sábado, 25 de septiembre de 2010

Mi querido Mijael


No creo revelar ningún secreto de "Mi querido Mijael" al decir que el escritor israelita Amos Oz en 1968, a los 28 años, exorcisó los demonios de su niñez contando en su primera novela la historia de su madre. Por eso aunque la novela está narrada en primera persona en la voz de la taciturna Jana, de vez en cuando Yair, el niño serio que a todo le busca una respuesta, parece ser el narrador.
Pero Mi querido Mijael más que narrar la historia de una madre y de su hijo narra la historia de un matrimonio, de los caminos que nos planteamos en la vida y los que finalmente tomamos. ¿Qué habría sido de la soñadora Jana si otro hombre la hubiese agarrado del brazo para evitarle una caída en las escaleras de la Universidad Hebrea? Su padre le había prevenido que tuviera cuidado con los hombres malos, aquellos que les destrozan la vida a las mujeres, pero no le previno contra los aburridos, los que logran que los días no se diferencien entre si.
 ¿Y qué decir del geólogo Mijael? Un hombre bueno, que se sentía afortunado de haber estado en el momento del tropezón para evitar la caída de la hermosa estudiante de Literatura Hebrea, pero que se equivocó al pensar que Jana era como los gatos, que sólo se hacen amigos de aquellos que podían querer. Quizás Jana era una gata, capaz de aceptar el amor, y sólo a veces, retribuirlo.
"Mi querido Mijael", a pesar de llevar en el título un nombre masculino, es la historia de una mujer melancólica en una ciudad melancólica que un día decide abrir la ventana que la conducirá al único escape que encontró, sin imaginar que años después su inquisitivo niño se enfrentaría a una máquina de escribir para entender porqué.

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