martes, 10 de enero de 2017

"Ese no es problema tuyo"


"Ese no es problema tuyo", le dio a Celso por contestar en una época. Por ejemplo si le preguntaba:
"¿Dónde está Luz?", contestaba:"Ese no es problema tuyo"
"¿Van hoy a Playa El Agua?"
"Ese no es problema tuyo". 
"¿Trajeron hallacas este año?"
"Ese no es problema tuyo". 
Me provocaba ahorcarlo. "¡Qué antipático!" le decía, pero a él le parecía comiquísimo e insistía con la fracesita hasta que terminé acostumbrándome, porque después de cada antipatía soltaba una carcajada y me daba un abrazo de oso polar, terminaba yo con la cabeza incrustada en su pecho canoso, y Celso diciendo: "No te arreches carajita que tu sabes que yo a ti te quiero mucho". 
Lo peor fue cuando mi marido hizo un amago de imitarlo con lo de: "Ese no es problema tuyo", tal fue mi furia la primera vez que me soltó esa gracejada que no la volvió a decir, porque él sabía que lo que a nuestro vecino en Margarita se le toleraba, no se le toleraba a más nadie porque Celso era como un cachorro gigantón que un momento te provocaba ahorcarlo porque acabó con tus zapatos preferidos, pero al rato se hacía perdonar de puro zalamero. 
Celso, su esposa Luz Elena y sus dos hijas, Carlota y Sofía, eran lo más cercano a nuestra familia en Margarita aunque ni viviéramos en Margarita, ni éramos familia; pero teníamos casi veinte años compartiendo vacaciones en la isla en un condominio donde nos acostumbramos a estar como en un pueblo, con las puertas abiertas todo el día. 
Si bien rara vez en Caracas nos veíamos por vivir en polos opuestos de la ciudad, en Margarita éramos los mejores de los amigos y nuestros hijos crecieron como primos celebrando juntos más de una Navidad. Casualidades de la vida que el fatídico mensaje lo recibí este diciembre recién aterrizando en el aeropuerto Santiago Mariño: Celso estaba en terapia intensiva tras haber sido agredido la noche anterior por  delincuentes que entraron en su apartamento en Caracas. Su estado era delicado. En medio del shock ante el violento ataque del que fue víctima nuestro amigo, esperaba que saliera de esta, como había salido de un infarto otro diciembre años atrás al que mi esposo le tocó llevarlo junto con Luz a una clínica en Porlamar para que lo atendieran. Esa misma noche recibimos en nuestra cabaña a su mamá, Teresita, recién llegada de Caracas, para tomarnos juntos unos wiskis para pasar el susto, menos mal que el infarto había sido leve, y su muchacho ya no tan muchacho, saldría de esa. 
Durante la gravedad de Celso este diciembre 2016 nuestra familia lo tuvo siempre presente, sentíamos oírlo llegar a la cabaña con su refresco de piña bajo el brazo porque Celso era abstemio, ni cerveza tomaba, solo refrescos con sabor a fruta. Tantos recuerdos de Celso: de cómo le pidió una probadita a mi niño de su pastelado y se lo comió de un solo bocado, de la madrugada que apareció durmiendo en el chinchorro en la terraza porque se había peleado con Luz, cuando entraba a la cabaña y cambiaba lo que estuvieran viendo los niños en televisión para ver jugar al Magallanes, cuando llegaba a Playa Guacuco la comparsa de Semana Santa y le arrebataba a uno de los músicos el tambor para unirse, sus gritos despertándonos para ir a comer arepas donde los Hermanos Moya, saludando el altarcito de la virgen del Valle que decía era su amiga, cantando alto y desafinado en la misa de aguinaldos... Y no solo nosotros sentíamos nostalgia de las travesuras de ese niño grande, no había en el condominio quien no tuviera una anécdota con Celso, quien no lo recordara jalándole la cola al burro que en Navidades pasadas llevaba a un San Nicolás cargado de regalos para los niños del condominio. 
Ojalá la virgen del Valle intercediera para que Celso también saliera de esta y tenerlo el año que viene echando vaina de nuevo en Playa Guacuco. 
Pero Celso de esta no salió, el 24 de diciembre mi esposo me despertó con la triste noticia que nuestro amigo había expirado la noche anterior. Precediendo a Carrie Fisher y Debbie Reynolds, dos días después de la muerte de Celso, murió su mamá Teresita.

                                                                            II

Celso no fue el único amigo que tuvo una muerte violenta en el año 2016, mi pana Alfonso sufrió un ataque similar a principios de octubre, solo que murió en el acto. 
Alfonso fue un gran amigo de juventud, para mi se quedó de 27 años, igual número de años que no lo veía, no sé ni por fotos cómo lo trataron los años, pero tanto tiempo sin verlo no disminuyó el recuerdo de la intensidad de nuestra amistad que comenzó cuando me rescató de un accidente. Entonces yo estaba por cumplir 18 años, ni siquiera me había graduado de bachiller, regresaba con dos amigos de una discoteca cuando en una curva el chofer perdió el control del carro, y nos volteamos. Yo perdí memoria desde el momento que el carro se volteó hasta el momento en el que entré en mi casa. A la mañana siguiente me desperté con la cara morada, además de un intenso dolor de cabeza,  y le dije a mi mamá:  "Creo que anoche tuve un accidente". 
Después fue que me enteré que Alfonso venía de dejar a su novia -mi prima Cristina que vivía a dos casas de la mía- se encontró con la camioneta recién volteada y se paró para ver cómo podía ayudar, conocía a los muchachos con los que yo estaba y sabía que yo era prima de su novia, ellos le pidieron el favor que me dejara en mi casa aunque según él -Alfonso tenía cierta tendencia al protagonismo, quizás era cierto, quizás exageraba- me quería llevar a una clínica pero mis amigos insistieron que yo estaba bien, tan solo un poco rumbeada (entonces si acaso pedía un destornillador que me duraba toda la noche para que se aguara). 
Así comenzó nuestra amistad que sobrevivió al fin de su noviazgo con Cristina. Más bien se intensificó. Nos hicimos tan amigos que muchos pensaban que teníamos un "resuelve" como se decía entonces a lo que hoy los muchachos llaman "cuadrar", pero nunca fuimos sino amigos del alma, de esos que compartimos rumbas y despechos por igual. Alfonso era estudiante de Derecho, como tres años mayor que yo, alto, desgarbado, con una inteligencia que tendía al cinismo que a ratos lo hacía insufrible, pero la mayor parte del tiempo sabía equilibrar esa natural propensión y era un ameno conversador. Como amigo fue constante y leal, salíamos en grupo a fiestas y a paseos, lo que más recuerdo de nuestra amistad fue la cantidad de veces que amanecimos jugando dominó con los panas. Alfonso decía que yo jugaba tan mal que ganaba porque desconcertaba a los demás. Sospecho que tenía razón. 
Nuestra amistad duró hasta que me casé, poco después desapareció, no solo de mi vida, también de la mayoría de sus amigos. La última vez que lo vi fue en una misa tras la muerte de su madre, ya había nacido mi hija mayor, creo que el también tenía una hija, nos saludamos con mucho cariño, me agradeció la solidaridad, prometimos ponernos al día, pero no nos volvimos a ver. 
Desde entonces Alfonso se convirtió en una especie de leyenda: emigró en los años 90 antes de que fuera usual en Venezuela emigrar, algunos amigos decían que se volvió multimillonario en uno de los primeros negocios .com, que hizo una fortuna como Howard Hughes y que vivía como Howard Hughes, recluso en una mansión en California. Otros decían que vivía en un castillo en las afueras de París. Nadie supo darme noticias ciertas de él, tan sociable que había sido en su juventud, no figuraba en ninguna de las redes sociales. Pero a los amigos de juventud, por más que les hayamos perdido el rastro, siempre conservamos la esperanza de volverlos a encontrar para recordar viejos tiempos, y retomar la amistad donde la dejamos. 
No pudo ser, la noticia sobre Alfonso que jamás habría querido saber me enteré por facebook cuando uno de sus primos compartió que había muerto trágicamente, y no, no murió en una mansión en Sillycon Valley, donde se decía que vivía como un pachá, o en un chateau en Francia, como también se llegó a decir, Alfonso murió en la casa de su familia en San Diego de Los Altos, la misma casa donde tantas veces invitó a sus amigos a preparar parrillas y a jugar dominó. 
Tampoco fui al entierro de Alfonso, estaba de viaje llevando a mis padres a visitar a las nietas que viven lejos de aquí, como tantas familias venezolanas, nietos creciendo lejos de los abuelos, familias separadas huyendo de la violencia de país, violencia que en el 2016 se llevó a dos queridos amigos.
Y si les parece que a esta intensidad le hace falta más detalles morbo, si lo que esperaban era una crónica roja de cómo y por qué, rescato las sabias palabras del inolvidable Celso: 
"Ese no es problema tuyo".