lunes, 11 de agosto de 2008

Desierto el humor


Al ver en la edición aniversaria de El Nacional que este año no premiaron al humor escrito, evoqué la noche del 2 de diciembre de 2007, cuando a la espera de que la rectora del CNE, Tibisay Lucena, diera los primeros cómputos de si ganó el Si o el No a la reforma constitucional que daría paso a un Socialismo del Siglo XXI hecho a la medida del presidente Hugo Chávez; lo único que me doblegaba los nervios del momento era los geniales mensajes de texto que llegaban a cada rato por celular. Recuerdo uno de ellos: “El rey Juan Carlos manda a preguntar: ¿Tibisay, por qué no hablas?”.
No soy de quienes reenvian mensajes de texto o cadenas de Internet, pero esta vez lo hice a amigos que imaginaba tan crispados como yo ante la posibilidad de amanecer en un país con un jerarca de poder ilimitado. Así que rompiendo mi regla de cero tolerancia al spam, a medida de que me iban llegando chistes, los reenviaba entre aquellos que pensé podrían agradecer una dosis de humor en medio de la tormenta electoral. Me respondieron varios: “¡Jajaja!”, pero una amiga, a quien jamás habría tomado como cascarrabias, prefirió llamarme por teléfono ante mi falta de compromiso con el momento histórico que vivíamos en Venezuela. Indignada me dijo que si no me daba cuenta que lo que nos estamos jugando no era para risas: “¡Por eso el país está como está, porque todo lo tomamos como una guachafita!”.
Al final triunfó el NO, el pueblo venezolano no aceptó un proyecto totalitario, mi amiga y yo hicimos las paces, pero me quedó un gusanillo por dentro: ¿Acaso el estar contrariados políticamente nos hace perder la capacidad de reír?
Afortunadamente, hasta ahora creo que no, no sólo Venezuela cuenta con humoristas de la talla de Laureano Márquez, Otrova Gomas y Claudio Nazoa; de caricaturistas como Zapata, Rayma, Edo y Weill; de comediantes como Emilio Lovera y Rolando Salazar; entre tantos que logran la proeza de encontrar el lado divertido a los sinsabores que vivimos los venezolanos; sino que además contamos con un ejército anónimo de chispa nacional que a todo le saca un chiste, y comparten su ingenio por Internet o por mensajería de texto, demostrando que por más que tengamos un Presidente que amenace e insulte a los que no se le doblegan, no perdemos la capacidad de encontrar una veta graciosa que ayude a sobrellevar las arduas confrontaciones de los últimos años.
Tampoco se puede negar que tenemos un Presidente con un don particular para la comedia -cuando no anda insultando- a menudo sus comentarios son pintorescos y divertidos. Quienes nunca serán divertidos son aquellos que intentan ejercer el humor adulando al poder.
Pero hoy el indiscutible rey de las carcajadas en Venezuela es un animal que habita en Internet: El chigüire bipolar, una página web donde ni el gobierno ni la oposición se salvan de la mordaz pluma del mamífero roedor, que como dirían las abuelas, no tiene paz con la miseria, cualquiera puede ser blanco de sus chigüiradas. Ejerciendo un humor inteligente sin caer en vulgaridades, el chigüire recuerda aquel antepasado glorioso del ingenio venezolano que fue El morrocoy azul, semanario donde escribían, entre otros, Aquiles Nazoa, Miguel Otero Silva, Andrés Eloy Blanco, Isaac J. Pardo y Kotepa Delgado; colaboradores también de ese gran periódico que es El Nacional que el 1 agosto de 2008 celebró 65 años y declaró desierto el humor.

1 comentario:

Alí dijo...

Hola Adriana
Tienes razón, no podemos añadir a nuestra situación el que prescindamos del humor. Y coincido contigo en cuanto a ese blog tan ocurrente copmo lo es El chiguire bipolar. De hecho, lo tengo recomendado en mis blog de consulta, donde Martha Colmenares y él representan los polos opuestos de un mismo asunto. Aunque no sé por qué el título no vincula directamente con el blog, puede ser que sea un asunto técnico.

En otro orden de ideas, te invito a que visites a www.tigrero-literario.blogspot.com donde se ventila un asunto que discutimos hace algún tiempo. te recomiendo también el discurso de Joan manuel Serrat que está en entradas antiguas. Te espero por allá