domingo, 11 de noviembre de 2007

Cómo espantar a un escritor


















Luis Barrera Linares en su blog “La duda melódica” celebró la tertulia literaria cibernética donde las opiniones se confrontan con la libertad que da el anonimato, sin rigores académicos, y la única certeza “de nuestra convicción de lo que hemos leído”.

Esta tertulia se ha convertido en la crítica literaria emergente en Venezuela, sirviendo de promotor y catalizador no sólo de tantos autores nacionales que publicaron el año pasado, sino de eventos como la semana de la nueva narrativa urbana a la cual se le dio mayor importancia en Internet que en la prensa.

Lástima que la libertad que da el anonimato también sirve, en algunos casos, para tratar con desmedida saña a los escritores y sus obras; y aunque no salí tan mal parada cuando me tocó el turno de comparecer en el foro de Relectura por mi primera novela “El móvil del delito”(más allá de un “vieja peorra” y repetidos “ama de casa que se las da de lectora”), logré superar el trance gracias a “Spooky art: thoughts on writing” del veterano Norman Mailer, cuya traducción al español sería algo así como: “Cómo espantar a un escritor”.

Después de más de sesenta años en el oficio, el chico malo de las letras norteamericanas que ha tratado temas tan variopintos como sí mismo, la II Guerra Mundial, el Evangelio y Marilyn Monroe; en 2002, en vísperas de cumplir ochenta años, enfiló su musa a explicarle a las nuevas generaciones lo que significa dedicarse en cuerpo y alma a la dura vocación de narrar, advirtiéndoles que se preparen, la vida del novelista dista de ser un camino de pétalos de rosas.
Enfilar la musa quizás no sea el término apropiado, después de todo “Spooky art” no es uno de esos libros escritos de un solo tirón sino una recopilación de ensayos, entrevistas y pensamientos aislados que van desde la conveniencia de escribir en primera o tercera persona, hasta la perniciosa influencia de la televisión.

“Spooky art” no llega a la altura de libros como “Plotting and writing suspense fiction” de Patricia Highsmith, o “Mientras escribo” de Stephen King, pero Mailer, a pesar de su fama de autor pendenciero, toca un tema que Highsmith y King, más preocupados por la trama y la carpintería de la prosa, pasan por alto: la vulnerabilidad del escritor.

Se pregunta Mailer cuántas plumas excepcionales se habrán quedado en el tintero después de una decepción. Porque las decepciones en la vida del narrador suelen comenzar temprano, en los primeros talleres literarios, cuando leyendo nuestros textos ante un público crítico no son recibidos con entusiasmo y hasta pueden ser tratados con burlas despectivas, como le pasó a Mailer siendo alumno de un taller en Harvard. Nadie más cruel que un grupo de colegas en ciernes buscando fallas y puntos débiles por doquier.

Por eso para Mailer la principal virtud que debe tener un escritor es coraje. El coraje de seguir adelante. Pero ¿coraje ante qué? ¿Ante las críticas negativas? Ojalá fuera tan sencillo. Los monstruos con los que se topará el escritor comienzan con uno mismo, con esas debilidades de nuestro carácter que siempre aparecerán en lo que escribimos y que sólo algunos talentos logran volverlas a favor de eso que llaman estilo.

“El estilo hace la mitad de la novela”, afirma Mailer, el tema puede ser tonto, pero si una novela está bien escrita logrará sobrevivir durante años. Por eso para escribir además de talento hace falta esfuerzo, dedicación, ser un verdadero profesional, porque a un estilo propio sólo se le llega tras mucho ensayo y error.

Mailer, aún pasados los ochenta años, tiene una disciplina férrea de ocho a diez horas de trabajo, cuatro días a la semana, cuatro horas de escritura continua, y el resto del tiempo de corrección. Para lograrlo sin caer en la tentación de flojear, asegura Mailer, es necesario mandarle una orden al subconsciente, hasta en los días más grises de inspiración, que esto es un trabajo serio, un compromiso al que no se debe fallar. Cuando empezamos a encontrar excusas para no escribir, vamos rumbo a dejarnos vencer por el desánimo.

Comprende Mailer a los que se quedan por el camino: resulta aterrador estar solos, ante una página en blanco, todos los días, preguntándonos ¿de dónde vienen las palabras? ¿Regresarán mañana? A pesar del pánico, algunos persistirán en ir al encuentro de esas palabras mágicas que quizás llenarán un libro, que al ser publicado, en mayor o menor grado, será víctima de despiadadas críticas de las cuales el escritor no podrá defenderse.

No es fácil sobrevivir a la crítica negativa, pocos lo logran, sobre todo los jóvenes: son frágiles y suelen desistir. Tampoco es fácil sobrellevar la crítica entusiasta: “frente al escritorio no es bueno sentirse autocomplaciente”, recomienda Mailer, por eso no hay mejor juez de la obra de un escritor que si mismo, en eso se basa lo que él llama la “confianza profesional”: saber cuándo algo funciona y cuándo está de más. Cuándo un personaje está fallando y cuándo es coherente. Confiando en nuestra intuición y oficio, sabremos reconocer si una crítica es justa o si el que la hace sólo está lavando “sus medias sucias”.

Según Mailer uno de los monstruos más temibles a enfrentar es saber que la literatura (sobre todo la novela) jamás alcanza la perfección: por más grande que sea un talento, por más inmensa que sea una obra, siempre podría haber sido mejor. Hasta la buena lectura puede ser mala consejera, ¿cuántos aspirantes a escritores no se quedan estancados en una primera página por no sentirse dignos sucesores de Stendhal?

Por eso el principal consejo que el viejo zorro da a los jóvenes narradores más allá de ser sinceros con lo que quieren decir y seguir sus instintos, es que tengan coraje, coraje ante las críticas negativas pero acertadas, las injustas, las complacientes, la indiferencia, coraje ante la página en blanco, ante el temor a perder la inspiración, a no ser lo suficientemente buenos, a no ser comprendidos por nuestros contemporáneos, en pocas palabras, coraje ante el terror a fracasar en esta espinosa vocación.
Porque sin el debido coraje, no habría escrito ni Tolstoi.

10 comentarios:

Mitchele Vidal dijo...

Comparto lo que apuntas en este post, de la A a la Z.
En cuanto a lo de las críticas en el anonimato, en mi humilde opinión, se les pasa la mano!
He visto cada comentario en los blogs de Fedosy Santaella y Roberto Echeto, que estoy segura de que no serían tan crudas si tuvieran firma!!

Un beso!

MM dijo...

Se necesita coraje o en su defecto, un poco de inconsciencia sirve también para lanzarse al agua.

Luis Guillermo Franquiz dijo...

No conocía este texto de Mailer. Obligatorio conseguirlo. Me hiciste pensar en Rosa Montero (La loca de la casa), Virginia Woolf (Un cuarto propio) Y Ernst Jünger (El autor y la escritura); libros muy recomendables que abordan el proceso creativo dentro de la narrativa. Es un tema muy particular (cada escritor tiene su sino) que disfruto mucho. Es una de las razones que me impulsaron a organizar la compilación a la que te invité. Gracias por compartirlo. Un abrazo.

Adriana Villanueva dijo...

Spooky art no es un gran libro como los que mencionas Luis Guillermo, pero tiene un excelente ensayo, también me encanta leer lo que han escrito los escritores sobre el arte de escribir, el último libro sobre este tema que compré fue el del P.D James sobre la novela policial, cuando lo lea, prometo una reseña.

Luis Guillermo Franquiz dijo...

Bien. Compartimos la misma inquietud. Me animo a dejar algunas referencias que abordan esa temática (y que he disfrutado mucho):

Escribir, de Marguerite Duras.
Diario de una escritora, de Virginia Woolf.
El oficio de vivir, de Cesare Pavese.
Sobre literatura y Seis paseos por los bosques narrativos, de Umberto Eco.

Por supuesto, el texto de Stephen King. Me gusta mucho conocer cómo abordan los demás escritores su hoja en blanco, los consejos, los demonios compartidos, las dudas, las técnicas; uno se nutre de muchas cosas en común. Esperaré por esa reseña de P. D. James. Saludos.

PANAMAYOR dijo...

Este es un tema fascinante. No está nombrado aquí, ni en los comentarios ni en el post un libro para mí capital en esto de disecciones el acto creativo de escribir: El Zen en el arte de escribir de Ray Bradbury. Honesto y muy práctico en su planteamiento, además de revelar secretos del nacimiento de obras tan importantes como "Crónicas Marcianas", nos deja multitud de ejercicios y procesos que el escritor desarrolló para crear una obra ya eterna y universal. De lo mejor, junto con el libro del Sr. King. Saludos.

Adriana Villanueva dijo...

Da como pena admitirlo: el libro de Ray Bradbury lo tengo desde hace tiempo pero todavía no lo he leído, quizás la palabra Zen en el título me daba cierta alergia, tras la recomendación del Panamayor, voy a desempolvar al pana Bradbury.
Ahora estoy leyendo las Cartas al joven novelista de Vargas Llosa, lo encontré en la biblioteca de una amiga y me lo prestó, es un libro que no se encuentra en las librerías, a lo mejor ahora que Vargas Llosa ganó el Nobel lo vuelven a editar.

Carledonia dijo...

Qué maravilla de post y de comentarios.
Qué bueno rescatarlo. Gracias.
Te he dicho varias veces lo mucho que disfruté El Móvil del Delito. Los comentarios que pretenden descalificar, la mayoría de las veces lo que ocultan son las propias inseguridades y bloqueos creativos de quiénes los hacen.

Héctor Torres dijo...

Muy buen post, Adriana.
Yo agregaría un libro muy valioso, que se llama Becoming on novelist, de John Gardner (está en español, pero la traducción del título desluce mucho. Algo así como Cómo hacerse novelista). Dedica un capítulo completo a ese tema, a los recursos que debe usar un autor joven para protegerse de esos temores que lo pueden hacer desistir.
Tema infinito y apasionante.

ROBERTO ECHETO dijo...

Gracias, Adriana, qué buena recomendación.

Algún día habrá que escribir sobre las cosas que socavan el coraje de los escritores. Algo que vaya más allá de la referencia a las críticas y a la bendita página en blanco. Algo que sea muy crudo y que no deje títere con cabeza.

Para que todo el mundo se moleste.

Un beso, Adriana.