martes, 20 de mayo de 2008

Lentejas revolucionarias.


Esaú le vendió su progenitura a su hermano menor por un plato de lentejas después de una ardua jornada de trabajo. Soy capaz de entenderlo, nada me gusta tanto como un buen plato de lentejas. En mi casa las preparábamos con huesito ahumado o chorizo. Hay quienes las prefieren con paticas de cochino y hasta con salchichas. También me encanta la sopa y la ensalada.
Las lentejas no sólo eran un plato ecónomico sino también nutritivo, y hablo en pasado porque desde hace unos meses para acá en esta V República hasta para comer granos hay que hacerlo con compromiso revolucionario: ¿desde cuándo no se consiguen lentejas en los supermercados? Para comprarlas hay que ir a Mercal donde por 2.50 bolívares fuertes se adquirirá un paquete de Lentejas Casa, que el mismo envoltorio se enorgullece en anunciar como parte del "plan excepcional de desarrollo económico y social para el abastecimiento de alimentos de la cesta básica".
Esto quiere decir que la única manera de comerse en Venezuela un plato de lentejas es bajando la cabeza ante las arbitrariedades del gobierno revolucionario, que hoy parece ostentar el monopolio del preciado grano.
No hay que ser semiólogo para fijarse en la ilustración del paquete que quien está un paso adelante entre quienes esgrimen la bandera de Soberanía, como conduciendo la patria al único futuro posible, no podía ser otro que un militar.
¡Buen provecho!

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