lunes, 23 de febrero de 2009

Carnaval bajo las ruinas de un cine

En Carnaval 2009 nos quedamos en Caracas y para celebrarlo fuimos en familia a almorzar al restaurante Da Guido en la avenida Francisco Solano. Esperando tallarines carbonaras y salteados, mi marido y yo calculamos que como pareja teníamos aproximadamente 15 años sin pasear por el boulevard de Sabana Grande. 
Así que decidimos tomarnos el café en el Gran Café para recordar viejos tiempos. Pésima decisión, lunes de carnaval, lejos de encontrarnos con una terraza apacible donde podríamos reconciliarnos con el boulevard esta fresca tarde de febrero, en medio de una música estruendosa nos vimos rodeados de papelillo, confite y de muchachitos disfrazados, en un Gran Café en el que los mesoneros son más diligentes sirviendo cubetas de cervezas, que expresos y marroncitos.
  En medio del bullicio le contamos a los chamos que cuando éramos novios, a fines de los años 80, nuestra vida nocturna transcurría en Sabana Grande, por ejemplo, nos encantaba ir al cine Radio City a la función de las 9:3o y después cruzábamos al Gran Café.
Quisimos mostrarle la joya del Art Deco caraqueño que fue inaugurada en el año 1953 con una película de María Félix, año en el que ¡ojo! ni sus abuelos se habían casado, pero que su madre igual disfrutó hasta poco antes de que ellos nacieran porque este cine de pantalla gigantesca enmarcada por sirenas, sobrevivió hasta principios de los años 90 y en él recordaba haber visto, entre tantas películas:  "Out of Africa", "Matador" y "Camila". 
Nos costó reconocerlo, del espléndido cine Radio City -a pesar de que una gigantografía en la fachada lo señala como parte de nuestra memoria histórica- hoy no queda sino el nombre y las marquesinas quebradas. Dicen que pasó de cine a ser un centro de apuestas hípicas que expropió Juan Barreto, siendo Alcalde Mayor, para convertirlo en un centro de Seguridad Ciudadana, y esto fue lo que quedó. 

3 comentarios:

Mitchele Vidal dijo...

Yo si he ido, varias veces, a pesar del horror en que se convirtió. Antes de que desalojaran a los buhoneros, no podía siquiera orientarme. Era tal la cantidad y el tamaño de los puestos que aunque lograras caminar, no lograbas ver qué había en la acera de enfrente. Ahora ya no están, pero el daño sigue allí, ¡y cómo!
De aquellas tiendas glamorosas, zapaterías y las mejores librerías, ya casi no hay rastro. Tras tantos años de competencia desigual (pago de empleados e impuestos frente a mercancía de dudosa procedencia) la mayoría de las buenas tiendas migró y en su lugar hay un montón de negocios sin ningún encanto. El ruido es igual que en cualquier centro comercial, cuando instalan esas cornetas para uniformarle -también- el audio a los paseantes.
...Y el pobre Radio City...¿Qué será peor? ¿convertirlo en nuevo templo o vestirlo de rojo-rojito?

Adriana Villanueva dijo...

Mitch, lo único que sigue igualito a como lo recuerdo en mi infancia es el restaurante Da Guido, a pesar de que Guido se fue a Italia el año pasado y todavía no ha regresado.

la-tiza dijo...

Recuerdo cuando estudiaba arquitectura, que hicimos un trabajo analizando la trancision del boulevard de sabana grande de ser una calle a algo peatonal. Recuerdo la gloria de las tiendas "lujosas", con los zapatos de plataforma de ultima moda y lo grato de caminar buscando lo que no encontrabas en otra parte, con la inevitable parada en la pasteleria?900?, las telas Antonia, donde estaba justo lo que buscaba tu mama entre tantas otras cosas...pero como que los tiempos cambian.... y ahora tenemos un rojo presente