sábado, 12 de noviembre de 2011

El smoking torero blanco


Leyendo Rating, la divertida novela de Alberto Barrera Tyszka sobre las incidencias tras bastidores de un canal de televisión venezolano, recordé mi brevísimo paso por la televisión nacional, tan breve que en su historia no debió haber un cometa más raudo.
Corría el año 1988 cuando Flavio Caballero apareció una tarde por el Taller del Actor contando que el próximo proyecto de Radio Caracas Televisión sería una novela escrita por José Ignacio Cabrujas, protagonizada por Carlos Mata y Maricarmen Regueiro; Flavio y Caridad Canelón serían los antagonistas. La novela se llamaría "Señora" y él interpretaría al multimillonario Anselmo Itriago (Flavio), que no sería el típico antagonista, su descripción encajaba más bien con la del estereotipo de galán: guapo, rico y de nobleza sin par. 
Flavio había acudido al Taller del Actor buscando a su maestro, Enrique Porte, quería que lo ayudara a construir el personaje que el libreto describía como a un sofisticado cuarentón (Flavio, si acaso, llegaba a los 30 años), mezcla entre Julio Sosa Pietri y Bertil Kalen. ¡Una güará!
A Julio Sosa Pietri lo conocía de vista porque era amigo de Enrique Porte y de su esposa Rosa Helena, de vez en cuando frecuentaba las fiestas del Taller del Actor. Creo que era cineasta, parecía un príncipe moro, nunca llegué a hablar con él. En cambio a Bertil Kalen, socio de la famosa discoteca Le Club, casi que lo llamaba tío, unos años menor que mis padres, era de los amigos que más frecuentaban. Eran compadres: mi mamá es madrina del hijo mayor de Bertil. Quizás por eso Enrique decidió que esta soldado raso del Taller del Actor debía ayudar a nuestro amigo Flavio a que el personaje de Anselmo Itriago fuera de una rigurosidad stanilavskiana. 
Enrique, Flavio y yo leímos en la oficina del Taller la primera escena de Señora en la que aparecía Anselmo Itriago. La escena presentaba al personaje, sin diálogos, un atardecer en el jardín de su mansión paseando a sus perros (de una raza bien fru-fu como afganos) vestido con un elegante smoking torero blanco. 
"¡¿Smoking torero blanco?! " exclamé. 
Flavio asintió.
Con razón necesitaba nuestra ayuda. 
No sé si Julio Sosa, tan príncipe en su desarreglada manera bohemia, se habría puesto uno de esos chaquetines, pero juraría por la memoria de Cary Grant que Bertil Kalen, jamás, pero ni en broma -porque con la elegancia no se juega- se habría puesto esa espantosa pieza de vestir, fugaz moda en los años 80: chaqueta de smoking corta, a la altura de la cintura, como las que usan los toreros. Traté de buscar un ejemplo por Internet para ilustrar esta crónica y no encontré imágenes de semejante esperpento, fue una moda que no llegó a calar. Y el vestuarista de Radio Caracas Televisión se la quería poner a este elegante personaje híbrido de Julio Sosa con Bertil Kalen. Mon Dieu.
Si Bertil hubiese sabido que a un personaje inspirado en él lo querían vestir con smoking torero blanco le habría dado un infarto, tan Saville Row que era, uno de los hombres más vanidosos que he conocido en mi vida. Vanidad que asumía con orgullo de pavo real. Bertil, que murió en el año 1991 a los 48 años en un accidente en lancha, era más lord inglés que cualquier lord inglés. Tenía un gran parecido con el actor Roger Moore: alto, rubio, ojos claros y buen porte. Hijo de una venezolana de origen británico y de un ejecutivo sueco, el catire Bertil no podía ocultar su ascendencia europea, pero bastaba que abriera la boca para que se le saliera el venezolano. Le encantaba una grosería, las soltaba a cada rato, pero su elegancia era bien medida inclusive en la forma de soltar tacos.  
Bertil desde joven tuvo buen ojo para los negocios, a los 21 años se asoció con su amigo Oscar "Catire" Fonseca, juntos fundaron la discoteca Le Club, que durante décadas fue templo de la rumba caraqueña en el sótano del Centro Comercial Chacaíto. El inolvidable Drugstore, también en Chacaíto, lugar emblemático de la Caracas de los años 70, fue otro negocio de la dupla de Bertil y El Catire. Bertil además hizo varios negocios inmobiliarios con distintos niveles de éxito, algunos en sociedad con mi papá.
 Mi familia viajó varias veces con Bertil y con quien entonces fuera su pareja (se casó tres veces), se puede decir que lo vi desde recién despertado hasta rumbeado, y créanme que nunca perdió la elegancia. Es que hasta saliendo del mar parecía el agente 007. Por eso le dije a Flavio que no se preocupara, vino al lugar indicado, si bien Enrique Porte como maestro de actores lo ayudaría a dar con el alma de Anselmo Itriago, yo lo ayudaría a dar con el look.
 La amistad de mis padres con Bertil y mi amistad con Flavio no fueron las únicas razones que me impulsaron a intervenir entonces en la televisión, lo hice también de puro farandulera que era por ser ávida consumidora de telenovelas. Desde hacía un tiempo transmitían en Venevisión las telenovelas urbanas cariocas, que en Venezuela empezamos a ver con Dancing Days de Gilberto Braga. Imposible no compararlas con nuestras producciones: en las telenovelas brasileñas las locaciones eran de lujo y los personajes de carne y hueso, en cambio en las nuestras las actuaciones eran engoladas y los escenarios cartón piedra. Creía yo, a mis idealistas 24 años, que un primer paso para alcanzar la excelencia dramática de Brasil, sería evitar que el "sofisticado" antagonista de Señora llevara un smoking torero blanco. 
No recuerdo si nos encontramos en el canal de Bárcenas o si Flavio me pasó buscando, mi recuerdo de esa tarde es en el carro de Flavio, vía Oripoto, el actor manejaba, yo -su asesora- iba al lado, y atrás iba el director, que tampoco llegaba a los treinta años, y desde un principio me pareció antipático. No entendería que hacía Flavio con esa sifrinita flaca que ni su novia era. Estaría seguro de que algún dolor de cabeza le iba a traer. Flavio le explicó que Adrianita lo estaba ayudando a construir el personaje de Anselmo Itriago.
El director no pareció convencido pero optó por callar, señal que tomé como buen momento para que el actor, el director y la asesora discutiéramos detalles del personaje, como por ejemplo, el smoking torero blanco. Saqué a colación a los ricos y elegantes en las producciones brasileñas, parecían salidos de una película de Visconti, eran fiel retrato de una sociedad pudiente ¿se imaginan a Reginaldo Faria con un smoking torero blanco? Por qué en Venezuela todo tenía que ser de cartón piedra, y no me refería al decorado sino a la mentalidad, por qué a un personaje, descrito como elegante y sofisticado, se le tenía que vestir de smoking torero blanco.
Flavio iba callado manejando por la autopista, nunca le pregunté si esa tarde, después de mi perorata, se sintió orgulloso o avergonzado de su amiga. Hay preguntas que es preferible no hacer. Lo que si recuerdo es que el director me oyó malhumorado, antes de responder de manera impaciente que en Venezuela y en Brasil se hacían dos tipos distintos de televisión, la de nosotros no intentaba ser espejo de una sociedad, la nuestra era ilusión pura: los ricos en la televisión venezolana eran simple y llanamente como los habitantes del cerro se los imaginaban. En Radio Caracas Televisión sabían su negocio, les iba bastante bien, los números lo decían, los habitantes del cerro a los ricos no se los imaginaban con trajes de Saville Row, sino de smoking blanco torero. Eso era todo. 
Creo que ahí terminó la conversación, el resto del trayecto lo hicimos en silencio. Al antipático director no lo volví a ver, hoy es un reputado director de cine nacional cuyas ambientaciones distan de ser de cartón piedra. Flavio sigue siendo mi queridísimo amigo aunque emigró a Florida y tengo años sin verlo. Ese breve trayecto subiendo a Oripoto representó mi hola y adiós a la televisión venezolana, imposibilitada de comprender la mentalidad de "subir cerro" como sinónimo de majunchería, que hoy sigue prevaleciendo en nuestras producciones nacionales.
La casa en Oripoto donde se grabaron los exteriores era de la familia de la novia de un amigo, menos mal que ella estaba para conversar porque esa tarde descubrí lo fastidioso que era hacer televisión. Pasaron horas filmando escenas de Anselmo saliendo en el Mercedes Benz, o el mayordomo avisándole a Anselmo que lo llamaban por teléfono. La escena del atardecer paseando los perros vestido de smoking torero, esa tarde no se filmó.
"Señora"  fue una novela de mucho rating en Venezuela, por supuesto que la vi, y el papel de Anselmo Itriago resultó uno de los mayores éxitos en la carrera de Flavio, tal fue el carisma del personaje que le robó escena al del protagonista interpretado por Carlos Mata. Todas queríamos que el desahuciado Anselmo se salvara de su enfermedad para quedarse con Eugenia. 
Con cierto orgullo me di cuenta en la escena del atardecer que Anselmo no paseó sus perros vestido de smoking torero blanco, sino con los pantalones negros de smoking, la faja del traje, y la camisa blanca entre abierta, como lo haría cualquier hombre que saca sus perros a medio vestir antes de salir a una gala.
Mi asesoría no volvió a ser consultada por Flavio, desde entonces, y mientras duró la telenovela, al personaje de Anselmo Itriago lo vistió Clement a cambio de publicidad. Hoy, leyendo Rating, creo que mi humilde batalla por mejorar la televisión venezolana no fue una derrota total.

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