porque publicar un libro digital no tiene mayor costo a diferencia de la arriesgada inversión de embarcar cientos de libros a librerías donde el autor es un desconocido. En un futuro, esperemos cercano, los autores venezolanos no solo podremos ser leídos en Venezuela, los Ecuatorianos solo en Ecuador, los panameños solo en Panamá; sino podremos compartir nuestra obra en esta infinita biblioteca virtual, donde quizás habrá tantos libros como estrellas en el cielo, pero ahí estarán.

 LA AUTOGESTIÓN: Los autores con manuscritos inéditos bajo el brazo que no encuentran editorial que se los publique, gracias a los libros electrónicos pueden editar a bajo costo su obra en la web, e inclusive vender sus libros en Amazon, o permitir su descarga gratis a lectores interesados. Además de aquellos proyectos  privados como el de mi  tía Paulina que está por terminar la historia de las recetas de cocina de la familia, especie de memoria emocional de 500 páginas basada en casi un siglo de gastronomía doméstica, el libro estará en PDF al acceso de la familia y amigos, aunque de tan bello que quedó, debería ser impreso.

LA LITERATURA DIGITAL COMO HERRAMIENTA EDUCATIVA: Apple anunció que pondrá a la disposición guías educativas para ser bajadas por IPad gratis, eso sí, los niños deberán leerlas en una herramienta de 500 dólares a la que si le cae un Toddy encima, se fregó.
Los aparatos de lectura digital vienen a distintos precios y eventualmente las guías educativas podrán ser ampliamente distribuidas. El Kindle más básico no llega a 100 dólares. Ustedes dirán: "pobres niños que les vamos a imponer desde pequeños la fría lectura digital", pero la realidad en países como Venezuela, y me consta por mis hijas mayores es que a partir de tercer año de bachillerato los muchachos deben acudir a las fotocopias porque la mayoría de los libros que les mandan, más allá de las guías escolares, están desaparecidos de nuestras librerías.
Y no hablo de libros especializados, hasta fotocopias de clásicos como Utopía de Thomas More han tenido que sacar porque no es fácil conseguirlo en las librerías locales. La fotocopia de un libro sale más costosa que cualquier edición de bolsillo. Sin duda más cara que la descarga gratis de un clásico. Mi universitaria ha gastado cientos de bolívares en fotocopias, y sabemos qué pasa con esos papeles engrapados, suelen ir al cesto de basura terminado el trimestre.

LA VENTAJA QUE YA NO LO ES: Una de las ofertas recién lanzado el primer Kindle en el año 2007 fue que los libros digitales saldrían mucho más económicos que comprarlos impresos. Ese primer Kindle costaba 400 dólares y se agotó en 5 horas y media. Ante el alto costo del aparato, Amazon se comprometió en que ningún libro digital costaría más de 10 dólares ya que se estaban saltando varios eslabones de la cadena de costos como la distribución y la producción del libro físico.  Hoy la diferencia de costos entre los libros digitales y los libros impresos no suele ser mucha, a lo máximo dos dólares en una novedad como la biografía de Steve Jobs de Walter Isaacson. He encontrado casos donde el precio de los libros digitales está por encima de los impresos, volvemos a la razón "espacio", hay libros que se van quedando fríos y las librerías les bajan el precio para darle paso a las novedades. No es el caso de la literatura digital, el espacio es infinito. También hay muchos libros sobre temas especializados como sociología que comprados digitalmente cuestan hasta más de 100 dólares. En Amazon, al tener que retractarse de la política inicial de que ningún libro digital pasaría los 10 dólares, cuando superan el precio estimado, ponen un cintillo que especifica: "El precio está puesto por el editor".


DUDAS: Aunque Kindle ya tiene cinco años en el mercado, Kindle Fire apenas salió en 2011 y el IPad en 2010, quizás demasiado reciente para saber cuál es el standar de vida útil de las tabletas digitales¿Cada cuánto habrá que cambiarlas? No son a locha. ¿No tiene nuestra biblioteca digital un límite de aparatos en donde ser descargada? ¿Cuán confiados podemos estar de que estos libros permanecerán a nuestra disposición en el inframundo virtual? Se han dado casos, no muchos, de libros que han sido borrados de Kindle por distintas razones y desaparecen del cloud, aunque garantizan reponerte el dinero a cambio de vales por otros libros digitales. En cambio el libro físico estará ahí, en nuestra biblioteca, a menos que nos los robe un amigo o se lo coman las polillas.  

 TAMPOCO PODEMOS OBVIAR QUE:

LOS LIBROS IMPRESOS SON MÁS BONITOS:  Vamos a estar claros, cualquier libro es más bonito impreso, y sería nuestra primera opción si no fuera por los problemas  "espacio" y “disponibilidad” que nos hacen alternar con la lectura digital. Pero cuando es el tipo de libro que va más allá de su contenido literario: libros con gráficos, ilustraciones, catálogos de exposiciones, cuentos infantiles, libros de Arte y fotografía; vale la pena tenerlos impresos, como  el caso del Doña Bárbara de Rómulo Gallegos editado por Armitano con ilustraciones de Alirio Palacios, o el catálogo de la exposición del diseñador Alexander McQueen en el MET, que es una joyita de arte en sí, sería criminal bajarlo digital, a menos que claro, no nos quede otra que esperar a que salga en este formato porque es la única  manera de tenerlo si no se va a Nueva York.

QUÉ ESPACIO NI QUE ESPACIO: NADA MÁS BELLO EN UNA CASA O UN APARTAMENTO QUE UNA BUENA COLECCIÓN DE LIBROS ARRUMADOS DONDE SEA.

 EL PLACER DE COMPARTIR: Cuando bajé Los Enamoramientos de Javier Marías por Kindle Fire, al leerlo pensé en todas aquellas personas a quienes les habría podido prestar esta novela de amor y muerte: a mis padres, a un par de amigas, a mi vecina. En cambio leído en Kindle, conmigo terminó la cadena de lectores. Con una cuenta en Amazon o en Apple se puede crear un “plan familiar” y mis hijos, mi esposo y yo tendríamos acceso a la misma biblioteca en Cloud. Pero mis hijos todavía no tienen tabletas digitales, ni les interesaría la obra de Marías, y mi esposo no pasaría de la tercera página de tan intensa novela. Así que mi edición digital de Los Enamoramientos se quedó con el triste destino de tener una sola lectora.

 SEGURIDAD: Caracas es una ciudad en la que cuando atracan no te piden la cartera sino el celular. Ya surgió una banda de ladrones de IPad, presencié como en el Centro Cultural Chacao le robaron el suyo al escritor Oscar Marcano intercambiando el maletín donde había guardado su tableta digital por uno similar. Y no es la primera vez que pasa. Al igual que el teléfono celular, la gran ventaja de las tabletas digitales es precisamente su portabilidad, no solo para leer, a la hora de trabajar, llevar documentos, guardar fotos; pero en Caracas los malandros no perdonan, y una tableta digital es un bocado demasiado jugoso.
En cambio un libro impreso, ¿habrá un manjar menos apetecible para un malandro?  Por eso no salgo a la calle con mi Kindle Fire, para la cartera seguiré apelando a un buen libro de bolsillo.

 DISTOPÍA: Así como Jonathan Franzen tiembla ante un futuro sin libros impresos, yo tiemblo ante un futuro sin librerías. ¿Se imaginan que las librerías desaparecieran del paisaje de una ciudad como desaparecieron las tiendas de discos? 
Me encanta visitar el portal de Amazon para descubrir que hay de nuevo, pero escoger libros exclusivamente a través de la pantalla de una computadora no lo habría concebido ni la novela más distópica de Aldous Huxley. Así como las grandes cadenas de librerías se comieron a las librerías independientes en los Estados Unidos, la venta de libros electrónicos ha afectado a las grandes cadenas al punto de que Barnes & Noble sacó su tableta digital, el Nook: cuando un cliente entra con ella en una de sus librerías se activa la lectura de su inventario, y se desactiva al salir del local, a menos que se haya comprado el libro que se hojeaba (o ¿pantalleaba?). 
Sin embargo hojear un libro digital es como sexo sin amor, puede que esté bien pero no se compara con la empatía que sentimos por determinados libros impresos, esa fuerza que nos conduce hacia ellos, que entre miles de opciones ese libro sea el que abrimos, que en el primer párrafo ya sabremos si nos va a gustar o no, por más que Amazon ofrezca bajar gratis el primer capítulo de muchos ebooks, no es lo mismo.  Tanto así que en algunas librerías se han dado cuenta que hay clientes que anotan los títulos de algunos libros hojeados, suponen que para luego bajarlos por Internet. Ya la cadena Borders quebró, mi apuesta es que en los Estados Unidos, a corto y mediano plazo, esta coyuntura favorecerá a las pequeñas librerías puesto que los enormes locales de Barnes & Noble son de alquileres costosos para mantenerse ante una considerable disminución en sus ventas.
Se regresará al reino de los libreros, que por estas fronteras nunca dejó de estar vigente.
En cuanto a Venezuela, que el pez de la literatura digital se coma al pez de la literatura impresa dista de estar en nuestro futuro cercano, aquí pocos amantes de los libros se han mudado a la lectura electrónica, en parte porque las tabletas digitales todavía son artículo de lujo al sur del Mar Caribe. Nuestro problema es otro: la dificultad de los propietarios de las librerías para importar libros ante las trabas para acceder a divisas extranjeras. 
Sin embargo la lectura digital comienza a picarle el ojo a muchos lectores venezolanos que no se atreven a dar el paso, tengo amigos que han recibido el Kindle de regalo y no lo han sacado de sus cajas, y quienes aunque aman a su IPad, no se les ocurre leer en él, consideran una especie de traición a sus amados libros impresos comenzar a leer libros digitales, pero a cada rato me preguntan: “¿Y qué tal? ¿Ya te acostumbraste?”.
 No le hagan mucho caso a Jonathan Franzen, recuerden como los bisabuelos alguna vez aborrecieron la televisión porque no era el cine o la radio, y hoy no concebimos al mundo moderno sin alguno de los tres. 
Y para quienes estén interesados en el aspecto funcional de Kindle Fire en Venezuela, pueden regresar a la crónica: