sábado, 4 de abril de 2009

Contra la barbarie


Tras la masacre de libros en diversas bibliotecas nacionales, especialmente en el estado Miranda entre los años 2007-2008, evoqué "Por fin tiempo suficiente" un capítulo de la serie Dimensión Desconocida que simboliza el inmenso amor a los libros que no cualquiera puede entender: un hombre de mediana edad (Burguess Meredith), único sobreviviente del Apocalipsis, celebra su destino al encontrarse en la desolada Biblioteca de Nueva York. El afortunado ratón de libros, hasta entonces agobiado por su fastidiosa mujer, se siente feliz de poder dedicar el resto de su vida al placer de leer. Tanta dicha se vuelve calamidad cuando sus anteojos caen al piso y se le rompen los gruesos cristales.

“Típica pesadilla capitalista”, dirán los fundamentalistas del Socialismo del siglo XXI, “interés individual sobre el colectivo”. Y es que el placer de la lectura suele ser individualista, cada quien escoge el libro que le acomode, en el momento que le acomode, bien sea literatura, novela rosa, poesía, autoayuda… quién es quién para juzgar los gustos literatos de los demás.

Mas allá de las lecturas obligatorias de bachillerato, el placer de leer no se impone, por eso da dentera las declaraciones de los responsables del servicio de bibliotecas nacionales sobre un cambio de paradigma en nuestras bibliotecas. A cualquier bibliófilo que no esté interesado en la estantería de los 5 motores de la revolución, lo estremece que hoy las máximas autoridades bibliotecarias consideren que hay una sola vía de pensamiento político, la del gobierno actual, y opinan que las bibliotecas están plagadas de libros de ideología capitalista. Ya hemos visto lo sucedido en las últimas ferias de libros promocionadas por el Estado, donde más atención recibe el Che Guevara que la poesía nacional. El mismo sesgo adoctrinador  tienen las librerías Kuai Mare y Monteávila desde que se transformaron en Librerías del Sur.  

No sólo las bibliotecas, librerías estatales y las ferias del libro están a la merced del Proceso, gracias a que los libros ya no están en la lista de prioridades de Cadivi, las librerías están desiertas, sobreviven con pasados inventarios, editoriales nacionales, con los libros más económicos que se consiguen en el mercado de habla hispana – en su mayoría bestsellers repudiados por quienes satanizan el capitalismo- y algunos libros importados con dólar del mercado paralelo tan costosos que sólo bolsillos holgados pueden adquirir.

El otro día me topé en una librería con una muchacha buscando Orgullo y prejuicio de Jane Austen, el librero se disculpó de que a Venezuela ya casi no llegan clásicos de la literatura. Me sentí acaparadora, tengo dos ejemplares de Orgullo y prejuicio en mi biblioteca, por eso me pareció excelente la idea del escritor Rodrigo Blanco Calderón desde la página web Relectura, de unir fuerzas para reponer los más de 62 mil libros de las bibliotecas mirandinas vendidos como pulpa de papel. Los invito a estar atentos a Relectura y buscar entre sus libros novelas contemporáneas, clásicos, autores venezolanos y latinoamericanos, poemarios, biografías… que estén dispuestos a donar para contribuir a darle un nuevo aire sin tintes ideológicos a las bibliotecas o puntos de lectura de nuestra comunidad. Construir en lugar de destruir. Sólo queda un temor: que de un plumazo fundamentalista, los libros del colectivo de nuevo terminen convertidos en papel toilet.

Hay que estar en guardia para que esto no vuelva a suceder.

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