domingo, 2 de noviembre de 2008

El Factor X de El Deseo


La banda californiana Grateful Dead, liderada por el desaparecido Jerry García, era famosa por sus fieles seguidores conocidos como los Deadheads, a quienes sin importarles en qué distante ciudad de los Estados Unidos estuviera tocando la ecléctica banda de rock, se las arreglaban para ir a cuantos conciertos les fuera posible. Grateful Dead logró semejante fenómeno porque no se repetía, las canciones que sonaban en un espectáculo, rara vez eran incluidas en el próximo concierto, o no sonaban igual. Los Deadheads hasta tenían un término para diferenciar un toque sublime de uno cualquiera, lo llamaban “Factor X”, cuando esto sucedía, la banda había sonado como nunca.
No se puede decir que llego a tales extremos con Yordano, no lo sigo en sus giras, pero me acerco bastante al fenómeno de ser una Yordanohead y podría jurar que nadie, por lo menos en Caracas, ha ido a tantos conciertos de Yordano como yo. Así que con toda autoridad, puedo asegurar que a su concierto El deseo realizado el pasado viernes en el Teatro Teresa Carreño, le sobró Factor X.
Soy seguidora de Yordano desde que pegó en radio la canción No queda nada en 1984. Entonces lo iba a ver en el Estudio Mata de Coco. Para su primera presentación solo en el Teresa Carreño en el año 1987, Yordano contactó al director teatral Enrique Porte para que hiciera la puesta en escena. De ahí nació La Noche, donde alrededor de las canciones de los dos primeros discos de Yordano se contaron historias urbanas bajo el encanto de la luna llena. También nació una entrañable amistad entre el músico y el teatrero quienes no se conocían a pesar de que eran contemporáneos, vivieron en Londres en la misma época, tenían un gusto musical más que compatible, y algunos amigos en común.
Y si mal no recuerdo, de ese año 1987 o 88 también es la canción Locos de amor, tema que compuso Yordano en torno a una obra de Sam Shepard que en el Taller del Actor habíamos traducido, pero no llegamos a montar.
Para crear la imaginería ideal del concierto, Enrique le pidió a Yordano estar presente junto a su equipo del Taller del Actor en los ensayos que hacía el cantante con su banda en el Teatro 8 en Las Mercedes, y como yo era parte del “equipo teatrero”, durante varias semanas me senté en primera fila disfrutando del brainstorming de montar un espectáculo musical.
Los conciertos de Yordano en la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño dirigidos por Enrique, y en los que trabajaron juntos en el Poliedro y en el Estadio Universitario, tuvieron ese Factor X del que hablaban los Deadheads. Lamentablemente, Enrique murió de un infarto en agosto de 1990 y el Taller del Actor desapareció poco después, pero yo seguí fiel a la música de Yordano y desde entonces cada vez que da un concierto en Caracas, hago lo imposible por ir, y el concierto en el Teresa Carreño el pasado 31 de octubre no sería la excepción: quería disfrutar en vivo de su nuevo disco que de hace unos meses para acá suena constantemente en mi IPod. Fui con mi esposo y una pareja amiga, y yo que me las doy de Yordanohead, les aposté: “Seguro comienza con La última piedra, el primer tema del CD que tiene bastante fuerza”.
Pero me equivoqué, porque Yordano, al igual que a Grateful Dead, no le gusta lo obvio y tras cantar en italiano Oh sole mío, comenzó el concierto armado de su guitarra con una canción con la que acostumbra cerrar: Otra cara bonita. Le siguieron temas que sonaron distinto a como fueron grabados como Vivir en Caracas (con armónica a lo Bob Dylan) y No voy a mover un dedo. También se oyeron Chatarra de amor, Perla Negra y Lejos, canción que según Yordano no estaba originalmente en el programa, un momento íntimo solos Yordano, el guitarrista Eddie Pérez, un foco de luz y un par de guitarras. Al culminar la canción desde el público se oyó el grito: “¡Yordano te la estás comiendo!”. Y yo me preguntaba: “¿Y el disco nuevo qué?”.
Como a la mitad del primer set, Yordano advirtió que el concierto iba para largo porque ahora era que empezaría a tocar su nuevo disco, y arrancó con El Deseo, seguida por varios de sus temas más recientes como La mujer equivocada y Niña mala. Con el primer invitado de la noche, Jorge Spiteri, Yordano cerró la primera parte del concierto al recordar sus años en Londres interpretando versiones en español de Sexy Sadie, Wild Horses y Stand by me.
Tras un breve intermedio, siguieron las canciones nuevas como En mi vida otra vez, antes de que Yordano llamara a escena a un par de invitados especiales, primero a Roque Valero, con quien cantó una canción del último disco de Valero, y después a Arístides Barbeia del grupo Malanga, con quien interpretó a dúo el sabrosísimo Puja.
Me sorprendió que antes de que Yordano regresara a sus éxitos de siempre como Manantial de Corazones, Días de Junio, Madera Fina y Aquel Lugar Secreto; su nuevo disco era coreado por buena parte del público con el mismo fervor de sus temas clásicos. Al lado de nosotros estaba sentado otro Yordanohead que se sabía las letras de las nuevas canciones hasta el último suspiro y podría jurar que lloró cantando: “ahora tengo un dilema, si echar a perder otra historia de amor…”. La cantó con tanto sentimiento, que la muchacha que andaba con él lo miraba de reojo preocupadísima.
No todos los presentes se sabían los temas nuevos de Yordano, pero quienes fueron al concierto sólo para oír las canciones viejas, salieron con el CD El Deseo bajo del brazo comprado en la antesala del teatro.
¿Qué extrañé? Mi pana Yordano en más de 20 años de carrera artística ha compuesto tantas canciones que es imposible que para una Yordanohead como yo, en un concierto cualquiera, salir sin sentir que se quedaron varias por fuera. En esta ocasión extrañé Media Luna; además de temas que quizás no fueron tan populares pero que están entre mis favoritos como Finales de siglo, La balada de Pedro Matute y su versión de Flores Muertas de los Rolling Stones. Entre los temas nuevos me faltaron Larga despedida y Ella es.
La banda sonaba con fuerza, como sigue cantando Yordano porque Bailando tan cerca sí que no faltó, además de mi amigo Eddie Pérez en la guitarra y del indispensable Carlos “Nené” Quintero en la percusión; la banda de la noche estaba formada por una nueva generación de músicos. Las hijas mayores de Yordano también metieron la mano: Adela participó en el diseño gráfico del Cd El Deseo, y Camila fue co-responsable del montaje audiovisual que acompañó a su papá en el concierto.
Le aposté a mis acompañantes que Yordano cerraría con una nueva canción: El Yoyoman, pero me volví a equivocar, el telón se cerró con los últimos acordes de Por estas calles, y al abrirse ante los aplausos del público que llenó el teatro esa noche de brujas, el ovacionado regresó a escena acompañado de sus invitados para cerrar con mi canción favorita, aquella con la que selló su vínculo de amistad con el Taller del Actor: Locos de Amor.
Pasadas las 11 de la noche, mientras bajábamos las escaleras oscuras del Teatro Teresa Carreño, sintiendo la energía del público después de casi tres horas de concierto, supe que no había que ser una Yordanohead para salir embriagado de tanto Factor X emanado por El Deseo.

5 comentarios:

la-tiza dijo...

Como "dead head "que sigo siendo, Luna de Amor ha sido tambien un clasico!

Adriana Villanueva dijo...

¿Dead head o deadhead? Encontré la palabra escrita en ambas formas pero no sé cual es la correcta.

la-tiza dijo...

como que va junto !!!! realmente mi esposo es el fanatico deadhead !yo me he alineado!
y el comentario anterior era "loco de amor"...dead lapsus....

Mitchele Vidal dijo...

Ay Yordano. Mis recuerdos de Yordano se remontan a cuando aún no se había cambiado el nombre. Me explico: supe de él por un disco que llevó mi hermana a mi casa compuesto e interpretado por un tal Giordano. Era de factura "casera" pero ya se escuchaban su calidad de sentimientos. Luego llegó la "venezolanización" de su nombre y el manantial de éxitos; que por fortuna sigue hasta hoy. No es baladí ser el "mayor vendedor de discos del año" en el país de la piratería.
Bravo!!!

Adriana Villanueva dijo...

Aunque sé de su existencia, nunca he oído ese primer disco de Giordano, Mitchele, pero tengo entendido que ahí están grabadas las primeras versiones de Perla Negra y Vivir en Caracas.