lunes, 1 de septiembre de 2014

#10libros (pero en formato digital)


Joanna Casas me convocó por Facebook al reto de los #10libros, compartir una selección de diez libros que han marcado mi vida.  Para mí este reto es imposible porque los libros que pueda nombrar hoy no serán los mismos que nombraría la semana que viene, ni siquiera los que nombraría mañana, además, tras cumplir el reto de los #30libros30días en la redes sociales en julio pasado, me di cuenta que la nostalgia literaria terminó dominando mi lista. Por eso decidí aceptar el reto de Joanna pero con una modificación: escoger los libros que he leído en formato digital que más me han gustado en los dos años que estoy leyendo en Kindle.  Y aunque también he leído no-ficción en formato digital, y una buena cuota de libros impresos, esta lista solo incluye novelas leídas en pantalla, y sin orden particular:

1- The Begginers Goodbye- de Anne Tyler
 Titulada en español "El hombre que dijo adiós" esta novela fue mi bautizo en kindle. Su autora, Anne Tyler (1941), es una de mis escritoras favoritas, no muy leída fuera de los Estados Unidos porque es más norteamericana que el "apple pie". Tyler se afinca en la construcción de personajes clase media de los suburbios de Baltimore, hay quienes los llaman "excéntricos", sus críticos "sentimentaleros". Las últimas novelas de Tyler que había leído, Diggin to America y Noah Compass, carecían de su sazón especial, y más que excéntricas eran simplemente sentimentaleras. Con The begginers goodbye, la historia de un editor de libros "para principiantes" cuya esposa muere al caer la rama de un árbol sobre su casa, pero su fantasma se niega a abandonarlo, Tyler recupera el pulso de lo mejor de su narrativa con el equilibrio exacto entre humor, cotidianidad y melancolía.

2- Back to Blood- Tom Wolfe
 Amé esta novela de Wolfe (1931) que fue un fracaso comercial,  titulada en español "Bloody Miami" publicada por Anagrama, muchos panas la detestaron, pero pocas veces me he reído tanto leyendo un libro como con esta serie de personajes (inmigrantes cubanos, rusos y haitianos,  marchantes y coleccionistas de arte, nuevos ricos por doquier)  cuyas peripecias son narradas en capítulos alternos en los que el autor, tras demoler en novelas anteriores a los habitantes de Nueva York y Atlanta,  posa su satírico ojo en la torre de Babel que es Miami.

3- Canada- Richard Ford
Es mi primer acercamiento con este escritor nativo de Mississippi famoso por la trilogía que comenzó con The sportswritter (pendiente en mi lista de libros por leer).  Canada es la historia de dos adolescentes cuyos aburridos padres, de repente, deciden convertirse en ladrones de bancos. Suena divertido y excéntrico como las novelas de Tyler, pero no lo es, Canada está escrita con la nostalgia de quien recuerda su adolescencia como una etapa de horror.

4-Los Enamoramientos de Javier Marías.
Dirán que mi selección de libros predominan los autores norteamericanos, y tienen razón, pero es que cuando comencé a leer en digital pocos autores de habla hispana habían dado el paso a este formato. De los primeros que lo hicieron Javier Marías (1951), autor que se odia o se ama. A mi me gusta, y Los enamoramientos fue mi primera novela leída digital en español. Es una novela corta pero intensa, una de esas experiencias narrativas que mejor entrar en ella sin saber mucho de qué va.

5- Asesinos sin rostro de Henning Mankell
El sueco Henning Mankell (1948) es mi autor de novela negra preferido gracias a su personaje del inspector Wallander, extraña selección para quien evita intensidades adorar a un policía de Istad que lucha contra la melancolía de la mediana edad oyendo ópera, tratando de ser eficiente en su trabajo al mismo tiempo que lidia con su divorcio, la senilidad del padre, la adolescencia de su hija, y reflexiona sobre la descomposición moral en Suecia. Qué diría Wallander de vivir en Venezuela. Asesinos sin rostro es la primera novela de la serie Wallander, una pareja de ancianos es torturada y dada por muerta en su aislada casa. La serie de la BBC con Keneth Branagh en el papel de Wallander está muy bien lograda.

6- A suspension of mercy de Patricia Highsmith
Y yo que creía haber leído todos los libros de Highsmith (1921-1995), gracias a las ofertas del día de Amazon descubrí esta novela traducida al español como "Crímenes Imaginarios" publicada en 1965 que casualmente comparte el tema con el bestseller de moda "Gone girl": una joven acaudalada desaparece y la sospecha inmediata recae sobre el marido. La narración ambigua hace que el lector dude hasta el final: ¿quién es la víctima y quién el victimario?

7-Las leyes de la frontera de Javier Cercas
 Ya en el año 2014 las novelas en español salen casi a la par en digital que en impreso, y con los actuales problemas de importación en Venezuela es más fácil conseguirlas en digital. La última novela de Javier Cercas la leí en kindle. Como Canadá de Ford, Las leyes de la frontera es una reflexión de los años de la juventud desde la edad adulta, en este caso una pandilla de adolescentes en Gerona. Décadas después, uno de los miembros es un legendario bandolero, y otro un prestigioso abogado. Cercas, nacido en 1962, escribe sobre los años de transición del Franquismo a la Democracia, aquellos que somos sus contemporáneos, disfrutamos en esta novela sus referencias generacionales.

8- 11/22/63- Stephen King
 Si algo me ha dado la lectura digital es regresar al gusto por los libracos, de esos que como dice el Rey, si te caen en el dedo gordo del pie te lo fracturan. Quizás la novela que más me ha gustado estos últimos años es esta fantasía de King (1947) sobre una rendija en el tiempo por la cual un maestro de escuela logra entrar al pasado con el único objetivo de impedir el asesinato de Kennedy. Más de 800 páginas que devoré en menos de una semana sin perder en ningún momento el interés.

9-Los maletines de Juan Carlos Méndez Guédez
Cuando en el reto de los #30libros tocó escoger un libro que describe a mi país, estuve tentada a elegir la más reciente novela de Juan Carlos Méndez Guédez (1967).  Pero Los Maletines no describe a Venezuela en su totalidad, sino aquellos oscuros personajes que arropados bajo el manto de la "revolución" hoy desfalcan a esta República Bolivariana con total impunidad, además de un par de antihéroes que bregan por recoger migajas que quedan del desfalco revolucionario. Bien divertida la novela si no fuera porque qué tragedia que semejante rapacería como la que describe Méndez Guédez desde España, realmente esté pasando en Venezuela.

10- This is how you lose her- de Junot Díaz.
Formalmente es un libro de cuentos, pero lo siento más como una novela porque Yunior, la voz narradora de todos los relatos, hilvana sus historias con los personajes de una familia dominicana inmigrante en Nueva York. Quienes han leído a Junot Díaz (1968) en español aseguran que en la traducción no pierde su encanto, pero para mi lo más grande de este autor es el manejo de los giros del spanglish.

La ñapa: lo que sea de Joyce Carol Oates.
Esta autora norteamericana es tan prolífica que imposible escoger uno solo de sus libros aun en una lista que abarca un reducido espacio de años, solo en formato digital de ella he leído: The Falls, Bellefleur, Zombie, Missing Mom, A widow's story; sin contar los que tengo impresos en casa. Lo que más admiro de  Joyce Carol Oates es que sin perder la calidad de su prosa, sus libros poco tienen que ver entre sí. Además, es fácil encontrarlos en oferta en Amazon. De esta lista el más famoso, la saga de los Bellefleur, confieso que me aburrió; los demás me encantaron.

(Si les parece que algunas de estas acotaciones ya las habían leído antes, es porque muchas de estas lecturas fueron comentadas en Evitando Intensidades).

martes, 5 de agosto de 2014

Viviendo en "El miedo"

En julio 2014 participé en Facebook en el reto #30libros, especie de memoria emocional literaria con etiquetas como “Historia con un gran antagonista”, “Libro recomendado por muchos que a ti no te gustó”, “Libro que te recuerde a tu mamá”…  Había categorías difíciles de escoger como por ejemplo: “libro que nos  hizo reír”, hay muchos. Había otras categorías que me remitieron inmediatamente a un título, ese fue el caso de “Libro que explique a tu país”, para mí esa fue una categoría sin competencia ni titubeos, el libro que mejor explica a Venezuela y a los venezolanos es Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.   
Publicada en 1929, ¿puede haber una mejor analogía con la actual Venezuela que la historia se desarrolle en un hato llamado “El Miedo”?  En 2004 escribí una crónica asegurando que Doña Bárbara era la más contemporánea de nuestras novelas, diez años después, la barbarie sigue derrotando a la civilización, aunque  hoy no hay una referencia inmediata a Doña Bárbara como en 1929 lo era el General Gómez, y en 2004 para muchos venezolanos lo fue el entonces presidente Hugo Chávez Frías. Hoy pareciera que la doña se perdió en el Arauca, y esta República Bolivariana quedó en poder de una banda de Mujiquitas, Balbinos Paibas y Ño Pernaletes, funcionarios corruptos y acomodaticios que por un lado se hacen zancadillas, y por el otro se protegen entre sí.
Los Mr. Danger tampoco faltan en esta Venezuela revolucionada, solo que hoy el extranjero que chupa y explota el jugo del subdesarrollo y la barbarie ajena ya no es exclusivamente gringo, ahora nuestros Mr. Danger son de diversas nacionales: cubanos, chinos, rusos, iraníes, un sin fin de hermanos latinoamericanos, unos cuantos norteamericanos, la izquierda caviar europea, y más recientemente, la participación especial de Holanda.
Lorenzos Barqueros hay por doquier, anestesiados, viviendo en sus parcelas áridas, entregados a la desolación, al conformismo, al “ya todo está perdido, luchar para qué”.
Pajarotes, Juan Primitos… esos son los que más abundan, el pueblo, el venezolano de a pie, no importa su afiliación política, haciendo cola de horas para conseguir comida y artículos de primera necesidad de lo poco que se produce en el Hato El Miedo, pasando trabajo para encontrar los medicamentos que necesitan para ellos o sus familias, asustados no se vayan a topar con un malandro en el camino; mientras los Ño Pernaletes y Balbinos Paibas en el poder andan protegidos con escoltas y se forran los bolsillos de billetes verdes, gracias a eso que hoy se llama “Empresas de maletín”, grandes fortunas construidas desangrando nuestra nación con total impunidad.
Pero los Mujiquitas deben estar molestos, ellos reciben migajas, Cadivi se ha puesto duro, y ahora ante la deuda con las líneas aéreas internacionales está muy difícil conseguir pasaje a Orlando, ¿cómo llevar a los muchachos a Disney World?
Mariselas son nuestros estudiantes, despertando al mundo, no conocen otra vida sino la del Hato El Miedo, pero sueñan con vivir en una Venezuela mejor, sin censura ni represión, no en esta República en la que por más diplomas que alcancen, parecen condenados a sueldos miserables cuando no al desempleo. Qué tristeza que hoy para muchos Mariselas la única opción para vivir en la civilización sea emigrar.
¿Y quiénes son los Santos Luzardo? Cada quien en su estilo, y a pesar de sus desavenencias, son aquellos líderes que con firmeza y valentía insisten en la lucha porque la civilización venza  y dejemos de vivir en El Miedo.

Y si seguimos el ejemplo de la novela de Gallegos, y las nuevas generaciones de venezolanos optan por no claudicar, tarde o temprano, así será.  

Artículo de agosto para la página web de El Nacional porque papel no hay 

sábado, 19 de julio de 2014

A falta de valium...


"Disculpe, ¿tienen valium? No me estoy coleando, solo para saber si hay lo que busco para no perder el tiempo".
Quien hacía la pregunta era una mujer de aproximadamente 45 años al tomar su número y darse cuenta que tenía doscientos números por delante en la farmacia de Locatel La Castellana.
Yo llevaba más de una hora en espera y todavía faltaban como 50 personas antes que tocara mi turno. Por eso de confianzuda dije un chiste fácil que dudo habrá sido apreciado por alguien desesperado buscando valium.
"Si hay valium deberían repartirlos porque solo así se aguanta esta espera".
No había Valium, la señora insistió con dos ansiolíticos más que el doctor le dio receta por si no encontraba la primera opción. Tampoco había. En la más de una hora de espera que tenía en Locatel pude darme cuenta que a un alto porcentaje de quienes llegaban preguntando si tenían determinado medicamento, se enfrentaban a la temida respuesta:
"No hay"
La reacción solía ser la misma:
"Cómo que no hay, si es urgente  ¿y entonces?".
También pregunté antes de calarme la cola si tenían lo que andaba buscando... lo tenían...¡aleluya! Al rato me encontré con una prima que venía diez números antes que yo:
"Pero si acabas de llegar".
Un señor le regaló su número porque tras agarrarlo preguntó, y tampoco había lo que él buscaba.
La prima de optimista ni preguntó si había el medicamento que ella andaba buscando, tenían que tenerlo, es para el asma que sufre su marido, un artículo de primera necesidad.
Hizo la cola en vano: "Lo lamentamos señora, no hay".
Su visita a Locatel no fue infructuosa, encontró el tinte que usa para el pelo que tiene tiempo desaparecido. Seguiría zanqueando farmacias, pero con el pelo en su justo color.
Di una vuelta mientras esperaba para ver qué encontraba: me contaron que a ese Locatel el día anterior llegó acetona Valmy, voló rápido a pesar del: "Máximo dos frasquitos por persona", en Venezuela ni siquiera las manicuristas profesionales consiguen acetona.
Mi hija que me acompañaba quiso tomar un refresco pero la oferta era limitada. No hay envases para refrescos. Le sugerí que cruzara al supermercado de enfrente mientras yo hacía la cola. Regresó a los pocos minutos con las manos vacías: en Luvebras había más gente que en Locatel.
Y una que dice tener dignidad, resistirse a hacer cola, cuando se trata de un remedio no queda otra, en mi caso afortunadamente no era una urgencia, un jabón recetado por el dermatólogo a mi hijo adolescente que tiene principios de acné. Ya había ido a dos farmacias buscándolo, y no encontraba ninguna de las dos opciones recetadas por el médico.
Qué se puede esperar en un país donde hasta el jabón de baño está difícil de encontrar.
Por eso hay tanta gente en espera en Locatel, tiene fama de ser la cadena de farmacias mejor surtida en Venezuela, si el remedio que buscas no lo encuentras en Locatel, encomiéndate a los santos.
Cuando por fin salió mi número suspiré, apenas era la mitad del vía crucis, faltaba hacer la cola para pagar, por lo menos otra hora. Eso no quiere decir que Locatel tenga escasez de personal, solo que no se da abasto ante la cantidad de gente que va para allá como primera, o última instancia, para conseguir un medicamento.
En total dos horas y media para tener en mi poder el bendito jabón para un adolescente que quién sabe cuándo se recordará lavar la cara. Entramos en la tarde y ya era de noche, soñaba llegar a casa para tomarme un vodka y así aliviar un poco la tensión de tan larga espera cuando al entrar al estacionamiento nos dimos cuenta que nos habían trancado el carro.
"No te preocupes" tranquilicé a Camila "El parquero debe tener las llaves de la camioneta que nos está trancado".
No había parquero sino vigilante y dijo que no, él no las tenía porque no le permiten agarrar las llaves de los clientes pero no nos preocupáramos que el carro era de un señor que entró un momentico en Locatel a comprar una pastillita y ya venía.
"¡Un momentico a comprar una pastillita y ya venía? ¿Tú crees que estamos en el año 1992? ¡Si yo tengo dos horas y media esperando para comprar un piche jabón! ¡Cómo dejas que tranquen un carro si no se permite dejar las llaves!".
"No se me ponga brava señora que así como usted es cliente el señor también lo es y tiene derecho a estacionar su carro".
"¡Pero yo no estoy trancando a nadie!", me ahorré el so-cretino porque soy una persona educada pero en la cara se me veía la furia, sobre todo cuando el vigilante de lo más Zen me sugirió:
"Calma mi señora, espere tranquilita en su carro a que salga el señor que ese no tarda".
Menos mal que no me dijo doñita porque le habría saltado a la yugular.
Suelo ser más sosegada que el común caraqueño, pero ya tenía el modo cuaima on, quizás activado desde el día anterior cuando en Farmatodo de La Florida, buscando el bendito jabón contra el acné, mientras esperaba que se desocupara un puesto de estacionamiento, en el puesto de handicap se estacionó un mangazón que tenía de minusválido lo que yo tengo de la madre Teresa de Calcuta.
Es que Venezuela no es un país de vivos, es un país de pendejos, donde los pocos vivos que hay hacen lo que les da la gana. Por eso subí a Locatel a hablar con el gerente: "¿cómo es posible que después de dos horas y media de espera, no me pueda ir para mi casa porque me están trancando el carro con el visto bueno del vigilante del estacionamiento".
La voz me temblaba, tenía la vena de la frente brotada, sentía que me iba a dar un ataque de histeria, estoy segura que de haber tenido valium en ese momento, me lo habrían dado sin prescripción cortesía de la casa.
Se disculparon, ese era ese vigilante que es así, no debió permitirlo, que no me preocupara, encendieron el altavoz y llamaron al propietario de una camioneta Toyota blanca placas tal y tal... pero nada que aparecía el desgraciado.
Como nadie se daba por entendido, me acerqué gritando adonde la gente esperaba pacientemente su turno en la farmacia, ¡el propietario de una Toyota blanca, coño!" pero nada, el abusador no daba la cara.
"Quizás está en Luvebras", sugirió el señor que sella a la salida el ticket de compra.
"¡Luvebrassss? ¡Si allá la cola está peor que acá!".
Esos son los momentos donde una farmacia  debería tener a la mano valium inyectado porque si esta cliente tuviera un bate le habría caído a batazos a la camioneta blanca del abusador. Echando humo por la nariz regresé al estacionamiento a esperar en mi carro a que apareciera el tipo dispuesta a darle la insultada del siglo, que dicen en esta Caracas es lo último que se debe hacer, que ante los abusos hay que quedarse calladito, porque cualquiera saca un arma y pam pam... fin de la discusión.
Pero el abusador ya se había ido, o movido el carro, se ve que oyó cuando llamaban a que moviera el carro y no se identificó.  Y resultó que la mala fui yo, el vigilante estaba esperándome al borde de las lágrimas.
"Tuvo que subir a reclamar y me hicieron una amonestación, y yo lo que le estaba haciendo era un favor a un señor, pobrecito, viejito, minúsvalido".
Viejito minusválido un cuerno, de ahí no salió ningún viejito minusválido. Pero qué sentido ponerse a discutir con el vigilante, yo lo que quería era salir de ese anillo de este purgatorio moderno. En mi casa me estaba esperando un ansiolítico mejor que el valium, un vodka en las rocas con un chorrito de limón, que en Venezuela todavía no nos ha faltado, que el día que nos falte, ese día si habrá que emigrar.

martes, 8 de julio de 2014

De Balseros del Aire a "Under the Dome"


En julio 2014 la historia de la aviación comercial en Venezuela entra en un punto bajo al pasar American Airlines de treintaiocho a diez vuelos semanales. Hasta que se llegue a un acuerdo ante la millonaria deuda que el gobierno venezolano no se apresura en pagar, una de las línea aéreas con más rutas en nuestro país cancelará los destinos Dallas, San Juan y Nueva York. Su único destino directo será Miami de domingo a viernes con un vuelo diario desde Caracas, un par de vuelos los sábados, y dos vuelos a la semana desde Maracaibo. Delta Airlines también anunció que reducirá su frecuencia de siete vuelos destino Atlanta, a un vuelo semanal. 
Con la reducción del cupo aéreo y la deserción de Venezuela de tantas aerolíneas internacionales ante la deuda de casi 4 billones de dólares, los venezolanos dejaremos de ser mundialmente conocidos como “los balseros del aire”  para ser vistos como los habitantes de la serie de televisión “Under the Dome”, volviéndose cada vez más difícil despegar de estas fronteras.
Cuentan que ya el ajuste se hace sentir, el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar luce abandonado y los despidos de trabajadores venezolanos ligados a las líneas aéreas internacionales han sido masivos.
El principal responsable de tan claustrofóbica situación es un gobierno populista que tratando de negar la catástrofe económica de Venezuela, durante mucho tiempo reguló los pasajes a una tasa de dólar muy por debajo de su realidad. Las líneas aéreas internacionales vendían los pasajes en bolívares al cambio del dólar impuesto por el gobierno, pero al tratar de hacer la reconversión en una economía con estricto control de cambios,  el gobierno no suelta los dólares para pagar la deuda asumida, y el juego se trancó.
Para qué negar que este desbarajuste de economía también fue durante un tiempo ganancia de pescadores de las otras aristas del triángulo en conflicto. En el caso de la líneas aéreas internacionales, ante la dificultad para reconvertir los devaluados bolívares en dólares, de un tiempo para acá estaban vendiendo los boletos desde Venezuela a una tarifa en bolívares que llevada a dólares, es mucho más alta que para otra ruta similar.
Por ejemplo: un vuelo Caracas-Nueva York ida y vuelta en junio 2014 –cuando se abría la venta en la página web- podía costar en la clase económica 30 mil bolívares, que al cambio de Sicad I, la tasa cambio decretada en este momento para los boletos, equivale a tres mil dólares. Más de tres veces por encima del valor de una ruta similar a un destino con una economía estable. A estos precios, si, y cuando, el gobierno venezolano cancele la deuda en dólares con las líneas aéreas, estas tendrían una ganancia inmensa. Por lo visto no servimos como cheque de contado sino como una riesgosa inversión a largo plazo. 
La tercera arista durante mucho tiempo favorecida por este entuerto cambiario fuimos los hoy afectados alegres viajeros, porque gracias al gobierno revolucionario muchos venezolanos llegaron a sentir que viajar es un derecho ciudadano que debe ser subvencionado por papá Estado.  
Y no, no lo es, viajar no es un derecho que deba ser subvencionado por el Estado como lo deben ser la salud o la educación, viajar es un lujo, que con cierta planificación –comprando los boletos anticipado y buscando ofertas- en una economía más o menos estable, la clase media puede llegar a acceder.
Muchos alegarán que en Venezuela se gana en bolívares y no en dólares, pero la tarifa para viajar es internacional, el problema no es que a un profesor universitario, por decir un ejemplo, no le alcance el sueldo para comprar un pasaje de avión, sino que no hay derecho que en Venezuela los profesores ganen una miseria. 
Leyendo algunas reacciones en las redes sociales ante la crisis aérea en nuestro país es fácil darse cuenta que la clase media se acostumbró a esta subvención para viajar  igual como nos acostumbramos a que llenar el tanque de gasolina del carro vale menos que comprar una botellita de agua. En las redes sociales he leído reacciones más indignadas por el alza de los pasajes aéreos ante el anunciado pase a la tasa de Sicad II a 50 bolívares por dólar, que por la falta de insumos indispensables para la salud. Pareciera que durante años viajar al exterior fue la gran Misión Clase Media. Los vuelos internacionales desde Maiquetía se llenaban con pasajeros de otros países de Suramérica que compraban sus boletos en Venezuela para volar a Europa o a los Estados Unidos aprovechando los precios a gallina flaca de una nación con una economía hecha trizas.
El gobierno prometió sincerar  el cambio del dólar para la adquisición de pasajes, pero reculó, así que hasta nuevo aviso seguiremos bajo la cúpula. Para que la situación se medio normalice tarde o temprano se tendrá que corresponder la tarifa de los boletos con la realidad del dólar, y llegar a un acuerdo con las líneas aéreas con respecto al compromiso adquirido ante la enorme deuda. Pero también es necesario que las líneas aéreas no pretendan sacar a futuro cuantiosas ganancias de nuestra tragedia económica y equiparen sus tarifas en dólares a destinos similares; y que los venezolanos volvamos a asimilar que volar Caracas-Madrid no puede salir más económico que volar Paris-Madrid.

domingo, 29 de junio de 2014

¿Hay que ajustarse?


"Hay que ajustarse"- balbuceaba Omar Vizquel cuando en el programa de radio En el diván de Gladys, la periodista Gladys Rodriguez le preguntaba sobre la actual Venezuela. Comprendo que para un deportista como Vizquel, ganador de once globos de oro en las Grandes Ligas, una gloria para todos los venezolanos por igual, hablar sobre el difícil momento que hoy vivimos en Venezuela es ponerlo en una situación incómoda porque en la medida que se sincere con su visión política, a favor o en contra del status quo revolucionario, disgustará a un buen porcentaje de sus fans. 
Vizquel trató de fildear la pregunta como pudo, pero sin la destreza que lo caracteriza en el campo corto, apenas atinó balbucear sobre la situación económica, sobre los tiempos difíciles, sobre transformaciones políticas, la inseguridad...  Lo mejor que se le ocurrió para salir del paso antes de que la periodista lo rescatara de su miseria y lo pusiera a navegar en aguas más cómodas, fue un "ante tanta inseguridad hay que ajustarse... una visión diferente de lo que es salir a rumbear...  hay que actuar con cautela". 
Con todo respeto, no podría estar menos de acuerdo con mi admirado Vizquel, porque aunque por supuesto a los venezolanos ante tanta violencia de país no nos queda otra que actuar con cautela, no podemos ni debemos ajustarnos, aceptar que nuestra vida es así, que vivir con miedo tenga que ser nuestra normalidad, que sea normal en Venezuela que nos sintamos obligados a protegernos lo mejor que podamos cual venaditos en un bosque lleno de depredadores.
Lo peor de todo es que estar siempre alertas y tratar de evitar el peligro no termina siendo garantía de nada porque no sabemos cuándo ni dónde se puede asomar el tigre de la violencia para darnos un zarpazo fatal. Por supuesto que hay que ser cuidadosos, pero no es normal sentir que salir a rumbear tenga que ser visto como una frivolidad capaz de pagarse con la vida, por lo tanto hay que evitarlo lo más posible.  
Estamos tan mal que ni siquiera "rumbear" es la única "temeridad" que nos puede costar la vida en la actual Venezuela: este año 2014 tres casos de muertes violentas que me han tocado a cierto nivel personal ninguno tuvo que ver con que las víctimas estaban de fiesta. 
El primero de estos casos, el de Mónica Spear y Thomas Berry, me tocó no porque los conociera personalmente, sino porque fue un crimen impactante a nivel de opinión pública el de esta joven pareja cuya única temeridad fue pretender hacer turismo nacional con su niña. El segundo de estos casos, el de mi pana el arquitecto John Machado, tampoco fue por rumbear, simplemente estaba saliendo de su oficina a última hora de la tarde cuando fue sorprendido por una banda de secuestradores con un desenlace fatal; y por último Gustavo Jimenez y Luis Daniel Gómez cometieron la temeridad de subir al Ávila en sus bicicletas un sábado en la mañana y se toparon con un supuesto deportista que tenía tiempo atracando con impunidad, y no fue sino hasta que acabó con las vidas de estos dos jóvenes padres de familia, amigos de mis cuñados y mis primos, que las autoridades se dignaron a terminar con su negocio redondo de atracar en los caminos de ese privilegiado parque nacional que en tiempos revolucionados pretenden rebautizar como Waraira Repano.   
Por eso no comparto el sentido consejo del gran Vizquel que los venezolanos debemos ajustarnos a los tiempos que corren: ¿Acaso hay que ajustarse a que en Venezuela haya toque de queda impuesto por la delincuencia que afecta actividades como el turismo nacional, salir del trabajo cuando comienza a oscurecer, o hacer ejercicio un fin de semana?  ¿Ajustarse significa aceptar que ganó la impunidad, aceptar que en Venezuela la vida no vale nada, y que hay que intentar guarecerse lo mejor posible sin que esto sea garantía alguna? 
Yo no me resigno, y creo que Vizquel de corazón tampoco a tantos "ajustes" en lo que debería ser la vida normal de cualquier ciudadano en un país sano. Pero imagino que opinar públicamente sobre "la Venezuela actual" es difícil para una gloria nacional que no desea entrar en las turbias aguas de la polarización, sobre todo ante los casos de algunos de sus compañeros peloteros que cada vez que abren la boca para opinar sobre política, terminan abucheados por la mitad de su fanáticada. 

lunes, 23 de junio de 2014

"Estoy burda de arrecho y no me la pienso calar más"


Recientemente transmitieron en televisión por cable la película Network (1976) de Sidney Lumet, fue como verla por primera vez porque no la veía desde que era adolescente, pero hay una escena inolvidable, no importa cuándo se haya visto, que quedó grabada en la historia colectiva del cine: cuando el periodista iracundo, interpretado por Peter Finch, insta a su enorme audiencia televisa a gritar a todo pulmón "I'm mad as hell and I'm not going to take this anymore", que en buen venezolano sería algo así como: "Estoy burda de arrecho y no me la pienso calar más". A los pocos segundos millones de indignados de todos lados de los Estados Unidos comenzaron a asomarse desde sus ventanas para gritar a coro su hartazgo nacional. 
En la actual Venezuela sería imposible que un periodista en televisión pueda hacer comentarios adversos al Status Quo oficialista. Tras la muerte de Chávez, su heredero Nicolás Maduro -sabiendo que carece del don de liderazgo de quien lo impuso en el poder en su última alocución presidencial- amenazó en cadena nacional cerrar a aquel medio radioeléctrico que incurra en el delito de "perturbar la paz y apoyar a golpistas". Apretar aún más las tuercas de la censura fue una de las primeras obras de gobierno del "primer presidente chavista".
No hizo falta un periodista iracundo en alta sintonía nacional para que millones de venezolanos este febrero del año 2014, con mayor o menor contundencia, saliéramos a la calle a gritar: "¡Estamos burda de arrechos y no nos la calamos más!", eso que se llamó #lasalida, que algunos vimos como un movimiento de descontento social que estando gran parte del país todavía ligado emocionalmente con el pensamiento oficialista, no tenía muchas posibilidades de éxito a corto plazo. Aunque parezca contradictorio ambos puntos de vista los escribo en primera persona en plural porque participé tanto en la euforia como en la duda.
En junio 2014 Venezuela está de regreso a esta tensa normalidad, normalidad que implica acostumbrarse a vivir con miedo, represión y desabastecimiento. Imposible calibrar cuáles son los porcentajes de hartazgo en la población nacional, sobre todo cuando en los hipermercados socialistas nos topamos a diario con cientos de venezolanos -niños pequeños incluidos- algunas viejitas guarecidas del sol bajo sombrillas, esperando pacientemente hacerse de los productos que en cualquier país, hasta naciones de endeble estructura económica, no hay problema para conseguir.
En los mercados no socialistas también se hacen grandes colas cuando aparece uno de esos productos regulados que en Venezuela ya nos acostumbramos a no encontrar en los anaqueles: leche, harina, aceite, arroz, azúcar, café, papel higiénico... entre una larga lista a la que todos los días se les agregan nuevos productos.  Hay quienes orgullosos decimos que no vamos a hacer cola ni muertos, pero hay ocasiones que no queda otra, por ejemplo, ¿cómo hace una madre de niños pequeños si escasea la leche, o una señora que se redondea con la repostería cuando aparecen el azúcar y la harina, o una familia cuando solo queda en casa un rollo de papel toilet?  El venezolano que en este año 2014 asegure que no ha hecho largas colas para comprar algún producto en escasez, es porque o trabaja en un supermercado, o está en las altas esferas del Gobierno, o porque tiene a alguien que haga la cola por él. 
Viendo la reacción en cadena del hartazgo que sí fue televisado en Network, recordé une testimonio que alguien compartió en facebook la semana pasada de una profesional que en camino al trabajo se dio cuenta que en el mercado de su vecindario acababan de sacar un producto que hacía tiempo no conseguía. Hizo lo que hoy está costando horas productivas por doquier, se detuvo para comprar aquello que en su hogar carecían, qué remedio si esta diligencia representaría llegar tarde al trabajo además del fastidio de tener que hacer más de una hora de cola por algo así como conseguir aceite o papel toilet. 
Pero la profesional tenía un método de protesta personal, haría su cola blandiendo un cartel que llevaba guardado en la cartera donde expresaba su inconformidad ante la humillante situación económica que vive el país. No había terminado de sacar el cartel cuando una señora en la cola le exigió que lo guardara, en su presencia nadie iba a enchavar al gobierno, si estaba tan descontenta en Venezuela, ¿por qué no se iba para Miami? En pocos segundos la cola del mercado se volvió en un atajaperros dividido en partes iguales entre quienes están hartos y no se la piensan calar más; quienes de lo único que están hartos no es de las colas ni de la escasez ni de la inseguridad sino de los escuálidos queriendo sabotear a la Revolución; y quienes están hartos de las colas y de los pleitos entre gobierneros y opositores pero se los calan indiferentes porque no les gusta meterse en problemas. 
La censura llega hasta el supermercado: la seguridad le pidió a la señora del cartel de protesta que lo guardara para evitar problemas. 
Al final en Network la indignación pública despertada por el periodista enardecido no llegó a nada, las fuerzas a las que se enfrentaba sabían manipular la atención de la opinión pública hacia otro tema más jugoso.  Claro que los indignados en Network no lo estaban por temas tan inmediatos como el miedo, la represión y la escasez que golpea a todos por igual en Venezuela, No creo que aquí la indignación se vaya a apagar así de fácil, solo falta esperar que la balanza se incline de manera irrevocable hacía quienes estamos arrechos y no nos las pensamos calar más.

miércoles, 18 de junio de 2014

Juegos de Tronos


Horas después del emocionante enfrentamiento entre “La Montaña que Cabalga” y la “Víbora Roja” para definir la suerte del enano Tyrion Lannister, cuya vida dependía del juicio por combate entre estos dos dispares luchadores, los movimientos de piezas de los juegos de tronos de la Historia Contemporánea del siglo XXI, juegos que nada tienen que ver con la fantasía, resultan casi tan sorpresivos, y hasta más arbitrarios, que la maravillosa ficción de George R.R. Martin en la serie de HBO:  “Game of Thrones”.
 Por ejemplo el pasado lunes el rey de España, Juan Carlos I de Borbón, sorprendió a sus súbditos con la noticia de su inminente abdicación al trono a favor de su hijo Felipe.  Una serie de escándalos conocidos por cualquier lector de la prensa rosa, además de los achaques de salud propios de la edad, obligaron a un rey que fue pieza clave en la instauración de la democracia en España, 39 años después a terminar su reinado para tratar de salvar la monarquía española –hoy más que nada simbólica- de un posible punto final.
Estas monarquías modernas son casi tan sui generis como aquella de la frontera medieval donde una reina púber conquista territorios amparada por tres dragones adolescentes. Pareciera igual de fantasioso narrar la historia de un rey en el siglo XX impuesto por un tirano, que sin embargo llegaría a ser clave en instaurar la democracia en España. 
Pero por más lectores de la revista ¡Hola! que podamos ser, cuesta hasta al más farandulero de los venezolanos entender la noción de una familia que por derecho de nacimiento hereda el poder, nuestra cultura no es monárquica. O no lo era. En mi juventud hubiera podido pecar de optimista y asegurar que los venezolanos a fuerza de décadas de lucha contra tiranías y caudillismos, llegamos a ser una cultura demócrata, con sus defectos y bemoles, pero Democracia al fin, donde no solo el voto secreto y universal, sino también la separación de los poderes ciudadanos, como una Fuerza Armada sin beligerancia política, garantizaban que ya no podría haber tiranía posible en nuestro país.
Por lo visto que al igual que Sansa Stark, yo era una chica ilusa con la cabeza llena de mariposas, en mi caso por apostar que en el siglo XXI las monarquías y las tiranías serían cuestión del pasado.  
Mientras tanto en el juego de tronos en España entra un nuevo contendor que gana adeptos prometiendo emular el camino de la actual República Bolivariana de Venezuela y los caudillos que la gobiernan. “Democracia participativa” la llaman, siempre y cuando quien participe acate sin chistar las ordenes de la tiranía. Ejemplo de esto en Venezuela son los fallos judiciales que siempre-siempre complacen al régimen chavista, como el madrugonazo de la jueza Adriana López, quien a las tres de la mañana del pasado jueves dictaminó que había méritos para enjuiciar a Leopoldo López y a cuatro estudiantes detenidos por  “instigación a la violencia”,  delito que se paga hasta con diez años de prisión.
En la ficción, Tyrion Lannister es acusado de regicidio por su padre,  pero  por lo que de verdad se le juzga es por ser diferente a su apuesta familia. El Enano sabe que no será exonerado ante la parcialidad de un jurado convocado por quien lo aborrece, por eso exige un juicio por combate jugando su vida en la agilidad de Oberyn, la víbora roja. Si ante la justicia de los hombres le consta a Tyrion que no tiene chance, solo le queda apostar ante la justicia divina.

En el juego de tronos de la actual Venezuela no tenemos juicio por combate, pero si la determinación de millones de venezolanos de luchar hasta la última instancia por romper con el cerco de la tiranía.

Artículo publicado en la página Web de El Nacional porque en Venezuela no hay papel