sábado, 31 de mayo de 2008

La casa ideal


Cuando la artista Mariana Bunimov presentó en el año 2006 una de sus obras en la vidriera de una galería en la calle principal de Sierre, un pueblito en Suiza, debió tomar un martillo y romperla para que los suizos, tan suizos ellos, se atrevieran a probar el edificio hecho con 40 kilos de chocolate que asemejaba las unidades habitacionales diseñadas en París por Le Corbusier. Aún así, el público helvético se sentía reticente a ensañarse con una obra de arte, y Mariana cual bruja de Hansel y Gretel, tuvo que ir a un parque adyacente a reclutar niños que la ayudaran a comerse su apetitosa construcción.
El edificio de chocolate duró expuesto en la vidriera suiza una semana, era necesario insistirle a indecisos transeúntes que lo probaran. Su esposo Francisco, mi hermano, siguió con su cámara de fotos el lento desarrollo de está metáfora de la imposibilidad del ser humano de vivir en un mundo perfecto. El una vez provocativo edificio de cacao, concluida la exposición, era una ruina.
Dos años después, Mariana repitió la experiencia en Caracas en la Galería Periférico Arte Contemporáneo. Contó con el patrocinio de chocolates El Rey quién le donó 85 kilos de chocolate para realizar la casa ideal, casa que la artista – con la asesoría técnica de La Praline- trabajó aún más que el edificio suizo porque no se conformó con sólo elaborar la fachada, también se esmeró con los interiores creando paredes y escaleras. La logística de la construcción y del transporte de esta casa de dos pisos tuvo a Mariana durante semanas al borde de un colapso, hasta que por fin, el domingo 18 de mayo, vestida de azul rey, se dispuso nerviosa pero emocionada a recibir al público caraqueño que engulliría su dulce distopía.
Llegué tarde, no sólo la avenida Boyacá estaba trancada ese domingo, también la avenida san Juan Bosco por un concurso de carruchas.Cuando por fin entré a la galería en la urbanización Los Chorros como a las 12.45 pm, ante el destrozo de la casita de chocolate -se habían llevado las escaleras y deformado puertas y ventanas- creí que tenía tiempo de inaugurada la exposición. Mariana me contó que comenzó hacía apenas unos minutos, pero después de darle el primer pellizco a su obra (que ya un niño había mordido), el público se avalanzó a arrancar trozos tan grandes que hasta al más adicto chocahólico empalagarían. Un señor consiguió una bolsa y ante la mirada estupefacta de la artista, arrancó paredes enteras para llevárselas con él. Se le tuvo que explicar que el propósito de la obra era mostrar la decadencia gradual de la casa ideal, no la violenta destrucción de una vivienda como si hubiera pasado un ciclón o hubiese sido víctima de un saqueo vandálico.
Más nadie se atrevió a llevarse pedazos de chocolate en bolsas, pero viendo a grandes y a chicos caerle a la casa como ratones golosos, era fácil darse cuenta de que estábamos ante el “síndrome piñata” que nos marca a los venezolanos desde nuestra infancia, porque una de las primeras cosas que nos enseñan a los niños criollos es a caerle a palos a un simpático muñeco hasta destruirlo para luego acumular un botín de nimiedades. ¿Reflejo de nuestra sociedad? La utopía de chocolate que en Suiza duró una semana, en Caracas se desvaneció en cuestión de horas.
La próxima parada chocolatera de Mariana es Corea, será interesante saber cómo tratará la cultura oriental el sueño de la casa ideal.

8 comentarios:

Mitchele Vidal dijo...

¡Pero bueno Adriana! y ¿tú no te acuerdas de aquel sabio que profetizó por allá por los años ´80 -cuando éramos felices y no lo sabíamos- que los venezolanos no somos suizos?

María Luisa de Niño dijo...

Adriana, y te extraña esta actitud tan falta de clase de esta nueva casta que nos dirige y que para desgracia de los que apreciamos obras como ésta está presente en todas partes? Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista!
María Luisa

Adriana Villanueva dijo...

María Luisa, quienes arrasamos ese domingo al mediodía con casi la mitad de la casa de 85 kilos de chocolate en menos de dos horas éramos o amantes del arte o familiares y amigos de Mariana. Así que Mitchele tiene razón, definitivamente, los venezolanos no somos suizos.

Ancapi dijo...

Lo cómico sería ver la vinculación por otra parte... Digo, los suizos no es que cultiven el cacao entre las nieves... Además, si la cosa era en familia, pues no sé... sé que en la casa de mi abuela los postres eran siempre el momento de la trifulca. Pero lo mejor es lo del "síndrome de la piñata".

Claudia Cazorla dijo...

Lo del síndrome piñatero se une seguro al del vivo, (quizá sea el mismo, pero se desarrolla ya cuando uno crece) y al de la falta de pena.
Aquí todos somos familia... y quién no se lleva su pedacito de torta pa'mas tarde?
Veremos que hacen los coreanos... sigue informándonos, porfa.

Adriana Villanueva dijo...

Ya estoy por pensar que fui yo quien salió con la bolsa llena de paredes de chocolate de la galería, haciendo memoria, recuerdo que cuando llegaba la marquesa de chocolate en los almuerzos semanales de mi tía, siempre era de las primeras en servirme, no me importaba para lograr mi objetivo llevarme a alguna tía abuela por delante; y hoy en día no hay fiesta en la que no me vaya con mi pedacito de torta: "Pa' que no se pierda".

Adriana Villanueva dijo...

A pesar de que la construcción casi se derrite porque la pusieron en un lugar que le daba al sol -solucionado con una rápida mudanza- la distopía de chocolate de Mariana en Corea fue un éxito, el público coreano resultó tan comedido como el suizo, fue una descomposición más gradual que vandálica.
2 años después, Mariana inaugura en la Galería Faría+Fábrega su nueva exposición: "Los olvidados"

Claudia Cazorla dijo...

Pues queda demostrado que los coreanos no son venezolanos ni suizos, y tampoco sufren el síndrome de la piñata.
Saludos