viernes, 7 de abril de 2017

Ya es hora de que sea domingo



"What a difference a day makes" es la versión en inglés del bolero "Cuando vuelva a tu lado", tema que le valió un Grammy en el año 1959 a Dinah Washington pero que yo conocí en los años 70 en su versión Disco interpretada por Esther Phillips. A mi mamá le encantaba, se la pasaba cantando: "What a difference a day makes, twenty four little hours", hoy recuerdo esa estrofa porque hace apenas una semana escribí una intensidad sobre la actual resiliencia de la sociedad civil venezolana que tras el fallido diálogo, este año 2017 parecía lidiar con vivir en Dictadura de la manera más positiva posible, dadas las circunstancias.
What a difference a day makes, ese mismo viernes horas después de que el Tribunal Supremo de Justicia dictara en desacato a la Asamblea Nacional, mientras la sociedad civil encendía los motores para volver a salir a la calle a protestar,  la fiscal Luisa Ortega Diaz, que hasta ahora siempre había fiscalizado a favor de la revolución, sorprendió a tirios y troyanos denunciando ante semejante sentencia la ruptura del hilo constitucional por parte del Tribunal Supremo de Justicia.
De la noche a la mañana los venezolanos engavetamos la resiliencia y desempolvamos el espíritu de lucha regresando a la calle para exigir lo que en cualquier Democracia sería tácito: separación de poderes, que se cumpla la voluntad de la mayoría que eligió a la actual Asamblea Nacional, y que se establezcan las fechas de las próximas elecciones de Alcaldes y Gobernadores pautadas para el 2017. 
¿Acaso es mucho pedir?
La respuesta desde el oficialismo son amenazas de baños de sangre, soltar a los colectivos, y hasta sacar las kalashnikovs contra quienes se atrevan amenazar el status quo de una banda de delincuentes que una vez dejen de tener el poder absoluto, por más dinero que hayan acumulado, no podrán huir de la justicia internacional.
El más reciente zarpazo contra la Democracia fue dado esta tarde al inhabilitar políticamente por quince años a uno de los principales líderes de la oposición, el Gobernador del Estado Miranda Henrique Capriles Radonsky.
La calle se volvió a calentar, demasiada hambre y desesperanza se vive hoy en Venezuela para que estas sean unas marchas tibias. A pesar de la represión de la Policía Nacional Bolivariana que bloquea a los manifestantes con sofisticados equipos antimotines, la represión todavía no ha sido tan contundente y letal como en las manifestaciones en el año 2014 quizás porque el Gobierno de Nicolás Maduro está en la mira internacional a punto de que la OEA le aplique la Carta Democrática que vendría siendo como el certificado final de país en Dictadura. 
Juega en contra de la oposición que este fin de semana comienza la Semana Santa, ¿se enfriarán las calles? Sería terrible regresar a ese deprimente estado de resiliencia. No soy de quienes desestimo la eventual necesidad de las negociaciones, pero quedó demostrado el diciembre pasado que la presión de la calle jamás se debió abandonar.
Mírenme a mí mandando a la calle y ayer, 6 de abril, en la marcha del rescate del hilo constitucional, opté por quedarme en casa como buena "Guerrera del Teclado". Pero fue por causas mayores, hace un mes me caí de rodillas, un tonto tropezón, no me detuve y seguí caminando. Semanas después persistía el dolor en la rodilla derecha, fui al médico quien aseguró que no tenía un hueso roto, pero debía mantener reposo, hielo y cataflam.
 Y en estas marchas ya no se va como si se tratara de una verbena del San Ignacio, una no sabe cuando va a tener que echar a correr, la del cuatro de abril para acompañar a los diputados a la Asamblea Nacional, desde los edificios de Misión Vivienda en la Avenida Libertador lanzaban piedras, basura y excrementos a los marchistas. A mi prima casi le cae un cuñete de pintura en la cabeza lanzado desde uno de esos edificios decorados en la fachada con la firma de Chávez. 
Así que mandé a la familia a la concentración en la autopista Francisco Fajardo y me quedé en casa atenta a las noticias por las redes sociales ya que los medios de comunicación social están censurados. Aproveché para terminar de leer una de las recientes ofertas que encontré en Amazon: "Un largo sábado" entrevista al crítico George Steiner de la periodista Laura Adler editado en español por Siruela.
Esta es mi primera aproximación a uno de los intelectuales más respetados de la actualidad, hijo de judíos vieneses, nacido en Francia en el año 1929, Steiner no se le puede encasillar en una nacionalidad sino en una cultura, la occidental: huyó de Francia con su familia en 1939 cuando su padre se dio cuenta de que los judíos corrían peligro inminente; políglota, melómano, profesor, crítico, narrador, según él mismo autor de unos poemas terribles, a Steiner se le considera sobre todo un pensador. 
A un hombre tan erudito no cualquiera le puede hacer una entrevista, accedió a sostener una serie de conversaciones con Laure Adler, periodista francesa nacida en 1950, consejera cultural del Gobierno de Mitterand, que entre sus obras ha publicado biografías de Hanna Arendt, Simone Weill y Marguerite Duras. Adler cumple a cabalidad su trabajo de periodista llevando una amena conversación con el autor de "Después de Babel" y "Tolstoi o Dostoievski"; la periodista es capaz de hacer preguntas relevantes al erudito, sin caer en provocaciones con algunas de sus respuestas como cuando se burla de ella y de los parisinos en general por dejarse embaucar por ese charlatán que era Sigmund Freud; o cuando sostiene implacable la inferioridad intelectual de las mujeres quizás "porque son más sensatas". 
Ustedes dirán: el país está apunto de ebullición, media Venezuela luchando contra una Dictadura, su esposo e hija tragando gases lacrimógenos, y esta mujer escribiendo un "Steiner para Dummies" en Evitando Intensidades.
Perdónenme si disgrego, es que al final del libro, con la típica tendencia al ombliguismo de la que se nos acusa a los venezolanos, no pude dejar de sentirme identificada con un símil de Steiner, quien es un judío ateo gran lector de la Biblia, la cual considera de los libros fundamentales de la Humanidad. Del Nuevo Testamento dice Steiner haber tomado el esquema: "viernes-sábado-domingo". La pasión y muerte de Cristo el viernes, la incertidumbre y larga espera de sus seguidores el sábado, antes de su resurrección el domingo, que es la recompensa de la fe. 
Ese es un esquema que se repite en tantas circunstancias históricas: "Vivimos la catástrofe, la tortura, la angustia, luego esperamos, y para muchos el sábado no acabará nunca. El Mesías no vendrá y el sábado continuará".
 Lo único que nos ayuda a sobrellevar ese eterno sábado a tantos venezolanos que nos desistimos en darnos por vencidos a vivir en Dictadura, es la esperanza de que tarde o temprano llegará el domingo: "La desesperación y la esperanza son dos caras de la misma moneda de la condición humana". 
Pero ese domingo no llega así de fácil, hay que luchar no solo contra quienes hacen lo posible por evitarlo, sino también contra la desesperación. Favorecer a la esperanza pero sin tregua, con la certeza que este largo sábado de represión, oscurantismo y miseria en Venezuela, habrá de llegar a su fin. 
  

miércoles, 5 de abril de 2017

Ni antibióticos ni pan


A los venezolanos se nos vuelven cada vez más cotidianos los llamados de urgencia por las redes sociales solicitando todo tipo de medicamentos. Mi familia pasó por tan difícil situación la semana pasada buscando un antibiótico para mi papá, de 81 años, quien tras ser auscultado con el oído experto del neumonólogo, le fue diagnosticada una infección pulmonar. Más allá de una insistente tos por la que fue a consulta, la bacteria parecía estar latente porque ni fiebre tenía.
El neumonólogo mandó a hacerle un análisis de la flema para ver con cuál bacteria estaba lidiando, mientras llegaban los resultados de los exámenes de laboratorio que tardarían varios días, para empezar el tratamiento dio tres alternativas de antibiótico para ver cuál conseguíamos, además de varias alternativas para nebulización, protector gástrico, y el único antihistamínico que hoy parece conseguirse en las farmacias de Venezuela: la Cetirizina.
Del tratamiento mandado por el neumonólogo de casualidad conseguimos la cetirizina, la medicina para nebulizar todavía teníamos en casa al igual que omeprazol -afortunadamente porque tampoco se consiguen por ningún lado-, faltaba conseguir alguno de los antibióticos que en Caracas están tan desaparecidos como el pan en las panaderías.
Tras visitar sin éxito varias farmacias de la zona, opté por recurrir a los buscadores de medicamentos en las páginas web de las principales cadenas de farmacias en Venezuela. Qué impotencia cuando escribes cualquiera de las tres alternativas de antibióticos dadas por el doctor, además de los productos para nebulizar, y todos salen con el puntico rojo de "no hay".
Hasta que por fin un puntico verde para uno de los antibióticos recetados salió en el Locatel de Chacaíto. Fui de inmediato pero perdí mi tiempo: me dijeron que hacía semanas que no les llegaba ese antibiótico, debían actualizar el sistema. Lo mismo ocurrió en el portal de Farmarket, el puntico verde para uno de los antibióticos salía en la sucursal de Chacao, esta vez preferí llamar y el farmaceuta me dijo que no me molestara en ir que ese antibiótico hacía tiempo no les llegaba. No entendía por qué el sistema lo ponía en inventario. Igual con unas gotas para la tensión del ojo que una amiga de la familia necesita con urgencia a riesgo de quedarse ciega, me pidió que ya que estaba en la búsqueda de los remedios de mi papá, le hiciera el favor. Glaucotensil D solo salía en el inventario de una farmacia donde al llamar me dijeron que hacía tiempo estaban agotadas.
No quise recurrir a las redes sociales porque hay tanta necesidad de medicamentos que pensé que el antibiótico para mi padre no era una emergencia porque su infección parecía dormida, así que intenté por otra vía: recurrir a farmacias extranjeras que hacen envíos a Venezuela. La primera que llamé fue una farmacia en la Calle 8 de Miami recomendada por unos panas, en su página web se promociona como "solidaria con la crisis de medicamentos en Venezuela". Hasta tienen un número local, pero al decirle a la señora de marcado acento cubano que lo único que requería con urgencia era un antibiótico, me di cuenta que la supuesta solidaridad no llega a pequeños envíos. Insistí que no se preocupara que aprovecharía para pedir también el protector gástrico y el tratamiento de nebulización. Me pidió que le mandara un email con los medicamentos requeridos, que me contestarían a la brevedad posible para hablar de precios.
Y nunca contestó.
Más amables fueron en los portales de Locatel y Farmatodo de Colombia y Miami, que aceptan récipes venezolanos de casi todos los medicamentos con excepción de aquellos que puedan causar dependencia, o aquellos que requieran ser trasladados con refrigeración. Solo hace falta una tarjeta de crédito capaz de pagar con la moneda local de donde se haga el pedido. El problema es que los pedidos tardan como dos semanas en llegar, lo que sirve, para quien pueda costearlos, para tratamientos crónicos, pero no para emergencias que requieran de una disposición más inmediata.
Estaba a punto de agarrar un avión e irme para Bogotá -donde vive mi ahijado quien se ofreció en alojarme- a buscar el antibiótico para mi papá, cuando gracias a una amiga que activó sus redes sociales, conseguí un caja de Augmentin BID, que vencía en enero 2017, pero en estas circunstancias no nos podíamos poner exquisitos.
Lo peor es que al día siguiente de que por fin conseguimos comenzar el tratamiento para mi padre con cinco días de retraso, el doctor llamó para avisar que llegaron los resultados de laboratorio y la bacteria era resistente al Augmentin, se trataba de una bacteria que de despertarse podía ser muy agresiva, había que cambiarle el antibiótico.
Me volvió a dar tres opciones: una intramuscular de una dosis al día(que tampoco se consigue por ningún lado en Caracas) y dos intravenosas de tres dosis al día, de las cuales conseguí sin problema la más cara a un precio que si no fuera por la salud de mi padre, me habría temblado la mano en firmar en dos tarjetas distintas porque en una no se podía, así sería la cantidad. Casi tanto como agarrar el avión a Bogotá, y sin la dicha de abrazar a mi ahijado.
La agresividad del antibiótico tumbó a mi padre como no lo había tumbado la bendita bacteria, perdió el apetito, hay que consentirlo, por eso cuando transitando por La Castellana me crucé con varios Guardias del Pueblo cargando con bolsas de pan canilla, me acerqué a uno, le pregunté dónde las compró, y me mandó a la panadería frente al colegio San Ignacio.
Al llegar se habían acabado las canillas pero quedaba un pan redondo entre sobado y campesino a 1400 bs. Tenía que pagar primero, y después me daban el pan. Cuando factura en mano fui a buscar mi pan redondo, un uniformado de verde se llevaba un par de canillas. Fue entonces que me di cuenta que a un lado, semi escondidas, había una sección de canillas guardadas de a dos en bolsas marrones. Pregunté si acaso estaban reservadas para clientes VIP. El muchacho me contestó sin disimulo: "Esas son para los soldados".
¿Qué nos queda? Seguir luchando y no resignarnos a vivir en un país sin medicinas, y donde el pan esté reservado al yugo militar.

jueves, 30 de marzo de 2017

De la esperanza a la resiliencia


En Venezuela la palabra de moda es "Resiliencia", hoy pareciera que suplanta la frase "Lucha Demócrata", después del optimismo que marcó a la oposición tras las movilizaciones de calle de fines del año pasado exigiendo un referendo revocatorio, cuando sentimos que la vía para retomar el  hilo constitucional podía estar cercana, este año 2017 se volteó la moneda y muchos venezolanos lejos de optimistas nos sentimos "resilientes", aprendiendo a llevar la Dictadura de Nicolás Maduro de la manera más positiva y perseverante posible en medio de tantos abusos y carencias. 
Para mi esta palabra es nueva, tan nueva que al escribir resiliencia en la computadora el corrector la subraya en rojo como si no existiera en castellano. Hasta el año pasado no recordaba haberla oído, la primera vez que lo hice fue en inglés: "Resilience", así se titulan las memorias de Jessie Close, la hermana de Glenn Close quien tras años de batalla logró aprender a vivir de la manera más positiva posible con la enfermedad mental que la aqueja desde joven. Por eso cuando empecé a a oír con regularidad la palabra resiliencia relacionada con la actual crisis política en Venezuela, pensé que sería un anglicismo, pero la doctora Diana Risquez me aseguró que es un término de uso frecuente en psiquiatría. El Diccionario de la Real Academia Española define Resiliencia como "la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o estado o situación adversas".
Sin llegar a los extremos de la edulcorada película de Roberto Begnini: "La vida es bella", para los venezolanos para quienes emigrar no es la vía, si bien es cuesta arriba ser feliz en tiempos aciagos, tampoco debemos sacrificar nuestras pequeñas alegrías, sumirnos irremediablemente en el victimismo y en la depresión.  
No hay que confundir resiliencia con resignación: la resiliencia es no dejarse hundir por las circunstancias, la resignación es aceptarte como hundida. 
La Polar al mando de Lorenzo Mendoza es el mejor ejemplo de resiliencia en Venezuela,  mientras el gobierno revolucionario busca con inquina asfixiar a una de las empresas más exitosas y de trayectoria más nítida en nuestro país, la Polar no se rinde a los embates de un Gobierno ineficaz, siempre buscando la vuelta para no dejarse amilanar en su afán de producir en lugar de destruir. Y sin necesidad de caer en la adulancia. 
No solo Empresas Polar ha dado lecciones de resiliencia, este año se le dio oxigeno a la Literatura Venezolana gracias a la convocatoria en marzo de Filcar en la isla de Margarita, donde durante una semana se reunieron narradores y poetas. O en eventos más íntimos como la convocatoria de  Carlos Sandoval y Violeta Rojo una vez al mes en la Librería El Buscón para conversar con admirados escritores nacionales, como el pasado miércoles 24 de marzo que nos reunimos con Victoria de Stéfano en una agradable tarde de lluvia en la cual la ganadora del premio de la Crítica 2011 por la novela Paleografías, hizo un recorrido de su vida y obra a librería llena.  
Otro maravilloso ejemplo de resiliencia ocurrió el domingo pasado en el maratón de la CAF, cuando miles de deportistas tomaron esta Caracas tan peligrosa, e inundaron por las redes sociales sudorosas fotos de meta cumplida.  
No faltará quienes digan, sobre todo quienes hoy viven fueran, que en las actuales circunstancias en las que vivimos en Venezuela, en medio de tanta inseguridad, hambre, represión, políticos presos, crisis de salud y escasez de medicina; mostrar cualquier pequeña alegría cívica es darle oxigeno a un régimen perverso, pero precisamente en estos momentos en los que la dirigencia política de la oposición parece estar en modo pausa, hoy cuando el TSJ vuelve a dictar sentencia contra la posibilidad de vivir en Democracia, quienes aquí seguimos y de aquí no nos vamos, debemos encontrar motivos para sobrevivir tanto descalabro de país sin caer en la más intensa depresión y sacar fuerza para continuar en la lucha contra un régimen forajido. 
Después de todo, la desesperanza es el mejor alimento de las Dictaduras. 

lunes, 13 de marzo de 2017

La abuela Jojó

En los últimos años de vida a mi abuela Elisa cada vez que le preguntaban cómo se encontraba, solía responder: "¿Cómo quieres que esté? Jojó, ¿sabes lo que es jojó? ¡jodida!".
 Sus hijos se molestaban, no tanto por oír a la abuela después de vieja diciendo groserías, sino porque nadie quería admitir que nuestra viejita de salud de roble pudiera alguna vez sentirse mal. Parte de la extensa filosofía de vida de mi abuela materna, que murió en Caracas el pasado miércoles 8 de marzo a los 97 años, era no ir al médico: "Viejo no se curucutea porque algo le tienen que encontrar". 
En la novena década de vida mi abuela -descendiente de corsos nativa de Carúpano- logró contra todo pronóstico superar problemas de salud que incluyeron enfermedades tropicales como Zika y Chicunguya, deshidrataciones, neumonías y hasta un cáncer que se manifestó con un tumor maligno en el cuello, que además de radiaciones que la oncóloga pensó no sobreviviría, finalmente la señora que la cuidaba, Magaly, logró reducir a punta de un menjurje de sábila que le consiguió uno de mis tíos. Tantas veces pensamos que Lelela no saldría de esta, que cuando volvíamos a llamarnos en familia para decir que la abuela se estaba muriendo, la respuesta solía ser: "¿Otra vez?". 
Tres de mis abuelos lograron superar la barrera de los 94 años, me consta que por más amor que se le tenga a la vida, llega un momento en la vejez que se está cansado de vivir: se es casi el último eslabón de sus contemporáneos, generaciones más jóvenes comienzan a morir de males relacionados con la vejez, el cuerpo no responde, y si conservan el don de la lucidez, se preguntan si la muerte acaso se olvidó de ellos. Mi abuela amenazaba con tomar medidas drásticas ya que la muerte parecía haberla olvidado, como tirarse frente al primer carro que pasara. Yo le decía riendo: "Ni se te ocurra Lelela, que con la suerte que tienes, capaz no te pasa nada y se mata el pobre conductor". 
Hasta Henrique Capriles Radonsky se preocupaba por el bienestar de mi abuela, vivían en la misma calle y cada vez que el gobernador del Estado Miranda encontraba a la viejita tomando sol en el jardín en el exterior de su casa, se detenía a saludarla, la abrazaba, y le advertía a Magaly que tuviera cuidado no fueran a secuestrar a la abuelita. No tenía Capriles nada de qué temer, varios encuentros con malandros logró sobrevivir mi abuela como hace un par de décadas cuando intentaron robarle la cartera caminando por la calle La Cinta de Las Mercedes, aunque era una mujer menuda, Lelela logró repeler a los malandros, malandros light de la IV República que los de esta V República matan ancianos sin piedad alguna. 
Mi abuela no le tuvo ni siquiera miedo a esta V República, nunca le gustó Hugo Chávez y temía por el futuro de sus descendientes en la Venezuela socialista que se asomaba, pero ella decía que los países comunistas se ocupan de los viejos, de los jóvenes de su familia se fuera el que quisiera, que ella estaría bien. 
En ese bienestar social no acertó Lelela a pesar de la sabiduría de los años, después de todo este Socialismo del Siglo XXI no se ocupa de sus viejos, mi abuela sufrió los embates de la maldición socialista en varios aspectos: una propiedad que era su principal patrimonio estuvo a punto de ser expropiada en diciembre 2015 tras un saqueo oficial que llevó a la ruina a varios comerciantes. Y si eso solo les inspira un "vieja capitalista", mi abuela no pasó lisa a la actual escasez que afecta a todos los venezolanos por igual: aunque su salud de hierro logró que Lelela llegara a los 97 años con un consumo mínimo de medicinas -además que había que hacer magia para conseguirle artículos como papel higiénico, café, azúcar, avena, leche y Harina Pan- en su etapa final cuando agarró cama, sufrió de dolorosas escaras difíciles de combatir porque en Venezuela hoy no se consiguen los parches para aliviarlas. 
Como tantos ancianos venezolanos, Lelela murió con su familia dispersa por el mundo, aunque cuatro de sus cinco hijos aún viven en Venezuela, solo tres de sus dieciséis nietos seguimos aquí -apenas cuatro nietos pudimos estar presentes en su despedida-, sin contar tantos de sus bisnietos que por nacer lejos no llegaron a ser cargados por Lelela. 
Pensar que hace más de dieciocho años cuando Lelela decía: "No sé preocupen por mí que en los países socialistas cuidan a sus viejos", todos sus hijos, nietos y bisnietos vivíamos en Venezuela y ni soñábamos que algún día seríamos una familia dispersa por el mundo. 
Su velorio fue íntimo, como privada fue mi abuela, solo los pocos familiares y amigos que se enteraron nos acompañaron en una misa en el cementerio que dio un cura muy joven con unas palabras bonitas y sencillas celebrando la vida de Elisa, la bendición de haberla tenido con nosotros tantos años, que haya muerto en su cama si bien con sus nietos y bisnietos repartidos por el mundo, con su familia completa. 
Me gustaría ser más intensa y decirle a Lelelilla una de esas frases comunes que hoy sirven para  la despedida final como "¡vuela alto!",  pero de Lelela heredé eso de evitar intensidades, me la imagino desde donde esté, exclamando otra de sus frases favoritas: "¡No seas tan pendeja!".

jueves, 26 de enero de 2017

Zootopía Venezuela

                                                   
                 

                                                                               I

Entre las películas animadas nominadas al Oscar 2017 está Zootopia, película de Disney que nada tiene que ver con las típicas historias de princesas, es un policial protagonizado por una ambiciosa conejita decidida a enfrentarse con los inevitables estereotipos para llegar a ser policía.  
Zootopia (Zootrópolis en español) es un microcosmos donde cada quien debe resignarse a seguir el camino indicado por su supuesta naturaleza: los zorros siempre serán astutos y oportunistas, las perezas lentas y dispersas, los leones acostumbrados a ejercer el poder, y las conejitas mansas y crédulas. Sin embargo la conejita Judy está dispuesta a romper patrones, aunque la vida insista en demostrarle lo contrario, como cuando recién comenzada su carrera policial cae en la trampa de un zorro timador que apeló a sus buenos sentimientos y a su ingenuidad de coneja, para sonsacarla en una heladería donde no le querían servir helados.   
La semana pasada me sentí la conejita Judy en la heladería de Zootrópolis cuando fui al Mercado de Chacao para hacer mis compras post decembrinas. Esperando turno frente a una de las carnicerías, impresionada de cómo habían subido los precios en menos de un mes, a mi lado se paró una ancianita desdentada suplicando que le brindara "un poquito de carne". 
Si me hubiese pedido dinero seguro se lo habría negado, pero viviendo en esta Venezuela donde se está pasando hambre, donde parte del paisaje urbano se ha vuelto ver a hombres, mujeres y niños hurgando la basura en las urbanizaciones para ver qué consiguen; en esta Caracas de miseria palpable si una ancianita me pide un poco de carne de la mía, yo no tengo corazón para negársela, por eso pedí para ella medio kilo de carne molida porque mientras se pueda, por mi una viejita no se quedará sin almorzar ese día.  
Atendiendo mi pedido el joven carnicero se dio cuenta de la presencia de la ancianita: "Ahí está la vieja del coño otra vez" -le dijo a su colega - "¡Sale vieja, no estés molestando a la clientela!". 
En ese momento me sentí con la rabia de la conejita Judy enfrentada al heladero que espanta al zorro: "Déjala tranquila que yo le voy a brindar su bojotico de carne a la doña". 
"Si eso es lo usted quiere" me dijo el joven carnicero conteniendo la rabia, "pero ahí donde usted la ve esa doñita es una abusadora, mire la bolsa que carga, en esa bolsa tiene más carne de la que usted se está llevando porque a todo el que viene por acá a comprar le pide, y con el cuento de pobre viejita, nadie le dice que no". 
La verdad es que la señora llevaba al hombro un enorme saco de compras que a duras penas podía cargar, pero ya yo le había ofrecido su paquetico de carne molida, y como soy mujer de palabra, no me quedaba sino cumplir. Cuando le entregué el bojotico de carne molida a regañadientas del carnicero, la viejita sonrió dando las gracias con su sonrisa desdentada, mientras sus ojos decían burlones: "¡Coneja! ¡Coneja!".
El carnicero me entregó el resto del pedido en una bolsa considerablemente más pequeña que la que se llevaba la doña. No se ahorró un comentario entre sarcástico y triste mientras le entregaba una propina en devaluados billetes de a cien: "Para la próxima si quiere regalarle carne a alguien, regálemela a mi, que tengo hijos en casa, trabajo todo el día como un burro, y apenas me alcanza para llevarles de comer". 

                                                                               2



Esta es una historia de cachorritos a quienes la gente se disputa, y perros abandonados que nadie parece querer sino los activistas de los derechos de animales, que tampoco es que que se pueden llevar a todos los perros callejeros a vivir con ellos. 
Mis cuñados viven en una casa alquilada desde hace unos meses, se mudaron con otra inquilina incluida: una hermosa perra labrador llamada Trufa, señorita canela joven, bonita y educada que de inmediato fue adoptada por mis sobrinos adolescentes. La verdadera sorpresa llegó semanas después cuando se dieron cuenta que Trufa a su vez tenía inquilinos: estaba embarazada, no se sabe en qué circunstancias ni qué mezcla de cachorros saldría de semejante desliz. 
En diciembre Trufa parió una camada de nueve cachorritos multicolores, los había crema, marrones y negros. Quedó claro al verlos quién era el padre de las criaturas: el Labrador de la casa vecina, una paternidad irresponsable porque los propietarios del perro no quisieron saber nada de los cachorritos, pero por ser cachorros pura raza de Labrador no hubo ningún problema en conseguirles futuros hogares de adopción, a ser repartidos una vez que Trufa los destetara.  
Durante todo diciembre tuvimos noticias de los encantadores perritos, quiénes los adoptaron, cuándo se los llevarían. Por Whatsapp en Margarita a cada rato recibíamos fotos de los animalitos que parecían unos peluches. Hasta yo, que no soy de mascotas, me provocaba adoptar uno. Qué contraste la suerte de estos cachorros con los desafortunados perros callejeros de la isla. Así será la invasión de perros en Margarita, que las carreteras están llenas de vallas implorando no atropellar a los perros que deambulan por las vías. 
Si en Caracas los conductores debemos ir esquivando huecos, en las carreteras de Margarita hay que ir esquivando perros famélicos en las carreteras. A menos que se tenga un toque de psicópata no creo que haya quien le tire el carro a los macilentos perritos solo por el placer de matarlos, pero hay que reconocer el peligro que implica frenar súbitamente en la mitad de una vía pública para evitar esquivar a un animal. 
Una muestra más de la miseria actual que vivimos en Venezuela es la cantidad de mascotas abandonadas por sus propietarios, muchos porque si les cuesta procurar alimentos para satisfacer las necesidades diarias de la familia, menos pueden alimentar a sus mascotas. 
Sin embargo en el caso de los nueve cachorritos de Trufa no faltaron familias amigas dispuestas a adoptarlos, por eso sorprendió cuando la semana pasada comenzó a circular una de esas típicas cadenas en las redes sociales ofreciendo cachorros en adopción, amenazando que si no les encontraban familia en las próximas 48 horas, los ahogarían sin piedad. Esa cadena tiene años circulando, lo que la hacía especial es que esta vez venía acompañada por la foto de tres cachorros de Labrador que mi sobrino inmediatamente reconoció como una foto que tomó a tres de los cachorros de Trufa.
Cuesta entender el sentido de las cadenas, barajamos entre familia teorías conspirativas, todas apuntan a la eterna búsqueda de conejos en Venezuela: la posibilidad de adoptar un cachorro fino podría ser un buen señuelo para ser víctima de la inseguridad. Pero yo más bien tiendo a pensar que se trata de publicidad engañosa, ¿cuántas familias estarían dispuestas a adoptar en el acto un perrito labrador, y cuántas familias correrían de inmediato a acoger a un perrito callejero? 
En esta respuesta están los verdaderos amantes de los animales. 



martes, 17 de enero de 2017

Días de Radio


Lo que más detesto cuando mi hija se lleva mi carro no es quedarme sin carro, sino que cuando lo vuelvo a recuperar me cambió la estación de 99.9 -la comprendo, es una estación de adultos contemporáneos que hasta la música suele ser de los años 80-  para sintonizar una estación juvenil. Puede que disfrute oír Rawayana o Bruno Mars de vez en cuando, pero los locutores a veces son de un tonto que exasperan casi tanto como estar atrapada en un tráfico con Maduro encadenado. 
"No exageres que contra las cadenas de Maduro solo queda apagar el radio, en cambio contra las gracejadas con cambiar la estación tienes", dirán ustedes, pero así como el presidente Gerald Ford no tenía la coordinación para caminar y mascar chicle a la vez, yo soy incapaz de conducir y encontrar una estación que me gusta. Debo esperar a que me agarre un semáforo en rojo, o quedar atorada en el tráfico, para regresar a César Miguel Rondón, Román Lozinski o a los amigos de Prodavinci en Agenda Éxitos. 
Te das cuenta que estás echa una carcamal cuando añoras la época cuando en Venezuela solo había radio AM, nadie menor de cuarenta años sabe lo que es eso de la amplitud modulada, que así como en la niñez de sus padres no existía tv por cable, ni Internet, ni dvd, ni siquiera tv a color, apenas tres  canales en blanco y negro y los niños nos sentíamos contentos de ver Los Picapiedras y El Zorro, una y otra vez; la radio no era más moderna, la oferta de estaciones era mucho menor que la actual, accesible en el dial que era automático con botones, nada digital que se desintoniza cuando se descarga la batería del carro.
 Dime que oyes y te diré quién eres, yo de chama sabía que todos los lunes cuando me llevaran a almorzar en casa del bisabuelo lo encontraría sentado en una poltrona oyendo Radio Rumbos o Radio Reloj Continente: "Luis Navarro, de Barquisimeto, llegó a Caracas y quiere saber dónde está su hermana Aminta Navarro, tiene ocho años sin saber de ella... ding dong... se quedaron sin agua los vecinos del Bloque Cuatro de Casalta..."; para mi mamá Radio Capital y su vecina Radio Caracas eran lo que para mi hoy es 99.9, estaciones Pop con buenos disc-jockeys a quienes sentía amigos sin conocerlos; los panas que sintonizaban Radio Nacional o Radio Difusora Venezuela eran melómanos exquisitos frente a quienes una se reservaba comentarios como "¡Qué arrecho el último disco de Phil Collins!"; los románticos que disfrutaban de baladistas como Amanda Miguel, Camilo Sesto y Emmanuel, oían Radio Sensación; quienes iban al aeropuerto para viajar o buscar un familiar, sintonizaban Radio Aeropuerto para saber la puntualidad de los vuelos.
Yo no tenía remilgos con ninguna de esas estaciones, las oía todas (bueno, menos Radio Rumbos y Continente, no me las voy a dar de popular) aunque era más del tipo "sin par" que si me ponían a escoger optaba por Éxitos 1090, la estación Pop por excelencia, con poco espacio para la nostalgia y cuyos Djs se limitaban a anunciar el nombre de la canción y el artista que la interpretaba. No pelaba a las seis de la tarde el recuento del día: Las diez grandes del color.
Todavía lo que más me gusta de la radio es oír música, mientras más música mejor, pero comenzando la década de los ochenta me dejé enganchar por los encantos de un divertido locutor cuando todas las mañanas me levantaba la diana en Radio Capital y el grito del Sargento Full Chola (Juan Manuel La Guardia): "¡A despertarse guerreros!". En el carro, camino al colegio, en lugar de semidormida con una balada de los Bee Gees, los chistes y personajes de Full Chola lograban que fuera riendo a carcajadas aunque me esperara un examen de Latín. Entre las muchas certezas que tenía en mi adolescencia, comenzar el día con Full Chola era una de ellas.
Ya he escrito sobre el tema de los cambios de la radio en Venezuela entre los años 80 y la época actual, dirán que así me estaré poniendo vieja que comienzo a repetirme, pero es que el pasado jueves 12 de enero fui a hacerme unos exámenes médicos de rutina, y me deprimió constatar cómo en la Clínica La Floresta la mayoría de los consultorios están cerrados con llave aún en horas de consulta. Contaba una enfermera que ya los malandros no respetan ni las clínicas, entran a los consultorios y roban a quienes están en la sala de espera, sin perdonar al doctor ni a la enfermera. Cuando al ver mis exámenes de colesterol el internista me sugirió que una manera de controlar los triglicéridos es prescindir del vodka diario, le dije que imposible sobrellevar los sobresaltos de esta Venezuela revolucionaria a palo seco.
Y no insistió.
Por eso ese mediodía quizás estaba más que enervada, con poca paciencia para las pajuatadas que a menudo se oyen en la radio, como una absurda discusión sobre qué asco ponerle piña a la pizza. Y así como tenía la certeza en la adolescencia que de lunes a viernes me despertaría con la diana del Sargento Full Chola, una de las pocas certezas que tenía en esta decadente Venezuela era que el tráfico del mediodía se haría soportable gracias a Albani Lozada y Ramón Pasquier en Agenda Éxitos por 99.9, sobre todo si coincidía con los amigos de Prodavinci: Ángel Alayón y Willy McKey. Pero como en la segunda semana de enero el tráfico caraqueño fluye, ese jueves después de surfear por una estación que exalta las bondades revolucionarias, otra evangélica, y un regatón, aterricé en una estación de música Pop sin locutor gracejo mediante, y ahí me quedé hasta llegar a casa.
Esa noche una triste noticia se hizo viral en las redes: Ramón Pasquier, quien hasta diciembre siguió en su programa radial con la profesionalidad que nos tenía acostumbrados, acababa de fallecer víctima de un cáncer con el que había batallado durante los últimos tres años, batalla que como buen periodista que evita ser noticia, decidió llevarla en privado.
No se hicieron esperar los múltiples homenajes en las redes sociales a Ramón Pasquier: como locutor, como periodista, como amigo. Me entero que Pasquier tenía 52 años, era casi mi contemporáneo, no aparentaba llegar a los cuarenta, no solo por su físico sino también por su voz que no perdió la inflexión juvenil. Ante el dolor por su partida de tantos amigos en común que lo exaltaban como un profesional integro, mordaz, inteligente, culto, muy querido; me doy cuenta que aunque no lo conocí personalmente, detectaba en él a uno de los míos, es decir, a un evitador de intensidades, un periodista que a pesar de los difíciles tiempos que corren, luchó con sobriedad y humor por no perder el control de las emociones, hasta en sus momentos finales, sabiendo llevar a quienes lo escuchábamos diariamente por la radio una correcta combinación de buen análisis de acontecer nacional, con cultura, interesantes entrevistas, sin faltar la dosis pop.
Por eso sin conocer personalmente a Ramón Pasquier, lamento tanto su partida por encontrar en él y en sus compañeros de trabajo en Agenda Éxitos, profesionales que valoran la inteligencia sin convertirla en ladrillo, la hacen amena, calibran el caos sin dejarse llevar por la desesperanza, no se rinden ante los bárbaros.
Hoy al mediodía sintonicé la radio en mi carro antes de salir de casa, en lugar de encontrar las voces de Albani y de Ramón, encontré solo música Pop. Comprendo que Agenda Éxitos esté de luto por la perdida de uno de sus anclas. Solo espero que Albani y los amigos de Prodavinci pronto estén de regreso al mediodía, para hacernos más sostenible el estrés de vivir en Caracas, y aunque Ramón Pasquier sea insustituible, que la radio no se apague porque qué mejor homenaje a su carrera que en un país en tinieblas, seguir su ejemplo de cultura, inteligencia y sobriedad.

martes, 10 de enero de 2017

"Ese no es problema tuyo"


"Ese no es problema tuyo", le dio a Celso por contestar en una época. Por ejemplo si le preguntaba:
"¿Dónde está Luz?", contestaba:"Ese no es problema tuyo"
"¿Van hoy a Playa El Agua?"
"Ese no es problema tuyo". 
"¿Trajeron hallacas este año?"
"Ese no es problema tuyo". 
Me provocaba ahorcarlo. "¡Qué antipático!" le decía, pero a él le parecía comiquísimo e insistía con la fracesita hasta que terminé acostumbrándome, porque después de cada antipatía soltaba una carcajada y me daba un abrazo de oso polar, terminaba yo con la cabeza incrustada en su pecho canoso, y Celso diciendo: "No te arreches carajita que tu sabes que yo a ti te quiero mucho". 
Lo peor fue cuando mi marido hizo un amago de imitarlo con lo de: "Ese no es problema tuyo", tal fue mi furia la primera vez que me soltó esa gracejada que no la volvió a decir, porque él sabía que lo que a nuestro vecino en Margarita se le toleraba, no se le toleraba a más nadie porque Celso era como un cachorro gigantón que un momento te provocaba ahorcarlo porque acabó con tus zapatos preferidos, pero al rato se hacía perdonar de puro zalamero. 
Celso, su esposa Luz Elena y sus dos hijas, Carlota y Sofía, eran lo más cercano a nuestra familia en Margarita aunque ni viviéramos en Margarita, ni éramos familia; pero teníamos casi veinte años compartiendo vacaciones en la isla en un condominio donde nos acostumbramos a estar como en un pueblo, con las puertas abiertas todo el día. 
Si bien rara vez en Caracas nos veíamos por vivir en polos opuestos de la ciudad, en Margarita éramos los mejores de los amigos y nuestros hijos crecieron como primos celebrando juntos más de una Navidad. Casualidades de la vida que el fatídico mensaje lo recibí este diciembre recién aterrizando en el aeropuerto Santiago Mariño: Celso estaba en terapia intensiva tras haber sido agredido la noche anterior por  delincuentes que entraron en su apartamento en Caracas. Su estado era delicado. En medio del shock ante el violento ataque del que fue víctima nuestro amigo, esperaba que saliera de esta, como había salido de un infarto otro diciembre años atrás al que mi esposo le tocó llevarlo junto con Luz a una clínica en Porlamar para que lo atendieran. Esa misma noche recibimos en nuestra cabaña a su mamá, Teresita, recién llegada de Caracas, para tomarnos juntos unos wiskis para pasar el susto, menos mal que el infarto había sido leve, y su muchacho ya no tan muchacho, saldría de esa. 
Durante la gravedad de Celso este diciembre 2016 nuestra familia lo tuvo siempre presente, sentíamos oírlo llegar a la cabaña con su refresco de piña bajo el brazo porque Celso era abstemio, ni cerveza tomaba, solo refrescos con sabor a fruta. Tantos recuerdos de Celso: de cómo le pidió una probadita a mi niño de su pastelado y se lo comió de un solo bocado, de la madrugada que apareció durmiendo en el chinchorro en la terraza porque se había peleado con Luz, cuando entraba a la cabaña y cambiaba lo que estuvieran viendo los niños en televisión para ver jugar al Magallanes, cuando llegaba a Playa Guacuco la comparsa de Semana Santa y le arrebataba a uno de los músicos el tambor para unirse, sus gritos despertándonos para ir a comer arepas donde los Hermanos Moya, saludando el altarcito de la virgen del Valle que decía era su amiga, cantando alto y desafinado en la misa de aguinaldos... Y no solo nosotros sentíamos nostalgia de las travesuras de ese niño grande, no había en el condominio quien no tuviera una anécdota con Celso, quien no lo recordara jalándole la cola al burro que en Navidades pasadas llevaba a un San Nicolás cargado de regalos para los niños del condominio. 
Ojalá la virgen del Valle intercediera para que Celso también saliera de esta y tenerlo el año que viene echando vaina de nuevo en Playa Guacuco. 
Pero Celso de esta no salió, el 24 de diciembre mi esposo me despertó con la triste noticia que nuestro amigo había expirado la noche anterior. Precediendo a Carrie Fisher y Debbie Reynolds, dos días después de la muerte de Celso, murió su mamá Teresita.

                                                                            II

Celso no fue el único amigo que tuvo una muerte violenta en el año 2016, mi pana Alfonso sufrió un ataque similar a principios de octubre, solo que murió en el acto. 
Alfonso fue un gran amigo de juventud, para mi se quedó de 27 años, igual número de años que no lo veía, no sé ni por fotos cómo lo trataron los años, pero tanto tiempo sin verlo no disminuyó el recuerdo de la intensidad de nuestra amistad que comenzó cuando me rescató de un accidente. Entonces yo estaba por cumplir 18 años, ni siquiera me había graduado de bachiller, regresaba con dos amigos de una discoteca cuando en una curva el chofer perdió el control del carro, y nos volteamos. Yo perdí memoria desde el momento que el carro se volteó hasta el momento en el que entré en mi casa. A la mañana siguiente me desperté con la cara morada, además de un intenso dolor de cabeza,  y le dije a mi mamá:  "Creo que anoche tuve un accidente". 
Después fue que me enteré que Alfonso venía de dejar a su novia -mi prima Cristina que vivía a dos casas de la mía- se encontró con la camioneta recién volteada y se paró para ver cómo podía ayudar, conocía a los muchachos con los que yo estaba y sabía que yo era prima de su novia, ellos le pidieron el favor que me dejara en mi casa aunque según él -Alfonso tenía cierta tendencia al protagonismo, quizás era cierto, quizás exageraba- me quería llevar a una clínica pero mis amigos insistieron que yo estaba bien, tan solo un poco rumbeada (entonces si acaso pedía un destornillador que me duraba toda la noche para que se aguara). 
Así comenzó nuestra amistad que sobrevivió al fin de su noviazgo con Cristina. Más bien se intensificó. Nos hicimos tan amigos que muchos pensaban que teníamos un "resuelve" como se decía entonces a lo que hoy los muchachos llaman "cuadrar", pero nunca fuimos sino amigos del alma, de esos que compartimos rumbas y despechos por igual. Alfonso era estudiante de Derecho, como tres años mayor que yo, alto, desgarbado, con una inteligencia que tendía al cinismo que a ratos lo hacía insufrible, pero la mayor parte del tiempo sabía equilibrar esa natural propensión y era un ameno conversador. Como amigo fue constante y leal, salíamos en grupo a fiestas y a paseos, lo que más recuerdo de nuestra amistad fue la cantidad de veces que amanecimos jugando dominó con los panas. Alfonso decía que yo jugaba tan mal que ganaba porque desconcertaba a los demás. Sospecho que tenía razón. 
Nuestra amistad duró hasta que me casé, poco después desapareció, no solo de mi vida, también de la mayoría de sus amigos. La última vez que lo vi fue en una misa tras la muerte de su madre, ya había nacido mi hija mayor, creo que el también tenía una hija, nos saludamos con mucho cariño, me agradeció la solidaridad, prometimos ponernos al día, pero no nos volvimos a ver. 
Desde entonces Alfonso se convirtió en una especie de leyenda: emigró en los años 90 antes de que fuera usual en Venezuela emigrar, algunos amigos decían que se volvió multimillonario en uno de los primeros negocios .com, que hizo una fortuna como Howard Hughes y que vivía como Howard Hughes, recluso en una mansión en California. Otros decían que vivía en un castillo en las afueras de París. Nadie supo darme noticias ciertas de él, tan sociable que había sido en su juventud, no figuraba en ninguna de las redes sociales. Pero a los amigos de juventud, por más que les hayamos perdido el rastro, siempre conservamos la esperanza de volverlos a encontrar para recordar viejos tiempos, y retomar la amistad donde la dejamos. 
No pudo ser, la noticia sobre Alfonso que jamás habría querido saber me enteré por facebook cuando uno de sus primos compartió que había muerto trágicamente, y no, no murió en una mansión en Sillycon Valley, donde se decía que vivía como un pachá, o en un chateau en Francia, como también se llegó a decir, Alfonso murió en la casa de su familia en San Diego de Los Altos, la misma casa donde tantas veces invitó a sus amigos a preparar parrillas y a jugar dominó. 
Tampoco fui al entierro de Alfonso, estaba de viaje llevando a mis padres a visitar a las nietas que viven lejos de aquí, como tantas familias venezolanas, nietos creciendo lejos de los abuelos, familias separadas huyendo de la violencia de país, violencia que en el 2016 se llevó a dos queridos amigos.
Y si les parece que a esta intensidad le hace falta más detalles morbo, si lo que esperaban era una crónica roja de cómo y por qué, rescato las sabias palabras del inolvidable Celso: 
"Ese no es problema tuyo". 

viernes, 6 de enero de 2017

Bitácora de lecturas 2016











Las intensidades de 2017 iban a comenzar con una intensidad tan intensa, que decidí reservarla para la semana que viene y abrir el año de manera más grata, recapitulando buenas lecturas de 2016, recuento anual que siempre había querido hacer pero imposible por desmemoriada. Gracias a la aplicación Goodreads, especie de bitácora virtual de lecturas, por fin puedo hacerlo. En orden de leídos, estos son algunos libros que disfruté el año pasado.
 
 FICCIÓN:


1-Middlesex de Jeffrey Eugenides (2002-Pulitzer 2003)  un extraordinario primer párrafo resume las siguientes 539 páginas de la novela: "I was born twice: first, as a baby girl, on a remarkably smogless Detroit day in January of 1960; and then again, as a teenage boy, in an emergency room near Petoskey, Michigan, in August of 1974."...  más que una historia sobre identidad sexual, es la saga de una familia de inmigrantes radicada en Detroit, que se origina con un amor prohibido en una aldea griega.
2- Americanah (2013) de Chimamanda Ngozi Adiche-  Me gustó tanto una crónica en el New York Times de la joven escritora nigeriana, que inmediatamente bajé esta, la tercera de sus novelas. Americanahs llaman en Nigeria a las africanas radicadas en los Estados Unidos. La protagonista, Ifemelu, siente el techo muy bajo en su país y emigra a los Estados Unidos, para descubrir que el color de su piel la marcará aún más que el hecho de ser inmigrante. 
3- Los Informantes (2004) de Juan Gabriel Vásquez - el desconcierto de un joven narrador cuando el  más aguerrido crítico de su primera novela es su padre es el tema de la tercera novela del escritor colombiano, que me gustó todavía más que su premiada quinta novela "El ruido de las cosas al caer". 
4- Los Años de Peregrinación del Chico sin Color (2013) de Haruki Murakami: Murakami se repite con historias de jóvenes vulnerables como Tzukuru, universitario que se siente rechazado por su grupo de amigos inseparables sin entender el por qué. Sin embargo es una de las mejores novelas del autor japonés, aunque sin la ambición metafísica de otras de sus obras. 
5 y 6-The Children Act (2014) y Saturday (2005) de Ian McEwan:  El británico McEwan se destaca con los conflictos morales de sus flemáticos protagonistas como la juez en cuyas manos está el destino de un adolescente cuyos padres por motivos religiosos se niegan a someterlo a un tratamiento médico; o las intensas 24 horas en la vida de un neurocirujano y su privilegiada familia londinense, seguridad que se resquebraja ante un inesperado ataque.
7-Una sensación extraña (2013) de Orhan Pamuk: en su más reciente novela el Nobel Pamuk no defrauda retomando a la ciudad de Estambul como coprotagonista en las andanzas de un humilde vendedor ambulante de un brebaje que todo el tiempo imaginé como una espirituosa chicha turca. 
8-The book of evidence (1989) de John Banville: es la primera obra que leo de uno de los más reputados autores británicos contemporáneos, su amoral protagonista quien narra los hechos desde prisión me recordó a los personajes de las novelas de Patricia Highsmith. Sospecho que no debe ser su mejor novela, pero es un buen abreboca. 
9-The Night de Rodrigo Blanco Calderón (2016): leyendo la primera novela de Rodrigo me encontré googleando para saber más sobre Darío Lancini, a quien no tuve la suerte de conocer, ya que de apagones, sociedades en pie de guerra, e intelectuales a medio camino, como buena caraqueña, tengo un master. Es la novela venezolana que más he disfrutado recientemente. 
10-Finders Keepers (2015) de Stephen King: la segunda entrega de una trilogía que comenzó con Mr. Mercedes, al igual que Misery, King describe hasta dónde puede ser capaz de llegar un fan obsesionado por su autor favorito, cuando la obra de tan admirado escritor no sigue el camino deseado. 
11-El murciélago (1997) de Jø Nesbo: aunque tenga veinte años de escrita es mi descubrimiento del 2017 en novela negra, supuestamente El murciélago dista de ser la mejor novela del escritor noruego quien ha desarrollado con éxito la saga del detective Harry Hole, pero la historia de este policía  escandinavo que viaja Australia a investigar la muerte de una joven modelo, deja con ganas de seguir leyéndolo. 
12-Así empieza lo malo (2014) de Javier Marías: ser testigo del derrumbe emocional de una pareja es parte de la educación sentimental del joven protagonista en los primeros años de la España post-franquista.  
13 y 14- La amiga estupenda (2011) y Un mal nombre (2012) de Elena Ferrante: el cuarteto napolitano de la hasta hace poco incógnita escritora italiana fue la moda literaria del año 2016. Las dos primeras entregas sobre la intensa amistad entre Lila y Lenú,  resultaron la perfecta lectura para enchinchorrarse en Margarita para despedir un año difícil, lo suficientemente buenas para emocionar y engancharte, pero no lo suficientemente intelectuales como para agotar demasiadas neuronas.  Quedan para el 2017 las otras dos entregas. 


NO FICCIÓN 


 1 y 2 - The last resort (2009) de Douglas Rogers y Don't lets go the dogs tonight (2001) de Alexandra Fullerviviendo en una Venezuela comparada a cada rato con la Zimbabue de Mugabe, devoré este par de memorias de dos nativos del país africano a quienes desde la llegada al poder de Mugabe se les hace sentir apátridas por el hecho de ser blancos, en un país marcado por la crisis económica, el populismo y la corrupción militar durante ya más de tres décadas.  
3-Aquellos años del boom (2014) de Xavi Ayén:  el biógrafo español escribe con precisión sobre los  escritores del publicitado "boom de la novela latinoamericana" en los años sesenta, haciendo hincapié en Vargas Llosa y  García Márquez. También se esmera en los editores y agentes literarios que hicieron posible este fenómeno.
4-The great moviemakers: The next Generation (2012) de George Stevens Jr.: entrevistas a variados hacedores de cine desde directores y actores hasta vestuaristas y editores de sonido; libraco que se lee con entusiasmo por tan diferentes visiones del arte de hacer cine. Queda pendiente el primer tomo.  
5- Blue Nights (2011) de Joan Didion: La Noche Azul, o el ocaso de la luz cuando está por caer la ineludible noche, es la metáfora a la vida sin esperanza de Didion tras la muerte de su única hija.  
6-The rainbow comes and goes (2016) de Anderson Cooper y Gloria Vanderbilt: escrito como una conversación, quién mejor que su hijo el incisivo periodista de CNN para remover la memoria de la pequeña Gloria ochenta años después del juicio de custodia más famoso de la historia, del que fue inocente protagonista.  
7- No ordinary times: Franklin and Eleanor Roosevelt the home front in World War II (1994) de Dorothy Kearns Goodwin: esta biografía ganadora de un premio Pulitzer sobre una de las parejas presidenciales más populares de la historia de los Estados Unidos, la compré pensando que sería de esos libracos que dejaría en los primeros capítulos, si acaso lo abría, pero este recuento de los últimos años de los Roosevelt en la Casa Blanca, que coinciden con la II Guerra Mundial, me atrapó hasta el final, además de ser el perfecto antídoto para las noches de insomnio. 
8-Wonderful tonight (2007) de Patty Boyd:  No podía faltar un placer pulposo con las memorias de la musa de los años sesenta que inspiró a estrellas del Rock como George Harrison y Eric Clapton. Lástima que mi ídolo Eric Clapton, quien compuso para la linda Patty "Wonderful Tonight", no salga tan bien parado.