jueves, 18 de abril de 2013

La foto del día


 Esta mañana las redes sociales amanecieron revueltas con la foto del Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Italia, el doctor Isaías Rodríguez, celebrando el supuesto triunfo electoral del candidato del oficialismo, Nicolás Maduro, en las elecciones presidenciales del pasado 14 de abril. El embajador posaba para la foto sosteniendo la esquinita de una enorme bandera cubana, mientras asía el pendón de Vota Maduro, no se le fuera a caer.
Con una emblemática camisa roja, uniforme oficial de los enchufados, el antiguo Fiscal de la Nación, quien asegura conversar mentalmente con el difunto presidente Chávez; en su papel de representante de los intereses patrios en los antiguos predios de Berlusconi, celebraba sin rubor la proclamación del heredero de Chávez como sucesor en Miraflores con una bandera cubana.
 Tan solo un día antes Rodríguez había ignorado la visita de varios compatriotas que fueron a la Embajada de Venezuela en Italia para exigir lo que la mitad de los venezolanos exigimos al otro lado del Atlántico: que se nos garantice el derecho a una auditoría electoral. Algo que según Henrique Capriles, Aristóbulo Istúriz exigiera en 1992 cuando perdió por leve margen las elecciones de la Alcaldía de Caracas, y que tras realizarse la auditoría contando voto por voto, le dio la razón y lo llevó a ser el Alcalde del que muchos nos sentimos orgullosos en su momento.
En el fondo de la foto, si usted se fija bien, hay un par de banderas venezolanas, chiquitas, chiquiticas, que acompañan la escuálida manifestación, no se vaya a creer que en esta celebración no están representados, aunque de forma pírrica, los intereses de Venezuela.
 En este mismo ambiente de confrontación política me ha llegado repetidas veces la petición de firmar una carta dirigida a la Casa Blanca, esperando que el Gobierno de Barack Obama se niegue a reconocer como presidente de Venezuela al proclamado Nicolás Maduro, hasta que se realice la auditoría electoral que exige la oposición.
Debo ser muy antipática pero cada vez que me llega esa carta le pido a quien me la envió que la deje de   mandar, eso es precisamente lo que quieren el combo de los Enchufados, tener pie para decir que la oposición no somos sino una cuerda de arrastrados pitiyanquis, que soñamos con que los marines nos invadan y volvernos una colonia de los Estados Unidos. Para qué negarlo, hay muchos en la oposición que sueñan con eso, pero son la ínfima minoría, la mayoría del pueblo opositor a la llamada Revolución Bolivariana, incluyendo Henrique Capriles Radonski, estamos claros que ni Cuba, ni los Estados Unidos, solo como amigos, Venezuela quiere ser un país firme en su autonomía.
Por eso muchos se preguntan, siendo el tema de la autonomía nacional un asunto tan delicado, por qué del lado del oficialismo la dependencia a Cuba es cada vez más obvia y no se hace ni un amago de disimulo, por ejemplo, no es raro ver en los cuarteles militares que al lado de la bandera venezolana se enarbole la cubana; al enfermar el presidente Chávez no se trató en Venezuela sino en Cuba, y existe la duda razonable que fue en La Habana donde murió; se reportan desde las embajadas venezolanas de diversos países gran cantidad de funcionarios cubanos que trabajan en ellas. Bienvenidos sean los médicos cubanos si son un alivio para la población más desasistida, pero hemos llegado al colmo que hace un par de semanas en un acto oficial de graduación de un grupo de estudiantes de medicina integral comunitaria, acto oficiado por el presidente encargado Nicolás Maduro, se entonó el himno cubano, La Bayamesa, y los muchachos se lo sabían y lo cantaban con la misma emoción patriota que si fuera el Gloria al Bravo Pueblo.
Para muchos es incomprensible tanto descaro de quienes nos gobiernan de compartir nuestra soberanía con los hermanos Castro sin amago de disimulo. Por lo menos para mí lo era, hasta que el otro día vi en el programa del ciudadano a la profesora Gloria Cuenca, periodista de las mejores, antigua militante de la juventud comunista, que acompañada de Américo Martín, le explicaban al Ciudadano y al público que veíamos el programa, que quienes hoy están en el poder ni sienten la menor vergüenza ni se molestarán en disimular su filiación con Cuba, porque para el pensamiento de quienes hoy nos gobiernan, sobre todo un hombre de tan escaso don de liderazgo como Nicolás Maduro, es vital sentirse parte de un proyecto integral donde Cuba, Venezuela, y poco a poco, el resto de Latinoamérica, serán una sola.
Somos hijos de Cuba, herederos del Comandante Fidel, y si Chávez era un líder con brillo propio, a todos nos consta que Maduro no lo es, tiene que estar a la sombra de un fantasma y a las ordenes de La Habana.
Así que ya saben mis amigos, si no prospera lo de la auditoría electoral, todos a aprenderse La Bayamesa, que hasta en los juegos Caracas-Magallanes la van a tocar.

4 comentarios:

Sol dijo...

No tengo nada en contra del pueblo cubano, pero de ninguna manera aprenderé su himno. Resistencia, resistencia y más resistencia. Lo del ex fiscal es una falta de respeto y forma parte del universo de incongruencias a las que nos tiene acostumbrados este mediocre proyecto político que nos desgobierna

Adriana Villanueva dijo...

Así es Sol, nada contra el pueblo cubano, pero ni el Star-spangled banner, ni La bayamesa en los actos oficiales venezolanos. Con respecto a lo escrito en este artículo, la primera prueba que presenta Maduro sobre el supuesto intento de golpe de estado en Venezuela de parte de la Ultra-Derecha imperialista, es precisamente la infeliz carta a la que me refiero.

Anónimo dijo...

Y la foto de Chávez con un "telescopio". Priceless.

Adriana Villanueva dijo...

Esa no la he visto, la voy a buscar