lunes, 11 de abril de 2016

Un lunes cualquiera en la actual Venezuela


Esta mañana fue una mañana como cualquier otra en la actual Venezuela: el café tuve que tomarlo sin leche porque leche #nohay (debo darme con una piedra en los dientes porque por lo menos tengo café y un poquito de azúcar). Tomo mi guayoyo mientras leo en El Nacional un nuevo episodio de cómo  en la Venezuela de Maduro, quienes hemos porfiado en seguir aquí, vivimos en uno de los países más miserables del mundo. 
El capítulo del día es la falta de tratamiento para controlar el Mal de Parkinson, denuncia que hace la periodista Isayen Hernández aprovechando que ayer fue el Día Internacional de esta enfermedad degenerativa que suele atacar a los ancianos, pero no discrimina: pacientes que apenas pasan la treintena también son diagnosticados con este mal neurológico que combina rigidez con espasmos incontrolables. 
Como tantas otras enfermedades crónicas, a los afectados de Parkinson -que según el artículo en nuestro país hoy suman 30 mil- en la Venezuela de Maduro les está costando Dios y su ayuda encontrar los medicamentos necesarios para combatirla, medicamentos que si bien no darán una cura a su mal, son imprescindibles para contenerlo el mayor tiempo posible. 
Los pacientes de Parkinson con medios económicos a un alto costo logran importarlos, pero quienes no tienen dólares para hacerlo, sus familiares deben zanquear farmacias y redes sociales hasta lograrlo, muchas veces siendo necesario cambiar de tratamiento por uno menos efectivo, pero con suerte más fácil de conseguir.  
Cuánta impotencia que se nos esté volviendo normal los llamados desesperados de quienes buscan en las redes sociales medicinas para sus ancianos padres, tan normal como los llamados desesperados para conseguir los tratamientos para pacientes de cáncer. Pero no por volverse normal deja de ser  indignante vivir en un país donde el Gobierno parece incapaz de resolver la grave crisis de salud que enfrenta desde hace ya suficiente tiempo como para hacerla prioridad en su agenda, y haberla resuelto.  
También se nos ha vuelto normal que frente a la mayoría de los mercados venezolanos casi siempre haya cola para entrar para conseguir cualquier artículo regulado. Esta mañana en Los Campitos de Campo Alegre la cola era porque llegó salsa de tomate de una marca tan tapa amarilla como las que buscaba el joven protagonista para su madre, fiel comunista cuyo corazón no podría soportar enterarse de que había caído el Muro de Berlín mientras ella estuvo en coma. El precio 317 bolívares. También había llegado mayonesa tapa amarilla, pero no tuve la suerte de que alcanzara para llevarme un frasco. 
Y eso que en Los Campitos a quienes íbamos a hacer un mercado mayor nos dejaban entrar sin necesidad de hacer cola, la cola era para quienes estaban solo para comprar esa salsa "a base de tomates", de la que dejaban llevar un máximo de dos frascos por cliente. Yo había ido a Los Campitos con la esperanza de conseguir carne, pero el buen carnicero me aconsejó no llevármela porque estaba dura: "Usted me la compra y seguro regresa mañana para devolverla", así que solo llevé carne molida, muslos de pollo, algo de legumbres, y dos frascos de salsa tomate tapa amarilla. 
De salida me topé con una conmoción a las puertas del Seniat, el joven diputado Miguel Pizarro, acompañado de unos cuantos viejitos, aspiraba hacerle llegar al Director del Seniat, José David Cabello, una carta con la solicitud de audiencia para exponerle la Ley de Bono de Alimentación y Medicamentos para Jubilados y Pensionados aprobada el 30 de marzo en la Asamblea Nacional. 
En esta Venezuela de Maduro también quienes nos gobiernan quieren hacernos parecer normal que el Gobierno Central, imponiendo un Tribunal Supremo de Justicia nombrado a su medida, ignore  descaradamente cualquier iniciativa o ley de una Asamblea Nacional en la que hoy son mayoría los diputados de la oposición.
Los empleados del Seniat, a quienes también les tocará hacer cola cuando llega papel higiénico o arroz en el mercado a pocos metros de su oficina, pienso que seguirían órdenes, o quizás me equivoco y sentirían que hacen patria negándole acceso a la oficina pública de Administración de Aduanera y Tributaria, al joven diputado y a la decena de viejitos que lo acompañaban. 
Llegaron las cámaras de televisión, llegó la Guardia Nacional, se acabó la salsa de tomate tapa amarilla, se acabó la cola frente al mercado, y a Pizarro y los viejitos les cerraron en sus narices la reja blanca del Seniat. El diputado trataba de apelar conciencias, gritaba ante la reja cerrada algo así como: "¡Cómo pueden dormir en la noche sabiendo lo que está sucediendo en su país, que el pueblo está pasando hambre y muriendo por falta de medicamentos, mientras sus jefes hacen fortunas!".
Del otro lado de la puerta alguien responde: "¡Porqué mejor no hablas del diputado Julio Borges y sus cuentas secretas en Panamá!". 
Esa era la única respuesta disponible, y de ella los funcionarios públicos no salieron. 
Al diputado Pizarro ni siquiera le recibieron su carta solicitando una audiencia para tratar sobre el financiamiento para aumentar los beneficios de alimentación y salud a los pensionados, la única respuesta que obtuvo, a gritos a reja cerrada era en relación a que el nombre del diputado Borges se asomó en el escándalo de los Panama Papers. 
Dos personas que solo estaban en el Centro Comercial Mata de Coco para comprar salsa de tomate, entablaron la típica discusión política a la que también nos hemos acostumbrado los venezolanos. Un hombre defendía lo que queda de la revolución, hablaba algo de la historia, de cómo el puntofijismo había arruinado al país y ahora la oposición pretendía borrar la historia.  Hablaba tantas tonterías que nadie le hacía caso hasta que una humilde señora se le volteó y lo enfrentó: "No hable tanta zoquetada, que ese diputado que está luchando a favor de los pensionados, cuando llegó el chavismo al poder, apenas sería un muchachito. Lo que si le aseguro, porque en cambio yo no nací ayer, es que nunca en nuestro país se moría la gente por falta de medicinas como está pasando ahorita". 
El señor rojo no supo que contestar, en el manual del buen revolucionario faltan muchas respuestas, así que yo me fui sin carne pero con mis dos salsas de tomate a casa, después les cuento qué tal. Mientras tanto, ahí les dejo el documento subversivo que al diputado Pizarro -de 28 años- no le quisieron recibir. 


martes, 5 de abril de 2016

Bíblica Semana Santa en Margarita

                                                           

                                                           1- Hágase la luz (y el agua)

Muchos cancelaron sus vacaciones cuando en las redes sociales comenzaron a difundir súplicas desde Margarita que por favor nos abstuviéramos de visitarla esta Semana Santa. La isla es una cápsula más del desastre de país en el que hoy vivimos, y estos primeros meses del 2016 a la corrupción y desidia política, se le suma una sequía espantosa que tiene a Venezuela al borde del colapso eléctrico. Me contaba una señora en la lenta cola de Sigo Market - los puntos de ventas estaban caídos-, que en la isla más allá de un par de dispersos chaparrones, no llueve desde diciembre, y eso se nota en el árido paisaje. El hermoso túnel natural saliendo del aeropuerto estaba chamuscado como si le hubieran prendido fuego. 
Los días previos a Semana Santa el racionamiento de agua en Margarita apenas daba para sus habitantes, temían que la insoportable situación empeoraría con la carga adicional del turismo propio de la época, sin contar la escasez de alimentos, productos básicos y medicinas que caracteriza a Venezuela en tiempos de Maduro. 
En cuanto a escasez no encontré la isla ni peor ni mejor que Caracas. La mayoría de los navegados que nos atrevimos a visitar Margarita esta Semana Santa a pesar de las apocalípticas advertencias, llegamos con papel higiénico, jabón de baño y otros artículos difíciles de encontrar no solo en la isla, sino en cualquier lado de Venezuela. 
En cuanto al abastecimiento en mi experiencia este año estuvo mejor que el año pasado por esta época, fue fácil dar con productos que en el año 2015 eran difíciles de encontrar como carne y pollo - ya que subieron de precio-, café se conseguía el "de lujo", pasta solo la importada, refrescos máximo dos botellones por compra, cervezas Zulia y Polar Light (pero había que llevar el vacío de botellas). 
El pescado en la isla en Semana Santa nunca falla, en Pampatar subió a cuatro mil bolívares el kilo de pargo, dos mil bolívares el de Dorado y mil trescientos el de Cazón; agua de coco a ochocientos bolívares la botella, huevos solo se consiguen a orillas de la carretera a precio de mercado negro.
Ni leche, ni azúcar, ni arroz, ni harina Pan; as usual
Llegamos confiados de que en nuestro condominio de Guacuco no suele haber problemas de agua porque cuenta con una planta desalinizadora que se surte de un aledaño pozo de agua de mar, y aunque había conciencia de la sequía que, como el resto de Venezuela, atraviesa la isla, el agua no nos llegó a faltar, a diferencia de otros hoteles, posadas y condominios, donde no era exageración que cargaban en tobos con el agua de las piscinas para bajar las pocetas. 
Mi sobrina -que llegó con un grupo de amigos a Cimarrón- me contó que en el condominio próximo a Playa Parguito les llegaba agua por dos horas tres veces al día. Otros no tuvieron esa suerte, a una amiga la llamaron de la posada en Playa El Agua donde se alojaría para cancelar la reservación puesto que estaban sin agua. Los camiones de agua fueron parte del paisaje esta Semana Santa en la isla.
Disfrutando de unos espectaculares días de playa llegaban reportes desde Caracas de la gris atmósfera de calina (o calima como algunos prefieren decir) que no dejaba siquiera ver el Ávila. En Margarita la Semana Santa 2016 el cielo estuvo azul, sin una nube, la brisa fresca. En los días que estuvimos, no cayó una gota de agua. En mi privilegiada posición de vacacionista en Terrazas de Guacuco, el agua solo me llegó a faltar el último día, y fue en el aeropuerto Santiago Mariño a punto de regresar a Caracas, donde antes de entrar en el baño me topé con un enorme pipote de basura lleno de agua, adentro un pote vacío de helado Efe con la instrucción: "agua para bajar el W.C" .
A tan sola media hora de vuelo, preferí esperar a llegar a Maiquetía. 


                                             2-  El nuevo paraíso terrenal (casi).

Desde que el año pasado mandaron a demoler los quioscos instalados desde hace años en Playa El Agua, a pesar de que lo lamento por los comerciantes que perdieron sus negocios, hay que reconocer que esta hermosa playa se convirtió en un edén, no tanto porque hoy sea más bonita con el paisaje sembrado de cocoteros en lugar de edificaciones construidas a la machimberra, sino por la paz que se siente hasta en temporada alta como Semana Santa. 
La rumba grande, esa estilo Sodoma y Gomorra de derroche etílico y ruido ensordecedor, se mudó a Playa Parguito, opción de los jóvenes que para su felicidad, los padres evitamos como la peste.
Debe ser que me estoy poniendo vieja, yo que tanto disfruté en los años 80 cuando Margarita era una fiesta en quioscos como El Rendezvous a ritmo de Juan Luis Guerra y 4.40, hoy me confieso feliz de que se acabó la mega rumba en Playa El Agua, porque la guerra de minitecas a lo largo de la playa en una competencia de en cual quiosco sonaba la música más alto y tenía el mejor flow, se había vuelto insoportable para quienes de la playa lo que más valoramos es la comunión con la naturaleza y el sonido del mar. 
Tampoco es que Playa El Agua se convirtiera en un espacio cien por ciento libre de changa y regatón, nunca faltan los vecinos de toldo que sacan sus cornetas Bosé último modelo para imponer distintos gustos musicales que suelen variar desde Chino y Nacho, hasta Ricardo Arjona. El gusto musical parece guardar estrecha relación con el volumen con el que buscan imponerlo en su entorno. Como un perro que orina marcando territorio. Solo que el recuerdo de los decibeles y la vibración que solían caracterizar a los antiguos quioscos de Playa El Agua, hacen que el Picky, Picky, Picky; que mana de las cornetas Bosé del toldo vecino suene a La Flauta Mágica. 

                                             3- La serpiente que no tentó ni a Eva ni a Adán

Hace veinte años, cuando mis hijas mayores eran bebés, yo le tenía más miedo a los alacranes que a los malandros. Aunque ya había inseguridad en Venezuela, entonces se oían más cuentos de alacranes mortales que de robos con fatalidades. Por eso previo a cada viaje a Margarita donde toparnos con uno o dos alancracitos era lo usual, iba a la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela en busca de suero antiescorpiónico porque en la isla no se conseguía. Afortunadamente no fue necesario usarlo, los alacranes en Margarita, que dicen los expertos no ser de los peligrosos, solo le clavaron su ponzoña a mi papá, sin consecuencias. 
 Los años pasan y los temores cambian, hoy le tengo pavor a los malandros en cambio hace tiempo que no voy a buscar suero antiescorpiónico a la UCV,  quizás por eso esa plácida mañana de un martes de Semana Santa no entré en pánico al escuchar los alaridos de mi marido: "¡Coño! ¡Coño! ¡Coño!".
Un malandro no podía ser porque ya lo habría hecho callar de un culatazo, pensé que se había encontrado con un alacrán en el baño, qué cagueta, pero tras el sexto ¡Coño! pensé que para entonces el alacrán ya debió haber sido cazado, algo peor estaría sucediendo, así que no me quedó más remedio que dejar mi libro a un lado y pararme del chinchorro para ver qué tipo de animalejo se le habría aparecido al padre de mis hijos. 
Y yo que estaba preparada para enfrentarme a un alacrán, quizás un alacrán un poco más grande de lo usual, lo que no estaba preparada era para encontrarme en el espejo del baño con una enorme culebra verde.  
"¡Hasta que llegaste, coño! Quédate cuidándola para que no se escape mientras encuentro algo con que cazarla".
Ni que nos hubiéramos casado ayer, ¿acaso soy del tipo de mujer que se quedaría encerrada en un diminuto baño cuidando que una culebra no se escape? Cualquiera que me conoce sabe que no formo parte del ejército de las mujeres valientes de Venezuela. Sin hacer caso de las instrucciones del cazador, corrí al cuarto de mis hijas -que se habían despertado con los gritos- a cobrarles aquellas peregrinaciones a la Facultad de Farmacia de la UCV para encontrar suero antiescorpiónico: 
"Ocúpense con su papá de cazar la culebra que su mamá está indispuesta".
Como ellas si saben el tipo de mujer que las parió, no les quedó más remedio que levantarse de la cama a ayudar a su papá, mientras  mamá escondida bajo sábanas ordenaba a gritos cual Lady Macbeth tropical: "¡Llamen a un jardinero del condominio, les apuesto que caza a esa bicha en dos segundos!".
Pero macho que se respeta no llama a un jardinero para que cace una culebra por él: "¡No llamen a nadie que yo no soy una mamita!", y así a las muchachitas a las que tanto protegí en su infancia del peligro de un alacrán, quedaron cuidando a la vil serpiente en el diminuto baño mientras su padre buscaba armamento de cacería que resultó un tobo y una escoba. 
 Los "¡Coño!" no cesaron, el cazador al acecho iba describiendo el periplo de la serpiente: "¡Coño! Se está enredando en los cepillos de dientes, ¡coño se encaramó en la puerta...!".
Mi gran preocupación era que no le fuera a caer a palazos y romper el espejo del baño que lo último que necesitamos viviendo en este país, es el bono de "siete años de mala suerte".
Hasta que una de mis hijas decidió hacerme caso, logró escapar del inepto equipo de cazadores y llamar a un jardinero del condominio quien en cuestión de segundos, tocó la culebra con el palo de escoba, la hizo caer en el tobo, y la sacó de la casa. 
Viendo al reptil que el jardinero identificó como una "verdegallo" no venenosa pero sí agresiva: "Da latigazos con la cola cuando se siente en peligro", pensé que qué suerte que la culebra se le apareció al valiente pero fallido cazador, porque a esta princesa devaluada sentándose adormecida para hacer pipí, se le aparece esta amiga, las historias de la serpiente, la sequía y la rumba playera no habrían llegado a intensidades, no por morir cual Cleopatra ante el veneno de una áspid, sino porque de que me daba un infarto, me daba.   



jueves, 17 de marzo de 2016

El porqué no hay "Teresa" para Yordano

"Estoy agradecido de estar aquí, eso significa que estoy vivo", arrancó Yordano la rueda de prensa para hablar de su lucha contra el cáncer, "o por la vida", como él prefiere decir, pero sobre todo para hablar de sus nuevos proyectos. 
Tras este breve saludo a los periodistas que acudieron a la cita el pasado miércoles a la Sala de Conciertos en el BOD, Yordano pasó a la ronda de preguntas y así poner en orden tantos temas: el más de un año que vivió en Nueva York para someterse a un transplante de médula con el doctor Sergio Giralt; un pronóstico inicial que llegó a ser tan oscuro como el destino de Jon Snow en el capítulo final de la última temporada de Game of Thrones; su actual estado de salud (100% recuperado); infinito agradecimiento ante tantas muestras de solidaridad que lo tienen abrumado de cariño; un llamado de alerta frente a la emergencia nacional ante la escasez de medicamentos en Venezuela; pero sobre todo, para anunciar que hay Yordano para rato, que vienen dos discos en camino: uno con nuevos temas y otro de artistas latinoamericanos versionando sus grandes éxitos. 
Para celebrar qué mejor que cantar en el Aula Magna, su Alma Mater, ya que: "Parece que no soy apto para el Teresa Carreño".  
Cuando hace unos días alguien comentó en la redes sociales que no le habían dado fecha en el Teatro Teresa Carreño a Yordano, corregí de lo más sabionda que me constaba que estaban en conversaciones. ¡Hay que ver la paranoia política hasta dónde llega! Cómo no le iban a dar el Teresa Carreño a un músico tan querido, qué venezolano no es capaz de tararear algún tema de Yordano, no hay día que no prenda la radio y no oiga una de sus canciones, un artista que trasciende clases sociales, que se oye en barrio y urbanización por igual porque amalgama ritmos latinos con pop y rocanrol. Y si bien es cierto que ha sido de los músicos venezolanos más críticos a estos tiempos revolucionarios, qué tipo de fanatismo político podía ser tan torpe y tan bajo para negarle sala a tan admirado artista nacional para que diera un concierto para agradecer estar vivo, de regreso en escena, y en el teatro que lo consagró.
La semana pasada conversando con Yordano y Yuri -su esposa/manager- les comentaba el chisme que corría por las redes, que le habían negado el Teresa Carreño: "La gente si habla pistoladas". 
Me confirmaron la noticia, nada de pistoladas, hasta el mismo Yordano lo había publicado en twitter: no hay disponibilidad de sala en el Teatro Teresa Carreño para él a pesar de tras serle negada la fecha pedida en mayo porque se presentaba Vasallos de Venezuela (agrupación por la cual Yordano siente respeto y admiración), el artista y su equipo buscaron ser flexibles con las fechas: 
”Comprendemos que no hay cupo en mayo, pero por favor dígannos ¿cuándo habrá sala para Yordano en el año 2016?" preguntaron vía correo electrónico Yuri y José Luis Ventura, productor de la gira que Yordano está por emprender que comenzará en Panamá y Costa Rica el mes entrante. 
La respuesta de la directiva del Teresa fue silencio, es decir, no se molestaron en contestar proponiendo fechas. Extraoficialmente, un funcionario de la actual burocracia del complejo cultural le dijo a Yuri: "Es hora de que comprendan que ya el Teresa Carreño no es para las élites, y Yordano es élite". 
Ilusa yo, todavía hasta que escribo esta crónica guardaba la esperanza de estar en lo cierto, que la directiva del Teresa Carreño entraría en razón, que solo lo estaban haciendo sufrir con un poco de desdén para que Yordano pagara el no ser complaciente con el régimen, que más daño que bien políticamente podía significar para los actuales cabezas del Teatro Teresa Carreño negarle sala a un artista nacional de semejante trayectoria que además acababa de superar una enfermedad con la cual tantos venezolanos, incluidos muchos oficialistas, fueron humanos y solidarios.
Pero por lo pronto Yuri y Yordano perdieron las esperanzas de que, con la actual directiva, haya sala Ríos Reyna para Yordano, mientras tanto el complejo cultural, antigua referencia en Latinoamérica de excelencia artística, hoy sin ninguna vergüenza presta sus espacios como mercado municipal para la venta de huevos y hortalizas. 

lunes, 14 de marzo de 2016

A punto de Armagedón




Hasta el más desmemoriado venezolano sería capaz de ubicar el origen del movimiento de calle opositor al año 2002 de la era de Chávez con el Decreto 1.001, cuando ante un intento presidencial de imponer a los consejos comunales en la educación privada, un grupo de madres salió a la calle a protestar bajo el lema: "Con mis hijos no te metas". Fue tan escueta la convocatoria que el entonces presidente trató de restarle importancia calificándola como: "Escuálida", término que quedó para que los afectos al oficialismo se refirieran despectivamente a la casi mitad de la población venezolana que veía, y hoy más que nunca sigue viendo, estos tiempos revolucionarios como una pesadilla. 
Por más escuálida que fuera la convocatoria de este grupo de madres clase media para que el gobierno no interviniera en la educación de sus hijos, fue una de las concentraciones más importantes en la historia de la oposición en términos de resultados: gracias a este grupo de mamás, del que no formé parte, comenzó un tímido movimiento de calle opositor, que al poco tiempo habría de convocar a millones de venezolanos a salir a manifestar en contra de las imposiciones de un gobierno cada vez más autoritario. Pero lo más importante fue que este escuálido grupo de mamás consiguió lo que millones de venezolanos en tantas ocasiones saliendo a manifestar raras veces hemos logrado: que el gobierno revolucionario se echara para atrás a la hora de imponer una de sus autoritarias medidas.
El pasado sábado 12 de marzo a las nueve de la mañana pasando por el lado del elevado de Las Mercedes, recordé a estas mamás precursoras al cruzarme con un grupito de mujeres vestidas con el uniforme escuálido de marchas: gorra tricolor, franela blanca, blue jeans y zapatos de goma; armadas con sus banderas de siete estrellas, rumbo a la Plaza Brión de Chacaíto para exigirle al heredero de Chávez, Nicolás Maduro, que renuncie ante el deplorable estado en el que está Venezuela bajo su mandato. 
Minutos antes en la radio logró conmoverme una invitada al programa de Carolina Jaimes Branger narrando el suplicio de las pacientes de cáncer de mama para encontrar medicinas indispensables para su tratamiento. En la Venezuela de Maduro la lucha por la salud tiene que ser por partida doble: contra la enfermedad y contra la escasez de medicamentos; y no solo contra el cáncer, también contra múltiples males como la hipertensión, diabetes, anticonvulsivos, antibióticos, y hasta para hidratar bebés que padecen diarrea. Los enfermos crónicos venezolanos que no tienen dólares para importar su tratamiento al costo que sea, (ni hablar de las emergencias), hoy viven una situación desesperada tras la indiferencia oficial que no termina de reconocer la emergencia de salud que estaría obligada a enfrentar como gobierno. 
La medida más efectiva ante cualquier crisis en tiempos revolucionarios es la propaganda oficial, a Carolina la interrumpe un micro -que se repite varias veces al día- imposición del ministerio de información del poder popular buscando explicarle a los venezolanos que los terribles momentos que vivimos se deben a la caída de los precios petroleros por la codicia del Imperio. Lo que no explican es qué pasó con el dinero de la larga bonanza petrolera que le tocó a los revolucionarios administrar, cómo justificar que un país al que entró tanto dinero durante tanto tiempo hoy esté en semejante estado de desabastecimiento que ni un país en guerra. 
Dicen que fue bastante escuálida la concurrencia al "Maduro renuncia", semejante convocatoria pecaba de ingenua: Maduro ni loco va a renunciar ya que quienes hoy están aferrados al poder tienen demasiado por lo que responder cuando ya no lo estén. Por eso los enchufados prefieren ver a Venezuela convertida en un país en ruinas que ni el escenario más apocalíptico de Mad Max, antes que enfrentar la verdadera justicia, no la justicia del actual Tribunal Supremo que solo busca otorgar el poder absoluto y sin cuestionamientos a un gobierno tan criminal como fracasado. 
A toda marcha de la oposición le salga su contramarcha del oficialismo, surgiendo una especie de competencia de quién lo tiene más grande, en este caso, quién convoca más gente, o menos gente, podría decirse del pasado sábado. A la altura de Plaza Venezuela me crucé con la respuesta chavista al "Maduro renuncia" en forma de: "Obama deroga el decreto", también en su mayoría mujeres portando recién estrenadas franelas rojas con el lema de turno listas para concentrarse en torno a la Plaza O´Leary para exigirle al presidente de los Estados Unidos que derogue el decreto contra Venezuela. Curioso que en ninguno de los diversos medios pro-oficialistas que exigen su derogación, terminaban de explicar en qué se basa el dichoso Decreto de Obama contra Venezuela, quizás porque a quienes afecta principalmente es a aquellos venezolanos que gozan de millonarias propiedades en los Estados Unidos, además de grandes fortunas en dólares de dudoso origen.
O quizás para casi nadie es un secreto, porque en esta ocasión el discurso antimperialista no funcionó para lograr una masiva convocatoria roja,  pocos iban a perder su puesto en la cola para comprar comida para defender las cuentas millonarias de unos tantos en los bancos de Florida. Que marchen los enchufados. 
Está bien ser chavista, y creer todavía en la revolución, lo que no está bien es ser pendejo hasta el punto de marchar por defender las cuentas en dólares de quienes han desangrado a la nación. 
Un tercer contingente de caminantes que me crucé esa azul mañana de un sábado de marzo fueron los Testigos de Jehová, las mujeres con mangas y faldas largas, los hombres de camisa cerradas de botones con corbata, repartiendo panfletos anunciando el fin de los tiempos. Con sus Biblias en las manos los Testigos abarcaban más ciudad que chavistas y escuálidos juntos.
Ese sábado cerró una semana horribilis en Venezuela tras la masacre de 28 mineros en Tumeremo que parece ser apenas la punta de un iceberg de irregularidades en la zona, el asesinato de Larry Salinas: un respetado y querido director de orquesta de niños minúsvalidos, y tras certificar por las redes sociales cómo los linchamientos populares se están volviendo la más infalible forma de justicia en Venezuela... Además de la frustración de quienes aquí seguimos ante la cada vez peor escasez de alimentos y medicinas.
Cómo no volverse apocalíptico y preguntarse si después de todo los Testigos de Jehová tienen razón, por lo menos en Venezuela estamos llegando al punto de Armagedón, al fin de los tiempos. 
Dios quiera que solo sea el fin de los tiempos revolucionarios.



jueves, 3 de marzo de 2016

Comprar cartulinas en la Venezuela de Maduro


Una mañana cualquiera en la Venezuela de Maduro, mi hijo me mandó un mensaje de texto pidiendo que le comprara cartulinas, anime, plastilina y unos alambres que tenía que hacer una maqueta para un proyecto de biología del colegio. Pedí más especificaciones. No tardó la respuesta: "Lo que encuentres". Los adolescentes en la Venezuela de Maduro saben de sobra que de nada sirve ser muy específicos. 
No había problema, tenía una reunión a las 10.30 de la mañana, después pasaría por las Novedades de La Florida para comprar los materiales necesarios para un 20 en biología. En otros tiempos habría acudido a las Librerías Lea en Mata de Coco, o Punto & Coma en La Florida, las surtidoras de materiales de estudio de mi infancia y buena parte de la infancia de mis hijos, pero en tiempos de Chávez ambas librerías cerraron, y desde entonces donde quedaba Lea hoy es un local vacío con un cartel que anuncia: "Se vende o alquila", y la librería del señor Fiori hoy es una zapatería que ni estantes tiene de esas que para vender zapatos así de baratos, la mano de obra debe ser próxima a la esclavitud. 
La cadena de librerías Novedades también es histórica, no recuerdo Caracas sin ese referente, al pasar de los años con sus altos y bajos, Las Novedades se había mantenido igual. Cuando no conseguía algún material en la Librería Punto & Coma, cruzaba la calle para buscarlo en Las Novedades y seguro lo conseguía. Y hasta hace poco así fue, pero ayer cuando confiada fui a buscarle las cartulinas a mi chamo, al dirigirme a la sección de papelería la empleada me detuvo, esa parte de la librería estaba clausurada por falta de mercancía. Si quería cartulina solo quedaba la corrugada: "Eso es lo que hay". 
No me molesté en preguntar por anime ni por alambre. Lo que si salí preguntando es cuánto tiempo más podía sobrevivir la cadena de Librerías Novedades en la Venezuela de Maduro. 
En la tarde fui a Arte Chacaíto, ahí seguro encontraría lo necesario para la tarea de Biología de mi chamo. En efecto cartulinas las que quisiera, anime también conseguí, los alambres no pero esos se improvisan. El estacionamiento del Centro Comercial Chacaíto estaba inusualmente vacío, ese mismo día subieron el precio de la hora de estacionamiento a 40 bolívares, como tres veces más de lo que hasta el día anterior había estado regulado. La causa más que justificada: a precio viejo los estacionamientos no podían pagarle un sueldo digno a los empleados. A precio nuevo tampoco, pero por lo menos daría para aumentarles alguito (la medida del alza del costo de los estacionamientos hoy fue derogada hasta próximo aviso). 
Aprovechando que mi hora a 40 bs. todavía no se cumplía y que el mercado Central Madeirense estaba tan inusualmente vacío como el estacionamiento, entré para ver qué conseguía, aunque no siendo el día de compras de mi número de cédula sabía que de encontrar cualquier producto en escasez, como por ejemplo cepillos de dientes que no se consiguen por ningún lado, me quedaría con las ganas.
Como era de esperarse en la Venezuela de Maduro, si el Central Madeirense estaba vacío de clientes era porque también estaba fallo en mercancía. 
Entrando conmigo un señor grita al ver tantos estantes disfrazados para no parecer vacíos:
Mardito país! ¡Hasta cuándo vamos a seguir así!".
Una señora al final del pasillo le responde, también gritando:
"¡Hasta que sigan votando por los rojitos!".
No me meto en discusión de mercados, pero me pareció injusto la apreciación histórica de la doña, la mayoría aplastante de los venezolanos que fuimos a votar las últimas elecciones para escoger representantes en la Asamblea Nacional lo hicimos a favor de lograr el contrapoder a un Gobierno que evade responsabilidades ante semejante crisis económica, hundiendo a Venezuela cada vez más en la miseria. Lo que se reflejó en el voto popular el 6 de diciembre era lo que se sentía esa tarde en el Central Madeirense en Chacaíto, un "¡Hasta cuándo!".  ¡Hasta cuándo! que el Tribunal Supremo de Justicia pretende prolongar negando las facultades legislativas de la nueva Asamblea Nacional. 
Después de todo esa tarde si me hice con un par de productos en escasez: en un carrito encontré arrumado un cargamento de galletas de soda, agarré tres paquetes, ya ni merienda para los muchachos se consigue en la Venezuela de Maduro. También había café, pero no del regulado, "café gourmet" importado a mil doscientos bolívares el kilo, y uno se da cuenta del abismo actual del poder adquisitivo entre quienes podíamos darnos el lujo de pagar café a ese precio y quienes no, porque  a 1.20 al cálculo de mercado negro pensado en dólares parece una miseria, pero dicho en bolívares representa casi el diez por ciento del sueldo mínimo en Venezuela. 
Poco menos de lo que pagué por dos cartulinas y una lámina de anime. 
Esa tarde la cola para pagar en el Central Madeirense no era larga pero si lenta, porque en la Venezuela de Maduro para llevarse lo que sea en la mayoría de los mercados hay que plasmar par de huellas dactilares. Hacer cola da oportunidad para medir el descontento, el muchacho de atrás despotricaba porque él no tenía para comprar café gourmet, la señora atrás de él insistía en eso de hasta cuándo los venezolanos íbamos a aguantar. La muchacha frente a mi hacía su cola sin chistar, muy bonita, se llevaba pan de dieta que justificaba su línea. Al igual que yo, la chica optó por no opinar, cuándo se volteó a buscar algo me di cuenta el porqué: la linda muchacha de silueta estilizada portaba orgullosa una franela amarilla con la imagen de Ezequiel Zamora y el lema: "Oligarcas temblad". 
Hay que ser valiente para vestir semejante propaganda revolucionaria en estos tiempos de inflación y escasez. Yo que soy de lo más tranquilita, me dieron ganas de morderla. 
Después de todo mis tres paquetes de galletas de soda no pasaron en la caja para sorpresa de la cajera, solo me podía llevar dos. El café a mil doscientos bolívares no tenía ningún tipo de restricción.
Cuando llegué a casa con el botín del día: dos paquetes de galletas de soda, un kilo de café gourmet, dos cartulinas y una lámina de anime, me estaba esperando el estudiante de biología en la puerta, tras revisar la bolsa me recibió con una frase que me hizo sentir la peor madre del mundo:
"Mamá, ¿y la plastilina?". 

jueves, 18 de febrero de 2016

Cuando la moral pierde los frenos


Gracias a las ofertas del mes en Amazon Kindle descubrí Winter Journey de la australiana Diane Armstrong, novela que a pesar de las demasiadas casualidades en la trama que afectan la credibilidad del lector, es buena. Este Viaje de Invierno trata sobre Halina, una odontóloga forense que regresa a su Polonia natal a fines de los años 90 para participar en la excavación de una fosa común donde yacen decenas de cadáveres tras un incendio provocado en el año 1941. La tarea de Halina es mediante las dentaduras que se van encontrando, determinar la edad y el sexo de las víctimas. La historia oficial aseguraba que los muertos eran exclusivamente judíos estalinistas ajusticiados por los nazis. El propósito de esta misión era establecer si realmente se trataba de unos cuantos hombres ajusticiados por razones políticas, o si estaban frente a un genocidio que incluía mujeres y niños, y establecer si la responsabilidad de semejante crimen era de los Nazis, de los soviéticos, o la posibilidad más espantosa: de los mismos vecinos del pueblo. 
Cómo es de esperarse muchos en el ficticio pueblo de Nowa Calgaria pretenden detener a como dé lugar la investigación, insisten en qué necesidad abrir viejas heridas, que hay que dejar a los muertos descansar en paz, que los polacos fueron víctimas tanto de los soviéticos como de los nazis, ¿por qué volverlos sesenta años después posibles victimarios?
Pero la investigación seguirá duélale a quien le duela porque solo con la verdad se podrá dar la cara a un futuro mejor. 
Muchos dirán que tales niveles de antisemitismo fueron una aberración en la historia del Siglo XX, ya parte del pasado, que semejante fenómeno ante el odio de la religión ajena (sea cual sea) no podría repetirse tras saber los horrores del Holocausto. Pero hasta en un vecindario como el nuestro en esta Venezuela que se ha vuelto cultivo de tantos odios, ocurren incidentes que prenden alarmas como lo sucedido el domingo pasado en el apartamento del alcalde David Smolansky a quien le dejaron rayados en la pared mensajes antisemitas, antes de que los malandros escaparan con su botín de computadoras.
Halina creció en una Australia moderna, su único vínculo con su Polonia natal era una madre reservada que se negaba a hablar del pasado, quien la crió a punta de refranes y máximas morales en una sociedad multicultural donde la religión ajena, o la falta de ella, carecía de importancia. Por eso Halina no estaba preparada para encontrarse que sesenta años después del Holocausto, en Polonia el antisemitismo, aunque socarronamente, seguía vigente.
Asombrada ante la poca disimulada "antipatía al otro" de la actual Nowa Calgaria, y ante el afán por encubrir lo que una generación anterior fue capaz de hacer ante esa antipatía -porque ni siquiera era odio-, Halina se pregunta cómo gente normal, padres de familia, responsables trabajadores, respetuosos con sus mayores, con mascotas a las que aman, amables con sus vecinos; podrían llegar al límite de asesinos, inclusive de bebés, o encubridores de asesinos. El padre Krzysztof, quien desde su púlpito predica la conveniencia de que el pueblo enfrente la verdad de semejante masacre, (prédica que le gana más de un enemigo), le responde a Halina con una metáfora similar a la que usó el revolucionario Roland Dennis en su último artículo en Aporrea: horrores que pasan cuando una sociedad, como un carro, se queda sin frenos: "En 1941 en Nowa Calgaria los frenos morales fallaron, y cuando por fin lograron detenerse, se encontraron sumergidos en el fondo de un hediondo albañal".
En Venezuela todavía no nos quedamos completamente sin frenos, las elecciones parlamentarias fueron una especie de freno de mano, que sirvió para demostrar que el pueblo venezolano se negaba a seguir siendo aliado incondicional de un gobierno corrupto, incapaz y autoritario. La nueva Asamblea no significaba un nuevo gobierno, sino un contrapoder facilitado por el voto popular ante un gobierno que en los últimos 17 años ha procurado abarcar todos los espacios de poder sin permitir disidencia ni auditoría.
A la sociedad venezolana no se le han ido los frenos, o por lo menos el 6 de diciembre de 2015 se demostró a fuerza de votos que los recuperamos, pretendiendo darle un parado a quienes tienen a Venezuela en la ruina moral y económica, en un país donde la vida humana vale menos que un celular, y ni medicamentos de vida o muerte se consiguen, mientras grandes fortunas se han hecho gracias a la especulación y el narcotráfico.
A quienes si parece que se le fueron los frenos y van en caída libre por la bajada de Tazón remolcando a Venezuela con ellos es a quienes todavía ostentan el poder central, comenzando por la jugada de procurarse un Tribunal Supremo de Justicia que siempre  dicte a favor del gobierno de Nicolás Maduro, a tal punto que tras ser rechazado por la Asamblea un supuesto plan de emergencia nacional en materia económica, el TSJ dio carta blanca para seguir desguazando a los mismos políticos y militares que tienen a Venezuela en la ruina.
Dictaminar ese poder de Emergencia Económica a favor Maduro es como haberle dado carta blanca a Idi Amin en un Decreto de Emergencia Especial de Ayuda Humanitaria.
Pero en este viaje de invierno que hoy vive Venezuela, a pesar de lo mal que estamos, por fin se empiezan a ver luces al final del túnel: una Asamblea Nacional encabezada por Henry Ramos Allup que no se deja amilanar, la certeza de que el pueblo venezolano ya está claro que este no es el camino a seguir, que es urgente un viraje a otra Venezuela distinta a la represión, debacle económica y sobre todo odio que ha caracterizado al gobierno de Maduro.
Comienzan a exhibir freno moral quienes hasta hace poco eran apologistas del régimen, solo esperemos que quienes tienen el pie puesto a fondo en el acelerador del fracaso, tomen conciencia histórica de lo que hoy vivimos en Venezuela y su responsabilidad en ello, desaceleren, y permitan que la historia fluya para bien para volver a retomar el camino a la Democracia, de la reconciliación... que volvamos a ser un país productivo más que destructivo, al que los jóvenes sueñen con venir y no con marcharse.


miércoles, 6 de enero de 2016

La profecía de Laurita


No tuve la suerte de tener hermanas, pero si tuve la suerte de tener dos grandes amigas que en mis años universitarios fueron como dos hermanas mayores: Esther y Laurita. Aproximadamente diez años mayores que yo, sin conocerse entre sí, cada una a su manera me acogió bajo su ala siempre dispuestas a aconsejar a esta despistada muchachita en cuestiones de amor y otras menudencias. Hablo de ellas en pasado porque además de coincidir en su amistad conmigo, en que ambas eran geminianas, muy amigueras, que amaban la vida, también coincidieron en que murieron hace poco, con un año de diferencia, tras batallar con dos tipos distintos de cáncer a los que dieron valientes la pelea. 
Hasta ahí las semejanzas porque Esthercita era una mujer que se enorgullecía de su sencillez, en cambio Laurita siempre se enorgulleció de su condición de princesa valenciana. Sobre Esther escribí a raíz de su muerte en el año 2013. A Laurita tras su muerte en agosto de 2014 le quedé debiendo su intensidad, no sé si porque estaba de viaje cuando sucedió, o porque me negaba a recordar a esa amiga con quien tan buenos momentos compartí, con un opaco obituario. 
Y así pasó el tiempo, debiéndole su intensidad a Laurita, hasta que ayer cuando se juramentó Henry Ramos Allup como presidente de la Asamblea Nacional no pude evitar pensar, como seguro estarían pensando sus numerosas amigas, lo que habría gozado este momento histórico mi pana Laurita, si es que no lo estaba gozando desde el cielo. 
Porque Laurita fue la primera esposa de Henry, y Henry fue el primer esposo de Laurita. 
Qué confianzuda, llamar Henry al actual presidente de la Asamblea Nacional a quien jamás he visto en persona. Cuando conocí a Laurita, Ramos Allup era parte de su prehistoria, corría mediados de los años 80, la linda valenciana se había divorciado por segunda vez, vivía sola en un pequeño apartamento en La Alta Florida y al igual que esta estudiante de la Escuela de Arte, orbitaba por los predios del Taller del Actor de Enrique Porte.  
Jamás me habría atrevido a decirlo en su cara porque no me lo habría perdonado, pero Laurita como que tenía un talento para la actuación similar al mío, pero Enrique nos consideraba sus amigas y de su esposa Rosa  -que era la tercera pana de nuestro triunvirato-, y nos invitó a participar en el primer espectáculo de Yordano en el Teatro Teresa Carreño, solo que tras bastidores: Laurita se encargaría del vestuario, y yo acompañaría en la cabina de luces a Rhazil Izaguirre para ver si aprendía algo.
No es necesario volver a narrar la emoción de tener la oportunidad de participar en la puesta en escena de ese primer espectáculo solo de Yordano en el TTC, ya lo he contado varias veces. Laurita por muy princesa valenciana que fuera, no era ajena a la euforia compartida, por eso cuando le perdió la pena a Yordano, a quien todos le perdimos la pena rápidito porque ahí mismo se hizo parte de la familia escogida del Taller del Actor, Laurita le pidió que la primera noche en el Teresa Carreño cuando cantara eso de "princesa de mi corazón", le dedicara una mirada fugaz, no porque pretendiera ser la princesa del corazón de Yordano, sino porque ella era la princesa por excelencia. Pero Yordano, que siempre ha sido como es, se le olvidó, o no la miró quizás pensando en otra princesa de su corazón.
Algún día le pregunto si se acuerda para que me aclare ese misterio.
Más de un enamorado le habría cantado a la rubia Laurita "princesa de mi corazón" sin pensarlo dos veces porque era linda como una muñeca, en esa época andaba por la mitad de la treintena (como buena princesa no confesaba su edad), pero no parecía mucho mayor que yo que andaba por los 23. Nos pidió a Rosa y a mí que la acompañáramos a RCTV en el edificio en de Bárcenas a Río para pedir en vestuario no sé qué prenda que pensaba usar para el concierto de Yordano. Las puertas de Radio Caracas siempre estaban abarrotadas de fans en caza de autógrafos de cualquier famoso que pudiera entrar o salir del canal. A pesar de que Laurita iba de blue jeans y zapatos de goma como nosotras, y tampoco era una mujer alta y llamativa como una Miss, soy testigo de cómo cuando llegamos decenas de muchachas la rodearon pidiéndole su autógrafo aunque nunca figuró en televisión. A mi y a Rosa Elena ni nos volteaban a mirar la horda de fans, por eso podíamos vacilarnos cómo gozaba Laurita firmando autógrafos. Recuerdo oir cuando una chica le preguntaba a otra:
"¿Y ella en qué novela sale"?".
"No sé, pero es tan bonita que debe ser alguien". 
Linda, simpática, con una chispa envidiable, su apartamento lo tenía como una tacita de plata siempre lleno de flores, excelente cocinera; Laurita era casi perfecta para sus amigas, solo una enorme intriga teníamos en su cuaderno de vida: ¿cómo carrizo había podido estar casada con un hombre como Henry Ramos Allup?
Ramos Allup en los años 80 era exacto a como es hoy día, solo que treinta años más joven: de grandes anteojos, el copetote y el mismito verbo capachero. Aunque Jaime Lusinchi estuviese entonces en el poder, y poco tiempo después Carlos Andrés Pérez habría de ser reelecto en su segundo período presidencial, el orgullo adeco estaba en franca picada y el diputado Ramos Allup parecía ser el último de una especie en vías de extinción. Ninguna de sus amigas caraqueñas -las valencianas de toda la vida tal vez lo entenderían- lográbamos comprender como una princesa como Laurita pudo haber estado casada con el último guerrero de Acción Democrática.
Laurita no renegaba de su pasado ni de su matrimonio con Henry, responsabilizaba el fracaso de su relación a que se había casado muy joven, a los 18 años, sin tener idea de lo que iba el matrimonio. Decía que Henry, a pesar de su imagen chabacanota, había sido un caballero con ella. Que el matrimonio no duró mucho en parte porque ella era muy joven y en parte porque tampoco tenía el talante para ser la esposa de un político, y ese era el apostolado de Ramos Allup. Siempre le conservó un gran afecto, y tenía en alta consideración a su nueva esposa Diana, tan bella como Laurita, que por lo visto compartía con Henry la vocación política de la que mi amiga carecía. 
En una ocasión estando mis padres de viaje me dio un virus estomacal, esos que duran 24 horas en las que una se siente morir, Laurita me fue a buscar y mientras yo echada en su sofá veía televisión, preparó un consomé de pollo no me fuera a deshidratar, y me obligó a tomármelo casi como si fuera mi mamá. Más restablecida nos pusimos a conversar cuando el diputado Ramos Allup salió en un avance del noticiero haciendo alarde de su verbo particular. La verdad que me costaba entender cómo Laurita, tan fina, había estado casada con ese señor. Laurita no sacaba el cuerpo al tema ni le parecía una indiscreción ni tampoco se justificaba, pero sí compartía una faceta más personal del Henry público que salía en televisión. Esa tarde me contó:
"No subestimes a Henry, vas a ver que va a llegar alto, tiene el olfato político, inteligencia y tesón, además hace tiempo una bruja le vaticinó que algún día llegaría a la posición más alta de poder en Venezuela". 
Si hace unos meses me hubieran dicho que Henry Ramos Allup ocuparía la presidencia de la Asamblea Nacional me habría reído, ni se diga hace casi treinta años, me parecía más probable encontrar vida en Marte. No era yo la que estaba divagando por efectos del virus estomacal, era Laurita. 
Por eso ayer cuando en su primer discurso como nuevo presidente de la Asamblea Nacional, Ramos Allup habló de buscar una salida constitucional a este gobierno que está llevando a Venezuela a un despeñadero; no pude sino recordar esa sopita de pollo, un de que vuelan vuelan, y la profecía de mi amiga Laurita.