sábado, 23 de febrero de 2008

Deja Vú



Hace más de cinco años escribí sobre un anochecer cruzando el Teresa Carreño para ver en la Sala Anna Julia Rojas del vecino Ateneo una obra de Fausto Verdial dirigida por Héctor Manrique y producida por el GA 80: “Los hombros de América”, que trataba sobre dos familias españolas inmigrantes en Caracas en vísperas de la muerte de Franco.
En octubre de 2002 no se había pisado a fondo el acelerador del Socialismo del siglo XXI, pero ante el inhóspito ambiente político en Venezuela, comenzaba un éxodo de descendientes de españoles a las tierras de donde sus abuelos emigraron en los oscuros años del franquismo. Resultaba paradójico que apenas en el 91, el madrileño Verdial escribiera su ópera prima como una carta de amor a Venezuela, a donde llegó muy joven y donde moriría en el 96, tras una fructífera carrera como hombre de las tablas y la televisión.
A pesar de que ya la tensión política nos asfixiaba, en aquella crónica en El Nacional de 2002 me regocijaba cruzar el Teatro Teresa Carreño, un espacio que hacía olvidar la polarización y devolvía la alegría de vivir en Caracas al oír afinar una orquesta, entrando en la librería Monte Ávila o en la tienda de la Cinemateca, sintiendo que en la sala Ríos Reyna, o en la sala José Félix Ribas, la magia de la buena música estaba por comenzar.
Por eso fue un amargo deja vú este 2008 estacionar el carro en el Teresa Carreño para ir al estreno en el Ateneo de “Y las mujeres también”, obra escrita por Fausto Verdial y dirigida por Héctor Manrique; porque a diferencia de cinco años atrás, no sentí magia alguna sino un reflejo del oscurantismo que vivimos en Venezuela. Y la palabra oscurantismo no es una metáfora: nuestro principal Complejo Cultural un viernes a las 7.30 de la noche estaba a oscuras. Uno que creía haberlo visto todo cuando encontraba el teatro vestido de rojo y bloqueado por guardias militares ante un acto proselitista, es peor verlo en tinieblas. Hasta agradecidos nos sentimos cruzando con miedo los espacios desolados porque el estacionamiento quedó abierto para el público del vecindario teatral.
“Todos los hombres son mortales” o su versión femenina: “Y las mujeres también” de Fausto Verdial no es una obra emotiva como “Los hombros de América”, trata sobre el eterno tema del conflicto entre los sexos. Lo original es que con apenas unos cambios, el texto sirve tanto para un elenco de hombres como para uno de mujeres. Sin embargo, su reposición estuvo marcada por la controversia al tener en su elenco a la actriz Fabiola Colmenares, quien tras apoyar el movimiento estudiantil, fue vetada en el Celarg donde la obra estaba originalmente pautada. A la protagonista de Cosita Rica también le cerraron las puertas de Venevisión y de la Villa del Cine por su postura política. Pero Manrique prefirió posponer el estreno y esperar cupo en el Ateneo, antes que sacrificar su actriz a la censura oficialista.
Afortunadamente los caraqueños todavía contamos con las tres salas del Ateneo. Aunque la palabra “todavía” es una espada de Damocles sobre las cabezas de los teatreros tras la amenaza del ministro del Poder Popular para la Cultura de recuperar lo antes posible el edificio en comodato hasta el 2009. Entonces el oscurantismo político será casi total y durante quién sabe cuánto tiempo al artista que se le ocurra disentir de esto que llaman revolución, tendrá que pensar dos veces antes de hacerlo.

4 comentarios:

Gaby Morales dijo...

Recordaba los tiempos felices donde ir al teatro Teresa Carreño, caminar por los alrededores del complejo cultural me hacía sentir en una ciudad increiblemnte bohemia y fascinante. Un domingo con mi hija brincando del museo MCSI ,(que por cierto creo que ya no lleva el nombre de Sofía Imber por ser opositora al gobierno) y de alli al Museo de Bellas Artes para luego dar la vuelta por donde estan las ventas de "hippies" eso si no tenía precio.

Héctor Torres dijo...

Ni siquiera se trata de que Fabiola apoyó a los estudiantes. Es que ella, al ser estudiante, participó de los actos de sus compañeros, como uno más. Su estigma comenzó cuando eso incomodó las buenas relaciones que tiene su jefe con el gobierno. Así se dan la mano los supuestos extremos: tanto el "capitalismo salvaje" como el "estado totalitario" se creen dueños de los individuos. En ambos casos lo que queda a la vista es la arrogancia del poder. Bien por la actitud digna de la actriz.

Adriana Villanueva dijo...

Gracias Gaby, cada vez que voy al teatro Teresa Carreño me sale un artículo sino es porque está tomado descaradamente por la política oficial es porque está oscuro o por un concierto digno de las mejores salas del mundo, se ha vuelto un lugar de emociones encontradas.
Héctor, no recordaba que Fabiola Colmenares era estudiante, lo que no entiendo (no la conozco personalmente)es porqué la vendeta oficial contra ella, su oposición no ha sido más activa que la de otras actrices, pero a Fabiola la escogieron como símbolo de lo que puede costarle a un artista ir en contra de los intereses del gobierno.

Adriana Villanueva dijo...

Tres años después de escrita esta crónica, ya las salas del que era el edificio del Ateneo pasaron a manos del proselitismo chavista. El teatro independiente al gusto oficial se tuvo que mudar a las frías salas de centros comerciales del sureste de la ciudad.