jueves, 23 de abril de 2009

Kerouac detrás del mostrador





 

A pesar del otrora alcalde Rudy Giuliani y de su política “cero tolerancia” que logró reducir considerablemente el índice delictivo en Nueva York quitándole  el brillo de metrópolis impredecible, algunos ladrones no pierden sus mañas y se siguen desapareciendo libros en las vigiladas librerías de la Gran Manzana.

Las mega cadenas no se quejan, si los roban, ni cuenta se dan, víctimas son aquellas pequeñas librerías que han logrado sobrevivir al neoliberalismo con sacrificio y esfuerzo de sus irreductibles dueños quienes se resisten  a rendirse al mundo de los bestsellers. Estas oscuras librerías llevan un meticuloso inventario y pueden contabilizar cada uno de los libros robados. Según un estudio publicado en el New York Times, el botín varía dependiendo de la zona saqueada. En el elegante Upper East Side no es raro encontrarse con distinguidos ladrones ya entrados en años tratando de embolsillarse un costoso libro de fotografías o una novela de moda. En cambio en los barrios bohemios de Manhattan, los ladrones ignoran despectivamente las novedades y prefieren robar obras de escritores de la Generación Beat, especialmente de su precursor Jack Kerouac; a tal punto se ha extendido esta epidemia hamponil que en algunas librerías de Soho los libreros se han visto obligados a venderlo como a los chicles y a los cigarros, detrás del mostrador, y si usted desea llevarse una copia de En el camino (On the Road), tiene que hacerlo de la manera tradicional, de la manera burguesa, comprándola.

En el camino está basada en una carta escrita por el poeta Neal Cassady a Kerouac evocando su mutuo deambular a fines de los años cuarenta por los Estados Unidos y México. Kerouac escribió en 1951 su recuento de este viaje en forma de novela en apenas tres semanas -aunque tardó seis años en publicarla-. Medio siglo después, En el camino sigue siendo el manual favorito del rebelde sin causa, lectura obligada para aquel que sueñe con desechar los convencionalismos y llevar una vida errante en la que no deben faltar drogas, alcohol, música, mucha música, un toque de misticismo y bastante sexo.

Jean Louis Kerouac, hijo de padres francocanadienses, nació en 1922 en un pueblito en el estado de Massachussets en los Estados Unidos, escritor de vocación temprana fue becado como futbolista en la Universidad de Columbia, al partirse una pierna se dedicó a viajar primero con la marina mercante y después en auto-stop. Padre de la llamada “prosa espontánea” carente de afecciones y de recursos estilísticos, su reconocimiento como escritor tardó años en llegar, hoy es considerado inspiración no sólo de poetas de su generación como Allen Gingsberg y Abbie Hoffmann sino también de músicos como Bob Dylan y Patti Smith. Su muerte prematura en 1969 a los 47 años, consecuencia de su afición por el whisky y las drogas, fue el esperado desenlace de un autor que vivió lo que predicó.

Místico y rebelde hasta el fin de sus días, nos preguntamos qué diría Kerouac de saberse el autor más robado en las librerías de Nueva York en un siglo en el que la tecnología y el libre mercado se quieren devorar a la literatura; sin duda recomendaría a los pillos leer el dichoso libro, después venderlo... y tomarse un trago en su honor. 


Diciembre 2002, ilustración para Nojile: Rogelio Chovet.

2 comentarios:

Rogelio dijo...

Gracias Villanueva por publicar mi primer dibujo para tus escritos y donde me diste la oportunidad de ilustrar 128 mas. Me encantó esa etapa donde me dediqué a "Mis Dibujitos". Creo que pronto volveré a hacerlo, ya que aún trato de recuperarme la "intensidad" que me fundió hace unos cuantos años. QUiero retomarlos pero con calma, Low intensity. Hablaremos de ello mas adelante.
Cariños. Paco

Adriana Villanueva dijo...

Gracias a ti Paco porque gracias al archivo de Nojile, has alimentando las Intensidades con tus dibujos. Cuando decidas retomarlos, aunque sea con calma, haré una fiesta, hay artículos que me las veo negras para ilustrarlos sin el toque Chovet.