miércoles, 23 de septiembre de 2009

La ineficacia de las buenas intenciones

El mismo presidente Chávez ayer lo dijo, que la situación de la salud en Venezuela está en crisis, la mejor prueba es que gran parte de los módulos de Barrio Adentro no están operantes. Tenía que decirlo el único que tiene derecho en Venezuela para criticar la situación del país para hacer oficial lo que ya todos los venezolanos sabemos: que rico o pobre, el que se enferma hoy en Venezuela debe pasar un vía crucis para ser atendido porque tanto clínicas como hospitales están colapsados.
Tampoco es que Barrio Adentro, uno de los mayores orgullos revolucionarios, pretendiera suplantar una clínica o un hospital, pero en teoría la idea era buena: tener un pequeño dispensario con médico incluido en comunidades desasistidas. Al principio funcionó, cuando llegaron los tan criticados médicos cubanos a barrios cerro arriba y monte adentro, donde pocos doctores venezolanos se atreverían a llegar.
Un amigo médico me contó que tuvo la oportunidad de tratar con una colega cubana en un pueblito de la costa en el Estado Vargas y merecía un gran respeto porque aunque su manera de ejercer podría parecer primitiva en este siglo XXI, era la manera de resolver problemas de salud con los escasos recursos con los que se podía contar en la zona.
¿Qué pasó con Barrio Adentro? ¿Siguen llegando médicos cubanos? ¿Los venezolanos están tomando su lugar? ¡Qué sé yo! Lo que siguen es construyendo módulos aunque no haya quien los atienda como pude percatarme en mi última visita a Margarita: casi todos los días, y a diferentes horas pasé por un pequeño módulo que se veía recién construido, pero ya en vías de abandono. Ni una sola vez lo vi abierto, a diferencia del módulo de Antolín del Campo, que sí parecía funcionar.
También pasaba por un desteñido cartel que ofrecía "La ruta de la empanada", entrando en Pampatar, y me acordé de cuando el Gobierno hace unos años pretendió tomar el control de uno de los oficios más populares del Estado Nueva Esparta, y ofrecía carritos modernos con el logotipo "Venezuela ahora es de todos". Se vieron unos cuantos carritos de esos, pero a los pocos meses de la idea sólo quedó la intención: las empanaderas preferían vender sus empanadas en prácticas mesitas plegables, como tienen varias generaciones haciéndolo.
Los Mercal son otra historia parecida, hay uno en cada pueblo en Margarita, pequeñas casas con el cartel de Mercal, soberanía alimentaria, pero adentro no se consigue ni pan.
Barrio Adentro, La ruta de la Empanada, Mercal: tres obras que hoy, por lo menos en Margarita, son muestra de cuán ineficiente pueden llegar a ser las buenas intenciones.

2 comentarios:

Michele Vidal dijo...

A mi humilde entender no se trata de ineficacia ni de ineficiencia, es sólo falta de voluntad política. Casi nada.
Todas esas "iniciativas" no salen adelante porque son creadas para generar expectativas y contratos multimillonarios por donde se han ido miles de ilusiones -de los que creen en ellos- y millones de bolívares en corrupción.
Hay otros negocios en los que sí han sido muy eficientes: aumento de la inseguridad, del desabastecimiento, de la inflación, de la producción de franelas y gorras rojas y de hooooras de bla bla por radio y TV. Hay que ser caradura: 11 años después se dio cuenta de que la salud está en emergencia.

Adriana Villanueva dijo...

Sabes Mitch, que el título original de esta crónica era La Ineficiencia de las buenas intenciones, pero el corrector automático le daba por marcarlo como error, así que busqué en el Diccionario de la Real Academia Española, y no está, así que puse Ineficacia. Pero no me conformo, para mi ineficacia no es lo mismo que ineficiencia porque la ineficacia pareciera involuntaria, el no haber podido por falta de capacidad, y la ineficiencia es dejadez, mala administración, corrupción, caradurismo, y todos los males que mencionas que caracterizan estos últimos diez años de Gobierno.