miércoles, 22 de mayo de 2013

A un año y medio del Kindle Fire



A fines de noviembre de 2011 compré mi Kindle Fire para probar el mundo de la lectura en formato digital. Casi año y medio más tarde, tengo en mis manos un cacharro al que le agoniza la batería, y al que apenas meses después le llegó un hermanito más agraciado: el Kindle Fire alta definición, por los mismos 199 dólares que pagué por mi tableta innovadora. La tableta original bajó de precio 40 dólares en menos de un año. ¿Quién me manda a comprar la primera generación de Kindle Fire?
En año y medio he notado cómo el número de los lectores en formato digital en el mercado hispano ha ido en ascenso, lo que no me sorprende, cuando publiqué en el blog el artículo: "Un mes con el Kindle Fire", sin mayores aspiraciones que narrar mi breve experiencia tanto con la tableta de Amazon como con la lectura digital, rápidamente se volvió el artículo más leído en Evitando Intensidades, teniendo hasta los momentos el 11 por ciento de la cantidad de entradas en el blog, y el mayor número de comentarios, de todas partes de Hispanoamérica, buscando ayuda porque la tableta digital fuera de los Estados Unidos, por razones legales, no sirve para bajar películas por Amazon. Varios trucos para burlar esta restricción se compartieron en ese improvisado foro.
A pesar de que lo he disfrutado mucho, le comentaba a un amigo mi indignación porque mi Kindle Fire, de apenas año y medio, ya estaba a punto de morir, cada vez le cuesta más cargar la batería y esta se agota rápido. Él me decía que por el precio de las tabletas de Amazon, eran prácticamente desechables. Que lo viera desde este punto: ¿cuántos libros he leído ya en ella?
 Revisando en mi Cloud me doy cuenta que en año y medio he leído más de cincuenta libros digitales, todos bajados en Amazon, la mayoría en descuento, desde clásicos gratis como Los Tres Mosqueteros de Dumas hasta la más reciente novela de Manuel Vincent: El azar de la mujer rubia. He leído novelas densas como Freedom de Jonathan Franzen, y los llamados kindle singles, (novellas muy cortas o grandes reportajes) como el naufragio del Costa Concordia, sencillos de aproximadamente 60 páginas que venden en Amazon por menos de un dólar. Estoy suscrita a un par de revistas y he leído las biografías de músicos como John Lennon y Frank Sinatra, además de libros de memorias como el recuento de Joyce Carol Oates de su inesperada viudez. No solo he leído libros que hace tiempo están descontinuados, por lo menos en las librerías venezolanas, sino también muchas novedades que no han sido traducidas al español o que sabemos que con las restricciones del dólar, difícilmente llegarían a nuestras librerías. Cuando tengo un trabajo pendiente y necesito material de lectura que me sería imposible encontrar en la actual Venezuela, es bueno saberlo al alcance de un clic, cortesía de Cadivi. 
En año y medio con el Kindle Fire me acostumbré a la lectura en formato digital, y ya contagié a mi mamá y a mi hija. A mi hija de 18 años fue fácil, le regalé en Navidad un Kindle Fire de la nueva generación, compartimos la biblioteca digital, aunque sé que muchos de mis libros no le interesan y bajo para ellas muchos libros que no leeré.
Mi mamá estaba más reacia a la lectura digital por el romanticismo bibliófilo del peso de los libros, la sensación de pasar las páginas... pero apenas le regalé en navidad el Kindle PaperWhite, que solo sirve para leer porque mi mamá  no es de quienes navegan en Internet, tras refunfuñar ante el primer libro digital: "Yo no me voy a acostumbrar",  me pidió que le bajara otro, y otro, y otro,  y ya tiene su propia biblioteca digital. Lástima que no podamos compartir libros como antes hacíamos. 
Sin embargo ni mi madre ni mi hija ni yo hemos abandonado la lectura impresa. La alternamos,  por ejemplo, yo alterné la lectura de Freedom, que es un libraco, entre digital (no me podía quedar pegada una noche porque se le agotaba la batería al Kindle)  y el libraco de casi 600 páginas al que no le había entrado antes por su densidad. Y eso que Jonathan Franzen despotrica contra la lectura digital, pero a mí me resultó muy conveniente leer su novelón en ambos formatos. Sorry Jonathan. 
Y a un año y medio de tener Kindle Fire, no dejo de llevar siempre dos libros en el carro, un libro bolsillo en la cartera, y una torre de cinco libros en la mesa de noche. 
A un año y medio de mi Kindle Fire, me doy cuenta que ya soy presa de la nueva tecnología, cuando se termine de morir la batería de mi tableta, no me quedará más remedio que comprar una tableta nueva, aunque creo que para la próxima me dejaré de pichirrerías y probaré con el IPadMini, al doble de precio (si lo quiero con una memoria eficiente) pero con el doble de posibilidades que la tableta de Amazon. Tendré que transferir mi Amazon cloud (o inventario de libros comprados hasta el momento) a mi nuevo aparato de tecnología Mac, pero hasta ahora mi computadora Mac y mi IPod han tenido más larga vida -toco madera- que la tecnología Amazon.
A un año y medio del Kindle Fire me doy cuenta que disto de ser la única que hoy está alternando con la lectura digital en Venezuela, es un formato de lectura que ha ido creciendo considerablemente en nuestro devaluado país, sin embargo, a pesar del problema del dólar que trae la inminente escasez de papel para publicar en Venezuela, la  publicación en formato digital, más allá de unos cuantos autores que se autogestionan,  sigue tan cruda como hace año y medio. 
¿Cuánto tardarán los editores venezolanos en compartir sus publicaciones en digital?

jueves, 9 de mayo de 2013

De cacerolazos y otras formas de intolerancia política



Afortunadamente nunca me ha tocado presenciar un cacerolazo a una persona en particular, odio la cayapa a quien sea, esta fue un práctica muy común en los inicios de la oposición en el año 2002 cuando cada vez que un personero del gobierno se le ocurría ir a un restaurante, era recibido por buena parte de la clientela dándole a los platos y a los vasos con los cubiertos mientras cantaban consignas como "Sí va a caer, sí va a caer, este Gobierno va a caer". Para gran angustia del propietario del local, los comensales no se quedaban tranquilos hasta que el objeto de los cacerolazos, o cubiertazos, se marchara enfurecido del lugar. 
 Semejante forma de protesta creíamos que había pasado a la historia hasta que en días recientes le ha sido aplicada, entre otros, a María Gabriela Chávez en un restaurante en Caracas, a la presidenta del CNE Tibisay Lucena en un restaurante en Valera, y ayer fue trend en twitterzuela que Winston Vallenilla y Roque Valero, acompañados de sus esposas y bebés, fueron a comer a un restaurante en Lechería, donde se armó una guerra de voluntades porque mientras los artistas twiteaban que ninguna horda "fascista" les iba a prohibir el derecho de visitar un lugar público por su ideología política, el resto de la clientela no cesaba en el afán en darle a los cubiertos y a los platos hasta que los artistas abandonaran el lugar. 
Para quienes no sepan quiénes son Winston Vallenilla y Roque Valero, y qué cargo ocupan en el Gobierno, les cuento que son dos personalidades de la farándula nacional y hasta ahora, más allá de la concesión que le dieron a Vallenilla junto con su esposa para animar el Kino Táchira, no forman parte de la macoya del poder. 
Tanto Vallenilla como Valero durante años fueron muy discretos en sus simpatías políticas, hasta que en la última campaña electoral del presidente Chávez, Vallenilla se decretó "rodilla en tierra", y en la campaña de Nicolás Maduro, Roque Valero, junto con un pequeño grupo de artistas, apoyó la continuidad de la Revolución.
Desde su salida del closet chavista, y ante la crítica y los insultos de muchos de sus compañeros que sienten que en Venezuela vivimos en Dictadura, Winston Vallenilla ha tomado una actitud camorrera.  El antiguo animador de "Aprieta y Gana" y "La guerra de los sexos", acompañó a Maduro en su gira de campaña presidencial, presentando en todos los mítines al candidato rojo no sin antes dedicarle su ronda de insultos a la "Derecha Apátrida" comandada por "Caprichito". 
En cambio Valero desde que declaró públicamente su apoyo a Maduro, tras los insultos recibidos por  muchos de sus compañeros que lo acusaron de "tarifado", asumió el rol de víctima denunciando la intolerancia política que hoy vivimos en Venezuela. 
Y es cierto, vivimos en niveles peligrosos de intolerancia política, como podrían testimoniar los estudiantes presos y maltratados en Barquisimeto la semana después de las elecciones por exigir auditoría electoral, además de todos aquellos funcionarios públicos que han visto sus trabajos en peligro al ser acusados de "Caprilistas", y las descalificaciones gubernamentales a las ONG que denuncian semejantes atropellos.
Intolerancia política como la que caracteriza a los medios del Estado donde desde hace 14 años está vetada cualquier voz crítica al pensamiento oficial. Hegemonía comunicacional que se usa no solo para hacer propaganda oficialista sino también para humillar y difamar a la voz disidente a la Revolución.
Intolerancia política negarle el Orgasmo a Norkys Batista en los hoteles de Venetur, y dejarlo por la mitad a punta de gases lacrimógenos en el Aula Magna de la UCV, así como que a la animadora, Caterina Valentino, Conatel le haya cerrado su programa: "¿Hay corazón?", con la excusa de que salieron unos niños en un programa de adultos (aunque todos sabemos que este cierre se debe a que fue la atractiva animadora quien presentó los mítines de Capriles). 
Y no hablemos de la guinda de la torta de la intolerancia política de los últimos años: la emboscada a los diputados opositores en plena sesión de la Asamblea Nacional donde además de negárseles el derecho de palabra, fueron agredidos salvajemente.
Intolerancia política que a los profesores universitarios que piden un justo aumento de salario, sean recibidos con piedras y botellas frente al Ministerio de Educación; sin olvidar a las hordas simpatizantes al oficialismo que amenazan de tanto en tanto a Globovisión, canal de noticias que sus propietarios se vieron obligados a vender como única posibilidad de salvarlo, precisamente, de la intolerancia política  cuando el actual Gobierno le negó la posibilidad de participar en la red digital. 
Intolerancia política que Nicolás Maduro amenace sin disimulo al resto de canales privados de tv si siguen pasando las ruedas de prensa de Henrique Capriles, y encadene los medios cada vez que su némesis Capriles está en televisión.
Intolerancia política que el cineasta estadounidense, Timothy Hallet, esté preso como "agente de la CIA" y  el general  retirado, Antonio Rivero, lo esté por haber denunciado la injerencia del Gobierno Cubano en las Fuerzas Armadas Nacionales. 
Sin olvidar a la juez Afiuni, a quien ni siquiera se le permitió votar.
Sí, camarada Roque Valero, en Venezuela hoy vivimos en medio de una gran intolerancia política, pero desde anoche mismo, mientras ustedes se recuperaban del mal rato de los cacerolazos en Lechería, en el portal Prodavinci salió publicada una nota del escritor Willy McKey contra tan abominable práctica, al día siguiente se le concedió una entrevista en El Nacional y apuesto diez a uno que tanto Henrique Capriles como los miembros de la MUD exigirán a sus partidarios no continuar con esta irracional y poco provechosa forma de protesta. 
Mientras tanto, ¿qué hacen los ardientes revolucionarios contra la intolerancia política que desde hace 14 años toca desde el poder?


miércoles, 8 de mayo de 2013

Cuando solo quede censura



Uno de los momentos más impactantes de la película chilena NO (Pablo Larraín, 2012) es cuando tras quince años de férrea censura, ante la presión internacional, el Gobierno del general Augusto Pinochet cede a  someterse a un referéndum revocatorio pensando que al hacerlo desde el poder no había formar de perder. Para darle un viso de legitimidad a este referendo, la Dictadura permite que la oposición disponga de 15 minutos todas las noches para hacer campaña por el NO a Pinochet. El momento impactante al que me refiero es cuando un veterano periodista saluda al pueblo chileno con algo así como: “buenas noches, por primera vez en quince años la oposición tiene abierto un espacio televisivo donde opinar, después de este proceso electoral, no sabemos si lo volveremos a tener”.
Esta primera voz de la disidencia que se deja oír en tres lustros en el Chile de Pinochet, hoy impacta tanto a los venezolanos porque vemos en peligro la única rendija que todavía queda abierta a la disidencia en la televisión: el canal de noticias Globovisión, un canal que no hay que ser adicto a él, ni siquiera tiene que gustarnos, para saber que es necesario que siga al aire si se quiere aspirar a que en Venezuela quede un vestigio de eso que llaman Libertad de Expresión.
Durante los catorce años que duró la era de Chávez en el poder, al canal de noticias se le fustigó de diversas maneras: con multas y procedimientos, ejerciendo presión en los anunciantes para que el canal no tuviera casi pautas publicitarias, mandándoles hordas amedrentadoras exigiendo respeto a la lucha del pueblo revolucionario.
Pero mal que bien Globovisión legitimaba al Gobierno del presidente Chávez que tenía el control de todos las instituciones que velan precisamente, porque las Democracias no se vuelvan Dictaduras. Mientras el gobierno tuviera a Globovisión a quien echarle la culpa de cualquier “canalla mediática”, y los venezolanos con servicio de televisión por cable supiéramos que podíamos llegar a las seis de la tarde a casa y ahí nos estaría esperando el ciudadano Leopoldo Castillo con alguno de sus invitados denunciando la última patraña oficialista, en Venezuela todavía no se podía hablar de Dictadura, en todo caso de Autoritarismo porque para qué negarlo, el presidente Chávez era un líder fuera de serie y se podía dar el lujo de que en medio del abuso de poder revolucionario, quedara como en Asterix, un pequeño foco rebelde sobreviviente a los embates del poder.
¿Qué pasa cuando súbitamente falta ese carismático liderazgo al proceso autoritario? Solo queda la censura y la represión. Al negársele a Globovisión formar parte de la red digital, se le condenó a una muerte lenta pero segura, la única manera de apostar por la sobrevivencia del canal, fue cambiando de  propietarios, y en ese proceso están. Pero en este momento en el que está en el poder un Presidente sin el carisma de a quien llama “su padre”, acusado de ganar unas elecciones viciadas y en proceso de impugnación, ante una Asamblea donde no solo se le impide el derecho de palabra, sino que también se agrade físicamente a la voz opositora; ante un Ministerio de Información que el único medio de imponer su verdad es a punta de cadenas; frente a la satanización de las ONG y de cualquiera que se atreva a desmentir la versión revolucionaria; al diablo la Libertad de Expresión, la única verdad posible es la verdad oficial. En momentos como estos  a un gobierno  espurio solo le queda el camino de la censura.
(Terminando de escribir esta crónica me entero que Vladimir Villegas será el nuevo Director de Globovisión secundado por el Ciudadano Leopoldo Castillo, interesante movida que le da un nuevo aliento al canal en terapia intensiva).

Artículo publicado en El Nacional el sábado 4 de mayo de 2013.

PD: La noche del 13 de mayo Vladimir Villegas anuncia por su cuenta de twitter que declinó el cargo de presidencia de Globovisión por diferencias con la nueva junta directiva: "No hubo consenso en materia de programación ni con respecto a mis competencias". El paciente Globovisión vuelve a entrar en terapia intensiva y su pronóstico es poco alentador. ¿Qué dirá El Ciudadano hoy?

lunes, 6 de mayo de 2013

Del gordito de la franela rosada al gordito de la chaqueta tricolor


Las de arriba son las primeras declaraciones públicas del diputado suplente del PSUV, Michael Reyes Argote, tras la tangana del martes en la Asamblea Nacional en la que fue captado por una cámara indiscreta, como bien lo dice él, cayéndole a coñazos al diputado opositor Julio Borges, con el ímpetu de un matón a sueldo de la corte de Tony Soprano. 
Estas declaraciones de Reyes Argote -docente de profesión- quien desde el martes en la noche habrá de pasar a la historia como "el gordito de la chaqueta tricolor", me inspiraron un tweet fácil: "Ya tenemos dos gorditos para el Hall de la Infamia en Venezuela: el gordito de la franela rosada y el gordito de la chaqueta tricolor". 
De inmediato tuve varias respuestas en la pajarera agregando gorditos: Rosendo, los hermanos Escarrá, Ricardo Sánchez... pero la interacción que más me sorprendió fue la de la muchacha que preguntaba: "¿Y quién es el gordito de la franela rosada?". 
Es que el chavismo ha pasado tantos años en el poder que los venezolanos menores de 30 años son incapaces de recordar la prehistoria del movimiento bolivariano. En cambio yo recuerdo la madrugada del 27 de noviembre de 1992 como si fuera ayer, estaba por cumplir tres años de casada, con una bebé de un año durmiendo en su cuna, la madrugada en la que nos despertó el teléfono a las cuatro y media. Era la suegra. Mi primera reacción fue preguntar: "¿Quién se murió?". 
"Nadie, solo prendan la televisión en el canal 8", y colgó. 
Al prender la televisión comprendimos el apremio de la suegra: en pantalla tres hombres que se decían parte de un tal Movimiento 5 de Julio que acababa de tomar a la fuerza el canal del Estado, que entonces no era un canal de propaganda oficialista como el que conocemos hoy. El triunvirato declaraba una insurrección cívico-militar al Gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, llamando al pueblo venezolano a la calle para unirse a la insurrección.
Hoy habría que buscar en la hemeroteca para recordar los nombres de quienes nos amanecieron de golpe. Pero la imagen que difícilmente se borrará de la memoria de quienes lo vimos en televisión es la del gordito de la franela rosada que empuñaba un fusil en segundo plano. José Ignacio Cabrujas habría de inmortalizarlo en una de sus mejores crónicas "El hombre de la franela rosada" (Diario de Caracas, 6 de diciembre 1992).

Escribía Cabrujas que ni la destrucción del Muro de Berlín, ni Yeltsin inaugurando un MacDonalds junto a la tumba de Lenin, hicieron tanto por la derechización nacional y quien sabe si planetaria, que el gordito a quien describía: "Inexpresivo como en mi vida he visto a nadie tan inexpresivo, triponazo, desaliñado de franela mal metida en la pretina, que es el peor desaliño de este mundo, inmóvil que ni tic hizo mientras el teniente hablaba, mondonguero esencial y ubicado, a la izquierda del televisor como una cariátide de Borneo celebrando el día de la tocineta, fulminó no solo al movimiento bolivariano y a los resabios del 26 de julio y al pensamiento de Mao- Tse Tung, sino a la mismísima Guerra Federal en pleno con Juan Crisóstomo Falcón incluido, por no evocar en este día aciago al general Zamora, un hombre que en materia de aspecto y ropa planchada, solía lucir decentísimo a la hora de encarar la Historia".
No llegó a saber Cabrujas, quien murió en octubre de 1995,  que al contrario de lo que él apostó en su genial artículo, la ilusión del Teniente-Coronel Chávez del "mientras tanto" y el "por ahora", no "terminaron sus días en ese sobrepeso fatídico del hombre de la franela rosada".
Cómo imaginar Cabrujas que la causa fallida del Hombre de la Franela Rosada apenas fue un tropiezo en el camino de la revolución bolivariana, tropiezo que hoy los más jóvenes ignoran y que buscando datos por la Web que me ayudaran a escribir esta crónica, me topé con un foro en Aporrea donde se insistía de manera descarada que no hubo tal gordito de la franela rosada, otro invento de la canalla de la oposición. Su prueba está en You Tube donde se encuentra montado un video del teniente de bigoticos transmitiendo el mensaje insurgente por Venezolana de Televisión, sin la incómoda presencia del gordito aferrado al fusil.
Como si uno fuera loco y no recordara haberlo visto.
Eventualmente alguien aclara en el foro que hubo dos grabaciones del mensaje de insurrección, la primera pre-grabada sin el gordito, que era la que Movimiento 5 de julio pensaba transmitir una vez tomada la televisión nacional, pero al final el llamado a la insurrección popular tuvo que ser en vivo con el gordito de la franela rosada asido a su fusil, sin imaginar que estaba robando cámara para la posterioridad.
No habrán sido proféticas sus palabras, pero en su diagnóstico Cabrujas no se equivocó que esa madrugada del 27 de noviembre de 1992 se invadieron nuestras esperanzas. Imposible no preguntarse cómo habría tratado la pluma del gran José Ignacio Cabrujas, al gordito de la chaqueta tricolor.




martes, 30 de abril de 2013

Hora y media




Mejor no saber cómo las llaves del carro con el control de la alarma cayeron en un cuerpo de agua, el punto es que un lunes a las 9.30 de la mañana me encontré frente al carro preguntándome: “¿Y ahora qué hago”. 
Gracias a un alma generosa que desactivó la alarma en cuestión de segundos, un lluvioso lunes de finales de abril estaba a las diez de la mañana en la misma tienda de autoperiquitos en La Florida donde siempre le han montado las alarmas al carro.
“¿A este control qué le pasó?”,  preguntó el dueño sosteniendo el aparatico todavía chorreando agua. Preferí contestarle con otra pregunta: “¿Tendrá arreglo?”.
Ni arreglo ni repuesto, era una alarma muy vieja, había que ponerle al carro una alarma nueva. Tras chequear si tenía saldo en la cuenta del banco porque no aceptan tarjetas de crédito, me prometieron que la alarma estaría lista en hora y media. No hay problema, frente está el Centro Comercial La Florida, aprovecharía para desayunar, ver cuál de los productos en escasez llegó al supermercado, y el tiempo que me sobrara lo pasaría leyendo el libro de crónicas de Chuck Palahniuk que llevo en el carro.
Hace 15 años habría tenido bastante qué hacer en el Centro Comercial La Florida, seguro habría pasado por el Bazar La Chinita para comprar un regalo de piñata, dado una vuelta por la librería Puntos y Comas para encontrar un buen libro a precio viejo, quizás habría salido a la calle para renovarle la pila a mi reloj en la joyería Benito, o me consentiría con un antojo francés en La Confitería. Hoy ninguno de estos negocios queda en pie, en el Centro Comercial La Florida y sus alrededores la mitad de las santa marías están cerradas.
Tenía como dos meses que no visitaba la zona, me percaté que había una santa maría cerrada menos: en el local donde antes quedaba la librería del señor Fiori, Puntos y Comas, el mismo donde compraba los suplementos de mi infancia y las cartulinas para hacer los trabajos escolares de mis hijos, hoy está una tienda de zapatos “made in China”. Calambre del alma como canta Charlie.
Antes de entrar en el supermercado -primero Cada después Éxito hoy Luvebras- pasé por el Banco Venezuela de La Florida, el mismo donde la semana pasada murió un atracador en acción. No tenía casi efectivo y si algo todavía encontramos en esta Caracas desabastecida son frutas hermosas. Como cosa rara, el cajero automático del Banco Venezuela no tenía dinero disponible. Habría que dejar las primeras ciruelas de huesito de la temporada para otra ocasión si quería darle una propina al muchacho que le estaba montando la alarma al carro.
Cargaba suficiente efectivo para desayunar una empana de carne molida y un café en el Deli del Luvebras,  nada que ver con lo que solía ser la fuente de soda del Cada de la Florida, pero por lo menos este pequeño Deli resolvía. Mi vecino en la barra era un señor con marcado acento gallego quien empezó a  contar sus penas como si en lugar de un vasito plástico de café tuviera ante sí una copa de orujo.
“¡Hora y media de cola en el banco, hora y media! Señores, ¿ustedes pueden creer que yo a mi edad tenga que pasar una hora y media de cola en el banco? ¿y para qué? ¡para nada!”.
 La mayoría de los presentes lo ignoraron, demasiado temprano en la mañana, demasiado temprano en la semana, para oír cuitas ajenas. Solo yo le hice un amago de sonrisa, siempre a la caza de una crónica, para qué negarlo. Él siguió:
“Es que aquí en Venezuela los mayores de 65 no contamos, no somos nada, ¡cero!”.
No hizo falta azuzar al viejo gallego para que se extendiera, sin importarle el interlocutor, contaba en voz alta que tenía depositados 70 mil bolívares en el Banco Venezuela, y aún así le habían negado una tarjeta de crédito por ser mayor de 65 años.
“Y a los malandros que roban y van a depositar lo robado a que sí se las dan, pero nosotros somos cero, los mayores de 65 años en este país somos un cero a la izquierda”.
Como no encontré manera de consolarlo lo dejé llorando sus penas mientras me acercaba al enorme cartel con la lista de productos cuya venta está limitada, lista de racionamiento que a mi más bien me pareció optimista porque de los productos en ella: “Arroz, Papel Toilet, Papel Absorbente, Café, Azúcar, Leche en Polvo, Harina de Maíz, Harina de Trigo, Aceite Vegetal, Mazeite, Margarina, mantequilla…”, lo único que se conseguía esa mañana en el Luvebras era Harina Pan y leche en polvo La Campiña, y ya estaban de salida.
 Agarré dos kilos de Harina Pan, un kilo de leche en polvo y unas mangas rosadas muy bonitas. Como en el Luvebras no hay cajas de menos de diez productos busqué la cola más corta para pagar. Todas las colas en las cinco cajas abiertas parecían igual de largas, llegaban casi que hasta el final de los pasillos, y con compras similares a la mía, pocas pasaban de más de diez productos, ahí no había doñita llevándose dos carritos con la compra de la semana. Más de una madre sí aprovechó para llevarse sus cuatro kilos de leche en polvo a los que tenían derecho porque “vaya a saber usted cuándo vuelve aparecer la leche”.
No pude evitar suspirar en voz alta lo que he escrito tantas veces, pareciera que ya los venezolanos nos acostumbramos a vivir haciendo cola y a la escasez, como si vivir así fuera normal.
Una enfermera muy dicharechera tomó el hilo de la conversación dándole gracias a Dios que no tenía edad ni de niños de pañales ni de toallas sanitarias porque a ella le daba un asco horrible eso de las toallas socialistas que estaban proponiendo. Pero la conversa para pasar el rato no terminó de arrancar, la cola transcurrió en silencio, como imagino debieron ser las colas en la Europa desabastecida de la posguerra.
A las 11.30 en punto llegué al autoperiquitos cargando mis tres bolsas del Luvebras sin sorprenderme que en esta Caracas del año 2013 del “Mientras Tanto”,  hoy se tarde lo mismo en ponerle una alarma a un carro, que comprar dos kilos de Harina Pan, una bolsa de mangas y un paquete de leche.
 Como diría el amigo gallego: “¡Hora y media señores, hora y media! ¿Ustedes pueden creer?”.

jueves, 25 de abril de 2013

En el jardín de las bestias


Uno de los insultos favoritos del Oficialismo a Henrique Capriles Radonski es llamarlo "Nazi-Fascista", lo que podría ser visto como una doble contradicción no solo porque el Fascismo se ejerce desde el poder, como fue el caso de los Nazis, sino porque si alguna familia sufrió en carne propia los embates del movimiento Nacionalsocialista no fueron las familias Chávez, Maduro o Cabello; entre los pocos sobrevivientes del exterminio al pueblo judío perpetrado en la Europa de los años 30 y 40, estuvo la abuela de Capriles Radonski, como bien le gusta recordar a quien hoy es llamado Nazi-Fascista por pretender impugnar unas elecciones presidenciales a todas luces viciadas desde el Poder.  
Casualidades de la vida que precisamente en estos días, cuando el término "nazi-fascista" se usa en Venezuela tan a la ligera, cae en mis manos "En el jardín de las bestias: una historia de amor y terror en el Berlín Nazi" (2011), del periodista estadounidense Erik Larson, libro de No-Ficción que se lee como una novela. 
Larson (Brooklyn, 1954) indaga sobre la estadía como Embajador de los Estados Unidos del académico William E. Dobb y su familia en la Alemania de los inicios del nazismo, de cómo los Dodd pasaron de sutil apoyo a la Alemania Nazi, a absoluto repudio, repudio que tardaría en ser comprendido por muchos de sus compatriotas. 
William E. Dobb, nacido en Carolina del Norte en el año 1869, fue hombre de confianza de  Woodrow Willson, presidente de los Estados Unidos desde 1913 hasta 1921, le escribía sus discursos, después el historiador metido a político quedó relegado a la vida académica durante más de una década, hasta que un día, para sorpresa de muchos, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó a llamar al sexagenario profesor de la Universidad de Chicago para ofrecerle la posición de Embajador de los Estados Unidos en Alemania. 
Había quienes echaban broma diciendo que fue un error de la secretaria de Roosevelt, llamó al William  que no era; otros especularon que nadie quería ocupar el puesto de Embajador en una Alemania turbulenta, por eso bromeaban que el presidente sacó el nombre de quien ocuparía tan delicado cargo casi que del sombrero, o lo escogió tan solo porque Dodd, que hizo su postgrado en la Universidad de Leipzig, dominaba el idioma alemán. 
Aunque se sentía bien saberse de nuevo políticamente requerido, Dodd dudó si aceptar el cargo diplomático que le ofrecía el presidente Roosevelt, los embajadores norteamericanos solían ser hombres de grandes fortunas porque los presupuestos de las Embajadas eran apretados, y para representar bien a los Estados Unidos de Norteamérica, los diplomáticos no podían escatimar en gastos ofreciendo fiestas y recepciones que la mayoría de las veces salían de sus propios bolsillos. En el caso de Dodd, su bolsillo era el de un sencillo profesor universitario, no había mucho donde raspar. 
Si Dodd finalmente aceptó el reto fue por dos razones personales: esperaba que como Embajador tendría más tiempo que como Académico para finalizar su proyecto de vida de redactar La Historia del Sur de los Estados Unidos; y porque Dodd quería llevarse a vivir con él y su mujer a sus dos hijos veinteañeros, a quienes con esta estadía en Berlín, pensó sería la última oportunidad de tenerlos viviendo bajo su techo: Bill, un profesor desempleado, y Martha, una alegre divorcée.
Pero de algo sí estaba claro: la única manera para el profesor William Dodd de ser Embajador era ajustándose al presupuesto que tenía la Embajada, no tenía con qué ceder a la presión del ritmo de gastos de los embajadores millonarios como el ostentoso Embajador en Francia,  así que encontró alternativas para vivir lo mejor posible con bajo presupuesto, una de ellas se le presentó cuando un multimillonario judío ofreció alquilarles su mansión a un precio simbólico con la condición de que les permitieran a él y a su madre vivir en la tercera planta de la casa. Muchos de sus detractores vieron esta situación como una tacañería de Dodd, pero Larson asegura que el arrendador encontró la mejor solución para que siendo judío, garantizar tanto su seguridad como la de su madre al vivir con el embajador de los Estados Unidos. 
En En el jardín de las bestias Larson se enfoca en el Embajador y su hija. Aunque de temperamentos opuestos, Martha y su padre coincidían en que ambos llegaron a la Alemania del año 1933 sintiendo  admiración hacía el Canciller Hitler y el proyecto Nacionalsocialista, y un dejo de antisemitismo que no se molestaban en disimular. Lo que no era raro en la sociedad norteamericana de la primera mitad del siglo XX.
 De cómo muta esta admiración a una abierta confrontación con el nazismo es la historia que se narra en este apasionante libro, comenzando por la apología compartida por los Dodds recién llegados que la segregación de los judíos en Alemania, o la penalización y hasta agresión física a quienes se negaran a rendir honores al nazismo, no era más que una campaña negativa gestada desde los laboratorios sucios de propaganda sionista financiados por los banqueros judíos de Wall Street. 
Martha vive en Berlín con intensidad su vida de alegre divorciada relacionándose con intelectuales, oficiales de la Gestapo y espías rusos. Hace falta que testimonie con sus propios ojos los excesos de los oficiales nazis para darse cuenta del horror histórico que está viviendo. El punto de no retorno tanto para el Embajador como para su hija es la llamada "Noche de los Cuchillos Largos" en el año 1934, cuando Hitler y los oficiales leales a su causa se encargan de ejecutar extrajudicialmente a la mayor cantidad de enemigos políticos posibles (cifras que varían, según quien las dé, entre 50 y 1000 víctimas en poco más de una noche) hombres y mujeres ajusticiados por sus verdugos, incluyendo a 12 asambleístas, sin derecho a defensa como "enemigos de la Patria Alemana", es decir, enemigos del Führer.
Explica Larson que tras la purga de sus adversarios ordenada por Hitler "ningún Gobierno le pidió a su Embajador que abandonara Alemania ni alzó su voz de protesta; tampoco el pueblo alemán se alzó con repulsión... Esta falta de reacción en parte se debía a que tanto en Alemania como en el resto del mundo, muchos eligieron creer a Hitler cuando decía que esa noche se había suprimido una rebelión evitando un mayor derramamiento de sangre". 
A partir de La Noche de los Cuchillos Largos, Dodd se volvió abierto adversario del régimen al cual su país le había pedido que fungiera como Embajador, granjeándose numerosos enemigos en los Estados Unidos quienes lo acusaban de exagerado y ganado a la causa semita. Dodd dejó de asistir a fiestas diplomáticas donde se toparía con altos oficiales alemanes, e hizo lo posible por denunciar el embate fascista que ya estaba en curso. Hasta que el mismo Roosevelt, cansado de oír críticas de su embajador en Alemania, desestimó sus advertencias y le pidió en 1937 la renuncia porque no se podía ser Embajador de un país, sin entender por el proceso histórico y político que se estaba viviendo. 
 De ese mismo hilo, los venezolanos tenemos más de una madeja. 

miércoles, 24 de abril de 2013

Los herederos de Tascón


Saliendo del evento de los artistas con Henrique Capriles, lo que comenzó como un poco de gente agolpada a las puertas de la entrada del Teatro del Centro Cultural Chacao, terminó como un tumulto que ocupaba un par de vías de la avenida Venezuela en El Rosal. Muchos querían ver de cerca a la actual estrella de la política en Venezuela, Henrique Capriles Radonski, y otros querían encontrarse con sus ídolos de la televisión. 
Me quedé un rato entre el tumulto para sentir la atmósfera. Rezagados vi algunos funcionarios de camisa roja con carnet colgados al cuello. En el Rosal hay varios edificios de oficinas públicas. La mayoría de estos funcionarios hacían amagos de ser discretos, pocos se atrevían a cruzar la barrera ideológica, sin embargo me tocó testimoniar cómo una muchacha de camisa roja se le acercó a Daniel Somaroo, quería una foto con el cantante zuliano. Tras posar frente al celular de una amiga, le aseguró que ella iba a votar por Capriles, pero tenía que ser discreta porque en el trabajo los tenían amenazados. El cantante le contestó que hiciera lo que su conciencia le dictara, el voto es secreto, aunque es sabido que los empleados públicos en Venezuela son amenazados por sus superiores de perder sus trabajos si no votan por el candidato revolucionario, ¿cómo se iban a enterar?
Menos de un mes después, con las elecciones en proceso de auditoría ante el margen de 1% que da como ganador al candidato oficialista y las innumerables irregularidades detectadas en el proceso electoral, leo en El Nacional la denuncia de cómo en las Redes Sociales se han creado páginas que señalan a los empleados públicos que apoyaron al candidato del Cambio, o como lo llaman los Maduristas: "Caprichito", porque ya Majunche pocos se atreven a decirle.
El escritor Héctor Torres denunció semejante práctica fascista entre sus contactos de Facebook, así llegué a la página "Denuncia al traidor de la Patria", que quizás ya esté cerrada o no tardará en estarlo porque ha sido reportada como lo que es: una instigación al odio. 
"Denuncia al traidor a la Patria" no es un grupo de Facebook en el que cualquiera puede entrar y opinar, es un perfil personal, quien quiera participar tiene que invitar a "Denuncia" y ser aceptado, o ser invitado por el Sapo Principal. Este pequeño foco de cacería de brujas no tiene más de 50 seguidores, y está abierto para que si bien nadie que no sea invitado pueda participar en la discusión, todo el que entre a curiosear pueda compartir las fotos y cerciorarse de que con los traidores al proceso, no habrá clemencia. 
El fin de "Denuncia" es montar fotos y tweets en la web, con nombres y apellidos, de aquellos funcionarios a quienes se les ha visto participando en eventos de la oposición, es decir, que la muchacha que se tomó la foto con su cantante favorito en una manifestación a favor de Capriles, si orgullosa la montó en su facebook o la compartió por tweeter, puede venir cualquier sapo, señalarla en "Delata" para que pierda su trabajo por traidora.
El difunto Luis Tascón estaría orgulloso de estos sapos, y no solo Tascón, el mismo Senador Mc Carthy y su implacable red de cacería de brujas los aplaudirían. 
Más de una decena de fotos están montadas hasta ahora en el perfil del amigo "Denuncia", son robadas de las redes sociales, momentos espontáneos donde el ingenuo que creía que en Venezuela hay Libertad de Pensamiento y Expresión, participara en alguna manifestación apoyando al candidato Capriles. 
Lo más triste es que a quienes señalan "Denuncia" y sus compañeros defensores de la lucha de la clase obrera, son precisamente miembros de la clase obrera, más allá de un gerente de Corpoelec, los señalados como traidores son docentes, camareras, trabajadoras de limpieza...  fotos con varios "share" y acompañadas por comentarios como: "Se rayaron por aventureras falsas ipócritas y traidoras", "Enviemos estas fotos a Restiados con Chávez donde tendrán mayor difusión", "que vallan donde los majunches para que les den trabajo", "HAY QUE EXPULSAR A TODOS LOS DOCENTES ESCUÁLIDOS Y A SUS HIJOS DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA"... entre  comentarios similares llenos de odio e intolerancia que aplauden la iniciativa de delatar a los traidores a la Revolución, solo encuentro una voz de la conciencia que suplica: "Qué necesidad de perjudicar a esa señora camarera, obrera, con nombre y apellido cuando ella también está en su derecho a disentir... esas no son cosas de Dios y me perdonas". 
 Podrán decir que locos, intolerantes y fanáticos hay en todos lados y tendrían razón, avergüenza hasta el infinito que a la esposa de Winston Vallenilla, acompañada de sus niños y sus cargadoras, la sacaran de un club privado a punta de cacerolas e insultos culpable de la posición revolucionaria de su marido. Pero quienes lo hicieron fue desligándose del llamado de paz y cero provocación que nos han venido pidiendo Henrique Capriles, el Comando Simón Bolívar y los amigos de la Mesa de la Unidad. 
Aunque si de prácticas fascistas hablamos, lo grave de un grupo como "Denuncia" es que tiene antecedentes desde el poder cuando el Ministro de Vivienda, Ricardo Molina, poco antes de las elecciones del 14 de abril, fuera filmado por su propio equipo de prensa -iracundo tras un tweet antichavista de una trabajadora- amenazando que le importaba en absoluto la inamovilidad laboral y demás Leyes del Trabajo, en su Ministerio habría cero beligerancia para quienes estuvieran políticamente en la cera de enfrente. 
¿Acaso el Ministro Molina fue amonestado por la Ministro del Trabajo por semejante amenaza pública? ¿Hubo algún amago para devolverle la confianza a los funcionarios del derecho constitucional de la libertad de pensamiento y expresión?, ¿fue Molina llamado a línea por el presidente encargado Nicolás Maduro? No, por lo menos públicamente. Más bien fue ratificado en su cargo y la amenaza a los empleados públicos, que es la mayoría trabajadora de este país, no sólo está ahí, sino que llega a instancias superiores negándosele   el derecho de palabra a los Asambleístas que se niegan a reconocer a Maduro como presidente electo hasta una vez finalizada la auditoría electoral.
Con la posibilidad de unas elecciones impugnadas, con las elecciones a las Alcaldías cerca, con el futuro del control de la Asamblea en juego que desmontaría el poder absoluto sobre las instituciones que hoy tiene el gobierno Madurista, ¿creen que perfiles como "Denuncia" o las amenazas del Ministro Molina son casuales? A falta de un líder como lo era Hugo Chávez Frías, y teniendo la oposición a un líder como lo es Henrique Capriles Radonski, al Madurismo solo le queda la intimidación para mantenerse asido a ese toro mecánico que hoy es su Gobierno.
Para quienes creen que se exagera la actual situación política en Venezuea, he aquí el video del Ministro macarthista