martes, 4 de mayo de 2010

Triage y El Pequeño Traidor


Insisto que hay películas que no habría visto de no ser por los cidiceros de los pasillos de Humanidades de la Ciudad Universitaria quienes ofrecen títulos que no fueron estrenados en los Estados Unidos por no encontrarles un nicho comercial, y película que no estrenan en dear Old USA, mucho menos llega a los cines de Venezuela.
Esta semana me topé con un par de ellas: Triage (2009) del director bosnio Danis Tanovic, y El pequeño patriota (2007) dirigido por Lynn Roth; ambas películas tratan sobre las consecuencias de la guerra, aunque de manera distinta. 
Triage comienza con un irreconocible Colin Farrell agonizando en el desierto Kurdistán, si cuesta  reconocerlo es porque la imagen que vemos en pantalla es un despojo del guapo actor, un pellejo en interiores, con los ojos hundidos, pelo largo y polvoriento. Un flash back narra quién es: se trata de Mark, fotógrafo de guerra irlandés que al igual que el protagonista de The Hurt Locker, no puede vivir alejado de la adrenalina propia de su oficio. La más reciente misión con su inseparable amigo, David, había sido tomar fotos del conflicto armado en Iraq. En Dublín quedaron ansiosas Elena (Paz Vega) la hermosa esposa de Mark, y Amy, la embarazada esposa de David, próxima a dar a luz. 
Sólo Mark regresa, qué pasó con David es el tema de Triage, que más que la historia del calvario de dos amigos en una guerra ajena, narra el de un sobreviviente que regresa a casa incapaz de conectarse con quienes no han vivido los horrores de un conflicto bélico. La actuación de Colin Farrell es magistral, lástima que la película pierde peso con el subtema de la esposa española que recurre a su despreciado abuelo, un médico falangista interpretado por el veterano Christopher Lee, para ayudar a Mark a superar lo vivido en Kurdistán. En medio de tanto drama da risa esa especie de colotordoc (doctor loco al revés) que saca a Mark del mutismo. Pero 15 minutos nefastos no hacen terrible una película, y vale la pena ver Triage aunque sea por la actuación de Colin Farrell.


No pasa lo mismo con El Pequeño Traidor, es una película redondita de principio a fin, basada en la novela "Una pantera en el sótano" de Amos Oz, está ambientada en Palestina en 1947, cuando los ingleses todavía ejercen el control de la zona y está por ser reconocida la nación de Israel. Narra la amistad entre Proffy (Ido Port) pequeño rebelde israelí ansioso por que los ingleses se vayan, y el Sargento Dunlop (Alfred Molina) un bonachón militar inglés decidido aprender a hablar hebreo.
La película me conmueve especialmente porque uno de mis actuales libros de cabecera es Contra el Fanatismo de Amos Oz, una serie de conferencias dadas por el escritor israelí famoso por su posición conciliatoria en el conflicto palestino-israelita. Oz insiste que una de las maneras de vencer el odio, el fanatismo, es acercarse al contrario ideológico y afrontarlo más como humano que como enemigo, sólo mediante la empatía, estableciendo contacto con lo que nos acerca a bandos contrarios, seremos capaces de vencer las diferencias.
Viendo El Pequeño Traidor me doy cuenta que Oz ficciona lo que predica, el pequeño Proffy que juega con sus soldaditos de plomo a batallas que culminan con el exterminio del enemigo, gracias a su amistad con el sargento inglés, defiende valientemente tener un amigo en distinto bando sin perder un ápice de su fidelidad a la causa sionista. 
Sin duda no mucho público ni en Caracas ni en Oklahoma haría cola para ver la historia de un atormentado fotógrafo irlandés o de la improbable amistad de un pre-púber sionista con un soldado inglés, pero qué pobre sería el cine si nos resignáramos sólo a ver películas que se vislumbran como posibles éxitos de taquilla.

Una pantera en el sótano de Amos Oz está publicado en la serie DeBolsillo (2008)

2 comentarios:

Garabato dijo...

la peli no es de Colin Farrell?

Adriana Villanueva dijo...

uy Dios, me sale Gingko Biloba, esta semana me dió por confundir nombres: a Russell Crowe lo llamé Cameron Crowe y a Colin Farrel Collin Firth. Pero una de las cosas en las que los blogs le ganan a lo impreso es que se pueden enmendar los errores, y de semejante gazapo, sólo quedaran estos comentarios como testimonio del error.