
miércoles, 24 de junio de 2009
Polvo de estrellas

domingo, 21 de junio de 2009
La guía del buen bloguero

Cuando Ricardo Ramírez me invitó a formar parte del grupo de blogueros en compartir lecturas en la Librería El Buscón, dudé en aceptar, ¿bloguera yo? Al crear Evitando Intensidades no lo hice con conciencia gremial, es decir, como parte de un fluir en la red de comunicación, sino como un archivo en Internet para compartir los artículos que iba publicando en El Nacional o en Contrabando, rescatar viejas crónicas que sobrevivieron la prueba del tiempo o que se volvían a actualizar, de vez en cuando comentar alguna película, un libro, un programa de televisión.
Por eso dudé aceptar la invitación, mi experiencia como bloguera era empírica, ensayo y error, que empezó cuando en noviembre de 2007 decidí que en lugar de mandarles mis crónicas a los panas como documento, lo haría como enlace. Algunos se quejaron, abrir un link les parecía un fastidio. Poco a poco se fueron acostumbrando a la notificación semanal de la actualización de las intensidades. A veces entran, otras no, cuando lo hacen se ponen al día. Estos correos, Facebook y los amigos que han puesto en sus blogs un link a Evitando Intensidades, son mi fuente de promoción. En año y medio he recibido más de 11 mil visitas de 77 países. Estaba muy orgullosa de semejante afluencia, pero tras leer “The Huffington Post complete guide to Blogguing”, me doy cuenta que es polvo de estrellas del universo blog.
A raíz del encuentro bloguero en El Buscón quise tomarme el adjetivo un poco más en serio y pedí por Amazon la guía de The Huffington Post, blog creado por Arianna Huffington y Kenneth Lerer, quienes en el año 2005 se les ocurrió unir en un portal voces fundamentales que no estaban en la web. En el HuffPost ha posteado hasta Barack Obama. Siendo uno de lo blogs más visitados en la congestionada blogosfera, The Huffington Post tiene la misma cantidad de visitas en un minuto de lo que Evitando Intensidades ha tenido en año y medio.
Gracias a la Guía Huffington descubrí un sin fin de trivialidades como que a pesar de que en El Buscón compartimos lecturas trece mujeres y dos hombres, ambos sexos blogueamos a partes iguales; que hasta hace poco el principal idioma era el japonés seguido por el inglés, pero el español tiene su buena cuota de participación. Que al contrario de lo que muchos piensan, no es un vicio, pocos blogueros suelen dedicarle a su página más de dos horas semanales. También aprendí que los llamados trolls (impertinente comentaristas anónimos) son un mal tan inevitable como el smog en la grandes ciudades, y se les debe tolerar como parte del libre fluir de comunicación siempre y cuando no sean groseros, racistas o difamadores. Lo que no se debe aceptar es el spam, cero tolerancia con los penis enlargements. Los HuffPosts insisten que no hay que olvidar ser educados, a quienes se molesten en hacer un comentario, debemos responderles, pero los enfrentamientos que se van a palabras mayores o se vuelven personales, es mejor resolverlos en privado vía email.
Encontré en la guía Huffington excelentes consejos para ganar lectores que no siempre seguiré como tratar de escribir corto e ir al grano. Cuando las entradas sean demasiado largas, separarlas con imágenes para no dar la sensación de un ladrillo de texto. Lo más importante para los editores de Huffington es que los blogueros asuman la informalidad del medio, el estilo debe ser el de la charla cotidiana, donde no tememos hacerlo con errores porque nadie habla perfecto. Lo que no quiere decir que hay que escribir con descuido. Más que una entrada erudita un blog debe dejarnos el sabor de un buen email entre panas.
En el momento de la impresión de la Guía Huffington se contaban más de 112 millones de blogs abiertos en el universo virtual, de los cuales aproximadamente 7.4 millones son activos. De estos 7.4 millones, 15 blogueros venezolanos se reunieron el martes 16 de junio en El Buscón entre amigos, vino blanco y libros de ocasión para compartir la lectura de crónicas, narrativa y poesía; gracias a esa noche más que a la Guía del Huffington Post, me dí cuenta que un blog, tímido o multitudinario, será lo que su autor quiere que sea, y ya encontrará sus almas afines en el vasto universo de Internet.
- Aymara Lorenzo http://laparadapoetica.blogspot.com
- Keila Vall www.fugapermanente.blogspot.com
- Cinzia Ricciuti www.verdadesqueasoman.blogspot.com
- Adriana Villanueva www.evitandointensidades.blogspot.com
- Ruth Hernández www.piedraconaletas.blogspot.com
- Kira Kariakin www.k-minos.com
- Georgina Ramírez www.http://poesia-en-georgina.blogspot.com
- María Dolores Torres Salas www.mariadolorestorres.blogspot.com
- Natasha Tiniacos http://natasha-t.blogspot.com
- Mitchele Vidal http://www.imagenes-urbanas.blogspot.com
- Eleonora Requena http://nocturna-mas-no-funesta.blogspot.com
- Belkys Arredondo www.biombosdehumo.blogspot.com
- Carmen Elena González Salas www.gatainsomne.blogspot.com
- Mario Morenza http://elapendicedepablo.blogspot.com
jueves, 18 de junio de 2009
El lazarillo de La Florida

Monona llegó a Caracas para asistir al bautizo de su nieta Patricia. Alta y elegante, la rubia abuela rioplatense fue advertida por su hijo en el aeropuerto de Maiquetía que aquí en Venezuela hace tiempo que sus habitantes dejamos de salir cubiertos en oro. Monona siente que se desnuda: sus pulseras y sus anillos son parte imprescindible de su indumentaria como el pañuelo de seda que lleva amarrado al cuello o la chaqueta del taller.
—En Buenos Aires la situación también está terrible. Ya no se puede pasear. Las salidas tienen que ser puntuales: del piso al café y del café al piso.
Sí, la situación en Buenos Aires debe ser terrible, dicen que la crisis económica de Argentina supera a la de Venezuela, pero viendo como a Monona le cuesta desprenderse del hábito de usar prendas, dificulto que la violencia urbana nos supere.
A veces pienso que el prejuicio es mío, nunca fui mujer de joyas. En los años ochenta cuando comencé a salir sola o con amigos, se empezaban a oír cuentos de atracos a mano armada en los que desprevenidas víctimas se veían vilmente arrebatadas de sus cadenas y relojes. Hoy recuerdo esos días con nostalgia, de un raspón y de un susto no se pasaba. Veinte años después de mis primeros pasos como chica citadina, Susana Rotker en el libro Ciudadanías del miedo (2000) manejaba la cifra de que todo venezolano será víctima de 17 delitos, 4 de ellos violentos, entre los 18 y los 60 años de edad.
Mi abuela dice que es difícil hacerme regalos porque no me gustan las prendas. Lo que pasa es que me incomodan, no me acostumbré a usarlas porque para mí una joya no justifica ni un susto ni un raspón, mucho menos arriesgar la vida. Qué curioso que precisamente una mañana yendo a visitar a mi abuela tuve mi primer encontronazo con un chapucero ladrón de joyas. Iba distraída, pensando en quién sabe qué, detenida en el tránsito del semáforo de una esquina en La Florida cuando tocaron el vidrio de la ventana de mi carro. Subí la mirada y vi a un hombre joven, bien vestido con camisa azul almidonada cuidadosamente metida dentro del pantalón kakhi de pinzas. Yo que soy tan nerviosa, no me asusté, el muchacho tenía buena pinta, mirada simpática a pesar del apremio señalando gestualmente su muñeca. Pensé que quería saber la hora, así que con los dedos de las manos le indiqué que ya eran pasadas las 10:00. El muchacho, tratando de afilar la mirada, me señaló con los ojos el periódico que llevaba doblado bajo el brazo como diciéndome: “Ah mujer bruta, es que acaso no te das cuenta de que tengo un arma escondida y esto es un atraco”.
Todavía me pregunto por qué este asaltante de caminos, este aprendiz de ladrón, entre tantas mujeres emperifolladas que circulan en La Florida me vino a escoger a mí, que la única joya que llevaba puesta era un reloj de acero inoxidable que me regaló mi marido para celebrar mi primer día de la madre hace trece años. Dicen que en estas circunstancias nunca se sabe cómo una va a reaccionar, yo habría jurado que era la más cobarde de las mujeres, por eso me sorprendió mi reacción que hoy recuerdo en cámara lenta como una partida de póker en la que el destino del juego está en la mirada de los tahúres con las cartas en la mano, y a este malandro tan planchadito su mirada lo delataba como un blofeador, un traficante del miedo urbano, un pescador en río revuelto. Este Lazarillo de La Florida no tenía los ojos de Raskolnikov
Y por más miedosa que sea, no lo soy tanto como para dejarme robar con un periódico, así que cuando el tránsito arrancó, con un gesto que unieron hombros y mirada, le hice saber al incapaz ladronzuelo:
“Será otro día papá”.
Pero no se crean, sigo siendo una mujer cobarde, ahora cuando visito a mi abuela, me quito el reloj.
Artículo publicado en el diario El Nacional, el 11 de septiembre de 2004. Ilustración para Nojile de Rogelio Chovet.
domingo, 14 de junio de 2009
Quiero creer

En el año 2008 el artista chino Cai Guo-Qiang presentó en el museo Guggenheim en Nueva York la exposición “Quiero creer”. Emulando una explosión pirotécnica, nueve carros blancos con luces multicolores descendían de la cúpula del edificio diseñado por Frank Lloyd Wright. En los pasillos había réplicas de animales salvajes chocando entre sí -alegoría de quienes siguen ideologías a ciegas-. Pero el plato fuerte era la pólvora. Un video acompañaba los enormes cuadros de Guo-Qiang explicando el proceso creativo: trazar la pólvora sobre papel, prender la mecha, explosión, humo y más humo, hasta quedar cenizas como arte.
La tarde del pasado martes viendo por televisión la Plaza del Rectorado anegada en humo, me acordé de Guo-Qiang, pero el humo era en vivo y directo y cubría de tinieblas ese museo abierto que es la Ciudad Universitaria. Quienes detonaron los artefactos explosivos no les importó afectar un patrimonio mundial con tal de amedrentar a quienes se les enfrentaban políticamente.
Ser ucevista es un culto y la Ciudad Universitaria es el templo. Nadie que se sienta ucevista sería capaz de maltratarla. Ni oficialista ni oposición, la Ciudad Universitaria es sagrada. O por lo menos eso creía yo hasta que hace unas semanas me uní a la concentración en la Plaza del Rectorado que marcharía hasta el Ministerio de Educación con la intención de dialogar sobre el recorte presupuestario. Al lado de un mural de Oswaldo Vigas, bordeado por una banda amarilla como zona del crimen, un carro quemado decretaba la amenaza vigente no sólo sobre la autonomía universitaria sino también sobre la obra arquitectónica diseñada por Carlos Raúl Villanueva.
La marcha no fue multitudinaria, era de mero orgullo ucevista. La acompañé hasta la salida de la Plaza Venezuela, justo donde fue abandonado un camión cava quemado en la madrugada. Como en todas las marchas, llevé mi cámara, no soy buena fotógrafa pero me gusta armar reportajes gráficos. Después me enteré de que hubo tiros desde el gimnasio cubierto, ni los oí, ahí seguía feliz, tratando de ignorar al grupito que le gritaba a los marchistas: “¡Ignorantes, pensionados!”. Después de que pasó la marcha quise fotografiarlos, se mostraron reacios, decían que no querían salir en Globovisión. Cuando les dije que era para Facebook, accedieron con la condición de que posara con ellos. Y así lo hice pero cuando me sentí apretujada más de lo necesario al mismo tiempo que un artefacto explosivo fue detonado a pocos metros, recuperé mi cámara y me fui. Sólo salí en una foto con cara de asustada.
Al igual que el título de Guo-Qiang, quiero creer que no fueron ellos, que ningún ucevista sería capaz de levantar un dedo contra la Ciudad Universitaria. Quiero creer que Villanueva no se equivocó, porque al fusionar arquitectura, arte y naturaleza en los años 50 en la antigua Hacienda Ibarra, lo hizo apostando por la evolución de las futuras generaciones universitarias.
Artículo publicado en El Nacional 13 de junio de 2009.
domingo, 7 de junio de 2009
Otra racha de películas tristes

La racha de películas intensamente tristes que en este junio de 2009 no pude evitar, comenzó con “Rachel getting married” de Jonathan Lemme, que podría resultar una oferta engañosa para quienes busquen pasar un rato frescolita con un film protagonizado por Anne Hathaway, que a sus 26 años, es la actual reina de los chicks flicks gracias a “El diablo se viste de Prada”, “La guerra de las novias” y “Los diarios de la princesa”.
Desde la primera escena de “Rachel se casa” es fácil darse cuenta que esta no es una película de Hathaway cualquiera: cigarro tras cigarro, con el delineador acentuado y el pelo picoteado, Kim (Hathaway) espera en silencio a que su padre la venga a buscar al centro de rehabilitación donde está recluida, para asistir al matrimonio de su hermana.
La cámara se mueve inestable, como una película casera filmada por ese primo fastidioso que insiste en grabar la escena más íntima. Con esta cámara que a algunos perturba, Lemme logra la sensación de pertenecer, que de alguna manera el espectador se sienta parte de este atormentado clan que incluye dos hermanas: Kym, quien se autodefine “Shiva, la destructora”, y Rachel, la novia, la hija perfecta que resiente la atención que su padre (Bill Irwin) le da a su hermana problema; además de una madre distante (Debra Winger), un padrastro casi anónimo, una madrastra cálida, y el recuerdo de una tragedia que al revelarse, casi al final de la película, entendemos porqué le cuesta tanto a esta familia ser feliz hasta en la más feliz de las circunstancias. Al cantarle el novio en el altar a la novia: “Unknown legend” de Neil Young; queremos creer que en algún momento lo lograrán, si no ser completamente felices, quién en la vida lo es, encontrar la manera de sepultar de una vez el pasado y comenzar a vivir el presente con esperanza.
Otra oferta engañosa no de película frescolita sino de porrito de marihuana es "La Escafandra y la Mariposa", de Julian Schnabel, que hoy se exhibe en Caracas en el marco del Festival de Cine Francés. Ganadora de dos premios del Festival de Cannes en el año 2007, en Venezuela tenemos meses viendo los cortos sin saber de qué diablos se trata, tan sólo una mariposa amarilla que vuela por las praderas.
Cuando la semana pasada fui a ver “Noche en el museo II” (de vez en cuando hay que complacer a los chamos), un nuevo corto de la ahora titulada en Venezuela: “El vuelo de la mariposa”, me dio un indicio de qué va la película que por fin fue estrenada en nuestra salas: Jean-Dominique Bauvy (Mathieu Amalric), editor de la revista Elle sufre a los 42 años un accidente cerobrovascular y se ve afectado por el síndrome conocido como del “cuarto cerrado”: sus percepciones están intactas pero de su cuerpo sólo tiene el dominio de un ojo, mediante el cual gracias a un sistema en el que parpadea mientras su interlocutor va recitando el alfabeto en orden de las palabras más usadas, logra comunicarse, y con la ayuda de una transcriptora, escribe el libro en el que se basa la película.
Schnabel, director de “Basquiat” y “Después del amanecer”, además de artista plástico reconocido, tras considerar a Jonnhy Depp en el papel de Jean-Do -oferta que el actor rechazó para hacer la segunda parte de Los piratas en el Caribe- tomó la decisión de que el lirismo del libro de Bauvy sólo se podría disfrutar en su idioma original, y en lugar de una película gringa hizo una película francesa, que a pesar del tema, la claustrofobia de sentirse humano dentro de un cuerpo que no responde, es el triunfo de la alegría de vivir en la mayor de las adversidades.
Filmada con humor, escaso sentimentalismo y una fotografía digna de un gran artista, una vez finalizada la película, con un nudo en la garganta salimos del cine con la sensación de que sí, a pesar de todo, la vida puede ser hermosa.
jueves, 4 de junio de 2009
Historia de casi tres cenas
martes, 2 de junio de 2009
Chicas como nosotras
