viernes, 8 de junio de 2012

Hay un camino, ¿se le llega bailando?



Dicen que los muchachos que participaron en el video "Caracas ciudad de despedidas" quedaron muy satisfechos del resultado, tanto, que lo promocionaron hasta el cansancio por las redes sociales a pesar de que un profesor les aconsejó que mejor no montaran el video en You Tube. Los jóvenes documentalistas no entendieron qué había de malo en ello, si estaban orgullosos de su video, por eso fueron los primeros sorprendidos ante la avalancha de críticas y burlas por, Sabina dixit. "Decir lo que piensan sin pensar lo que dicen".
No escarmentamos, nada más peligroso para cualquier causa que un bien intencionado con una cámara y el portal de video You Tube. El famoso baile "Hay un Camino" va por un camino similar, el grupo de voluntarios Fuerza Cultural nos muestra en un video montado en You Tube a cuatro mujeres en un parquecito residencial, practicando unos precarios pasos de baile que asemejan gaitas intercolegiales, e invitan a aprenderse la coreografía para acompañar este domingo en modo flash mob a Henrique Capriles Radonski a inscribir su candidatura en el CNE.
En menos de un día el video se ha vuelto viral por las redes sociales y en lugar de unir a quienes pensamos que debe haber un camino para salir del berenjenal en el que está metida Venezuela desde hace más de trece años, lo que hace es dividir, porque muchos consideran que lo que está en juego este siete de octubre es en extremo importante para tomárselo a la bailanta.
Pero también hay quienes opinan que toda iniciativa suma, por más naive que esta sea, y quienes dicen que acompañar a Capriles a inscribir su candidatura no es una marcha arrecha de protesta sino un momento de alegría, que qué hay de malo en llegar bailando. Mi amiga Cristina ya se aprendió los pasos para llegar al CNE bailando, a pesar de que a su mamá y a su hijo adolescente el bailecito les parece un horror.
Soy de quienes piensan que la campaña de Henrique Capriles Radonski no puede ser como una caimanera de volleyball en la playa, mas bien debe ser como una partida de ajedrez que toda movida esté muy bien calculada, porque lo que está en juego no es quién paga las cervezas, lo que está en juego es demasiado importante y nos consta que la maquinaria publicitaria del Gobierno (quienquiera que termine siendo el candidato) está en descomunal ventaja sobre el candidato de la fuerza de la oposición. 
No debemos tomarnos la política a la ligera, y el video de las cuatro señoras bailando en manos de los cínicos de VTV, o de los eternos escépticos de la oposición, o de tanta gente que no se decide si votar porque no les gusta pensar que estamos en manos de militares, o dejaron de creer en la Revolución, pero tampoco terminan identificándose con la oposición, para estos indecisos, cuatro señoras bailando torpemente en un parquecito de una zona residencial no es precisamente el gancho que les hace falta para dar el paso.
Un amigo defendía el video por twitter: "Es un buen incentivo para votar". Pero este video está hecho pensando en quienes ya están convencidos de que Hay un Camino, pero para quienes dudan de si realmente lo hay, la idea de que la oposición sea un gigantesco Flash Mob es desesperanzadora.
Así como no todo el que canta es cantante ni todo el que pinta es artista ni poner una curita es ser médico, no a todo el que se le ocurra una idea para promocionar es publicista, ni como muchos piensan, cualquier publicidad es buena. Quizás peque de aguafiestas por no unirme a la bailanta, pero creo que como oposición deberíamos enseriarnos, dejar que cada quien haga su trabajo, pensar que a veces no todas las iniciativas suman sino que más bien restan, y aspirar a que Henrique Capriles Radonski esté rodeado de un excelente equipo que lo ayude a llevar el nivel de campaña que los tiempos ameritan. 


miércoles, 6 de junio de 2012

La encuesta


Hace como cinco años, nueva en esto del blog, descubrí que tenía la posibilidad de hacer encuestas en Evitando Intensidades, por eso ante el auge de series de doctores como House, Grey's Anatomy y ER, como primera encuesta pregunté: en caso de un patatú a qué médico le gustaría acudir: ¿Mc Dreamy? ¿House? ¿La emergencia de ER? ¿O que me lleven al Centro Médico y ya está?
Publiqué la encuesta apostando que arrasaría el doctor House a pesar del mal trato a sus pacientes. Pero pasaron los días y si obtuve nueve respuestas fue porque una fue mía, dos de mis hijas a quienes obligué a contestar, otras dos de un par de amigas a quienes les supliqué que participaran, y cuatro frasquiteros por propia voluntad.
Tras el gran fracaso de la primera encuesta en Evitando Intensidades, desistí de dármelas de Consultores 21, hasta ayer que se me ocurrió que quizás el blog sería un buen medio para tantear -por lo menos entre los panas- si la lectura digital para los hispano-lectores todavía es Ciencia Ficción o si ya se está haciendo realidad.
Esta pregunta no es un divertimento como fue la primera encuesta en el blog, tengo un interés real porque tras doce años escribiendo crónicas para El Nacional, Evitando Intensidades, Ficción Breve y otros medios, además de tener guardadas crónicas más ambiciosas que no he querido quemar por Internet, siento que llegó el momento de recopilar las mejores en un libro y me interesaría saber si los escritores venezolanos a la hora de publicar, estamos soñando demasiado alto si aspiramos también al formato digital.
Sobre este tema he hablado con varios amigos escritores, algunos con bastante éxito editorial, y cuando les pregunto si están interesados en que sus libros salgan en formato digital me miran extrañados como si les hubiese preguntado si tienen contemplada una traducción al arameo.
"¿Digital? ¿Tú crees? ¿Por qué?".
Les respondo: porqué si bien es verdad que la lectura digital todavía está cruda en hispanoamérica, ya se está vendiendo el Kindle en España, muchos latinoamericanos los han comprado para tener acceso a libros que no consiguen en sus tierras, además de los cientos de miles de hispano parlantes que ya tienen un IPad u otra tableta digital, aunque su principal propósito no sea leer en ellas. Un buen termómetro del interés de los hispano-lectores por la lectura digital es que la intensidad más leída y comentada, pero por mucho, fue el post que escribí tras un mes de comprado el Kindle Fire.
 Los escritores tampoco podemos obviar que el formato de lectura digital abre infinitas puertas a ser leídos más allá del reducido espacio editorial de nuestras fronteras sin contar que les prolonga la disponibilidad a  los libros cuando comienzan a desaparecer de las librerías. No es que pretendamos ser best-sellers, pero los ebooks tienen otra accesibilidad que va más allá de las posibilidades del libro impreso. Mi argumento principal para publicar en digital, por lo menos en el caso de los venezolanos, es el fenómeno de emigración de los últimos doce años, la mayoría de quienes se han ido, dejando atrás sus amadas bibliotecas, hoy leen digital y tendrían acceso inmediato a la lectura nacional que ni en un millón de años llegaría a una librería digamos que en Montreal.
Algunos escritores venezolanos ya han publicado en formato digital, pero quienes lo han hecho ha sido por cuenta propia, sin un respaldo editorial, que es muy importante. Por eso amigos, si no le tienen fobia a las encuestas y cuentan con un momento para responder en el cuadrito a su derecha les voy a pedir que me ayuden en esta tímida encuesta: ¿comienza la lectura digital a ser una realidad por estas latitudes o pasará como la televisión a color que tardó más de 20 años en llegar a Venezuela?

martes, 5 de junio de 2012

Los Coleados (reloaded)



El domingo 27 de mayo en la función de las 9.30 de la noche en una sala del cine El Tolón, un grupo de jóvenes armados causó pánico entre los espectadores. Gracias a la intervención de seguridad, todo quedó en susto. Éxito tuvieron cinco maleantes en julio de 2011 cuando atracaron con armas largas a setenta personas minutos antes de que terminara la función de las siete de la noche de una película 3D en el Cine Concresa.
Ya ni en el cine los caraqueños podemos sentirnos seguros.
Recuerdo que a principios del año 2011 estaba una tarde con mi hija mayor en la sala VIP del Cine San Ignacio viendo "El discurso del Rey" cuando en la mitad de la función entraron furtivamente tres muchachos. Ni que fuera cine continuado, pensé, ¿quién va a querer ver una película que tiene más de una hora de comenzada?
Esa es la razón por la cual los empleados de los cines, cuando la película está tan avanzada que nadie se molestaría en colearse, se van a atender la entrada o salida de otras salas. Por eso cuando sentí abrirse la puerta y vi entrar a tres muchachones que la oscuridad no me permitió detallar, ante el sigilo de los chamos al sentarse en primera fila, la afinada alarma interna que tenemos los caraqueños se prendió en alerta roja:
"Nos fregamos" me dije aferrando instintivamente la cartera.
Imaginé que en pocos minutos tendría a un malandro con un puñal rozándome la yugular susurrando que le diera el reloj, el dinero y el celular. Pero los minutos pasaron y los coleados hundidos en las butacas VIP ni ruido hacían, parecían absortos en la película.
 Me entró la culpabilidad que esta paranoia clase media va a acabar con nosotros, los coleados eran muchachos que como tantos muchachos de cualquier estrato social de varias generaciones, solo parecían culpables de colearse como una travesura para disfrutar el cine gratis. De esto he sido testigo hasta en los multicines en los Estados Unidos, donde los adolescentes buscan entrar por la puerta de salida. Muchos lo consiguen con la ayuda de adultos que les permiten pasar mientras ellos salen. Otras veces hay un guardia vigilante de que esto no suceda.
Cuando ya había olvidado a los coleados en el cine criollo y vuelta a concentrar en las gagueras reales, entró una empleada con el uniforme de Cinex acompañada de un agente de seguridad quien tras enfocar a los chamos con una linterna, los invitó a que abandonaran la sala.
Así como no entendí la nota de colearse cuando la película iba por la mitad, tampoco entendí por qué sacar a los muchachos cuando la película estaba por terminar. ¿Qué habría pasado? ¿Será que la encargada de la sala sí se dio cuenta cuando los muchachos entraron, no se atrevió a sacarlos ella sola y tardó media hora en conseguir a seguridad? ¿O será que no fui la única a quien se le prendió la alarma antiatracos ante los chamos coleados y alguien los fue a denunciar? Los muchachos salieron como entraron, sin bulla, entre risas sigilosas de tremendura a medio lograr.
Entonces me dio lástima que los sacaran del cine, recordando la noticia de los setenta espectadores asaltados en el Cine Concresa y de los chamos armados a quienes le encontraron la cacerina de una pistola escondida en el tarro de cotufas en el cine del Tolón, y una de las chicas detenidas tenía nueve celulares en la cartera, pienso que qué impotencia que en esta ciudad la imaginación paranoica siempre termina triunfando
.


Esta crónica la publiqué en Evitando Intensidades a raíz del asalto al cine Concresa hace un año, tras la angustiosa situación en el Cine Tolón el fin de semana pasado, decidí rescatarla para El Nacional y salió publicada el sábado.

martes, 22 de mayo de 2012

Caribeo (It gets better)


Los niños venezolanos de los años 70 lo llamábamos "caribeo", hasta hace poco se le conoció como "chalequeo", y desde hace un tiempo ha adoptado el anglicismo de "bullying", de la forma que lo llamen pocos trances peores en la infancia y en la adolescencia que sentirte víctima fácil de tus compañeros.
Una chica de quinto año de una pequeña escuela privada hizo la tesis sobre el bullying en su colegio, pasó una encuesta en los recreos y los resultaron dieron que el sesenta por ciento de los encuestados en algún momento se sintieron víctimas de algún tipo de chalequeo. Los jurados se  indignaron, cómo iba a asegurar que en este idílico colegio donde desde pequeños se les fomenta a los estudiantes valores como la tolerancia, el compañerismo y el respeto, era un nido de víboras donde los más débiles terminaban sucumbiendo.
Quizás el problema de la tesis fue la amplitud de la definición de chalequeo que abarcaba desde "me miraron feo" hasta formas más graves como denigrar a la víctima vía Internet, lo que se conoce como Cyber-Bully.  No cabe duda es que el chalequeo se ha magnificado gracias a las redes sociales, quiero pensar que en mi adolescencia no éramos tan malos, por lo menos esta niña distraída nunca se sintió caribeada, tampoco caribeó a nadie, ni le rió las caribeadas a los demás.
¿Los chamos de antes éramos mejores personas que los de ahora? Eso podía haber jurado hasta la noche en la que me senté a conversar con Carlos Alfredo.
Carlos Alfredo estaba como cuatro años por encima mío en el colegio, no compartimos recreo pero claro que sabía quién era él: los maestros, los bedeles, las secretarias, los estudiantes mayores, los estudiantes menores, no había en la escuela quien ignorara su nombre. Sin ser el más buenmozo ni el más inteligente era líder de naturaleza. No me he vuelto a topar a alguien con un aura de atracción similar. Cuando en cuarto año de bachillerato lo expulsaron del colegio, su brillo lejos de extinguirse, creció llegando al nivel de leyenda.
Nadie podía ser más cool que Carlos Alfredo.
Nunca le perdí la pista al rock star del colegio, cuando crecí orbitamos en el mismo círculo social, a pesar del traspiés en bachillerato, se gradúo sin problemas en la universidad, ha tenido una vida profesional respetable, se casó, tuvo hijos, se divorció; pero en términos generales su potente estrella sigue iluminándolo, es el mismo tipo con ángel al que recuerdo en mi infancia, por eso esa Semana Santa en la que coincidimos en Margarita, una noche mi esposo y yo lo invitamos a compartir un pargo en la casita de Guacuco.
 Carlos Alfredo llegó puntual, vino vestido con camisa hawaina, acompañado de su novia y una botella de vino blanco. Tras agotar el tema del país y en qué andan los muchachos, para gran fastidio de nuestra parejas, caímos en la nostalgia escolar. El pana ya hacía tiempo había celebrado 30 años de la promoción con la que no se llegó a graduar, y yo estaba por celebrarlos. Compartimos detalles tipo: "y qué fue de la vida de...", hasta que inevitablemente salió a colación Guil: si Carlos Alfredo era el chico con más encanto en el colegio, Guil demostró ser la estrella que más brilló fuera de sus fronteras, ha tenido una carrera artística  meritoria, su nombre es reconocido tanto nacional como internacionalmente.
"Y yo que lo tenía a monte", me reconoció Carlos Alfredo.
"¿Cómo así?", le pregunté.
"Lo llamaba "pargo" en sus narices...".
 It gets better  fue bautizado un proyecto en la web en los Estados Unidos para subirle el autoestima a los adolescentes chalequeados, sobre todo por su sexualidad. A algunos chamos el bullying los quiebra tanto que terminan suicidándose, por eso quienes ya superaron tan odiosa edad insisten por medio de esta página web a los chamos que hoy se sienten infelices: "It gets better".
Y sí, la vida de adultos suele ser mejor que la adolescencia del estudiante chalequeado, por lo menos lo fue para Guil. Cuenta Carlos Alfredo que un sábado en la noche estaba en su casa viendo televisión cuando pasaron un programa especial por Globovisión dedicado a su antiguo condiscípulo. Lo vio completo y se le removió la adolescencia, cómo lo había martirizado, cómo se burlaba de él, y cómo a pesar de tanto chalequeo, hoy Guil era un tipo exitoso que no se permitió hundir por el implacable trato de algunos compañeros en el colegio.
 En este caso si funcionó el lugar común que lo que no te mata te hace más fuerte.
Tanto fue el remordimiento de conciencia que atacó a Carlos Alfredo, que a las 11 de la noche se averiguó el teléfono de Guil para llamarlo y pedirle perdón. A la segunda repicada la llamada fue atendida:
"Aló"
"Aló Guil".
"¿Carlos Alfredo acaso no te cansas de molestarme?".
 Carlos se quedó frío: más de 30 años sin hablar, y Guil le reconoció inmediatamente la voz. Dudó si colgar, respiró hondo y siguió:
"Precisamente pana, te estoy llamando para pedirte perdón, es que acabo de ver el programa de televisión dedicado a tus logros profesionales, y se me removió la conciencia de todo lo que te hice en el colegio, es que era carajito, te veía distinto, no sabía cómo tratarte, hoy me doy cuenta que fui un cretino no porque seas famoso sino porque lo fui, y por eso te llamo a pedirte disculpas".
Me dijo Carlos Alfredo que esa noche él y Guil pasaron dos horas hablando por teléfono, hicieron catarsis, lloraron, rieron y aunque no se puede exagerar diciendo que hoy son mejores amigos, esta historia es un ejemplo Caribe de que It gets better, vaya que para Guil lo fue.


miércoles, 16 de mayo de 2012

La bandera del triunfo


La verdad es que una quiere alegrarse con el triunfo de Pastor Maldonado en el Gran Premio de España de la Fórmula-1, fue emocionante verlo llegar de primero frente a Fernando Alonso y Raikkonen, ver como dos campeones del elitista circuito de carreras alzaban sobre sus hombros a este muchacho maracayero. 
Obviemos la discusión ética de lo que le costó a PDVSA mantener a un piloto en el circuito más exigente de carreras -66 millones de dólares según dicen, el 22 % de la escudería inglesa Williams- que sobre este punto nadie se va a poner de acuerdo que si qué falta le harían esos reales a los hospitales y a las escuelas en nuestro desasistido país... o que si la gloria deportiva y el orgullo de ver la bandera de Venezuela en alto no tiene precio, o que si es una inversión publicitaria que ya se pagó al triunfar Maldonado y llevar el  logo de PDVSA a millones de televisores del mundo entero.  
De verdad que me alegré del triunfo de Pastor porque en esta familia sí somos fanáticos de la Fórmula 1, no creo que emocionarse al oír el "Gloria al bravo pueblo" en Barcelona nos condene a ser patrioteros, y quería seguir alegrándome para ligar al compatriota en las próximas carreras, pero es que el hombre no ayuda, Maldonado lejos de unir al país -como el ejemplo de la Vino Tinto- no hace amagos en intensificar la brecha polarizadora con detalles como impedir que una periodista de Globovisión formara parte de la  Video-conferencia ante su triunfo, o no atenderle la llamada a César Miguel Rondón, periodista que siempre apoyó su carrera. 
Cada quien tiene derecho a sentir la simpatía política de su preferencia, puede gritar las veces que quiera la consigna: "Patria, socialismo o muerte", pero al alzar la bandera de Venezuela, este piloto triunfador, debería aspirar estar representando a un solo pueblo no solo a quienes hoy le sonríen al Gobierno. 
Entonces una se pregunta: ¿el triunfo representado por la bandera de siete estrellas que alzó con orgullo  Pastor Maldonado en Barcelona, como bien lo dijo a los pocos minutos de atravesar de primero la meta, estaba dedicado a Venezuela, o solo a la Venezuela rojita?

martes, 15 de mayo de 2012

De por qué Antonio se fue demasiado


Los muchachos que participaron en el video "Caracas ciudad de despedidas" fueron acusados de sifrinitos por temerle a la noche, por admitir ser del Este del Este de la ciudad y por "quererse ir demasiado". Si acaso pecaron de algo estos chamos fue de sinceridad, a su manera concretaron tres grandes problemáticas de la Venezuela de los últimos años: el miedo a la delincuencia, el estar obligados a vivir en ghettos, y cómo muchos profesionales, y futuros profesionales, se sienten en este momento en un país con  escasas posibilidades de desarrollo. Lo que extraña es que todavía haya quienes se niegan admitir que estas inquietudes son válidas.
Hace unos años escribí la crónica "El padre" inspirada en una ola de secuestros express a jóvenes universitarios. Varios amigos pasaron por el rato amargo de recibir la llamada de un extraño para informarles que tenían a sus hijos en su poder, si los querían de regreso con vida, debían reunir en pocas horas una suma millonaria por sus rescates. El artículo trataba sobre el terror de un padre cada vez que su hijo sale de casa. 
"Padre nuestro que estás en el cielo, aleja los malandros del camino de mi muchacho". 
Cuando "El padre" salió publicado en El Nacional, un amigo le mandó el artículo a su hijo que vive en los Estados Unidos. El joven arquitecto -que emigró por sentir que en su país el techo profesional era muy bajo- le contestó a su papá que dejara la paranoia, sus amigos salían a rumbear en Caracas y nunca les había pasado nada.
Poco tiempo después el joven escéptico vino de vacaciones y se fue en autobús a visitar a su mamá en Mérida. Dormitaba por la autopista Caracas-Valencia cuando lo despertó un fuerte impacto. El parabrisas del autobús estaba hecho trizas. El chofer en lugar de detenerse, apretó el acelerador y no paró hasta llegar a una bomba de gasolina donde pudieran socorrerlo. Le explicó a los pasajeros que la última modalidad de atraco era que los malandros lanzaban un peñasco a los autobuses en la autopista para que los conductores se detuvieran en el hombrillo, y así despojar de sus pertenencias a quienes iban en él.
Me entró un fresquito tras oír esta historia, quién le manda al escéptico arquitecto a desestimar la inseguridad en Venezuela. Pero no lo culpo, hasta que a uno no le toca de cerca queremos pensar que las cosas no son tan así... pero sí son tan así. ¿Qué familia venezolana ha sido inmune a la delincuencia? Hace meses narré el atraco a mis padres, y la semana pasada cómo se metieron en el apartamento de mis tíos, sobre lo que no había escrito todavía fue sobre la terrible experiencia cuando un sobrino vivió un secuestro express, tres años después de esa pesadilla, es que me animo a compartirla. 
Temprano una noche a principios de semana sonó el teléfono, al contestar mi esposo dio el grito más estremecedor que le he oído en más de veinte años de casados: "¡¡¡¡Antonio!!!!".
Fue tan escalofriante como nombró al sobrino -entonces de 19 años- que temí que había pasado lo peor. Casi fue un alivio cuando colgó el teléfono y dijo que acababan de secuestrar al muchacho. Su cuñado y su hermana se preparaban para negociar el rescate. De inmediato reunió el efectivo que teníamos en casa, que no era mucho, y se fue al al sur del sur de la ciudad: Oripoto, donde entonces vivía la familia.
Me quedé en casa con mis hijos que estaban muy nerviosos tras el secuestro del primo y no se querían quedar solos. La noche sería larga.
Menos de una hora después me llamó mi esposo a contarme lo que sabía: Antonio jugaba fútbol con unos antiguos compañeros de colegio cuando a las siete de la noche se despidió porque tenía que estudiar. Los panas al salir de la práctica vieron su carro estacionado frente al Farmatodo de La Boyera, lo buscaron para echarle broma: "No y que tenías que estudiar", pero no encontraron a Antonio, se preocuparon y llamaron a su mamá: "No te asustes, pero...",  al mismo tiempo que sonaba el celular del cuñado: "¿Usted es el papá de Antonio? Tenemos a su hijo...".
Una noche con su madrugada pasó secuestrado el sobrino. 
Cuenta Antonio cómo fue: saliendo del fútbol se acordó que tenía que comprar un libro en la universidad, por eso se paró en el centrico comercial en La Boyera para sacar dinero del cajero automático que está afuera de Farmatodo. Como tenía los zapatos embarrados, se fue descalzo hasta el cajero aprovechando que era de noche, nadie se iba a dar cuenta. Al regresar a su carro dos hombres lo interceptaron, instintivamente se echó para atrás, pero se topó con otros dos hombres encañonándolo.
 Su carro quedó en el estacionamiento, a Antonio se lo llevaron en otro carro para interrogarlo: "¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives? ¿Dónde estudias? ¿A qué se dedican tus padres?", golpes y patadas para ablandarlo. Estaba en el piso del carro, no veía a dónde lo llevaban, podría asegurar que fue al litoral porque sintió el paso de los tres túneles y se le taparon los oídos. Este trayecto para él fue lo más duro de la noche, en algún momento le pusieron un revólver en la cabeza y amenazaron con disparar. El muchacho les gritó: "Mátenme pues". Los malandros se rieron: "Nos tocó un arrechito", pero bajaron la guardia, le dijeron que lo que tenía era mala suerte, él no era el objetivo, se iban a llevar al tipo de la camionetota que estaba estacionado al lado de su carro, tardaba mucho en salir, se impacientaron, y agarraron al primero que se les atravesó, y ese fue él. 
Antonio les dijo que su mamá era maestra (lo que es verdad, mi cuñada estudió Educación aunque hoy no ejerce), que su papá estaba en reposo porque lo acababan de operar de la clavícula. De esta manera logró bajarle las expectativas de lucro a los secuestradores.
Por más que se bajen las expectativas, el negocio del secuestro express es una ganancia rápida especulando cuánto están dispuestos a ofrecer unos padres desesperados a cambio de que le regresen con vida a su muchacho. Pocos se atreven a apelar a la policía, ni siquiera un alto funcionario del oficialismo aceptó injerencia policial cuando el secuestrado fue un familiar suyo. Afortunadamente mis cuñados tienen un amigo experto en lidiar con este tipo de situaciones quien los guió, de puro pana, bajando el monto del rescate, y ayudándolos a mantener la sangre fría. Los secuestradores exigían que el papá acudiera solo a entregar el rescate. Como ya Antonio les había dicho que su papá estaba imposibilitado de manejar, aceptaron que lo acompañara un "cuñado" quien en realidad era el amigo negociador. Pero en estas circunstancias nadie se las va a dar de Rambo.
Según Antonio cuando los secuestradores lo dejaron en un cuarto de un motel de mala muerte comenzó a sentir que saldría de esto con vida, quienes se quedaron con él a vigilarlo no fueron los hombres agresivos que se lo llevaron sino un par de muchachones que le ofrecieron perro caliente y pepsi tibia, y le  sintonizaron en la tele Meridiano TV para que se distrajera viendo fútbol. Ni siquiera se molestaron en amarrarlo. Tan tranquilos estaban los muchachones que se quedaron dormidos. Dice Antonio que "viéndolos guindados" pensó en escapar, no lo hizo porque temió que en la recepción del motel estuvieran en la movida, además ¿dónde habría de salir?
Mientras tanto la familia y los amigos hacían una vaca recolectando dinero en efectivo, prendas, computadoras, cámaras digitales, Ipods, a cambio de que les regresaran vivo al muchacho. Cuando lograron reunir un monto equivalente a lo acordado, mi cuñado y su amigo salieron con la carga en un maletín y por celular les fueron indicando el camino a seguir, de modo que pasaran por varias alcabalas compuestas por perro calenteros, taxistas, borrachitos... encargados de cerciorarse de que no los seguía la policia, antes de dejar el botín en una escalinata en San Agustín como a las tres de la mañana.
"¿Y si nos atracan llevando el maletín con el rescate?"
"Tranquilos, que no les va a pasar nada, eso ya está cuadrado". 
Si para mi sobrino el momento menos angustiante de la noche fue en el hotel viendo fútbol y tomando Pepsi, para mis cuñados el peor momento fue cuando una vez pagado el rescate, perdieron contacto con los secuestradores. Como tres horas duró el silencio, hasta que a las seis de la mañana el teléfono volvió a sonar con otro:  "¿Usted es el papá de Antonio?". Los malandros lo dejaron en una calle en El Paraiso, un señor se asomó a la ventana y se encontró a un muchacho descalzo y sucio gritando que había sido secuestrado, que si por favor podía llamar a su familia para que lo fuera a buscar.
El señor no le abrió la puerta de su casa, estamos en Caracas, pero si llamó a la familia, y mi cuñado y su amigo, que no habían querido regresar a casa sin Antonio, enseguida fueron a buscarlo dándole fin la noche más larga de sus vidas.
Pasaron meses para que Antonio volviera a ser el mismo muchacho desenfadado y reilón al que estamos acostumbrados. Cuando se pudo ir del país, se fue demasiado. Se mudó con un tío que emigró hace años a los Estados Unidos. Antonio hoy estudia en una universidad pública, su mayor preocupación es sacar buenas notas y no tomar alcohol cuando maneja. De resto, se puede dedicar a ser muchacho. 


domingo, 6 de mayo de 2012

El robo



Dicen que vivir en apartamento es más seguro que vivir en casa, porque cuando te ausentas por cierto tiempo solo cierras la puerta y te vas. Así que confiados mis tíos Maciá y Paulina, en octubre de 2011, un sábado por la mañana cerraron con triple vuelta la cerradura de la puerta y se fueron de viaje, asumiendo que su apartamento quedaba a buen resguardo en un edificio con decenas de vecinos, y un vigilante de confianza que controla entradas y salidas de visitantes. Menos de 24 horas después de que despegara el avión, a plena luz del día, robaron el apartamento de mis tíos.
De la noticia me enteré vía el grupo de primas en Blackberry, Cristina dio el tubazo: “Se metieron en el apartamento de tía Paulina”. No sabía muchos detalles, sólo que del edificio contactaron al tío Carlos quien ya estaba ahí con la policía. Lo llamé para que me contara: el robo fue al mediodía, hora en que los vecinos entran y salen por las típicas diligencias dominicales, pero nadie vio cuando cuatro hombres se bajaron de una camioneta y sometieron al vigilante.
La operación tipo comando no duró ni diez minutos, tres de los ladrones subieron directo al apartamento de Paulina mientras el cuarto se quedó apuntando al vigilante para que abriera la puerta eléctrica a los vecinos como si nada estuviera pasando. Los choros forzaron la entrada del apartamento con una “pata e’cabra”, se llevaron lo que habían ido a buscar y se fueron. Nada estaba desordenado, no cargaron ni con televisor ni con computadora, ni jurungaron armarios y gavetas. Ni siquiera se llevaron los potes de Mazeite que Paulina atesora en la despensa. Pareciera que sólo se llevaron un objeto pesado, evidente por las rayas dejadas en el piso. Quizás una caja fuerte, pero hasta que no localizaran a Maciá y a Paulina, imposible determinar de qué se trataba.
Las especulaciones crecieron entre las primas: ¿qué habría en el arca perdida?, sabíamos que ni joyas ni un tesoro tradicional. Como una hora después del primer mensaje de BB, la hija única de la tía Paulina, Pali, que vive con su familia en París, se enteró vía el grupo de primas que robaron el apartamento de su mamá. Imagino a la pobre leyendo de atrás para adelante lo sucedido, como una novela posmoderna en micro capítulos. Acto seguido localizó a su mamá quien de inmediato llamó a Caracas para hacer inventario de lo robado. No pude con la curiosidad, a los pocos minutos llamé a mi tía madrina quien conmocionada me descargó su impotencia y conjeturas. El misterio mayor tardaba mi tía en revelarlo, quizás porque era dolorosa la respuesta. Insistí: “pero dime, Paulina, ¿qué se llevaron?”.
“Una caja fuerte antigua que compré en una venta de ocasión para usarla de mesa de noche”.
“¿Y qué guardabas ahí?”.
“Un frasco lleno de fuertes que empezó a coleccionar Maciá cuando era niño con su abuela, el anillo de graduación de Pepe de Arquitecto en la ULA (su querido hermano que murió hace 18 años) y la medalla del Premio Nacional de Arquitectura otorgado a mi papá en 1963, eso era lo único que había dentro de la caja fuerte”.
Tras la indignación de saber que bienes de gran valor sentimental para la familia se los habían robado, no pude dejar de reír pensando en los ladrones, tan cronometrados, tan directo al objetivo, una vez en su madriguera, ante el botín por develar, esperando joyas, dólares, lingotes de oro… un tesoro digno de Jack Sparrow, y al abrir la caja en lugar de dólares encontraron fuertes, en lugar de joyas un viejo anillo de graduación, y en lugar de lingotes una medalla reconociendo a un tal arquitecto Carlos Raúl Villanueva, que vayan a saber ustedes si los malandros tendrían idea de quién fue ese señor.

Artículo publicado el sábado 5 de mayo de 2012 en El Nacional, el detalle del Mazeite es adicional, fue ayer que me contó Paulina que esos ladrones eran: "tan cusurros que ni el Mazeite se llevaron".