lunes, 21 de septiembre de 2009

Vista por casualidad


Hay películas que van directamente a DVD sin escala en el cine. Ese es el caso de I could never be your woman (Nunca podré ser tu mujer) de Amy Heckerling. La vi casualmente en Movie City hace unas noches, la agarré desde el principio, preguntándome qué raro que esta película del año 2007 con Michelle Pfeiffer, una de las grandes divas del cine moderno, y Paul Rudd, uno de los galanes consentidos del circuito Indie, hubiese pasado desapercibida. Ése fue precisamente el problema, I could never be your woman tiene uno de los peores castings que he visto en mi vida.
El mal casting comienza con Michelle Pfeiffer, una buena actriz pero que a sus recién cumplidos 50 años, está más espectacular que nunca, lo que no trata de disimular en el papel de Rosie, una escritora divorciada de 45 años, exitosa en todos los campos menos en el sentimental: no sale con nadie desde que su esposo la abandonó por una chama de 28 años. 
Y uno diría que eso le podría pasar hasta a la más estelar de las mujeres de no ser porque el papel del ex marido conquistador no lo interpreta un George Clooney, ni siquiera un Alec Baldwin, sino Jon Lovitz haciendo el típico papel de Jon Lovitz: un gordito feo, neurótico y fracasado.
Rosie (Pfeiffer) es guionista de lo que una vez fue un exitoso programa de televisión sobre una colegiala, pero su protagonista hace tiempo pasó la adolescencia, ahí entra el tercer error de casting: Paul Rudd en el papel de Adam, un joven comediante contratado para subir los números de rating, que nada más verla, se enamora de la escritora estrella.
Adam es una especie de Jim Carrie, candidato a los tres chiflados, ese tipo de galanes hiperkinéticos que nadie podría soportar más de cinco minutos seguidos, pero a Rosie le resulta adorable, aunque la diferencia de 15 años entre ambos parezca una barrera infranqueable. Paul Rudd, usualmente carismático, no logra inyectarle carisma al personaje, su Adam es demasiado tonto como para enamorar a cualquier mujer que tenga ciertas expectativas a la hora de encontrar pareja, y no precisamente por la diferencia de edad.
El único casting acertado es el de Saoirse Ronan como Izzie, la hija preadolescente de Rosie, quien vive su primer amor con un indiferente compañero de escuela.
Viendo en la película de Heckerling como Rosie, una mujer por la que cualquier hombre se batiría a duelo, sólo por haber pasado los 40 años pareciera estar condenada a la soledad, al contrario de su insoportable ex marido que puede aspirar a una mujer más joven sin levantar una ceja, da rabia de género que se insista en el estereotipo de que si una mujer entra a su madurez sola, es más fácil que muera en un atentado terrorista que conseguir quien la quiera. 
Si "I could never be your woman"  hubiese sido una verdadera parodia o crítica de la importancia que se le da a la edad de la mujer en la sociedad norteamericana y no una comedia romántica como terminó siendo, la película no hubiese pasado directo a Televisión por Cable.  Pero no es ni chicha ni limonada y este nuevo intento de Heckerling de dirigir dista de ser entrañable como Clueless(1995), con Alicia Silverstone y Paul Rudd, una de las mejores comedias románticas de los últimos tiempos, quizás porque tras el guión de esta historia de una chica alocada que trata de servir de casamentera, está el genio de Jane Austen quien en el siglo XVIII se hizo famosa escribiendo sobre de cómo el encanto femenino no tiene porqué ajustarse a las expectativas de la sociedad de su época.

2 comentarios:

andrea dijo...

Piki tienes toda la razon....la pelicula es una torta por no decir utilizar otra palabra....lo unico bueno es q ella es demasido bella !!!

Adriana Villanueva dijo...

Es un canto a la desesperanza porque si Michelle Pfeiffer en su máximo esplendor pela, qué le queda al resto de las mortales. Mejor película con similar tema es Someone gotta give con Diane Keaton, Jack Nicholson y Keanu Reeves.