domingo, 16 de enero de 2011

El objeto contundente


Cuando mi ahijado Carlos Guillermo cumplió 7 o 8 años quise comérmela y le regalé su primera patineta. Al ver la nave -una de esas patinetotas como en las que su mamá y su madrina nos lanzábamos sentadas por las bajadas de Cerro Verde a los 13 años- al niño se le iluminaron los ojazos marrones y abrazándome me dijo: "¡Eres la mejor madrina del mundo!".
Días después, cuando nos volvimos a ver, el pobre muchachito estaba todo magullado. Carlos, hoy recién graduado de Comunicación Social, supo entonces transmitir muy bien su mensaje: "Madri: ¿por qué me regalaste un juguete tan peligroso?".
En ese momento me sentí como la peor madrina del mundo.
Recordé esta anécdota de hace más de 15 años cuando en enero de 2011, pasando el equipaje de mano por el control de seguridad del aeropuerto Santiago Mariño en la isla de Margarita, a mi pequeño Ozzie la guardia del aeropuerto le prohibió ingresar la minipatineta que le había traído el niño Jesús:
"La patineta no puede ir en cabina".
"Cómo qué no puede", pregunté entre sorprendida e indignada.
"Es un objeto contundente, peligroso".
Me constaba que una patineta podía ser peligrosa, mi ahijado daría fe de ello, después de todo una patineta, como cualquier aparato con ruedas, conlleva cierto riesgo. Esta minipatineta Razor en especial, modelo sole-skate, se la regalaron a un vecinito del edificio en diciembre, apenas verla Ozzie se antojó que quería una idéntica de regalo de navidad, así que entré por Internet en Amazon para investigar el precio y la seguridad del juguete.
El precio de la sole skate parecía accesible para el Niño Jesús. En cuanto a la seguridad, según las recomendaciones de los clientes de Amazon, la pequeña patineta está diseñada para muchachos, aunque como es lógico cualquier mala caída podía ser peligrosa, pero el mayor riesgo era para los adultos que tratan de hacer maromas en ellas, no soportan grandes pesos.
En el viaje de ida a Margarita, gracias a los folletos de Rattan que reparten en la entrada del avión, supimos que la Sole Skate se conseguía en la isla. El 25 de diciembre ya el pequeño Ozzie se paseaba en su minipatineta ante la pandilla del condominio vacacional. Sus padres lo veíamos satisfechos de que el Niño Jesús la había pegado y que el juguete no representaría una carga en el equipaje porque la patinetica es del tamaño de un triángulo de los anaranjados que se pone en la calle cuando se accidenta un carro, los niños las llevan guindadas en el morral.
Días después, viendo a Ozzie pasearse en su minipatineta por el aeropuerto Santiago Mariño esquivando por centímetros los tobillos de otros viajeros, en la cola para chequear el equipaje insistí que la metiéramos en una maleta, pero tanto el padre como el hijo desdeñaron la idea: debía recordar que la sole-skate estaba diseñada para ir guindada en el morral, además, qué mejor lugar para montarla que en un aburrido aeropuerto.
El pleito seguía tras comprar las chucherías de última hora, entregando los pasajes al funcionario para pasar a la zona de embarque, la fastidiosa madre insistía: "Es peligroso, se va a llevar a alguien por delante, la debimos haber guardado en el equipaje".
Pensamos que el funcionario que cotejaba los documentos estaba echando broma cuando ofreció su granito de arena a la discusión: "Debieron hacerle caso a la señora, es peligrosa, a esa patineta no la van a dejar meter en el avión".
La broma resultó no ser broma, a pesar de que guardamos la sole-skate dentro del morral de Ozzie, al pasar por la cámara de rayos X los guardias le pidieron abrir el morral al niño, y sacando la minipatineta, le dijeron que no podía meterla en la cabina de pasajeros del avión. Entonces fue cuando vino la explicación: "Es un objeto contundente, peligroso".
De nada sirvió tratar de hacer entrar a los funcionarios en razón, prometer que del morral no saldría, que le vieran el tamaño por Dios, más contundente era El Palestino, el libro de moda, un librazo de esos y cualquiera es capaz de someter a la tripulación. Pero los guardias no tuvieron clemencia ante la desazón del pequeño Ozzie, la minipatineta debía ir por carga, ¿porqué no la metíamos en el carry on del papá y la chequeábamos?
El papá se negó rotundamente, dijo que ahí llevaba la computadora, y antes de que le fueran a abrir su carry on, lo dejó a cargo de la hija mayor y salió apurado de la zona de embarque con la minipatineta. Volvió minutos después con un ticket: "La mandé por carga, la empleada de Laser me aseguró que no se perdería".
No soy de las que insisten "les dije que debimos meterla en una maleta", pero sí le pregunté al padre de la criatura porqué la negativa de meterla en el carry on y mandarla por carga, estaría más segura, después de todo la computadora cabía en mi carterón. Resulta que quien logró entrar un objeto contundente al avión fue él: no quiso dejar en Margarita una botella de Whisky abierta dos noches atrás, y decidió meterla en el equipaje de mano. Si la minipatineta prendió la alarma de seguridad, la botella no embalada pasó, lo que a mi marido le hacía más absurdo el decomiso del juguete:
 "Yo rompo esa botella, se la pongo en la yugular a la aeromoza, y someto a la tripulación"
No sabía que estaba casada con un terrorista en potencia.
35 minutos duró el vuelo, una hora después de aterrizar en Maiquetía, tras ver salir de la manga del equipaje maletas, maletines, cunas portátiles, tablas de surf, cajas y cajas de licor; la minipatinetica nada que salía. Por las mejillas del pequeño Ozzie comenzaban a correr lagrimones que el niño trataba de controlar porque se está haciendo grande. Estábamos por irnos resignados a que la minipatineta se había perdido cuando una empleada de Laser llegó blandiendo la sole-skate sin saber de qué se trataba: "¿De quién es esto?".
Fue el último objeto en salir del avión, inmediatamente la tristeza de los ojos de Ozzie se transformó en alegría, puso la sole skate en el piso y salió del aeropuerto patineteando. Viéndolo esquivar a quienes ofrecen servicio de taxi, sus padres estuvimos a punto de abrir en el terminal el carry on, sacar la botella de whisky, y celebrar ahí mismo la felicidad del sospechoso y la aparición de su objeto contundente.

2 comentarios:

paola restrepo dijo...

adriana, te leo con frecuencia, lo disfruto.
fe de erratas, dices: Recordé esta anécdota de hace más de 15 años cuando en enero de 2012.
creo que es 2011.

Adriana Villanueva dijo...

Jajaja, gracias por la fe de erratas Paola, el subconsciente me traicionó.