lunes, 21 de octubre de 2013

A Sangre Fría


A estas alturas de mi vida, hasta la semana pasada, confieso que no me había atrevido a leer A sangre fría (1966) de Truman Capote, y mira que su primera edición estaba picándome el ojo en la biblioteca de mis padres desde que soy adolescente. Y mira que Truman Capote es uno de mis escritores favoritos y sus crónicas, cuentos y novelas están desde siempre entre mis libros de cabecera. Pero entrarle a A Sangre Fría, supuestamente la primera novela No-Ficción al usar elementos de la literatura en una narración fidedigna, era un libro al que le había sacado el cuerpo por el tema, porque por más elegancia que tuviera la pluma de Capote, ¿cómo hacer digerible la historia de una familia en un apacible pueblo en Kansas -padre, madre y dos hijos adolescentes- masacrada en una noche por cuarenta dólares de botín? 
Por supuesto que vi las dos películas que narran las peripecias de cómo llega este escritor sureño, consentido de la alta sociedad neoyorkina, a interesarse en un oscuro caso que nada tenía que ver con su obra. Cómo Philip Seymour Hoffman en Capote (2005), y Toby Jones en Infamous (2006), ambos actores interpretando al minúsculo autor de Desayuno en Tiffany, reclutan a su amiga Harper Lee para establecer un puente con la sencillez de los habitantes del pequeño pueblo tejano ya que los amaneramientos de Capote serían objeto de inmediata desconfianza en una comunidad tan conservadora como Holcomb, donde fue masacrada la familia Clutter una noche de noviembre del año 1959. 
La intención original de Capote al escribir sobre el asesinato de Harold Clutter, su esposa Bonnie y sus hijos Nancy y Kenyon, de 16 y 15 años respectivamente, no era un whodunnit ni describir una noticia amarillista, Capote viajó a Holcomb pagado por la revista The New Yorker como cronista interesado en describir el efecto del asesinato de una familia local en un pequeño pueblo donde, hasta esa aciaga noche, sus habitantes se sentían seguros, y ahora se veían con desconfianza convencidos de que el responsable capaz de matar a sangre fría a una familia de bien, era uno de ellos. 
Así que empecé al revés y con seis y siete años de diferencia, primero viendo las películas sobre cómo se gestó A Sangre Fría, y después leyendo la novela de Capote, no la vieja edición de mis padres, sino bajándola digital aprovechando un descuento en Amazon. 
En la primera parte de A Sangre Fría, Capote busca establecer empatía con la familia Clutter, quienes distan de ser ricos para los estándares a los que está acostumbrado el escritor en Nueva York, pero para los estándares de Holcomb, Harold, gracias al buen manejo de su granja, es considerado el segundo hombre más rico del pueblo. Sin embargo no despierta mayores codicias ni envidias, es un hombre trabajador, justo, religioso, sin alardes ni ostentación y que trata bien a sus empleados. Sus dos hijas mayores ya no viven con la familia, Nancy, la tercera de las niñas, parece haber heredado la buena estrella de su padre: linda, popular, generosa con su tiempo, muy querida en la comunidad. El adolescente Kenyon, parece haber heredado el retraimiento de la madre, Bonnie, quien se ha visto limitada por sus constantes crisis de nervios. 
Así los pinta Capote, una familia cualquiera con sus problemas, también con sus bendiciones, nada parecía señalarlos para ser las víctimas de una ejecución casi que por carambola. 
En la segunda parte Capote se enfoca en lo que asumía sería el fin de la crónica para The New Yorker, la inesperada sensación de miedo en un pequeño pueblo de que si una familia como los Clutter fueron víctimas de semejante violencia, nadie estaba a salvo de ella. Y ahí se habría quedado esta historia, en la crónica de un pueblo tras un inexplicable crimen, de no ser porque casualmente Capote seguía en Holcomb cuando llamaron al comisario encargado de investigar el caso para informarle que tenían en custodia en Las Vegas a dos sospechosos, Perry White y Richard Hickcok, ex convictos señalados por un antiguo compañero de celda de Hickcok de haber planeado el robo y asesinato de los Clutter, aún sin conocerlos, tras el falso pitazo que Harold escondía una caja fuerte con la nómina de sus trabajadores en la casa. Caja fuerte que nunca apareció.
A Sangre Fría, la novela no-ficción, nace cuando Capote llega a conocer a fondo a los autores del crimen, aunque en la novela el escritor toma distancia evitando caer en sentimentalismos o justificando semejante masacre. Las cosas son como son, una familia es asesinada a sangre fría por un par de maleantes, y como vemos en la película, Capote, autor vampiro como todo escritor que se precie,  logra ganarse la confianza de ambos asesinos hasta el punto que Perry le cuenta lo sucedido esa noche, cómo desde un principio habían quedado de acuerdo en que de este robo no debían quedar testigos. Sin ahorrar detalles White narró a Capote como él mismo asesinó uno a uno de los Clutter, tras buscar sin resultados la supuesta caja fuerte, y cómo en un gesto de nobleza, por lo menos evitó que Nancy fuera violada por el depravado Hickcock.
Pero A Sangre Fría no solo es el crimen de una familia, también es el retrato de dos Estados Unidos, uno rico y conservador, y otro pobre y sin esperanzas, el retrato de la miseria de los criminales, sobre todo Perry White, son psicópatas, asesinan sin remordimiento, pero qué habría pasado si estos criminales hubiesen venido de una clase pudiente, porque psicópatas hay en todos lados, no hay duda que habrían tenido derecho a una mejor defensa, y aunque quizás no se hubiesen salvado de pagar las consecuencias, sí lo habrían hecho de morir ahorcados. Los condenados a la pena de muerte suelen ser de origen humilde y sin medios para una buena defensa que por lo menos los libre de la pena máxima.
En la novela Capote se permite una ligera mención de sí mismo cuando habla "de un amigo periodista", sabemos que es él, en las películas vemos como logra empatía inmediata con Perry White, tan bajito como Truman, sintiendo que ambos fueron productos de una infancia marcada por el abandono. Capote tuvo más suerte que White, pero su destino pudo ser similar: "Perry agarró por una puerta, y yo agarré por otra".
Se me confunden el libro y las películas pero la simpatía inicial sentida por los habitantes de Holcomb por el encantador Capote se torna en antipatía ante el esfuerzo del escritor para que los asesinos de los Clutter se libren de la pena de muerte. Si se salvaban de la pena de muerte se librarían muy fácil de su horrible crimen, entonces en el estado de Kansas un convicto a una cadena perpetua, si demostraba buen comportamiento, podía apelar a la Libertad Condicional y no pagar más de 12 años de condena.
De nada sirvió que Capote ayudara a los sentenciados a muerte a conseguir un mejor abogado, lo que logró fue alargar seis años la agonía hasta que finalmente fueron ahorcados. Vemos en las películas que el mismo escritor, a pesar de su solidaridad con Perry, ya estaba desesperado porque terminara de tener una resolución, solo así podría terminar su libro.
A Sangre Fría fue la última novela que escribió Capote, dejó de interesarse en los underdogs y siguió con su vida del darling de los salones de la alta sociedad neoyorkina, prometiendo que su próxima novela sería un "En busca del tiempo perdido". Cuando al fin salieron publicados los primeros capítulos de la inacabada Answered Prayers en la revista Esquire a mediados de los 70, la sorpresa fue inmensa cuando la alta sociedad se vio peor parada que los asesinos de Holcomb.
Capote murió a los 59 años, en el exilio social.

1 comentario:

Daniel García Silva dijo...

Dos observaciones.
El nombre del jefe de la familia Clutter es Herbert William Clutter y no Harold como erróneamente consignan en el articulo.
Así mismo,el nombre de uno de los asesinos es Perry Edward Smith y no White como han anotado equivocadamente.
Les aconsejo informarse mejor al redactar una nota.
Saludos.