sábado, 21 de febrero de 2009

De 9 semanas y media a El Luchador



En 1986, un año después de su exitosa Flashdance y uno antes de su no menos exitosa Atracción Fatal, el director Adrian Lyne estrenó 9 semanas y media protagonizada por dos de las estrellas de Hollywood más atractivas de la década de los 80: la rubia Kim Bassinger y el sensual Mickey Rourke. Esta historia sobre la breve e intensa relación entre un ejecutivo de Wall Street y una Galerista de Soho, fue lo que los gringos llaman "una bomba", un fracaso de taquilla, apenas recaudó 7 millones de dólares, de los cuales me atrevería a apostar que la mitad se logró en los cines venezolanos: 9 Semanas y media era la película por ver entre la camada de quienes bailábamos en el Antró en Los Chaguaramos, nuestro símbolo de hedonismo, de sacarle el jugo al presente, de a mí nadie me quita lo bailao.
No reniego de 9 semanas y media, aunque tampoco era de sus cultoras, en una década en la que los calentadores, las hombreras y los peinados batidos eran sinónimo de belleza, la minimalista y fría estética de Lyne hoy se agradece por haber elegido como obsesos sexuales a una elegante Kim Bassinger y a un sobrio Mickey Rourke, para demostrarle a nuestros escépticos hijos que no todo era tan horrendo en los 80. 
Kim Bassinger, pasados los 50 años sigue siendo la misma, con su blonda melena despeinada y hermoso rostro que no necesita maquillaje para ser perfecto. En cambio Mickey Rourke, como el frío ejecutivo de Wall Street, en su carrera más bien emuló al borrachito pendenciero de la película Barfly, basada en la vida del escritor Charles Bukowski. La afición de Rourke de vivir al límite, que hizo que cambiara los platós de cine por el ring de boxeo, lo volvió un actor de alto riesgo que pocos productores se atrevían a llamar para un proyecto.  
Hasta que le llegó El Luchador de Darren Aronofsky,  película que parece hecha a la medida de Rourke, la historia de Randy 'The Ram' un ídolo de lucha libre en Nueva Jersey que vivió sus momentos de gloria en los años 80, y que en la primera década de 2000, sobrevive con digno tesón. 
"¡Amo los 80! ¡Cómo odio los 90!"
Le dice El Carnero oyendo rock de la época a la única amiga que encuentra fuera de los rings, Cassidy (Marissa Tomei), una cansada stripper cuarentona con quien intenta establecer una relación.  Los dos coinciden que los 80 eran divertidos, en los 90 tuvo que venir ese chico Cobain a inyectarle intensidad al rock. 
Intensidad no es lo que busca The Ram,  tras un primer aviso de ataque al corazón, quiere arreglar pasados entuertos, conseguir otra manera digna de ganarse la vida, quizás un nuevo amor. Pero el Carnero sólo puede ser el Carnero, y Mickey Rourke siempre será Mickey Rourke. Ojalá los carcamales de la Academia lo premien por eso y este sea el año de un luchador que no se rindió.

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