jueves, 20 de marzo de 2014

Un día cualquiera en la actual Venezuela


Las canciones de Silvio Rodríguez dan para todo, por ejemplo ayer "mi deber era, cantarle a la patria, alzar la bandera, sumarme a la plaza...", pero el empaquetador de confianza me mandó un mensaje de texto: "Llegó leche en polvo", y antes de sumarme a la plaza eché a correr al mercado en busca de tan preciado bien que tenía meses ausente de mi alacena. 
Como dijo el escritor Federico Vegas en su alocución en el Centro Cultural Chacao: "Hoy en Venezuela en un día pueden pasar tantas cosas"... por ejemplo ayer fui con la tía Nena a la convocatoria de la gente de la cultura a un mes de que Leopoldo López fuera detenido "por instigación a la violencia", es decir, a un mes de que el ex-alcalde de Chacao, líder de Voluntad Popular, junto con María Corina Machado llamaran a salir a la calle. 
Puede que estuviéramos o no de acuerdo con #lasalida como se hizo famosa esta llamada a tomar la calle para demostrar la inconformidad de país, pero la detención de Leopoldo -y la de tantos manifestantes- y la amenaza de despojar a la senadora María Corina Machado de su inmunidad parlamentaria, entre tantos excesos vividos en Venezuela desde el 12 de febrero, son muestra irrefutable que del chavismo al madurismo pasamos formalmente a una Dictadura.
Por eso ayer fueron convocadas un ramillete de las mentes más lúcidas de Venezuela para dar su apoyo a los presos políticos y demás perseguidos del madurismo. Fueron recordados Leopoldo y María Corina, Iván Simonovis, los estudiantes y demás manifestantes detenidos a lo largo del país; se hizo mención de la persecución a la prensa de la cual las principales víctimas son Teodoro Petkoff perseguido por Diosdado Cabello, el periódico El Nacional que se está quedando sin papel, y los valientes periodistas de Últimas Noticias dispuestos a perder sus trabajos por ejercer su deber de informar. 
El acto, moderado por Alonso Moleiro, comenzó con Rafael Cadenas abogando por la libertad de los presos políticos. El poeta también hizo reconocimiento a Teodoro Petkoff antes de leer extractos de "El diálogo según el Dictador". Siguieron a Cadenas, no en este orden que es el de mi memoria, Gisela Kozak, WillyMcKey, Yolanda Pantin, Federico Vegas, Francisco Suniaga, Oscar Lucien, María Elena Ramos, Tulio Hernández, Elías Pino Iturrieta, Claudio Nazoa, Leonardo Padrón, Antonio Sánchez García, Carmen Ramia,  Diana López, Rayma, El Príncipe Negro, Jaime Bello León, y el joven periodista Diego Arroyo Gil, quien tras recordar a Simón Alberto Consalvi y leer un párrafo de Rómulo Gallegos, pidió un minuto de silencio para las víctimas. 
Todas las intervenciones fueron muy aplaudidas pero ninguna tanto como la de la dirigente estudiantil Gaby Arrellano quien comenzó diciendo: "Si cada uno lucha desde la trinchera de donde está, se va a conquistar la libertad y se va a rescatar la República" , y tras una apasionada intervención que no superó los 5 minutos, fue aplaudida de pie por todos los presentes en el Centro Cultural Chacao.
Cuando salíamos al mediodía mi tía y yo sintiendo que por lo menos estábamos en buena compañía en esto de la #Resistencia, oí que alguien llamaba mi nombre. Era Julieta, me preguntó si le podíamos dar la cola. No faltaría más, no tardamos en darnos cuenta que Julieta estaba siendo asediada por una Policía de Chacao que la conminaba arrogante: "¿Por qué no te vas del país?".
La Nena y yo no podíamos creer lo que estábamos oyendo. Julieta, sin dejar de pelear con la funcionaria, nos contó que como no tenía con quien irse le pidió la cola a unos amigos que se iban en moto. Por supuesto que al ver a una tercera persona montándose en una moto, una funcionaria de la Policía de Chacao que custodiaba las puertas del Centro Cultural, mandó a disminuir el número de pasajeros: 
"Hasta ahí todo está bien", dijo Julieta "Estoy consciente de que estábamos cometiendo tremenda infracción, el problema fue que la reprimenda vino acompañada por un: "Y después pretenden sacar al presidente Maduro", ahí fue cuando me indigné y comenzó la pelea".
Durante una cuadra, hasta que llegamos al carro, Julieta, La Nena y yo fuimos seguidas por la Policía de Chacao en su moto gritándonos: "¡Váyanse del país!". Lo que son las cosas, yo que nunca he sido intimidada por la Guardia Nacional, sin siquiera abrir la boca, vengo a ser invitada de manera poco cortés a emigrar de Venezuela por una Policía de Chacao. 
En este día normal en mi querida Caracas llegué a mi casa a primera hora de la tarde, después de almuerzo, me disponía a montar en las redes sociales las fotos del evento en Chacao cuando recibí el mensaje de texto que llegó leche en polvo al mercado de vecindario. Tremendo pitazo, llegué antes de que sacaran la leche a la venta. Por lo visto no fui la única en recibir el dato: varias señoras tanto de La Florida como de Chapellín daban vueltas por los pasillos como zamuros esperando que apareciera la preciada carga de polvo blanco. Cuando por fin salió la leche en polvo ZuliMilk, el apacible escenario de un mercado semidesierto se convirtió en un ambiente más agresivo que la batalla de Waterloo. Francisco, cual almirante Wellington, facilitó una caja a un lado de la reja del mercado, quienes querían comprar leche, tenían que hacer la cola desde afuera. Los afortunados que ya estábamos adentro, nos podíamos llevar nuestros dos kilos sin necesidad de salir. 
Cuando salí abrazada con mis dos paquetes de leche minutos después, la cola abarcaba una cuadra, pero como solo se despachaba leche, avanzaba rápido. No sé cuánto habrá durado la leche en polvo en el mercado de mi vecindario, apuesto ayer mismo se acabó. 

Con la adrenalina a millón, decidí ir a ver el escenario de la Plaza Altamira donde la "toma pacífica ciudadana" contrarresta la toma militar antiguarimbas del lunes pasado. Esa tarde en la plaza de don Luis todo era paz y amor, los Guardias Nacionales conversaban entre sí, estudiantes hacían pancartas pidiendo la libertad de los presos políticos, había quienes llamaban a unirnos en oración por Venezuela, de todas las edades interrumpían el tránsito de la avenida Francisco de Miranda con diferentes consignas, dejando un canal libre para el paso. Los carros pasaban tocando corneta en muestra de solidaridad. Había una clase abierta de cómo tomar fotos en las manifestaciones. Me encontré con unas cuantas amigas, pasé por la Librería Lugar Común para comprarle una novela policial a mi padre, y antes de que anocheciera, regresé a casa que esta noche había prometido unos lacitos al pesto a la familia.

El pesto lo terminó haciendo Camila, mi hija, porque como bien apuntó Federico Vegas esa mañana en Chacao: "cuántas cosas pueden pasar hoy en un día en Venezuela", y así mientras en la Plaza Altamira las viejitas repartían flores a la Guardia Nacional; en Táchira el gobierno metió presos a dos alcaldes de la oposición por desacato y rebeldía civil. Mientras tanto, grupos armados arremetieron en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central contra una asamblea de estudiantes dejando varios muchachos heridos. Narra el arquitecto Hernán Zamora en su blog Crónicas de Asterión, que la primera señal de alarma fue la entrada de ocho hombres ajenos a la Facultad dispuestos a desmantelar el mensaje que colocaron el estudiantes en la fachada sur del edificio donde pedían: Seguridad, justicia, respeto y paz.
Conceptos que hoy parecen subversivos en la República Bolivariana de Venezuela. 
Ese fue mi día ayer en esta ciudad tan acontecida: del orgullo de ver a quienes tanto admiro llamar a la Resistencia, hasta ser invitada por una PoliChacao a emigrar de Venezuela; de la ignominia de entrar en la macolla para conseguir leche en polvo, hasta la ilusión de paz y amor en la Plaza Altamira, finalizando con una vuelta a la realidad gracias a las redes sociales: las candelitas de la inconformidad civil y del abuso de estado no dejan de prenderse por toda Venezuela. 

2 comentarios:

Hernán Zamora dijo...

Apreciada Adriana:

Muchas gracias por vincular tu texto con el mío. Me reconozco en el sentir que transmiten tus palabras.

Muchas gracias.

Un abrazo.

Adriana Villanueva dijo...

Gracias a ti Hernán, no solo por quedarte a defender a la Facultad y a los muchachos, por abogar por la paz ante la barbarie, sino también por compartir tu relato de lo sucedido esa tarde.