martes, 5 de agosto de 2014

Viviendo en "El miedo"

En julio 2014 participé en Facebook en el reto #30libros, especie de memoria emocional literaria con etiquetas como “Historia con un gran antagonista”, “Libro recomendado por muchos que a ti no te gustó”, “Libro que te recuerde a tu mamá”…  Había categorías difíciles de escoger como por ejemplo: “libro que nos  hizo reír”, hay muchos. Había otras categorías que me remitieron inmediatamente a un título, ese fue el caso de “Libro que explique a tu país”, para mí esa fue una categoría sin competencia ni titubeos, el libro que mejor explica a Venezuela y a los venezolanos es Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.   
Publicada en 1929, ¿puede haber una mejor analogía con la actual Venezuela que la historia se desarrolle en un hato llamado “El Miedo”?  En 2004 escribí una crónica asegurando que Doña Bárbara era la más contemporánea de nuestras novelas, diez años después, la barbarie sigue derrotando a la civilización, aunque  hoy no hay una referencia inmediata a Doña Bárbara como en 1929 lo era el General Gómez, y en 2004 para muchos venezolanos lo fue el entonces presidente Hugo Chávez Frías. Hoy pareciera que la doña se perdió en el Arauca, y esta República Bolivariana quedó en poder de una banda de Mujiquitas, Balbinos Paibas y Ño Pernaletes, funcionarios corruptos y acomodaticios que por un lado se hacen zancadillas, y por el otro se protegen entre sí.
Los Mr. Danger tampoco faltan en esta Venezuela revolucionada, solo que hoy el extranjero que chupa y explota el jugo del subdesarrollo y la barbarie ajena ya no es exclusivamente gringo, ahora nuestros Mr. Danger son de diversas nacionales: cubanos, chinos, rusos, iraníes, un sin fin de hermanos latinoamericanos, unos cuantos norteamericanos, la izquierda caviar europea, y más recientemente, la participación especial de Holanda.
Lorenzos Barqueros hay por doquier, anestesiados, viviendo en sus parcelas áridas, entregados a la desolación, al conformismo, al “ya todo está perdido, luchar para qué”.
Pajarotes, Juan Primitos… esos son los que más abundan, el pueblo, el venezolano de a pie, no importa su afiliación política, haciendo cola de horas para conseguir comida y artículos de primera necesidad de lo poco que se produce en el Hato El Miedo, pasando trabajo para encontrar los medicamentos que necesitan para ellos o sus familias, asustados no se vayan a topar con un malandro en el camino; mientras los Ño Pernaletes y Balbinos Paibas en el poder andan protegidos con escoltas y se forran los bolsillos de billetes verdes, gracias a eso que hoy se llama “Empresas de maletín”, grandes fortunas construidas desangrando nuestra nación con total impunidad.
Pero los Mujiquitas deben estar molestos, ellos reciben migajas, Cadivi se ha puesto duro, y ahora ante la deuda con las líneas aéreas internacionales está muy difícil conseguir pasaje a Orlando, ¿cómo llevar a los muchachos a Disney World?
Mariselas son nuestros estudiantes, despertando al mundo, no conocen otra vida sino la del Hato El Miedo, pero sueñan con vivir en una Venezuela mejor, sin censura ni represión, no en esta República en la que por más diplomas que alcancen, parecen condenados a sueldos miserables cuando no al desempleo. Qué tristeza que hoy para muchos Mariselas la única opción para vivir en la civilización sea emigrar.
¿Y quiénes son los Santos Luzardo? Cada quien en su estilo, y a pesar de sus desavenencias, son aquellos líderes que con firmeza y valentía insisten en la lucha porque la civilización venza  y dejemos de vivir en El Miedo.

Y si seguimos el ejemplo de la novela de Gallegos, y las nuevas generaciones de venezolanos optan por no claudicar, tarde o temprano, así será.  

Artículo de agosto para la página web de El Nacional porque papel no hay 

sábado, 19 de julio de 2014

A falta de valium...


"Disculpe, ¿tienen valium? No me estoy coleando, solo para saber si hay lo que busco para no perder el tiempo".
Quien hacía la pregunta era una mujer de aproximadamente 45 años al tomar su número y darse cuenta que tenía doscientos números por delante en la farmacia de Locatel La Castellana.
Yo llevaba más de una hora en espera y todavía faltaban como 50 personas antes que tocara mi turno. Por eso de confianzuda dije un chiste fácil que dudo habrá sido apreciado por alguien desesperado buscando valium.
"Si hay valium deberían repartirlos porque solo así se aguanta esta espera".
No había Valium, la señora insistió con dos ansiolíticos más que el doctor le dio receta por si no encontraba la primera opción. Tampoco había. En la más de una hora de espera que tenía en Locatel pude darme cuenta que a un alto porcentaje de quienes llegaban preguntando si tenían determinado medicamento, se enfrentaban a la temida respuesta:
"No hay"
La reacción solía ser la misma:
"Cómo que no hay, si es urgente  ¿y entonces?".
También pregunté antes de calarme la cola si tenían lo que andaba buscando... lo tenían...¡aleluya! Al rato me encontré con una prima que venía diez números antes que yo:
"Pero si acabas de llegar".
Un señor le regaló su número porque tras agarrarlo preguntó, y tampoco había lo que él buscaba.
La prima de optimista ni preguntó si había el medicamento que ella andaba buscando, tenían que tenerlo, es para el asma que sufre su marido, un artículo de primera necesidad.
Hizo la cola en vano: "Lo lamentamos señora, no hay".
Su visita a Locatel no fue infructuosa, encontró el tinte que usa para el pelo que tiene tiempo desaparecido. Seguiría zanqueando farmacias, pero con el pelo en su justo color.
Di una vuelta mientras esperaba para ver qué encontraba: me contaron que a ese Locatel el día anterior llegó acetona Valmy, voló rápido a pesar del: "Máximo dos frasquitos por persona", en Venezuela ni siquiera las manicuristas profesionales consiguen acetona.
Mi hija que me acompañaba quiso tomar un refresco pero la oferta era limitada. No hay envases para refrescos. Le sugerí que cruzara al supermercado de enfrente mientras yo hacía la cola. Regresó a los pocos minutos con las manos vacías: en Luvebras había más gente que en Locatel.
Y una que dice tener dignidad, resistirse a hacer cola, cuando se trata de un remedio no queda otra, en mi caso afortunadamente no era una urgencia, un jabón recetado por el dermatólogo a mi hijo adolescente que tiene principios de acné. Ya había ido a dos farmacias buscándolo, y no encontraba ninguna de las dos opciones recetadas por el médico.
Qué se puede esperar en un país donde hasta el jabón de baño está difícil de encontrar.
Por eso hay tanta gente en espera en Locatel, tiene fama de ser la cadena de farmacias mejor surtida en Venezuela, si el remedio que buscas no lo encuentras en Locatel, encomiéndate a los santos.
Cuando por fin salió mi número suspiré, apenas era la mitad del vía crucis, faltaba hacer la cola para pagar, por lo menos otra hora. Eso no quiere decir que Locatel tenga escasez de personal, solo que no se da abasto ante la cantidad de gente que va para allá como primera, o última instancia, para conseguir un medicamento.
En total dos horas y media para tener en mi poder el bendito jabón para un adolescente que quién sabe cuándo se recordará lavar la cara. Entramos en la tarde y ya era de noche, soñaba llegar a casa para tomarme un vodka y así aliviar un poco la tensión de tan larga espera cuando al entrar al estacionamiento nos dimos cuenta que nos habían trancado el carro.
"No te preocupes" tranquilicé a Camila "El parquero debe tener las llaves de la camioneta que nos está trancado".
No había parquero sino vigilante y dijo que no, él no las tenía porque no le permiten agarrar las llaves de los clientes pero no nos preocupáramos que el carro era de un señor que entró un momentico en Locatel a comprar una pastillita y ya venía.
"¡Un momentico a comprar una pastillita y ya venía? ¿Tú crees que estamos en el año 1992? ¡Si yo tengo dos horas y media esperando para comprar un piche jabón! ¡Cómo dejas que tranquen un carro si no se permite dejar las llaves!".
"No se me ponga brava señora que así como usted es cliente el señor también lo es y tiene derecho a estacionar su carro".
"¡Pero yo no estoy trancando a nadie!", me ahorré el so-cretino porque soy una persona educada pero en la cara se me veía la furia, sobre todo cuando el vigilante de lo más Zen me sugirió:
"Calma mi señora, espere tranquilita en su carro a que salga el señor que ese no tarda".
Menos mal que no me dijo doñita porque le habría saltado a la yugular.
Suelo ser más sosegada que el común caraqueño, pero ya tenía el modo cuaima on, quizás activado desde el día anterior cuando en Farmatodo de La Florida, buscando el bendito jabón contra el acné, mientras esperaba que se desocupara un puesto de estacionamiento, en el puesto de handicap se estacionó un mangazón que tenía de minusválido lo que yo tengo de la madre Teresa de Calcuta.
Es que Venezuela no es un país de vivos, es un país de pendejos, donde los pocos vivos que hay hacen lo que les da la gana. Por eso subí a Locatel a hablar con el gerente: "¿cómo es posible que después de dos horas y media de espera, no me pueda ir para mi casa porque me están trancando el carro con el visto bueno del vigilante del estacionamiento".
La voz me temblaba, tenía la vena de la frente brotada, sentía que me iba a dar un ataque de histeria, estoy segura que de haber tenido valium en ese momento, me lo habrían dado sin prescripción cortesía de la casa.
Se disculparon, ese era ese vigilante que es así, no debió permitirlo, que no me preocupara, encendieron el altavoz y llamaron al propietario de una camioneta Toyota blanca placas tal y tal... pero nada que aparecía el desgraciado.
Como nadie se daba por entendido, me acerqué gritando adonde la gente esperaba pacientemente su turno en la farmacia, ¡el propietario de una Toyota blanca, coño!" pero nada, el abusador no daba la cara.
"Quizás está en Luvebras", sugirió el señor que sella a la salida el ticket de compra.
"¡Luvebrassss? ¡Si allá la cola está peor que acá!".
Esos son los momentos donde una farmacia  debería tener a la mano valium inyectado porque si esta cliente tuviera un bate le habría caído a batazos a la camioneta blanca del abusador. Echando humo por la nariz regresé al estacionamiento a esperar en mi carro a que apareciera el tipo dispuesta a darle la insultada del siglo, que dicen en esta Caracas es lo último que se debe hacer, que ante los abusos hay que quedarse calladito, porque cualquiera saca un arma y pam pam... fin de la discusión.
Pero el abusador ya se había ido, o movido el carro, se ve que oyó cuando llamaban a que moviera el carro y no se identificó.  Y resultó que la mala fui yo, el vigilante estaba esperándome al borde de las lágrimas.
"Tuvo que subir a reclamar y me hicieron una amonestación, y yo lo que le estaba haciendo era un favor a un señor, pobrecito, viejito, minúsvalido".
Viejito minusválido un cuerno, de ahí no salió ningún viejito minusválido. Pero qué sentido ponerse a discutir con el vigilante, yo lo que quería era salir de ese anillo de este purgatorio moderno. En mi casa me estaba esperando un ansiolítico mejor que el valium, un vodka en las rocas con un chorrito de limón, que en Venezuela todavía no nos ha faltado, que el día que nos falte, ese día si habrá que emigrar.

martes, 8 de julio de 2014

De Balseros del Aire a "Under the Dome"


En julio 2014 la historia de la aviación comercial en Venezuela entra en un punto bajo al pasar American Airlines de treintaiocho a diez vuelos semanales. Hasta que se llegue a un acuerdo ante la millonaria deuda que el gobierno venezolano no se apresura en pagar, una de las línea aéreas con más rutas en nuestro país cancelará los destinos Dallas, San Juan y Nueva York. Su único destino directo será Miami de domingo a viernes con un vuelo diario desde Caracas, un par de vuelos los sábados, y dos vuelos a la semana desde Maracaibo. Delta Airlines también anunció que reducirá su frecuencia de siete vuelos destino Atlanta, a un vuelo semanal. 
Con la reducción del cupo aéreo y la deserción de Venezuela de tantas aerolíneas internacionales ante la deuda de casi 4 billones de dólares, los venezolanos dejaremos de ser mundialmente conocidos como “los balseros del aire”  para ser vistos como los habitantes de la serie de televisión “Under the Dome”, volviéndose cada vez más difícil despegar de estas fronteras.
Cuentan que ya el ajuste se hace sentir, el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar luce abandonado y los despidos de trabajadores venezolanos ligados a las líneas aéreas internacionales han sido masivos.
El principal responsable de tan claustrofóbica situación es un gobierno populista que tratando de negar la catástrofe económica de Venezuela, durante mucho tiempo reguló los pasajes a una tasa de dólar muy por debajo de su realidad. Las líneas aéreas internacionales vendían los pasajes en bolívares al cambio del dólar impuesto por el gobierno, pero al tratar de hacer la reconversión en una economía con estricto control de cambios,  el gobierno no suelta los dólares para pagar la deuda asumida, y el juego se trancó.
Para qué negar que este desbarajuste de economía también fue durante un tiempo ganancia de pescadores de las otras aristas del triángulo en conflicto. En el caso de la líneas aéreas internacionales, ante la dificultad para reconvertir los devaluados bolívares en dólares, de un tiempo para acá estaban vendiendo los boletos desde Venezuela a una tarifa en bolívares que llevada a dólares, es mucho más alta que para otra ruta similar.
Por ejemplo: un vuelo Caracas-Nueva York ida y vuelta en junio 2014 –cuando se abría la venta en la página web- podía costar en la clase económica 30 mil bolívares, que al cambio de Sicad I, la tasa cambio decretada en este momento para los boletos, equivale a tres mil dólares. Más de tres veces por encima del valor de una ruta similar a un destino con una economía estable. A estos precios, si, y cuando, el gobierno venezolano cancele la deuda en dólares con las líneas aéreas, estas tendrían una ganancia inmensa. Por lo visto no servimos como cheque de contado sino como una riesgosa inversión a largo plazo. 
La tercera arista durante mucho tiempo favorecida por este entuerto cambiario fuimos los hoy afectados alegres viajeros, porque gracias al gobierno revolucionario muchos venezolanos llegaron a sentir que viajar es un derecho ciudadano que debe ser subvencionado por papá Estado.  
Y no, no lo es, viajar no es un derecho que deba ser subvencionado por el Estado como lo deben ser la salud o la educación, viajar es un lujo, que con cierta planificación –comprando los boletos anticipado y buscando ofertas- en una economía más o menos estable, la clase media puede llegar a acceder.
Muchos alegarán que en Venezuela se gana en bolívares y no en dólares, pero la tarifa para viajar es internacional, el problema no es que a un profesor universitario, por decir un ejemplo, no le alcance el sueldo para comprar un pasaje de avión, sino que no hay derecho que en Venezuela los profesores ganen una miseria. 
Leyendo algunas reacciones en las redes sociales ante la crisis aérea en nuestro país es fácil darse cuenta que la clase media se acostumbró a esta subvención para viajar  igual como nos acostumbramos a que llenar el tanque de gasolina del carro vale menos que comprar una botellita de agua. En las redes sociales he leído reacciones más indignadas por el alza de los pasajes aéreos ante el anunciado pase a la tasa de Sicad II a 50 bolívares por dólar, que por la falta de insumos indispensables para la salud. Pareciera que durante años viajar al exterior fue la gran Misión Clase Media. Los vuelos internacionales desde Maiquetía se llenaban con pasajeros de otros países de Suramérica que compraban sus boletos en Venezuela para volar a Europa o a los Estados Unidos aprovechando los precios a gallina flaca de una nación con una economía hecha trizas.
El gobierno prometió sincerar  el cambio del dólar para la adquisición de pasajes, pero reculó, así que hasta nuevo aviso seguiremos bajo la cúpula. Para que la situación se medio normalice tarde o temprano se tendrá que corresponder la tarifa de los boletos con la realidad del dólar, y llegar a un acuerdo con las líneas aéreas con respecto al compromiso adquirido ante la enorme deuda. Pero también es necesario que las líneas aéreas no pretendan sacar a futuro cuantiosas ganancias de nuestra tragedia económica y equiparen sus tarifas en dólares a destinos similares; y que los venezolanos volvamos a asimilar que volar Caracas-Madrid no puede salir más económico que volar Paris-Madrid.

domingo, 29 de junio de 2014

¿Hay que ajustarse?


"Hay que ajustarse"- balbuceaba Omar Vizquel cuando en el programa de radio En el diván de Gladys, la periodista Gladys Rodriguez le preguntaba sobre la actual Venezuela. Comprendo que para un deportista como Vizquel, ganador de once globos de oro en las Grandes Ligas, una gloria para todos los venezolanos por igual, hablar sobre el difícil momento que hoy vivimos en Venezuela es ponerlo en una situación incómoda porque en la medida que se sincere con su visión política, a favor o en contra del status quo revolucionario, disgustará a un buen porcentaje de sus fans. 
Vizquel trató de fildear la pregunta como pudo, pero sin la destreza que lo caracteriza en el campo corto, apenas atinó balbucear sobre la situación económica, sobre los tiempos difíciles, sobre transformaciones políticas, la inseguridad...  Lo mejor que se le ocurrió para salir del paso antes de que la periodista lo rescatara de su miseria y lo pusiera a navegar en aguas más cómodas, fue un "ante tanta inseguridad hay que ajustarse... una visión diferente de lo que es salir a rumbear...  hay que actuar con cautela". 
Con todo respeto, no podría estar menos de acuerdo con mi admirado Vizquel, porque aunque por supuesto a los venezolanos ante tanta violencia de país no nos queda otra que actuar con cautela, no podemos ni debemos ajustarnos, aceptar que nuestra vida es así, que vivir con miedo tenga que ser nuestra normalidad, que sea normal en Venezuela que nos sintamos obligados a protegernos lo mejor que podamos cual venaditos en un bosque lleno de depredadores.
Lo peor de todo es que estar siempre alertas y tratar de evitar el peligro no termina siendo garantía de nada porque no sabemos cuándo ni dónde se puede asomar el tigre de la violencia para darnos un zarpazo fatal. Por supuesto que hay que ser cuidadosos, pero no es normal sentir que salir a rumbear tenga que ser visto como una frivolidad capaz de pagarse con la vida, por lo tanto hay que evitarlo lo más posible.  
Estamos tan mal que ni siquiera "rumbear" es la única "temeridad" que nos puede costar la vida en la actual Venezuela: este año 2014 tres casos de muertes violentas que me han tocado a cierto nivel personal ninguno tuvo que ver con que las víctimas estaban de fiesta. 
El primero de estos casos, el de Mónica Spear y Thomas Berry, me tocó no porque los conociera personalmente, sino porque fue un crimen impactante a nivel de opinión pública el de esta joven pareja cuya única temeridad fue pretender hacer turismo nacional con su niña. El segundo de estos casos, el de mi pana el arquitecto John Machado, tampoco fue por rumbear, simplemente estaba saliendo de su oficina a última hora de la tarde cuando fue sorprendido por una banda de secuestradores con un desenlace fatal; y por último Gustavo Jimenez y Luis Daniel Gómez cometieron la temeridad de subir al Ávila en sus bicicletas un sábado en la mañana y se toparon con un supuesto deportista que tenía tiempo atracando con impunidad, y no fue sino hasta que acabó con las vidas de estos dos jóvenes padres de familia, amigos de mis cuñados y mis primos, que las autoridades se dignaron a terminar con su negocio redondo de atracar en los caminos de ese privilegiado parque nacional que en tiempos revolucionados pretenden rebautizar como Waraira Repano.   
Por eso no comparto el sentido consejo del gran Vizquel que los venezolanos debemos ajustarnos a los tiempos que corren: ¿Acaso hay que ajustarse a que en Venezuela haya toque de queda impuesto por la delincuencia que afecta actividades como el turismo nacional, salir del trabajo cuando comienza a oscurecer, o hacer ejercicio un fin de semana?  ¿Ajustarse significa aceptar que ganó la impunidad, aceptar que en Venezuela la vida no vale nada, y que hay que intentar guarecerse lo mejor posible sin que esto sea garantía alguna? 
Yo no me resigno, y creo que Vizquel de corazón tampoco a tantos "ajustes" en lo que debería ser la vida normal de cualquier ciudadano en un país sano. Pero imagino que opinar públicamente sobre "la Venezuela actual" es difícil para una gloria nacional que no desea entrar en las turbias aguas de la polarización, sobre todo ante los casos de algunos de sus compañeros peloteros que cada vez que abren la boca para opinar sobre política, terminan abucheados por la mitad de su fanáticada. 

lunes, 23 de junio de 2014

"Estoy burda de arrecho y no me la pienso calar más"


Recientemente transmitieron en televisión por cable la película Network (1976) de Sidney Lumet, fue como verla por primera vez porque no la veía desde que era adolescente, pero hay una escena inolvidable, no importa cuándo se haya visto, que quedó grabada en la historia colectiva del cine: cuando el periodista iracundo, interpretado por Peter Finch, insta a su enorme audiencia televisa a gritar a todo pulmón "I'm mad as hell and I'm not going to take this anymore", que en buen venezolano sería algo así como: "Estoy burda de arrecho y no me la pienso calar más". A los pocos segundos millones de indignados de todos lados de los Estados Unidos comenzaron a asomarse desde sus ventanas para gritar a coro su hartazgo nacional. 
En la actual Venezuela sería imposible que un periodista en televisión pueda hacer comentarios adversos al Status Quo oficialista. Tras la muerte de Chávez, su heredero Nicolás Maduro -sabiendo que carece del don de liderazgo de quien lo impuso en el poder en su última alocución presidencial- amenazó en cadena nacional cerrar a aquel medio radioeléctrico que incurra en el delito de "perturbar la paz y apoyar a golpistas". Apretar aún más las tuercas de la censura fue una de las primeras obras de gobierno del "primer presidente chavista".
No hizo falta un periodista iracundo en alta sintonía nacional para que millones de venezolanos este febrero del año 2014, con mayor o menor contundencia, saliéramos a la calle a gritar: "¡Estamos burda de arrechos y no nos la calamos más!", eso que se llamó #lasalida, que algunos vimos como un movimiento de descontento social que estando gran parte del país todavía ligado emocionalmente con el pensamiento oficialista, no tenía muchas posibilidades de éxito a corto plazo. Aunque parezca contradictorio ambos puntos de vista los escribo en primera persona en plural porque participé tanto en la euforia como en la duda.
En junio 2014 Venezuela está de regreso a esta tensa normalidad, normalidad que implica acostumbrarse a vivir con miedo, represión y desabastecimiento. Imposible calibrar cuáles son los porcentajes de hartazgo en la población nacional, sobre todo cuando en los hipermercados socialistas nos topamos a diario con cientos de venezolanos -niños pequeños incluidos- algunas viejitas guarecidas del sol bajo sombrillas, esperando pacientemente hacerse de los productos que en cualquier país, hasta naciones de endeble estructura económica, no hay problema para conseguir.
En los mercados no socialistas también se hacen grandes colas cuando aparece uno de esos productos regulados que en Venezuela ya nos acostumbramos a no encontrar en los anaqueles: leche, harina, aceite, arroz, azúcar, café, papel higiénico... entre una larga lista a la que todos los días se les agregan nuevos productos.  Hay quienes orgullosos decimos que no vamos a hacer cola ni muertos, pero hay ocasiones que no queda otra, por ejemplo, ¿cómo hace una madre de niños pequeños si escasea la leche, o una señora que se redondea con la repostería cuando aparecen el azúcar y la harina, o una familia cuando solo queda en casa un rollo de papel toilet?  El venezolano que en este año 2014 asegure que no ha hecho largas colas para comprar algún producto en escasez, es porque o trabaja en un supermercado, o está en las altas esferas del Gobierno, o porque tiene a alguien que haga la cola por él. 
Viendo la reacción en cadena del hartazgo que sí fue televisado en Network, recordé une testimonio que alguien compartió en facebook la semana pasada de una profesional que en camino al trabajo se dio cuenta que en el mercado de su vecindario acababan de sacar un producto que hacía tiempo no conseguía. Hizo lo que hoy está costando horas productivas por doquier, se detuvo para comprar aquello que en su hogar carecían, qué remedio si esta diligencia representaría llegar tarde al trabajo además del fastidio de tener que hacer más de una hora de cola por algo así como conseguir aceite o papel toilet. 
Pero la profesional tenía un método de protesta personal, haría su cola blandiendo un cartel que llevaba guardado en la cartera donde expresaba su inconformidad ante la humillante situación económica que vive el país. No había terminado de sacar el cartel cuando una señora en la cola le exigió que lo guardara, en su presencia nadie iba a enchavar al gobierno, si estaba tan descontenta en Venezuela, ¿por qué no se iba para Miami? En pocos segundos la cola del mercado se volvió en un atajaperros dividido en partes iguales entre quienes están hartos y no se la piensan calar más; quienes de lo único que están hartos no es de las colas ni de la escasez ni de la inseguridad sino de los escuálidos queriendo sabotear a la Revolución; y quienes están hartos de las colas y de los pleitos entre gobierneros y opositores pero se los calan indiferentes porque no les gusta meterse en problemas. 
La censura llega hasta el supermercado: la seguridad le pidió a la señora del cartel de protesta que lo guardara para evitar problemas. 
Al final en Network la indignación pública despertada por el periodista enardecido no llegó a nada, las fuerzas a las que se enfrentaba sabían manipular la atención de la opinión pública hacia otro tema más jugoso.  Claro que los indignados en Network no lo estaban por temas tan inmediatos como el miedo, la represión y la escasez que golpea a todos por igual en Venezuela, No creo que aquí la indignación se vaya a apagar así de fácil, solo falta esperar que la balanza se incline de manera irrevocable hacía quienes estamos arrechos y no nos las pensamos calar más.

miércoles, 18 de junio de 2014

Juegos de Tronos


Horas después del emocionante enfrentamiento entre “La Montaña que Cabalga” y la “Víbora Roja” para definir la suerte del enano Tyrion Lannister, cuya vida dependía del juicio por combate entre estos dos dispares luchadores, los movimientos de piezas de los juegos de tronos de la Historia Contemporánea del siglo XXI, juegos que nada tienen que ver con la fantasía, resultan casi tan sorpresivos, y hasta más arbitrarios, que la maravillosa ficción de George R.R. Martin en la serie de HBO:  “Game of Thrones”.
 Por ejemplo el pasado lunes el rey de España, Juan Carlos I de Borbón, sorprendió a sus súbditos con la noticia de su inminente abdicación al trono a favor de su hijo Felipe.  Una serie de escándalos conocidos por cualquier lector de la prensa rosa, además de los achaques de salud propios de la edad, obligaron a un rey que fue pieza clave en la instauración de la democracia en España, 39 años después a terminar su reinado para tratar de salvar la monarquía española –hoy más que nada simbólica- de un posible punto final.
Estas monarquías modernas son casi tan sui generis como aquella de la frontera medieval donde una reina púber conquista territorios amparada por tres dragones adolescentes. Pareciera igual de fantasioso narrar la historia de un rey en el siglo XX impuesto por un tirano, que sin embargo llegaría a ser clave en instaurar la democracia en España. 
Pero por más lectores de la revista ¡Hola! que podamos ser, cuesta hasta al más farandulero de los venezolanos entender la noción de una familia que por derecho de nacimiento hereda el poder, nuestra cultura no es monárquica. O no lo era. En mi juventud hubiera podido pecar de optimista y asegurar que los venezolanos a fuerza de décadas de lucha contra tiranías y caudillismos, llegamos a ser una cultura demócrata, con sus defectos y bemoles, pero Democracia al fin, donde no solo el voto secreto y universal, sino también la separación de los poderes ciudadanos, como una Fuerza Armada sin beligerancia política, garantizaban que ya no podría haber tiranía posible en nuestro país.
Por lo visto que al igual que Sansa Stark, yo era una chica ilusa con la cabeza llena de mariposas, en mi caso por apostar que en el siglo XXI las monarquías y las tiranías serían cuestión del pasado.  
Mientras tanto en el juego de tronos en España entra un nuevo contendor que gana adeptos prometiendo emular el camino de la actual República Bolivariana de Venezuela y los caudillos que la gobiernan. “Democracia participativa” la llaman, siempre y cuando quien participe acate sin chistar las ordenes de la tiranía. Ejemplo de esto en Venezuela son los fallos judiciales que siempre-siempre complacen al régimen chavista, como el madrugonazo de la jueza Adriana López, quien a las tres de la mañana del pasado jueves dictaminó que había méritos para enjuiciar a Leopoldo López y a cuatro estudiantes detenidos por  “instigación a la violencia”,  delito que se paga hasta con diez años de prisión.
En la ficción, Tyrion Lannister es acusado de regicidio por su padre,  pero  por lo que de verdad se le juzga es por ser diferente a su apuesta familia. El Enano sabe que no será exonerado ante la parcialidad de un jurado convocado por quien lo aborrece, por eso exige un juicio por combate jugando su vida en la agilidad de Oberyn, la víbora roja. Si ante la justicia de los hombres le consta a Tyrion que no tiene chance, solo le queda apostar ante la justicia divina.

En el juego de tronos de la actual Venezuela no tenemos juicio por combate, pero si la determinación de millones de venezolanos de luchar hasta la última instancia por romper con el cerco de la tiranía.

Artículo publicado en la página Web de El Nacional porque en Venezuela no hay papel

lunes, 16 de junio de 2014

El Día del Padre en las redes sociales



Prefiero la celebración del Día del Padre que la de la Madre en las redes sociales, sobre todo en Instagram y Facebook, y no es porque tenga el Electra más exacerbado que el Edipo, es porque el Día de la Madre se presta a la cursilería,  al sentimentalismo fácil. Las redes sociales se llenan de ramos de flores, pajaritos portando lazos, mamás en atardeceres, dulces viejecitas que parecen de utilería; imágenes que acompañan mensajes enaltecedores que celebran a las Madres en su Día.
El método Hallmark lo llamo: es más fácil apelar a una tarjeta comercial, a un mensaje repicado cientos de veces, que escribir un testimonio personal.
Para celebrar a los padres los muros de las redes sociales no se llenan de flores ni de pajaritos ni de viejitas ni atardeceres. Si acaso uno que otro enlace con aquella canción que dice : "Es un buen tipo mi viejo...".  Y así ayer disfruté un mundo cómo muchos de mis amigos rindieron sinceros homenajes a sus padres, y también me enterneció ver cómo muchos de aquellos a quienes conozco desde niños, fueron homenajeados por sus hijos. 
Claro que tampoco faltan frases trilladas como "eres el mejor papá del mundo". Algo así como el 90 por ciento de quienes celebran a sus padres en Facebook aseguran tener, o haber tenido, "el mejor papá del mundo". En caso contrario si su padre fue una pifia, o si tuvieron la desgracia de perderlo de niños, no falta el homenaje a: "la mejor mamá del mundo que fue padre y madre a la vez". 
 Me conmueve cuando se les rinde homenaje a las madres fajadas el Día del Padre. Es un gesto bonito, una manera de no pasar agachado un Día en el que tantos celebran la suerte de haber tenido un buen padre por lo menos hasta pasar la adolescencia. Es más que justo, necesario, celebrar a una madre superestrella a quien le tocó llevar sola la rienda de criar a sus hijos.
Aunque tampoco faltaron aquellas amigas, algunas hasta divorciadas, que se alegraron públicamente de la lotería de haber tenido buen ojo a la hora de elegir al que sería el padre de sus futuros hijos.
Otro detalle que me emocionó, y ayer lo vi repetidas veces en las redes sociales, es de quienes celebraron a sus padrastros con cariño. Algunos por tener la suerte de tener dos padres, o un padre y un amigo respetuoso que es casi como si lo fuera, o de faltarle un padre por la razón que sea pero esa ausencia haber sido llenada con cariño por otra figura paterna.
Pero sin duda que los grandes protagonistas del día de ayer fueron "los mejores papás del mundo" y así vimos llenarse nuestros muros de fotos en blanco y negro, o parecidas a los filtros de Instagram, de papás engominados, hippies, en flux y corbata, papás playeros, papás galanes; y también disfruté de ver a mis amigos, que ya algunos comienzan a ser abuelos, unos cuantos años más jóvenes, con sus niños pequeños. 
Celebré ver las fotos de los papás de tantos panas de siempre, papás hoy ya viejitos, a quienes recuerdo con cariño de cuando tenían la edad que sus hijos tienen hoy; y las fotos detenidas en el tiempo de aquellos que ya no están, porque los papás de tus amigos de adolescencia, de alguna forma, también terminan siendo como tus papás.
Cuánto disfruté las fotos de los papás de aquellos amigos de data reciente, papás que no conozco o no llegué a conocer, de ver a sus hijos de cierta forma reflejados en ellos. 
Así que espero que aquellos que insisten retrecheros que este tipo de euforia en las redes es tremenda pavosidad,  que qué le voy a hacer, gozo un quintal con esta bacanal de papás.