lunes, 1 de noviembre de 2010

Némesis de Roth


Tras la tragedia viene la culpa, alguien tiene que ser responsable de tanta desgracia, y la desesperación es grande en un pequeño barrio judío de Newark, New Jersey, en el año 1944: al igual que la maldición bíblica que afectó a los primogénitos de las familias egipcias, las víctimas en la comunidad hebrea de Weequahic son niños que ese caluroso verano sucumben a una epidemia de polio que a quienes no mata, los deja incapacitados.
Éste es el tema de Nemesis-(2010), la más reciente novela de Philip Roth, escritor que a medida que van pasando los años pareciera que se va tornando más lúgubre. 
Al igual que en su novela El Complot contra América que se basa en un no histórico triunfo de Charles Lindberg en la presidencia de los Estados Unidos, Nemesis se basa en una inventada epidemia de polio en New Jersey, que aunque el polio hizo estragos hasta que Jonas Salk sacó la vacuna en 1955, el diezmamiento de niños en una pequeña comunidad en Newark es obra de la imaginación de Roth.
¿Quién tiene la culpa de tan inmerecidas muertes? ¿Cómo comprender que niños saludables, bien cuidados, queridos, puedan sucumbir tan rápido a una enfermedad? La comunidad busca chivos expiatorios por todos lados, pero Roth no suele escribir sobre comunidades sino sobre hombres, en este caso Bucky Cantor, un profesor de Educación Física de 23 años quien por su mala visión queda exonerado de ir a la guerra. Bucky se siente culpable de no estar luchando contra los alemanes en Normandía junto con sus dos mejores amigos, pero trata de compensarlo encargándose del parque comunal donde entrena a los niños a llegar a su máximo potencial atlético.
La vida nunca fue fácil para Bucky, cuando empezaba a sentirse satisfecho con la mano de cartas que le había tocado jugar (un trabajo que lo motivaba, una novia que lo amaba), el polio ataca a su parque y el joven entrenador toma una decisión que habría de influir el resto de su vida.
27 años después sólo queda la culpa, pero la culpa de quién, ¿la culpa de un Dios que permite semejante horror? ¿o la culpa de las flechas invisibles portadoras inconscientes del ángel de la muerte?
A la mitad de este Némesis se revela un inesperado narrador que sólo toma protagonismo al final de la novela, y gracias a este narrador el pesimismo de Roth permite que entre un rayo de luz a la historia.
Si, a veces pasan cosas malas, tan malas como inexplicables, pero está en la capacidad del ser humano en superarlas, en sobrevivirlas, lo que nos permite creer que la vida pueda tener algún sentido.

5 comentarios:

Carledonia dijo...

Genial! Como de costumbre.

Adriana Villanueva dijo...

Carla ¿viste qué bien me porté que en esta crónica no usé la primera persona ni una vez?

Carledonia dijo...

Cada vez mejor, princesa venida a menos camino a más! Rock Rose!

Anónimo dijo...

Lo único es el cambio de sexo que le hiciste a la pobre Némesis, que siempre había sido una diosa mujer... Beso de tú sabes quién...

Adriana Villanueva dijo...

gracias, yunoujú, es que me enredé con el título, no sabía si acentuarlo como se hace en español o si dejarlo sin acento respetando la ortografía inglesa como leí en una reseña en El País, pero no me di cuenta del cambio de género, espero que la diosa Némesis no descargue su ira.