miércoles, 23 de enero de 2008

Teleamigos


No sé cómo lo logran. Si acaso tendrán un radar, será vía satelital, o si el ex ministro Pedro Carreño tenía razón y somos espiados a través de Direct TV. Pero alguna forma tienen que tener para agarrarnos en los momentos más vulnerables: cuando estamos bañándonos, o cambiándole el pañal al bebé, o cerrando la puerta de casa que ya vamos tarde; en esos momentos que no admiten interrupción, como por arte de magia, siempre suena el teléfono.
Qué le vamos a hacer, los seres humanos nos hemos vuelto robots, estamos programados para atender el teléfono, y aunque chorreando agua y con champú en el pelo, o cargando un bebé semidesnudo, o a pesar de que perderemos la cita a la que vamos contra reloj; nos dirigimos hipnotizados al insistente aparato que no deja de sonar, esperando que no sea una mala noticia, anhelando que quien llame sea un amigo al que le podamos colgar con un sencillo: “Te llamo después…”.
¡Ay si la vida fuera tan fácil! Porque esas llamadas inoportunas, cual imán, suelen venir acompañadas de un cordial: “Buenos días, llamo del Centro de Atención al cliente de Cantv, me podría comunicar con el titular de la línea, quisiera ofrecerle el servicio de…”.
Y a menos que pequemos de mal educados y colguemos de inmediato, suspiramos resignados ante la verborrea que nos espera porque la consigna de cualquier vendedor, por más representante de una compañía del Socialismo del siglo XXI que sea, es no soltar la presa.
Por ejemplo, si el vendedor dice que vio en el sistema que desde ese teléfono se hizo una llamada a Tel Aviv y nos ofrece la posibilidad de afiliarnos al plan “Mi destino”, al contestarle que seguro fue el bebé jugando con el teléfono, el hábil negociante insistirá que aceptemos la oferta por si “el tremendo de la casa vuelve a hacer de las suyas”. Y si la llamada no fue casual o se hizo a Colombia, a España o a los Estados Unidos, aunque fuera una llamada aislada, apuesto locha contra bolívar a que el vendedor logrará su objetivo de que compremos el plan que nos asegurará un 20% de descuento en las llamadas a ese destino.
Resulta paradójico que desde que Cantv pasó a manos del gobierno bolivariano que dice aborrecer las prácticas del capitalismo, el mercadeo de la principal compañía telefónica en Venezuela aumentó, y si en los Estados Unidos los televendedores se han vuelto una plaga, en Venezuela, hasta ahora, quien usa este invasivo método de ventas es Cantv.
También resulta paradójico que a pesar de que el sistema ABA de la zona donde vivo se la pasa caído, recibo varias llamadas a la semana de algún optimista vendedor de Cantv ofreciéndome su “insuperable sistema de conexión a Internet”. Como por lo general voy apurada, tengo una serie de excusas para colgar desde un “estoy saliendo”, hasta un fingido “la dueña de la línea no está en Venezuela”. Pero cuando tengo tiempo de extenderme, usualmente después de horas sin servicio de Internet, le respondo a mi interlocutor: “¡Qué tupé!” antes de marearlo sobre la dificultad de mis hijos de hacer sus tareas esperando que el irregular servicio ABA -que tengo conectado en la otra línea- funcione bien, y si es un buen vendedor y resulta un tipo simpático, nos horrorizaremos juntos de cómo los niños modernos son incapaces de estudiar sin la ayuda de la web, y quizás, al increíble precio de 3,23 bolívares f de inicial, hasta termine anotándome al servicio “Teleamigo” para ver si llama otra vez.

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